viernes, 17 de noviembre de 2017
jueves, 3 de agosto de 2017
¿ME LO HE ESTADO TOMANDO CON CALMA? UN POCO SÍ...
Cada
vez que hay un parón en el blog (mucho más a menudo de lo que me
gustaría) y después vuelvo, siempre acabo dando algún tipo de
explicación para después añadir, en la misma entrada, un artículo
de dimensiones ÉPICAS. Lo cual está muy bonito y es... justamente
lo que voy a hacer ahora ¡Claro que sí! ¿Quién ha dicho que el
cambio es algo positivo?
En
realidad, el hecho de no haber cuidado del bitácora desde Febrero se
debe a que, como ha ocurrido las veces anteriores, he estado ocupado
con otras cosas. A saber, para estas fechas esperaba tener grabado un
disco con canciones en castellano (¡Oh! ¿Sorpresa?), pero, como
diría un jubilado que vigila una obra, el encofrado no está
fraguando como debería. Pero lo grabaré(mos). Eso no quiere decir
que de mientras esté parado, ya saben ustedes que soy el alegre
Elefante de Las Ideas, si no funcionan las 40 iniciales, tengo otras
40 en el frigorífico dispuestas a sufrir otro vapuleo hasta que
alguna dé en la diana. O algo así.
Así
que ese es mi secreto, he estado liado con la vida, el trabajo, el
retiro espiritual – me suele durar unos 20 minutos al año, no
crean – y con distintas ideas para esa dominación mundial que
tanto ansío. También es verdad que parte de mis jocosas
contribuciones al mundo de la “cultura pop” (o como coño que
pueda llamar a lo que yo hago) se han concentrado en las redes
sociales – no sé qué hacéis que no me seguís en mis numerosos
perfiles, sí, yo soy el que comparte vídeos de Rock Progresivo en
Linkedin -, incluyendo mi primer (y probablemente último) “unboxing”
en Youtube. Si es que Youtube se puede considerar una red social. Sin
olvidar, por supuesto, mis aportaciones a This is Rock.
Bueno,
mientras otras actividades, que no son el blog, me siguen manteniendo
los dedos cerca de un teclado (musical o no), vamos a dar el repaso a
los contenidos que he aportado a la revista estos últimos meses, así
les doy unas sabrosas anécdotas, mantengo el bitácora vivo y
ustedes se ríen... O no.
A
NADIE LE IMPORTAN TUS MEMORIAS... A MENOS QUE SEAS UN DÍOS DEL ROCK
En
este blog ya hemos comentado un poco por encima el tema de las “auto”
biografías de las estrellas del Ruack, las cuales, en esa suerte de
“libro de las revelaciones” intentan darnos una visión humana de
lo duro que es llegar a la cima y, una vez allí, lo mucho que
decepciona. Vale, no siempre es así, y si algo tienen en común
buenas parte de estos libros es que la gente que opta al estrellato
ya tiene una bonita colección de traumas que venían cargando desde
casita.
Empero,
como ustedes habrán podido adivinar, siendo el fan enfermizo de
Genesis que soy – si bien, no tan enfermizo como otra gente -,
servidor esperaba como agua de Mayo “el libro” del que en varias
ocasiones había hablado tito Phil Collins en el foro de su web - ¡Un
foro! ¡Qué cosa tan 2004!-, por eso, hasta cierto punto fue una
sorpresa que Mike Rutherford se le adelantara con “The living
years”.
Más
allá de una preferencia personal, creo que “Aún no estoy muerto”
se diferencia de otras auto biografías que he leído en que:
A)
No consigue que el sujeto de la narración – como sucede en el
opúsculo de Rod Stewart – te acabe cayendo como una patada en los
huevos.
B)
Está escrita en orden cronológico, evitando el toque
“deconstructivista” (si bien genial) del volumen de Elvis
Costello.
C)
El texto se lee como si lo hubiera escrito una persona “normal” y
no desde el punto de vista de un Dios flipado del PopoRock, sí, Dave
Stewart, te estoy mirando a ti. Y a ti, Bruce Springsteen, que a
veces se te va la olla a Camboya.
Por
eso – y por otros motivos – escribí una reseña bastante
laudatoria del libro, además, uno de los traductores es un viejo
conocido del fandom genesiano...¡Cojones, si hasta nos hemos
intercambiado piratas y he ido a los ensayos de uno de sus grupos!
He
de confesar que si bien leí el artículo de José Abellán – fan
fatal de Pink Floyd - sobre “The Final Cut” de cara a mi especial
sobre el álbum en cuestión para mi programa “Discos
Locos” - vayan a la parte de “comentarios” y verán las
hostias que me han caído -, intenté copiar lo menos posible. Más
que nada porque ya había servido como base para otro programa, el
“Dossier
TiR” de los García.
Así
pues, para encontrar lo siguiente firmado por mí, hay que irse a la
sección de reseñas. Empezamos fuerte con un destacado sobre el
directo de los nórdicos Leprous, banda que me impresionó
enormemente cuando los vi en el Be Prog! Y que han parido un DVD
monumental, no sin ciertos, a mi juicio, fallos garrafales. En la
reseña comento que el audio es sólo en estéreo, como la única
copia que tengo a mano es la promocional que nos mandaron a la
prensa, no sé si en la versión que se puede encontrar en las
tiendas hay opción surround, aunque todas las webs en las que he
mirado no hay pistas al respecto ¿Raro en 2017? Para mí, mucho.
Lo
siguiente en caer es lo nuevo de Blackfield, una pequeña alegría,
aunque lo bastante grande como para hacer que rompiera mi regla
interna de no reseñar álbumes que sólo me llegan como streaming.
Ya os digo que un disco me tiene que gustar MUCHO para que esto pase,
lo más gracioso es que casi no da esa impresión si se lee mi
crítica. Lo que sí se nota es de qué pie cojeo cuando uno lee lo
que escribí sobre la nueva caja “Private Parts and Pieces V-VIII”
de Anthony Phillips. Lo siento, pero si al hecho de ser el primer
guitarrista de Genesis hay que sumarle que haya mantenido ese aire
bucólico y pastoral a sus composiciones, pues hasta sus piezas
“huérfanas de disco” me parezcan enormes.
Rematamos
el número 152 con mi crítica (y foto) del mini festival Progresivo
“Prog Circle”. De nuevo, es fácil adivinar que la reseña iba a
estar repleta de buenas palabras para todo el evento. Los
organizadores y buena parte de los músicos son amigos cuando no
colaboradores cercanos. Y si colaboramos es porque nos gusta lo que
hace el otro, aunque he de aclarar (ya sé que no hace falta) que el
hecho de que sea una foto de Malabriega la que ilustre el artículo
se reduce a que fue la que más le gustó al dire. Yo mandé un
número igual (y quiero pensar que igual de buenas) a la redacción
de todas las bandas.
PERDIDOS
EN LA LUZ FANTASMA
Nos
situamos en el número 153, con el equivalente musical a Quentin
Taratino como protagonista de la portada, esto es, Dave Grohl, otrora
batería de Nirvana y pesado oficial del Rock. Cuidao, el personaje
de Grohl me cae muy bien, me encanta cómo se implica con los
documentales sobre música, etc, etc... ¡Pero, Dave, danos un
respiro! Por supuesto, todo el mudo sabe quién es Grohl, por mucho
que en la cubierta sólo se le describa como “El enfant terrible
del Rock / El hombre que no sabe decir no”.
Aunque no descarto que al director se le olvidara poner el nombre.
Curiosamente, mis
aportaciones a este número no incluyen entrevista a mi adorado Steve
Hackett - ¿os he dicho ya que ADORO a Steve Hackett? -, honor que
recayó en Ken Sharp. Pero sí que repetí con el genial Tim Bowness,
quien, en mi opinión, está en racha con sus últimos álbumes.
“Lost in the ghost light” es un disco conceptual para el que el
bueno de Tim se ha creado un complejo mundo virtual, muy parecido al
nuestro, en el que una estrella del Rock de los 70, quemado por los
vericuetos del show-bussiness, intenta hacer balance de su vida.
Dicho así no parece gran cosa, y lo cierto es que el disco carece
del dramatismo y teatralidad de un “Brave”, un “Scenes from a
memory” o no digamos ya de un “The Wall”. Pero contiene algunos
momentos grandiosos.
No
obstante, por algún extraño motivo, la música de Bowness no
consigue conectar con un público más amplio. Quizás es que resulta
demasiado tranquilo para algunos fans del Progresivo y no lo bastante
facilón para los amantes del Rock más “normal”. Aunque si yo
tuviera que señalar algún defecto en Tim es que su registro vocal
no cambia mucho. Insiste en cantar con ese tono de intimismo
afectado, en raras ocasiones expresa la tensa ira que parece subyacer
en algunos de sus textos, lo cual no deja de ser una pena ni tampoco
deja de ser extraño, porque voz no le falta...
Lo más gracioso – y a
la vez, lo más trágico – de mi conversación con Tim es que nos
decidimos a batir el record de “La entrevista más larga”... a
sabiendas de que nuestra charla tenía todas las posibilidades del
mundo de acabar como dos tristes páginas en la revista ¡Y una de
ellas la ocupa una foto!
Pero
hablar con Bowness significa el placer de intercambiar opiniones con
un auténtico experto en todo tipo de música, con un perro
viejo del negocio que no parece
haberse visto maleado por los desmanes del mismo, que parece contener
aún el interés y el ánimo de un chaval que ha comenzado hace unos
pocos días a hacer música, en lugar de llevar años luchando en las
trincheras.
Y, por supuesto, ha
conseguido que el huraño líder de Jethro Tull – Ian Anderson -,
colaborase en “Lost in the ghost light” sin acabar a hostia
limpia. No es poca cosa.
Nos pasamos a la sección
de reseñas, en la que podéis encontrar mi destacado sobre el
“Return to Ommadawn” de nuestro, vuestro, Miguel Campoviejo. Mike
Oldfield himself.
No hubo entrevista para
Fran en esta ocasión, lo cual no deja de ser una lástima porque
creo que en este caso había mucho más por comentar que en disco de
canciones de hace unos años, “Man on the rocks” (2014), pero
imagino que, u Oldfield decidió dejar la promoción a un lado o la
gente de Universal tampoco quiso molestar mucho al bueno de Mike para
un disco que, básicamente, se vendía por si mismo.
Mi opinión sobre el
álbum la pueden leer en la revista, pero os la resumo aquí: Esta es
una buena grabación instrumental de Mike Oldfield, no hacía falta
recurrir a Ommadawn para conferirle algún tipo de empaque. De hecho,
de no haber sido así, podríamos habernos asombrado ante la calidad
para después añadir “tiene algún pasaje que me recuerda a
Ommadawn”.
Por
supuesto, las reacciones a “el retonno” han sido de lo más
variadas, como amigos que lo han descrito como música de
ascensor hasta el desaforado
entusiasmo de los fans en el perfil de Oldfield en Facebook. Y luego
está nuestro, vuestro, Darren Lock, convenientemente expulsado de
las discusiones en dicho perfil por hacer algo tan chunguis como
expresar su opinión... que tampoco está tan alejada de la mía ¡Por
una vez!
Lo más gracioso de todo
el asunto es que hace años, en los albores de Internet, cuando
servidor se iba a una librería para poder navegar hasta que el
paciente dependiente te echaba – lo peor es que creo que nunca
compré allí, más que nada porque su especialidad eran los libros
para preparar oposiciones -, leí en un foro dedicado a Oldfield que
el músico debería dejar de una vez por todas las “secuelas” de
“Tubular Bells” (la tercera parte acababa de lanzarse) y que
sería mejor que, de “revisitar” algo, lo hiciera con “Ommadawn”.
Ouch.
Seguimos
para bingo con lo nuevo de The Mute Gods, o lo que es lo mismo, el
proyecto en semisolitario
del bajista, cantante y bufón de la corte, Nick Beggs. Aunque el
disco me gustó mucho, mi percepción del mismo se vio un poco
empañada por la actitud del músico, algo que no debería ocurrir,
pero... en fin, ya verán más adelante.
También más adelante
veremos que mi reseña de esa joya perdida que fue el debut de Terry
Dolan desembocará en un articulo de varias páginas – no escrito
por mí, aviso – en el siguiente número. Así que... ahí lo dejo.
Rematamos
las reseñas discográficas del 153 con dos lanzamientos que me
dejaron un poco tibio. Por un lado, la reedición del “No earthly
connection” de Rick Wakeman, originalmente editado en 1976. Como
mucha gente sabe (o debería saber), después de un periodo de gastos
absurdos con sus espectáculos del Rey Arturo sobre Hielo y Otras
Locuras Varias con Orquestas, la discográfica le avisó al
Richal que, o hacía las cosas
por lo barato, o ya sabía dónde estaba la puerta.
Con el tiempo,
conseguiría las dos cosas: que A&M le enseñara la puerta, y
hacer todo por lo barato. Por lo MUY barato. Regalándonos en el
proceso un montón de discos con orquestaciones MIDI. “No earthly
connection” marca el principio de esa decadencia en la que el
teclísta fue perdiendo su toque mágico. Alguien debería haberle
avisado, en algún punto de su carrera, que hacer canciones con letra
no era lo suyo y que hubiera sido más deseable que se ciñese al
concepto de “The six wives of Henry VIII”. Eso sí, al menos esta
edición cuenta con una porción de un directo de la época que es
IMPRESCINDIBLE.
Finalmente, un EP de
adelanto de lo que será lo nuevo de Touchstone. Esto me dejó un
poco tibio porque el concepto de partida me desanima. Esto es, una
banda con señores de cierta edad que reclutan a una chica joven para
cantar sus composiciones de Rock blando con ínfulas de Progresivo.
Antes de que se me alguien al cuello por machista, he de decir que lo
que me molesta es que haya una “formula”, como me molesta que
cada vez que Yes – o ese engendro que recorre el mundo bajo tal
nombre – escoge a un clon de Jon Anderson para ocupar la plaza de
cantante.
En otras palabras, esto
es un grupo que intenta repetir el esquema de Nightwish o Within
Temptation (y su éxito, imagino) sin ningún tipo de vergüenza, y
eso, para mí, ya que quita una capa de honestidad a todo el asunto.
Garbage parecen rock vanguardista en comparación.
Remato la faena de este
número con un rápido viaje que hice a Barcelona para ver al bueno
de Devin Townsend, a los no menos buenos Leprous y a los no tan
satisfactorios (para mí, al menos) Between the buried and me.
Vayamos por orden: ya he
dicho que Leprous me gustan mucho, sus dos últimos álbumes me han
parecido enormes y tienen un directo único. Casi siempre escogen
iluminación tenue, oscura, lo cual es una putada para hacer fotos –
sí, también estaba en el foso – pero les da ese toque misterioso
que, supongo, buscan. Ahora bien, si mi enamoraron con un corto set
en un escenario mínimo durante la segunda edición del festival “Be
Prog! My friend”, en este caso se confirmó que son geniales... con
una actuación de 30 minutos en el escenario de la sala más grande
de Razzmatazz – inicialmente iban a tocar en la mediana Razzmatazz
2, una buena señal de la salud comercial del Metal Progresivo -, que
a mí me dejó con ganas de más.
Como mi crónica del
segmento protagonizado por Between the buried and me fue purgada para
la revista – en parte por temas de espacio, en parte porque creo
que el dire los encuentra tan poco atractivos como yo – os
reproduzco aquí mis impresiones... por cierto, sigo amenazando con
lanzar un día de estos un libro con todos mis escritos / fotos sobre
música. Sus vais a cagar.
La cosa con los Between
es que son capaces de acometer los más variados registros: desde la
calma preciosista hasta las voces guturales acompañadas por
tormentas de guitarras correosas y patrones de doble bombo. Eso es
genial, demuestra que son versátiles, pero hacen gala de todos esos
recursos durante una canción, para repetir esos mismos esquemas
durante cada tema de los siguientes 45 minutos de su set.
Por supuesto, cualquier
otro opinaría que eso son muestras de un genio musical sin parangón.
Opinión tan valida como la mía, pero mientras me preguntaba hasta
qué punto aquello se iba a volver un poco pesado para mis oídos,
decidí tomarle el pulso al resto de la sala, y cada vez que
terminaban una canción (o al menos daba la impresión de que
llegaban al final, que con el este genero nunca se sabe), recorría
con mis ojos al resto de asistentes. Puede que mi percepción fuese
influida por mi escaso interés en el grupo, pero creí ver caras
igualmente neutras, tirando a aburridas, entre el público.
Un
muy animado Devin Townsend llamó a los Between sus “hermanos de
otros padres”, así que me imagino que a él realmente le gustan.
Y
qué podemos decir del canadiense. Tan sólo que fue una demostración
más de virtuosismo, humor y carisma a raudales. Aunque yo estaba
acreditado, me sorprendió el reducido precio de la entrada teniendo
en cuenta la envergadura de los artistas. Aunque cuando ves que todos
los músicos – salvo Devin, algo que me parece razonable -
ejercieron de sus propios roadies,
y que el montaje escénico tiró a sencillo, las cosas toman otro
cariz.
Eso sí, creo que todos
los foteros respiramos con algo de tranquilidad cuando, para la
actuación de Townsend, se pusieron en marcha luces que iluminaban DE
VERDAD, porque los Between también abusaron del oscurantismo y el
misterio. Una gran noche de música que sólo se vio empañada (a mi
parecer) con la inclusión de Leprous y Devin en el cartel del “Be
Prog!” de este año. No por nada, Leprous les adelanto ya que
ofrecieron un espectáculo genial, y Devin vendría con la excusa de
tocar “Ocean machine” al completo, esto es, un chou muy distinto
a lo que se pudo ver en la sala de la ciudad condal. Soy consciente
de la buena relación que tienen todos estos artistas con la
promotora Madness – que siempre nos trata muy bien, por cierto –
pero...¿No hay más grupos??
DIOSES
MUY MUDOS
Pasamos al 154, y a mí
mini “no-entrevista” con Nick Beggs. Aviso para navegantes: en
las dos ocasiones que he podido hablar con el bajista – la primera,
en Madrid antes de uno de los conciertos de Steven Wilson, la segunda
a través de Skype -, ha resultado ser un conversador brillante,
agudo, sincero e inteligente. Por cuestiones de tiempo, se decidió
que sería más práctico mandarle un cuestionario por correo
electrónico. También porque el director pensaba que así me estaba
quitando un peso de encima...

Si pasan ustedes algunas
páginas, se encontrarán con el artículo sobre Terry Dolan del que
había avisado anteriormente. Recapitulemos: Dolan grabó lo que
tendría que haber sido su debut discográfico con la ayuda de no
pocas luminarias de la industria musical de la época, poseía una
capacidad compositiva, una voz y un toque a la guitarra que lo
podrían haber puesto a la altura de un James Taylor, de un Jackson
Browne o incluso de un Bruce Springsteen. Pero en el último momento,
una estúpida decisión interna de la discográfica retrasa el
lanzamiento del álbum hasta que queda tan desfasado que sólo puede
acabar en un inalcanzable fondo de catálogo. Aunque Dolan seguiría
tocando y viviendo de la música hasta su muerte, le experiencia le
dejo lo bastante trastocado para no volver a intentar concentrar sus
canciones en un vinilo, o al menos no al nivel que le había
permitido Warner.
Tal y como dije en mi
reseña, tras escuchar el álbum – editado por mediación de un fan
y de una pequeña compañía que consiguió licenciar la grabación
-, me pareció que lo de Dolan no era sólo una “joya perdida”
sino que era un injusticia en toda regla. Mi apasionada opinión tuvo
que impactar lo bastante en el director de la revista porque me pidió
que le enviara una copia del disco y al mes siguiente ¡Articulo! En
honor a la verdad, las páginas firmadas por Marcos Gendre son más o
menos una traducción del cuidadísimo libreto que acompaña al CD.
Pero para aquellos que no se manejen con el inglés es muy
conveniente.
En el apartado de las
reseñas, aunque ADORO a Steve Hackett - ¿lo he dicho ya? -, admito
que su último álbum, “The night siren” no me ha sorprendido
mucho, es una pena, aunque también creo que Steve tendría que
tomarse más tiempo, o cambiar de productor o hacer algo más
distinto, cosa que de hecho sucede en una colaboración muy
interesante de la que hablaré después.
Cerramos mis
contribuciones con el “Face” de Pat Mastelotto y Markus Reuter.
Empecé a escucharlo, lo reconozco, con algo de resquemor, la banda
que tienen con Tony Levin, Stickmen, me parece que en algunos casos
naufraga (en lugar de navegar) por los procelosos mares de la música
experimental, trayendo muy poca emoción a la orilla. Pero “Face”,
con la ayuda de varios invitados, tiene algunos momentos que no
desentonan con el Mike Oldfield más loco, así que recomiendo
encarecidamente su escucha.
DULCES
REMANENTES
Pasamos al número 155, y
en él se puede encontrar otra versión comprimida de otra de mis
charlas con un músico. ¿Por qué? Os estaréis preguntando... o no.
Os lo cuento igualmente:
Carlos Garo es un guitarrista afincado en Toledo cuya vida cambió al
ver el concierto que realizó Mike Oldfield para presentar “Tubular
Bells III”. Os parecerá que en esta entrada se está volviendo un
poco monotemática, pero... ¿Qué esperabais? ¿Que hablase de
coches? Bueno, todo se andará...
Curiosamente, Carlos y su
gente se pusieron en contacto con la revista a raíz de mi entrevista
con Oldfield, aunque imagino que el hecho de que compartiese mi
entrada del blog sobre la experiencia en diversos foros sobre el
músico también captó su atención. Tras intercambiar algunos
correos, nos pusimos un día para hablar vía Skype y resultó que el
señor Garo no es sólo un guitarrista estupendo, sino un tipo la mar
de sencillo que ha pagado su particular peaje en esto de la música a
través de tocar en grupos de versiones hasta que ha decidido
centrarse en su propia carrera. Tanto es así que nuestra charla no
sólo giró en torno a sus discos, sino a su colaboración con Terry
Oldfield (hermanísimo de yasabéisquien) que se traduciría unos
meses después en un álbum grabado como dúo.
El problema: Lo que
Carlos hace (con o sin Terry) entra dentro de la New Age sin complejo
ninguno – que es como debe ser – y la revista se llama “This is
Rock”. De vez en cuando la publicación se desvía hacia otros
géneros o de la dirección que la gente suele asociar con la
cabecera... algo de lo que yo mismo he sido responsable en más de
una ocasión. Pero si he conseguido picar el interés de alguien para
que escuche un poco a John Martyn o el trabajo orquestal de Tony
Banks, es tiempo bien empleado.
Empero, por su relación
con los Oldfield, resultaba hasta cierto punto fácil encajar a
Carlos, y ese “cierto punto” era acomodarlo en una de las
entrevistas breves. Como ocurrió con Bowness, me deja un poco mal
sabor de boca emplear el tiempo de un artista en algo que después no
va a tener la relevancia que creo podía tener. “Pues monta tú una
revista”, os oigo responder. No, gracias, no quiero ese tipo de
problemas, pero no descarto imitar aún más descaradamente a
Innerviews un día de estos.
En todo caso, para mí
existe una Santísima Trinidad de la Música Instrumental: Mike
Oldfield, Vangelis y Jean Michel Jarre, ya he conseguido entrevistar
a uno y ojalá la cosa se ponga de cara para hablar con los otros
dos, artistas que sé que el lector medio de la TiR admira, aunque no
sean “Rock”.
Anecdota: Cuando fui al
concierto de H Natural en Gibraltar, coincidí con el director de la
revista “Prog” y hablamos de lo jodidamente complicado que era
conseguir audiencia con el griego Vangelis, de hecho, hasta un año
después no consiguió materializar ese empeño. Así que al menos sé
que es posible.
Otra entrevista breve es
la de Darren Charles, líder de Godsticks. Si recuerdan cuándo
reseñé el disco, se darán cuenta de la cantidad de tiempo que
puede pasar hasta que se publica algo...¡Si es que se publica! A
veces siento la tentación de reparar en los escritos que se
encuentran en el limbo editorial, pero después me entran escalofríos
y paso del tema.
Nuevamente, que una
conversación – la cual recuerdo como bastante larga – acabe
resumida en 7 preguntas no ayuda mucho a la difusión de un grupo o
su música, pero por otro lado, entiendo que están prácticamente en
sus inicios.
Recalando en la sección
de reseñas, la primera parada es la colaboración de Steve Hackett –
no, esta vez no voy a señalar que ADORO a Steve Hackett -, con los
húngaros Djabe. “Summer storms and rocking rivers”. En este
caso, no tengo más que buenas palabras para este directo, cuya
versión en DVD está trufada de deliciosos extras, hasta os diría
que me parece más imprescindible que el último álbum de Steve,
sobre todo porque el guitarrista consigue salirse varias ocasiones de
su propio guión. De algunos músicos se dice que las aportaciones
que han hecho a los discos de otros artistas son más importantes que
lo que han grabado por su cuenta. Aunque eso sería una exageración
en el caso de Hackett – cuyos tres primeros discos son obras
maestras -, también es cierto que el hecho de trabajar durante tanto
tiempo con el mismo equipo le ha quitado un poco de frescura que sí
podéis encontrar en este disco.
Pasamos a John Mitchell y
su Lonely Robot. Aunque el debut de esta “banda virtual” me
pareció una grata sorpresa, el Dificil Segundo Disco se me ha
revelado como un pequeño fiasco. No es que esté precisamente mal o
que carezca de canciones con gancho, es que cuando te sientes un poco
obligado a escuchar un disco para sacarse algo de jugo, en lugar de
disfrutarlo, es que las cosas no van precisamente bien. Por supuesto,
existen reseñas muy positivas de “The Big Dream”, así que
escuchen algunos temas a ver si le funcionan a ustedes.
Lo que ya es más
complicado que me funcione es un empacho de Hawkwind. El mítico
grupo de space-rock formó parte de la misma escudería que Genesis –
Charisma -durante la segunda mitad de los 70, y ese periodo ha sido
condensado en una cajita editada por la buena gente de Cherry Red.
“The Charisma Years, 1976-1979” es como mínimo interesante, y
estoy seguro que representa un periodo fascinante para los fans del
grupo. En mi caso, creo que sus historias sobre guerreros espaciales,
futuros alternativos en los que las maquinas han tomado el control de
la humanidad y narrativas similares perdieron algo de frescura... a
partir del tercer disco.
Quizás por eso, “25
years on” resulte lo más interesante del paquete. Firmado como
“Hawklords” - ah, los managers y su tendencia a pelear por el
registro del nombre de las bandas que representan -, muestra uno de
los pocos intentos de los británicos por cambiar de dirección e
intentar ponerse en consonancia con la New Wave. No tardaron en
rectificar, me temo.
Cerramos con otro álbum
de Rick Wakeman: Piano Portraits. Editado por Universal con no poco
empeño en la promoción – para lo que viene siendo la carrera del
teclista -, viene siendo una propuesta que a estar alturas no puede
ser más apetecible: un piano y una interpretación de temas
incunables dentro del Pop y de la música clásica.
Aunque la tendencia
natural al rubato de los dedos de Wakeman acaba por anegar buena
parte de sus interpretaciones, es un disco de agradable escucha,
peligrosamente cercano a la “música de ascensor”. Y aunque creo
que “Claro de Luna” es una pieza que, interpretada por cualquiera
con un mínimo de destreza y sensibilidad, es una delicia, puedo
imaginarme al aficionado medio a la música clásica, tirándose de
los pelos ante la interpretación del bueno de Richarl.
Saltamos a la sección
“On Stage”. Revolver vino a Sevilla y yo no me lo quise perder.
Por esas cosas de la vida, mi crítica del concierto está
prácticamente envuelta por fotos del show de Steve Hackett en
Donosti. Lo cierto es que en estos últimos años he tenido varias
oportunidades de ver a Hackett en directo y las he dejado pasar por
dos motivos: fue tan genial entrevistarle y verle tocar en Canarias
hace años que no sé si será posible mejorarlo. Por otro lado,
comparto la misma opinión que Anthony Phillips me expresó durante
una entrevista: Steve tiene suficiente repertorio en solitario como
para no tener que recurrir a la etiqueta “Genesis Revisited” y a
llenar tres cuartos de concierto con temas de su antigua banda.
Pero ¡Revolver! Cojones,
que nos estamos olvidando del concierto en el que SÍ estuve. Lo mío
con la banda que lidera Carlos Goñi también tiene historia. Uno de
mis amigos en el instituto era un Fan Fatal del grupo y además de
aprenderse sus canciones a la guitarra, fue el responsable de que nos
montáramos un grupito de jóvenes en un autobús rumbo al teatro de
Montequinto – a día de hoy, sigo definiendo en mi mente a
Montequinto como una barriada de la sevillana localidad de Dos
Hermanas, pero estoy seguro de que es incorrecto y de que estoy
ofendiendo a alguien con esa denominación -, para ver a una versión
reducida de Revolver en acústico.
Lo más gracioso del tema
fue que yo mismo hice de avanzadilla unos días antes del concierto
para que no nos perdiéramos (estúpidamente responsable que es uno),
también usando el transporte público. Por supuesto, para cuando
terminó el concierto, no había autobús que llevarse a la boca, ni
ninguno tenía carné de conducir y por una de esas carambolas del
destino, tampoco había padre que nos sacara las castañas del fuego
¿Solución? Nos pillamos un taxi a pagar entre todos los integrantes
del grupo... no sin antes tener nuestra entrada firmada por el bueno
de Carlos Goñi.
En honor a la verdad,
el músico sólo dejó a las chicas pasar a su camerino, a los hombres nos
dejó fuera esperando a que nos devolvieran las entradas con su firma
estampada en ellas. Así que sólo puedo suponer que tengo algo
firmado por el líder de Revolver.
Unos años después, los
40 Principales organizaron uno de sus chous gratuitos – de esos a
los que sólo se puede ir por invitación recogida en la emisora
local – en el difunto Palenque de la Isla de la Cartuja. Ah ¿Se
acuerdan cuando se rumoreaba que David Bowie iba actuar en semejante
recinto? Yo sí...
La cuestión: aunque
disfruté mucho con el concierto acústico de Montequinto, en esta
ocasión esperaba disfrutar de un espectáculo eléctrico, con su
batería y sus guitarras a todo volumen...¡Pues no! ¡Otro acústico!
Así que sólo después de muchos años después de todo aquello he
podido ver a Revolver en toda su gloria...¡Aunque con un pequeño
set acústico!
Reconozco que, a lo
mejor, mi reseña del concierto fue excesivamente laudatoria. Pero es
que en realidad el set en sí no tenía nada criticable, otra cosa es
que el ambiente era un poco frío, en parte porque la sala no se
llenó, en parte porque Revolver no ha conseguido saltar la brecha
generacional en su público, o eso se interpreta por la mayoría de
los asistentes: gente de cuarenta y pico para arriba con cara de
tener que volver a casa nada más terminar el concierto para
ahorrarse un poco de dinero con la canguro. También me dio la
impresión de que Goñi estaba ligeramente molesto con la frialdad
del respetable o con que la Custom no se llenara. Es una impresión
personal que en el fondo espero que resulte un error perceptivo, más
que nada porque si Carlos estaba molesto por cualquiera de las dos
cosas, estaba cometiendo un error garrafal.
Para el número 156, mis
entrevistas se reducen a mi charla con el hombre que maneja
(literalmente) los hilos en Lonely Robot, es decir, John Mitchell.
Llevaba bastante tiempo deseando hablar con uno de los músicos más
ocupados del Progresivo, y el hecho de que lo último que haya
grabado no me entusiasme no quiere decir que no tenga preguntas que
sacarme de la manga. En todo caso, Mitchell se reveló como un tipo
increíblemente encantador, cuando nos empezamos a pasar de la hora
programada para la entrevista porque se retrasó un poco en su
llamada por Skype, no tuvo problemas en prolongar nuestra
conversación con un comentario tan poco habitual como “has
apartado parte de tu tiempo para esto, así que tengo que respetar
ese tiempo”. Lo dicho, no suele salir de muchos músicos.
Aunque no se nota mucho
en la versión impresa, en realidad pasamos no pocos minutos hablando
del gran John Wetton, con el que Mitchell había colaborado
intermitente en los últimos años. El mítico cantante y bajista fue
uno de los primeros que entreviste para This is Rock, una experiencia
que se saldó con 40 minutos de conversación telefónica que
tendrían que haber sido 20 en un principio. Fue una delicia de
principio a fin, sin olvidar una carga de sinceridad que yo no
esperaba en absoluto, escuchar de boca de uno de sus colegas lo
cambiado y lo mejor que se sentía cuando más cerca estaba del final
me hizo sentir, al mismo tiempo, contento y apenado. Alguien con
tantísimo talento no se merecía vivir atosigado por sus demonios.
En las críticas de
discos me ocupé de lo nuevo de Fish on Friday, los cuales me
sorprendieron gratamente con su nuevo “Quiet life”, algo que no
puedo decir del “Salting Earth” de Richie Kotzen. No es que no me
agrade, es que no me sorprendió en absoluto.
Algo parecido se puede
decir de The Universe by Ear, un trío sueco que apunta maneras pero
que tampoco me dejaron precisamente patidifuso. Para terminar, una
recopilación con los trabajos como músico de sesión del mítico
Roy Buchanan, “After hours, The early years: 1957-1962 recordings”.
Tal y como comento en la reseña, algo que tiene en común el
guitarrista con Jimmy Page es que ambos echaron los dientes en
incontables grabaciones que, mucho me temo, sólo guardan interés
para los más fieles a la carrera del músico.
Como algunos de ustedes
ya sabrán, Buchanan no tuvo una existencia precisamente plácida o
tranquila, algo que se reflejó mucho y muy bien en su forma de
interpretar el blues, pero no van a encontrar muchos trazos de ese
fuego en el doble disco.
Con Eddie Van Halen en la
portada, mi única aportación al 157 fue una corta reseña el nuevo
álbum de Nad Sylvian, “The bride said no”, un disco que, a decir
verdad, me ha gustado más con el paso del tiempo. Con reservas.
A ver, no engaño a nadie
si digo que Nad tiene el trabajo de MI VIDA – cantando con mi
adorado ¿les he dicho ya que ADORO...? Bueno, da igual, cantando con
Steve Hackett -, pero al mismo tiempo estoy seguro de que me caerían
aún más hostias que al pobre Sylvian por cumplir su papel. Su voz
es al mismo tiempo su mayor atractivo y su mayor handicap: no mucha
gente puede decir que suena a un extraño cruce entre Peter Gabriel y
el Phil Collins de 1977.
Esto confirma un viejo
adagio del fan más recalcitrante: “quiero que un artista me dé lo
mismo que antes, pero diferente”. Siempre he sido un poco contrario
a esa actitud, me gusta cuando un músico cambia de dirección,
incluso si esa dirección no es de mi agrado. Siempre estoy en mi
derecho de no comprar el disco o de no ir al concierto. Quizás por
eso, nunca me sentí muy cercano a los tres primeros álbumes de
Marillion, los cuales, más que ser un calco de Genesis siempre me
parecieron un refrito de muchas cosas: Yes, Camel, Pink Floyd...
Pero, aviso, esto tiene
tanto que ver o más con el oyente que con la música en sí. Cuando
empecé a escuchar en la adolescencia a las bandas primigenias del
Progresivo – ELP, King Crimson, los propios Genesis -, no tenía
referencia alguna de otros grupos que sonaran así, bueno, tampoco
hay muchos grupos que suenen exactamente así. Dado que llegué
a Marillion, Pendragon o incluso Porcupine Tree tiempo después, para
entonces ya había asimilado algunos de los tics del género y
podía ver trazos de las influencias.
“The bride said no” y
buena parte de la discografía en solitario de Sylvian comparten esa
problemática. Para mí resulta muy fácil identificar de dónde
vienen esos arreglos, esas temáticas, esos solos. Como decía algún
crítico despiadado sobre su anterior banda, Agents of Mercy, “estos
escandinavos han entendido muy mal a Genesis”. Con todo, como sé
que estoy en minoría con el tema Marillion y con mi actitud en
general sobre la música, pues estoy seguro de que habrá gente que
disfrute mucho con el álbum.
OTRO
RICHARL Y MÁS RELFEXIONES INNECESARIAS
No me hace ninguna gracia
que la línea editorial de la revista obligue a poner gente a más de
50 años en la portada, cuando no se trata de gente que está
directamente muerta. Pero es que el público llega a ser muy
impredecible, cayeron críticas muy chungas cuando se puso a Muse -
“¿Cuándo os habéis transformado en la Super Pop”? - y poner a
artistas menos conocidos como Rush o Rory Gallagher (que sí, que
unos están ahora retirados y el otro muerto) también se ha revelado
arriesgado de cara a las ventas, así que... o seguimos con esta
tónica o directamente no hay revista.
Pero al mismo tiempo me
da mucha pena que Prince haya tenido que morirse para aparecer en
primera plana de la TiR. Algún día diré todo lo que tengo que
decir sobre los artistas que nos ha dejado en esta absurda epidemia
de muertes, algunas mucho más inesperadas que otras.
En fin, con no pocos
problemas técnicos de por medio, conseguí establecer línea directo
con el bueno de Richie Kotzen mientras su equipo montaba el bolo de
esa misma noche. Aunque Kotzen es un tipo con un buen seguimiento
(sin olvidar que es el amor platónico de una amiga mía), siempre me
va a resultar una gran interrogante cómo es posible que no haya
obtenido un éxito rotundo. Posee muchas cualidades que ya nos
gustaría a más de uno: canta bien, toca la guitarra como un
virtuoso, produce, compone... Aunque durante la conversación deja
caer algunas claves de por qué lo suyo nunca ha sido un camino de
rosas, también he de decir que nos reímos mucho más de lo que la
versión final de la entrevista deja suponer.
Siguiendo con el tema
Kotzen (en cierta forma), nos pasamos a la reseñas. Por mis manos
pasó el directo del Supergrupo del que el propio Richie es miembro,
esto es, The Winery Dogs, a los que tuve la suerte de ver durante su
primera gira.
Ahora viene uno de esos
diálogos absurdos entre crítico y discográfica que te adelanta el
material para que la reseña coincida con la fecha de lanzamiento.
Discográfica: Te mando
el material.
Crítico: ¡Guay! Espera
esto es sobre todo un DVD/BR en directo ¿No tendría sentido que me
mandarais algún enlace para ver el vídeo además de los Mp3?
Discográfica: …. Venga
vale. Ahí lo tienes.
Crítico: ¡Genial!
Espera, es un enlace a un vídeo de YouTube privado... ¡La
resolución está a 360p!
Discográfica: ….
Y todo así.
Pasamos después a un
directo de Peter Hammill del 81, una de esas míticas grabaciones de
Rockpalast que capturaban el sonido en toda su crudeza. Muy
recomendable a pesar de las pintas de Peter. La gente de Rocket Music
tuvieron a bien mandarme una copia física de la colaboración de
Carlos Garo con Terry Oldfield, “Sky Dancer”, un disco de escucha
muy agradable.
Terminamos el repaso a
mis colaboraciones por todo lo alto con un destacado sobre el JRAN
Paul Weller y su nueva grabación. Es un discazo, pero si quieren
saber por qué lo creo, ahí tienen otras 397 palabras al respecto.
Y si han llegado hasta
este punto de la entrada, enhorabuena, yo casi que ni lo consigo.
Para la próxima tardaré menos... O no.
Sed buenos.
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