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Material de documentación y absenta |
El
género de “discos de separación” es de los mas celebrados
precisamente porque es muy fácil ponerse en la piel del autor, y
porque cuando uno está de bajón por una ruptura, lo suyo es ponerse
una colección de canciones miserables, tristes y desoladas para
saber que hay otra gente que está tan mal como tu. Cosas de la
solidaridad humana.
Casi
todos los artistas tienen un disco así, a veces suele coincidir con
el álbum posterior a conseguir el éxito masivo, ya saben, la
cantinela de “ahora soy rico y famoso pero mi chica me ha dejado
porque no aguantaba las fiestas diarias, la farlopa y las
groupies...¡yo la amaba! Y ahora nada tiene sentido... pásate algo,
¿no?”
Probablemente,
la obra mas celebrada dentro de esta tendencia sea “Blood
on the tracks”, de Bob Dylan, “Sangre en las pistas / los
temas”, así, sin anestesia. Aunque, para variar, el propio
cantautor se ha encargado de disipar esa imagen de disco profundo y
personal, diciendo que en realidad no hablaba de él y que trata
temas mas bien generales. Todo lo contrario de “Hearts
and bones” de Paul Simon, en el que se narraba con la habitual
sorna del neoyorquino el proceso de separación de la actriz Carrie
Fisher, sí, la princesa Leiah.
Si
se pregunta por qué hoy nos ocupamos de las dos obras situadas en el
titular de esta entrada, se lo explicaré: aparte de ser dos artistas
que me encantan, ambas obras se compusieron casi a la vez cuando
estos dos alegres (o mas bien muy tristes) divorciados en la
treintena se fueron a vivir juntos. Aunque ambos sirvieron como
catarsis personal para los involucrados, uno catapultó al estrellato
a un batería cantante, mientras que para JM se tradujo solo en un
pequeño empujón comercial.
En
los dos casos, a pesar del tono lastimero y victimísta de algunas de
las canciones, las ex-mujeres de los músicos han protestado por la
versión de los hechos que se dan en sus letras o en las entrevistas
que los compositores han dejado caer sobre la génesis de su
creación. Y, para terminar estos párrafos introductorios, hay que
dejar claro que los dos se fueron creados por dos hombres cuya fama
no podía ser mas diferente...
Johnny
el malo
Para
cuando la muerte le sobrevino en 2009 por una doble neumonía, los
años de alcohol, drogas y mala vida en general ya le habían pasado
una severa factura al cuerpo de John Martyn (nombre real, Ianin
David McGeachy, nacido en Surrey en 1948). La amputación de su
pierna derecha por un quiste le había dejado prácticamente sin
movilidad, dando lugar a un importante sobrepeso, una desgracia más
que sumar a una pancreatitis, un accidente de coche que resultó en
la muerte de una vaca (!) y dos divorcios. Su voz, a menudo comparada
con las rugosas tonalidades de un saxo tenor, se había transformado
casi en un susurro agresivo con muy poca de la dulzura de antaño.
De
Martyn siempre se ha dicho que era la persona con la vida mas
rock'n'roll que nunca había estado en un grupo rockero. Tras ser
inspirado en sus años mozos por Joan Baez, no tardó en evolucionar
con la guitarra de tal forma que adoptó una técnica envidiable,
destacando muy pronto en el circuito folky de la Escocia que conoció
durante su infancia. No tardó en dar el paso a la capital del
imperio británico, dejándose caer por casa de su madre – sus
padres, cantantes de ópera ligera se habían separado cuando Martyn
era todavía muy pequeño – y alimentando el estilo de vida que
iría minando su salud a través de los años.
No
tardó mucho en aprender una de las lecciones mas importantes que se
puedan dar en el negocio musical; “Contrata un abogado, compra una
pistola” (atribuida a John Entwistle), aunque se decantó por algo
un poco mas tradicional como una navaja, por si el dueño de algún
garito se negaba a pagar, o por si a algún listillo de la noche
londinense se le ocurría aligerar el peso de su cartera o el de su
espalda, sobre la cual solía posicionarse su instrumento.
En
lugar de abogado, John tuvo la suerte de encontrar a Chris Blackwell,
dueño de la discográfica Island, que en aquel momento seguía con
su objetivo inicial de ser un sello de música jamaicana, lejos aún
de distribuir a King Crimson o ser la casa de U2. Al igual que Ahmet
Ertegum con Eric Clapton, Blackwell mantuvo una relación de mentor
con Martyn a lo largo de buena parte de su carrera y se tenían un
respeto mutuo poco visto en el negocio.
Tras
un par de discos de poco éxito en los que combinaba temas propios y
versiones de standards del folk, Martyn grabaría sus dos siguientes
discos, “Stormbringer” y “Road to Ruin” bajo el paraguas del
dúo que había formado con su primera esposa, Beverley Kutner. En
realidad, “Stormbringer” iba a ser el primer disco en solitario
de Beverley, quién, a fin de cuentas, se estaba afianzando como una
posible respuesta femenina al estrellato de Iain dentro del mundo de
los cantautores, pero en algún momento, la personalidad dominante de
John fue tomando más protagonismo en las sesiones de grabación –
a las que se supone que asistía como acompañante y guitarrista
comparsa -, hasta que el álbum acabó firmándose a medias entre los
dos.
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John y Beverley |
Al
poco, pareció que la carrera de Beverley se desinflaba, y el insulto
final fue cuando su marido decidió dar conciertos por su cuenta,
dejando a su dama fuera de juego bajo la excusa de que ganaba mas
dinero sólo que acompañado por ella. Además, Martyn era un buen
practicante de la ley del embudo y no veía con buenos ojos que la
madre de sus hijos – Beverley tenía una hija de la una relación
anterior a la que John dio sus apellidos y no tardó en quedarse
embarazada de él - estuviera dando tumbos por algunos de esos
baretos de mala muerte en los que había que tocar para poner en pan
sobre la mesa. Conviene añadir que podría haber puesto mas pan
sobre la mesa si Martyn no tuviese la costumbre de beberse buena
parte de su caché antes de llegar a casa.
El
primer periodo de la carrera de Martyn alcanza su cúspide con el
disco “Solid Air”, de hecho, un “lo mejor de” John podría
ser un triple disco que reuniera esta obra, el posterior “One
World” y “Grace and Danger”, aunque probablemente el artista
añadiría “Inside out”. Pero cada uno distingue aspectos muy
diferentes de una carrera cambiante, en “Solid Air” John seguía
siendo, a todas luces, un sofisticado cantautor con un cierto gusto
por el jazz. El tema que da título al disco es una hipnótica
dedicatoria al lánguido Nick Drake – que moriría por un posible
“suicidio accidental” tiempo después -, tan embaucador como “I
don't wanna know” o su mayor éxito en formato single “May you
never”. Este tema, solía contar Martyn, le había dado mas dinero
en royalties cuando fue versionado por Eric Clapton en el disco
“Slowhand”, que la suma de todos sus álbumes en solitario,
aunque creo que aquí exageraba en aras de un buen titular.
No se crean, no obstante, que cuando digo “mayor éxito”, me refiero a ventas millonarias. Para realizar una comparación que se pueda entender, Martyn fue un poco como un Hilario Camacho o Joan Baptista Humet, alguien a quien la mayor parte del público solo asociaba con un par de canciones – con suerte -, pero con unos pocos seguidores fieles. “Solid Air” vendió 100.000 copias de la época, pero aparte de eso, John no realizaría asaltos al top 10 de ventas. Lo que sí obtuvo fue el apoyo de la crítica, que casi siempre lo trató con reverencia en plan “uno de los secretos mejor guardados de la industria”.
Su
técnica y capacidad compositiva no pasaron desapercibidos para
muchos de sus colegas, gente como George Harrison, Andy Summers,
David Gilmour o el propio Clapton eran fan declarados de su forma de
tocar la guitarra, y echaban una mano siempre que podían a su
colega. Hablando de amigos, en “Solid Air” destaca la presencia
de Danny Thompson, un maestro del contrabajo cuya impronta se deja
notar desde las obras del mítico combo folk Pentangle, hasta incluso
el primer disco de Ketama, un auténtico todo terreno musical.
Aparte
de ser un inestimable comparsa con su instrumento, a Thompson le
gustaba cocerse tanto como a Martyn y ambos compartieron una serie de
anécdotas absurdas cuyo elemento común era la progresiva
destrucción de sus hígados y las bromas pesadas. Danny siguió a
bordo para “One World”, otro discazo de belleza singular que
contiene “Small
hours”, un tema que, como afirma uno de los amigos del
cantante, “si no te emociona, es que algo va muy mal dentro de ti”.
Todo el álbum se grabó en la mansión de Blackwell y en particular,
la toma de “Small hours” que aparece en el
disco se realizó de madrugada y al aire libre, con micrófonos
diseminados por los terrenos del dueño de Island, captándose así
los sonidos de patos y riachuelos.
No
solo lo ambiental es bello en “Small Hours”, para entonces John
había perfeccionado el uso de la unidad de efectos / pedal Echoplex
en su armería sonora. Mezcla de eco y delay, el cantautor logró
extraer un sonido único de su guitarra. Pero poco a poco, el formato
en el que se presentaba la música de Martyn cambiaba, de ser un tipo
que contaba principalmente con su voz y su guitarra, se fue
afianzando mas y mas como líder de una banda al completo, un camino
especialmente marcado en “Grace and danger”.
Gracia
y peligro (Edición Deluxe)
Precio;
9,95
Lugar:Fnac
Sevilla
La
frase que dio título al álbum fue una definición que realizó su
propio manager durante esa época ; “John, eres todo gracia y
peligro”. Una definición adecuada, que también se refleja en la
canción que abre el disco, “Some people are crazy”, en cuyas
primeras líneas deja bastante claro la visión que los demás tenían
de Martyn: “Algunos están locos por él, otros no pueden soportar
su cara”.Así era el cantante, cuyo aspecto de oso amoroso podía
presagiar una persona amable, encantador y carismático, pero que a
otros les inspiraba al escocés borracho capaz de liarla parda en una
pelea de bar si uno se lo encontraba con el paso cambiado.
A
finales de los setenta, Beverley ya se había hartado de esa
duplicidad. Puede que una parte del público admirase su actitud
bohemia y su arte, pero en el documental de la BBC “Johnny
too bad”, es prácticamente imposible pillarla diciendo nada
positivo de su ex-marido. Su relación siempre fue complicada, a ella
nunca le gustó tener que renunciar a su carrera – aunque muchos
admiten que había terminado antes de empezar – para transformarse
en ama de casa y aunque Martyn era un celoso casi patológico, no le
dolían prendas para entrarle a todo bicho viviente cuando salía de
gira.
Al
igual que Clapton,
Iain se veía desde fuera como un romántico, y eso se deja notar en
el estribillo del tema que abre “Grace and danger”: “pero en
estos temas de amoríos / hace que tu pobre corazón se sienta
orgulloso / quizás sea lo mejor que hayas tenido nunca”. ¿Nos
quiere decir Martyn que aunque a veces pueda parecer un mal tipo, en
el fondo es un fenómeno? Vaya usted a saber, la cuestión es que
desde este tema, uno puede ya despedirse de canciones en los que la
voz y la guitarra sean preponderantes, el formato de banda domina
desde el primer minuto.
Dicha
banda está compuesta por el propio Martyn en las guitarras (sobre
todo eléctricas, otro cambio con respecto a sus otros álbumes),
Phil Collins a la batería y los coros, otro todoterreno del bajo en
la persona de John Giblin – compañero de PC en el combo jazz-rock,
Brand X - y Tommy Eyre en los teclados. Hay un par de momentos
durante el tema “Johnny too bad” en los que parece que haya una
mujer haciendo algunas segundas voces, lo cual puede ser la típica
cantante que aparece en cientos de sesiones sin acreditar o que tito
Phil seguía perfeccionando sus tonos mas agudos con los efectos de
grabación para lograr algo parecido a una fémina.
Teniendo
en cuenta que Collins no tardaría en estrenarse como productor,
después del éxito de “Face Value” - llegaría a sentarse en los
controles para un par de discos del propio Eric Clapton, amen de
diversas obras pop de los ochenta -, y que en muchas fotos de la
sesiones aparece sentado junto a Martyn frente a la mesa de mezclas,
se ha hecho pensar a muchos que PC llegó a producir el álbum. En
realidad fue Martin Levan el que le dio ese sonido espaciado a “Grace
and Danger”, quien siempre ha alabado la labor del propio batería,
justificando su fama de tipo majo y capaz de conocer su sitio en las
sesiones, haciendo alguna sugerencia ocasional, pero nunca amenazando
su posición como productor.
En
la propia “Some people are crazy” se pueden escuchar algunos de
los sintes adicionales de Dave Lawson, aunque a mis oídos suenan más
a pedales de bajo Moog Taurus que otra cosa. Por cierto, si la
disposición de los instrumentos en los canales izquierdo y derecho
le dejan un poco loco, no se preocupe, no es usted el único. El tema
mas rockero, con recios riffs de guitarra, y el más activo de todo
el álbum llega con el que precisamente da nombre al disco, un
exabrupto para los cánones de Martyn, relativamente relajado si
usted es oyente habitual de Pantera. No deja de ser curioso el orden
de las canciones – para aquellos que seguimos escuchando las cosas
en el orden que le dieron los artistas -, si “Some people...” era
una especie de carta de presentación sobre nuestro personaje
principal (el propio John), “Grace and Danger” parece ofrecer un
armisticio a su ex-pareja: “Sabes que te deseo todo lo que tú
deseas, me hace sentir tan bien que hayas encontrado a otra persona”.
Algo de lo que no tardará en desdecirse en los siguientes temas, con
el autor hundiéndose progresivamente en la más absoluta auto
compasión, con alguna muestra de patético orgullo machista en el
camino. “Quieres una palabra de mí, te daré dos, murmuro
desesperadamente, mientras dices adiós, Gracia y Peligro”. Primer
solo de guitarra, que suena casi a sintetizador y unas líneas que
intentan de nuevo buscar esa conciliación “dulce gracia, sin
peligro”.
Es
en esta canción donde canta la línea que probablemente mejor define
el contenido de esta obra: “de alguna forma bonito, pero de una
manera fea”. Mientras que John le desea a Beverley las dos
palabras que dan título al álbum, en “Lookin' on” llegan los
aires mas jazzy, con un primer verso desgarrador “qué clase de
amor es este, oculto tras tus besos”. El amante despechado parece
mirar con cierta esquivez los acontecimientos, mientras que la
amenaza del divorcio y sus posibles consecuencias se ciernen sobre
él. Aunque algunas referencias a “venir a robar” o “los lobos
que me aguardan en la puerta” me hacen pensar en temas económicos
– Martyn tendría que pasar una curiosa pensión a su ex-esposa -,
mi momento favorito de la canción tiene que ser cuando John dice
“mis amigos mantienen un perfil bajo con un alto desdén”. No
deja de ser curioso porque, como ya hemos indicado, el propio
cantante tenia fama de transformarse en el mejor amigo de cualquiera
para volverse un temible sociópata en cuestión de segundos.
El
Echoplex vuelve a la música del artista para su versión del clásico
oculto del reggae, “Jonny too bad”, un pequeño relajo para tomar
impulso antes de la intensidad de lo que se nos viene encima.
“Bajando por la carretera, con una navaja en tu cintura, johnny
eres demasiado malo, eso es lo que dicen / uno de estos días vas a
hacer llorar a tu mujer / un día correrás a la roca para salvarte y
encontrarás que no hay roca...” No deja de ser curioso que el
cantante eligiera un tema ajeno para vislumbrar su propio colapso y
parte de su relación con su mujer.
Mientras
que Martyn ejercita otro poco habitual solo de guitarra (lo raro son
esta clase de lucimientos en la música del cantautor), probablemente
la batería de Collins nunca ha sonado tan sutil y relajada, aunque
es su voz la que engarza perfectamente con la de Martyn en el
siguiente tema, “Sweet little mystery”. Como ya hiciera con Peter
Gabriel durante la etapa de éste como solista de Genesis, la segunda
voz aguda en el fondo, produce un sonido único, en contraste con la
rugosidad de John.
Aquí
ya el patetismo de las letras se va acentuando, “todos mis amigos
dicen que parezco tan triste, no tienen que preguntarme el por qué,
desde la noche que dijiste adiós / contemplo las calles, miro la
radio, no necesito encenderla / no son las cartas que simplemente no
escribes, ni los brazos de alguna nueva amiga (¿o querrá decir
“amigo”?), no son los lloros al morir la noche, que me hacen
aguantar, esperando el fin / es el dulce pequeño misterio que hay en
tu corazón”.
Los
teclados de Eyre brillan especialmente en este tema, casi al borde de
“tocar demasiado” pero manteniendo el regusto jazz en sus
fraseos, una gran canción con la que empezamos a ver que Martyn nos
manda un mensaje cifrado en el que nos dice “os voy a arrastrar
hasta mi tristeza absoluta, y no me importa”. Recomiendo
encarecidamente escucharlo mientras descubres, de forma accidental,
que tenias unas fotos de tu ex guardadas de las que no tenías
recuerdo alguno, entonces vas a meter la cabeza en el horno y te
descubres en el mas decadente patetismo porque te das cuenta de que
tienes un microondas, con que tienes que cerrar la puerta para no
morirte do otra cosa que no sea pura auto humillación. Entonces
decides que lo más épico que puedes hacer es dejar un tenedor
“cocinándose” durante unos cinco minutos, a ver si alguna
esquirla disparada te provoca una muerte horrible. Pero prefieres
pasar al siguiente tema.... (hecho verídico)
La
herida abierta con “Sweet little mystery” empieza a sangrar,
efectivamente, con “Hurt in your heart”, cuya versión en el
televisivo “A
little night music” es especialmente demoledora, con Martyn en
plan grito primario lanzando una línea de la primera estrofa en vez
de abrir con el estribillo: “Give me a caaaaaaaaaaaaaall! Darling,
It's all that you need to do....”, “Llámame, querida, es todo lo
que necesitas hacer, solo una palabra o una frase, una puntada a
tiempo podrían salvar a este pobre corazón de romperse, cuando esa
herida en tu corazón haya desaparecido, seguiré siendo tu amigo,
hasta el final de nuestro río, incluso más allá, esta herida
sanará y espero que recuerdes todo el amor...”
Aquí,
ya el autor se ha rendido y confiesa que volvería en cualquier
momento (“tan solo dí mi nombre, estaré esperando, aún
sincero”), mientras el lastimero solo de guitarra se halla mezclado
muy por debajo de la capa de acordes y notas de los músicos de
acompañamiento. Rara vez tanta tristeza se ha mezclado con el
vinilo, atención al bajo de Giblin, canela finísima.
Por
si esto no fuera bastante para rompernos el corazón, el ambiente de
un sol que va cayendo sobre un apartamento recién vaciado (o
inserten aquí la imagen depresiva que mas triste les parezca),
aparece en “Baby please come home”. Lánguida, triste y
suplicante, Martyn entrega la cuchara y le pide a su ex-esposa:
“Nena, por favor, vuelve a casa, pondré las cosas que hemos hecho
de vuelta a donde pertenecen, eso pertenece ahora al pasado, necesito
que nuestro amor dure / intentaré sacar de tu cabeza las cosas que
dije, no quería decir en realidad ni una de ellas, ahora mira lo que
las palabras han provocado”.
Al
igual que con “Small hours”, si usted no se emociona con esto, es
que usted no tiene alma ni corazón ni quiere a su madre, por lo
menos. Como si nos hubiera mostrado algo que no quisiera que
viéramos, Martyn recurre a una vena mas venenosa en “Save some
(for me)”, en la que las secuencias y las cajas de ritmo hacen
acto de presencia. Aquí el compositor lucha contra su propio
patetismo con diatribas en las que mete en el mismo saco a vecinos y
amistades: “me sentí enloquecer cuando leí tu carta, diciendo que
no ibas a volver a casa, cada día me despierto sintiéndome un poco
mejor, porque de la manera que vivo, nunca estaré solo”. Llegados
a este punto, uno podría preguntarse “¿A quién pretende
engañar?” Y la respuesta obvia sería “a todo el mundo,
empezando por él mismo”. Eso se hace patente en los siguientes
versos en los que intenta sentir genuina lástima por la otra parte,
“te sentí como una Ofelia en un libreto de fracasos, llevada a la
demencia en un teatro del absurdo / si leyeras algo sobre mi en tus
estúpidos periódicos, haz como si no hubieras oído nunca mi
nombre, habla con tus vecinos y diles que nunca me uní al juego, por
que no te lo llevaste todo, guardé algo para mi, hice trampa, pero
guarda algo para mi”. En esta ocasión es la voz del cantante la
que está casi oculta en la mezcla, como si fuera un susurro que
intenta abrirse paso en la música. Los recuerdos, pequeños retales
de lo que fue su relación, es lo único que Martyn parece guardar.
Como
si este fuera, en el fondo, un disco conceptual, John cierra el
vinilo con un tema que casi parece na reprise o
repetición de la apertura, “Our love”, intenta una especie
suplica final agridulce: “Nena, mira, nuestro amor, una vez hizo un
hombre de un chico, una mujer de una niña / ahora tengo que suplicar
para digas mi nombre / Ahora tengo que buscar en mi cabeza, para
encontrar el menor rastro de ti en mi”. La inclusión de Beverley
en la autoría de este tema provocó algunas interrogantes en su
momento, aunque su ex-esposo deja bastante claro que no hubo
colaboración alguna, sino que fue su forma de cederle parte (aunque
ésta sea mínima) de las ganancias que generaran los derechos de
autor de la obra.
A
pesar del tono relajado de esta canción (y de buena parte del
álbum), es difícil no sentirse un tanto vouyer
después de la escucha, como si se acabara de leer el diario de un
desconocido. Tanta intensidad, cuenta la leyenda, provocó que
Blackwell vetara la publicación del disco durante casi un año, si
bien a Martyn no le podía importar menos, deseoso de compartir su
melancolía con el mundo y esparcir su tristeza por doquier, digo yo.
Curiosamente, se dice que el antiguo mandamás de Island, a pesar de
todo, siempre lleva un copia en CD del álbum allí donde va.
Finamente
lanzado en 1980, “Grace and Danger” supuso una pequeña
renovación en la carrera del músico, entró en el top 60 de los
discos más vendidos... de donde desaparecería a las pocas semanas.
Lamentablemente, la colaboración estrella que le podría haber dado
una mayor publicidad – esto es, la de Eric Clapton con quien
acababa de hacer una gira como telonero – quedó en nada. Según el
productor, el tiempo que Manolenta pasó en el estudio, hubo mucho de
jams vacuas, con
luchas de egos incluidas, con lo que entendemos que, probablemente
Martyn y Clapton estaban mas ocupados en medirse la polla con su
manejo de la guitarra que en grabar algo utilizable. Aunque tampoco
se puede descartar que el consumo de sustancias ilícitas también
jugase un papel en la sinuosa dirección de algunas sesiones, ya que
un día de grabación entero se suspendió porque la bolsita de coca
que John usaba para “inspirarse” no llegaba a aparecer...
El
propio Levan asegura que, con todo, las sesiones se llevaron a cabo
con bastante naturalidad, con todo el mundo llevándose bien. Tanto
es así que algunas de las conexiones debidas a este disco, como la
amistad con Collins y Giblin permanecerían hasta la muerte del
cantante. Eso sí, fue imposible enganchar al compositor para las
mezclas, proceso que siempre le aburría. Puede que el proceso de
creación fuera tortuoso para Martyn, pero la tristeza que transpiran
los textos solo parecía hacer acto de presencia cuando John tenía
que cantar.
En
la edición “Deluxe” (que si se la encuentran al mismo precio que
yo, no se lo piensen dos veces y háganse con ella), se nos incluyen
abundantes tomas en directo en el primer CD – a diferencia de la
remasterización de “Solid Air” que dejaba el álbum tal y como
era en vinilo dedicando el segundo disco exclusivamente a los
“extras” -, entre ellas las provenientes del OGWT, con la misma
banda de las sesiones para “Grace and Danger”. La primera, “Sweet
little mystery”, nos muestra ya que, para Martyn, la versión de
estudio es poco más que un esquema básico en el que ir metiendo
variaciones, por ejemplo, en esta versión la guitarra toca la
melodía y los acordes principales. Ahh, ese sonido de reverb de los
amplis Roland tan ochentero... Atención a como armonizan las voces
de Collins (cuya batería a veces suena demasiado fuerte ¿de verdad
acabo de escribir eso?), al final del tema repitiendo el estribillo,
grande no, lo siguiente.
John
sigue sonando como un emulo de Andy Summers cuando ejecutan “Lookin'
on”, con Collins más fino, un interesante break casi latino
a mitad del tema, y Martyn repartiendo mas resentimiento en las
letras que en la versión original, añadiendo pequeñas
modificaciones allí donde le parece, abusando de su acento escocés
– sus amigos afirman que John era un poco chaquetero, si se
encontraba en Londres repartía un cockney convincente, y si
estaba en Glasgow, adoptaba una forma de hablar casi ininteligible
para el británico medio – para meter rencorosas erres que no se
las salta un caballo.
Las
siguientes versiones en directo, grabadas un par de meses después
provienen de otro especial para la BBC, en este caso “Rock goes to
college”, una serie de programas grabados en los auditorios de
universidades, los cuales sirvieron como testigo de grupos
minoritarios (Bruford)
o estrellas emergentes (The Police, que tocaron por “primera vez en
público” su clásico “Message
in a bottle”). Con una banda un poco diferente (Alan Thompson
al bajo, otro batería y un músico más a las percusiones varias
sustituyendo a Collins), Martyn se aleja aún más de las versiones
grabadas, con un solo de teclado tomando el papel protagonista
durante “Grace and Danger”. Para “poner una sonrisa en los
labios” de los estudiantes y fans, Martyn dedica con no poca sorna
“Some people are crazy” a Margaret Thatcher.
Igualmente,
no hay percusión electrónica alguna en “Save some (for me)”,
con la banda lanzándose en un rock muy directo, si bien los fraseos
del bajo y las intervenciones de Eyre anclan el tema en un territorio
mas jazzy. Y, por supuesto, la voz de Martyn ya no es para nada un
susurro, cantando la parte sobre los vecinos con especial bilis y
aclarando que “hizo trampa todo el rato”.
El
segundo CD nos permite conocer algunos de los temas grabados durante
las sesiones de “Grace and Danger” pero que no se incluyeron,
puede que por las limitaciones del vinilo, aunque en mi opinión,
simplemente no casaban con la temática triste e introspectiva del
álbum. “Small hat” se abre casi como un tema de los Genesis de
los 80, un tema muy pop contenido, con Collins brillando a los
timbales. La guitarra de John casi parece salida de un grupo de New
Wave, así como su forma de cantar, cierto es que no pega nada con el
disco que acabó saliendo, lo cual es un testamento de la sabia
elección por parte del cantante y el productor, pero es una lástima
porque probablemente hubiera sido un buen single.
“Running
up the harbour” parece tener el fantasma de Police o de los Pink
Floyd de “The Wall” proyectándose sobre los sonidos de guitarra,
de nuevo, su aire de reggae un poco más optimista (con Martyn
lanzando gritos de arenga en medio) lo hacen desentonar con “Grace
and Danger”, ¿En qué idioma se supone que grita Martyn? ¿Español,
Italiano, Jamaicano? ¿De verdad llega a decir “aldente”??? Mas
visceral es “Dead on arrival”, con la voz y los arreglos
acercándose mucho más al rock, pareciéndose al sonido que iba a
desarrollar en adelante John en sus directos, aunque aquí con la
ausencia de teclados y la eléctrica dando todos los acentos.
Algo
parecido se podría decir de “After tomorrow night”, en la que el
cantante casi parece mutar en Billy Joel, aunque aquí se deja notar
un poco más el aire de desesperación y otro solo de guitarra. “Lilo
Blondino” es básicamente una jam en la que los músicos juegan
sobre los motivos de “Save some (for me)”, pareciéndose más a
lo que luego sería a la versión en vivo que a la de estudio.
Se
incluyen en el paquete algunas tomas alternativas o provisionales de
los temas que acabarían en el álbum, con Martyn a veces probando
otras melodías vocales, ritmos o instrumentos. Igualmente, no todas
las letras están todavía en su estado final, (con John haciendo
scat en algunos momentos), aunque hay que reconocer que
comparado con otros discos con edición especial, el “relleno” es
bastante digno, lástima que no quede nada de las jams con Clapton,
aunque fuera para comprobar la estulticia de cerca. Finiquitando el
segundo CD, una versión instrumental de “Hurt in your heart”,
para aquellos que quieran hacer karaoke con la pena, y una remezcla
(no demasiado bailable, a pesar de la sección de vientos) de “Johnny
too bad”.
Escuchado
el disco, uno no puede hacer otra cosa que sentir lástima por el
cantautor, pero en la biografía sobre el artista, “Some people are
crazy: The John Martyn story” de John Neil Munro, se ponen los
puntos sobre las íes y se profundiza en los aspectos menos
agradables de la vida del cantante. Para empezar, antes de que la
separación se hiciera efectiva por medio legales, Beverley pidió
una orden de alejamiento contra John, puede que un recurso legal para
apuntalar el divorcio, pero teniendo en cuenta el historial posterior
de Martyn, es complicado negar la evidencia.
Glorioso
idiota
Ya
hemos hablado aquí de algunos genios como Miles Davis, Pablo Picasso
o Hergé,
que si bien nadie discute sus contribuciones al arte, resulta mas
complicado no censurar algunas de sus actividades en su vida privada
(o incluso pública). Esto, obviamente, no pertenece en exclusiva a
los grandes creadores, pero como se dice en “Los Commiments” de
Alan Parker (1991): “Solo hay una cosa peor que un capullo, un
capullo con éxito”.
En
este sentido, John casi no tendría por qué entrar en esta
categoría, mas que nada porque su éxito pertenecía a los pequeños
teatros y a las ventas casi anecdóticas de sus discos. Pero su
influyente figura en muchos artistas y sus múltiples reconocimientos
críticos, lo destacan, al menos, como un músico de gran importancia
y un asombroso legado. Esto hace aún más sangrante el hecho de que,
a todas luces, fuera un más que posible maltratador.
El
historial de violencia dentro de su relación con Beverley (por lo
menos de cara al conocimiento público) se remonta a 1969, cuando,
aparentemente, John le puso un ojo a la virulé a su esposa después
de pillarla en un tonteo con el mismísimo Bob Dylan (la pareja se
hallaba en Woodstock grabando su primer disco como dúo). Varias
amistades de la pareja todavía recuerdan con estupor algunos de los
episodios mas crudos de su relación a los que asistieron como
testigos involuntarios, tanto es así que aseguran que los niños
llegaban a ocultarse en el campo cercano a la vivienda familiar para
no tener que aguantar el cruce de violencia física y verbal. En su
“descargo”, (por expresarlo de alguna forma y siendo muy muy
sarcástico) hay que decir que John siempre elegía mujeres que
resultaban ser muy buenos sparrings, capaces de devolver tanto
como recibían, curiosamente, la única pareja de la que John echaba
pestes, ejerció también como manager durante la década de los
noventa: Julianne “Daisy” Flowers quien también había recibido
entrenamiento de kickboxing, así que se puede afirmar que en gran
medida, el rencor del cantante se deba no solo a sus comisiones, sino
que por una vez Martyn recibió mucho mas de lo que daba.
Pero
por mucho que uno intente ironizar sobre el tema, por mucho que el
alcoholismo de Martyn se pueda considerar un atenuante y por mucho
que el maltrato haya estado a punto de convertirse en algo trivial a
causa de la forma que han tenido de manejarlo algunos medios, no hay
forma de excusar el comportamiento del artista. El hecho de que tanto
John como su segunda esposa hayan fallecido (y no se le conozcan
declaraciones sobre el tema), imposibilita aclarar algunas de las
circunstancias que rodearon una relación aún más tempestuosa (si
cabe) que la de John con Beverley. Por si esto no fuera suficiente,
lo poco que se sabe le hace a uno sentirse bastante incómodo: Annie
Furlong era una mujer alegre y vivaracha que después de pasar por
ocho años de matrimonio con el cantante se vio arrastrada a una
dependencia al alcohol y escenas de fuertes discusiones que acababan
con Martyn en el asiento de atrás de un coche policial. El golpe de
gracia lo dio John al asegurar que Annie había muerto en un
accidente de tráfico, cuando de hecho fue a causa de una malaria
cerebral, contraída tras trasladarse a Kenia con su segundo marido.
Por qué el artista llegaría a mentir en este aspecto (incluso se
menciona como verídico en el documental de la BBC sobre su vida) es
una incógnita, sobre todo teniendo en cuenta que años atrás,
durante una entrevista para la radio australiana, John gastó una
broma pesada al DJ, explicando que la propia Beverley había
muerto al volante ¡Cuando aún estaban casados!.
Hablando
de su primera esposa, ésta y las personas cercanas a la pareja
hicieron varias declaraciones que contradicen muchas de las historias
que contó el propio Martyn sobre su matrimonio. Si a John le gustaba
retratar a Beverley como una chica dulce y paciente, aquellos que
conocieron a la pareja tienen la imagen de una mujer fuerte, con
opiniones a la par (así como su forma de expresarlas) y que no se
dejaba amilanar por el genio oficial de la relación. Por su
parte, la esposa del músico se quejaba de que a base de dejar caer
tantas emociones en sus letras y música, había muy pocos
sentimientos que John le pudiera dirigir en persona.
Siguiendo
con el juego de “él dijo, ella dijo”, Martyn aseguraba que el
divorcio fue el principal motivo para apretar la tecla de
“autodestrucción” en la que se sumió durante los años
siguientes, agudizándose su consumo de alcohol y droga. En
contrapartida, Beverley argumenta que fueron esas mismas tendencias
auto destructivas lo que minaba su vida en pareja.
En
otras palabras, puede que Martyn fuera un artista torturado, puede
que en algún lugar de su alma hubiese una herida abierta imposible
de cerrar, es verdad que era un enfermo y que se dejaba la sangre en
las letras, pero nada de eso disculpa su actitud ante las mujeres, y
si bien es cierto que tenía muchos enemigos en el negocio musical,
no es menos cierto que se los ganó a pulso. Lo que no deja de ser
curioso es su declarada decepción al conocer a John Coltrane y
señalar que lo único que hacía fuera de la sus genialidades sobre
el escenario era “emborracharse y pegar a sus mujeres”. ¿Viga en
el ojo?
En
realidad, al igual que se dice de los Yes – a los que Martyn
teloneó durante la gira de “Tales from topographic oceans” y a
los que consideraba unos intelectuales de pacotilla -, el propio
artista era su propio peor contrincante y no se hacía ninguna favor
con su modo de vida o lo errático de sus actuaciones, algo que
Blackwell en cierta forma disculpaba, “John no se hacía el
difícil, simplemente le costaba ser constante”. El propio Collins
lo aclara: “sus conciertos tenían un poco el aire de una actuación
de un músico de jazz, la gente iba a ver a este tipo en la
treintena, y lo que iban a presenciar no era del todo como la noche
anterior ni como la de mañana, puede que John estuviera un poco
borracho o un poco... fuera de sí, pero lo impredecible era parte de
su encanto”.
Por
eso no deja de ser curioso que su compañero de penas durante la
etapa de composición de “Grace and Danger” fuera, probablemente,
uno de los hombres con mejor fama del negocio musical: un tipo
trabajador, agradable en el trato y que hacía bien todo lo que se
proponia...
Phil,
el señor tipo majo
En
la segunda mitad de los setenta, Phil Collins estaba apretando el
acelerador en una marcha que lo iba a conducir al estrellato durante
la siguiente década y mas allá. No solo había logrado suceder
dignamente a Peter Gabriel como cantante de Genesis tras su marcha en
1975, sino que el grupo había escalado nuevas cotas comerciales con
“A trick of the Tail” (1976) y “Wind and Wuthering” (1977, o
Diciembre del 76 dependiendo de la fuente), colando incluso en las
primeras posiciones de ventas el directo “Seconds Out” (1977).
Fue durante las sesiones de mezcla de este doble en vivo que el
guitarrista Steve Hackett decidió marcharse, dejando al trío
formado por Tony Banks (teclados), Mike Rutherford (Guitarras) y el
propio Collins (batería, voces) con el marrón de componer un nuevo
álbum sin uno de sus miembros de la formación clásica.
Sin
problema, puede que “And then there were three” (1978) fuera una
pequeña decepción en lo artístico (algo que el propio grupo
admite), pero abrió nuevas puertas del éxito con el single “Follow
you, follow me” (nada que ver con el mítico
curso para aprender inglés, aparentemente),
con el que se estrenaría un periodo de sencillos de corte pop
elegante con los que Genesis conseguiría unas ventas muy distantes a
las logradas durante el periodo en el que Gabriel fuera vocalista de
la banda.
Todo
esto, no obstante, no sería gratis. Collins hacía doblete con Brand
X – que lograría unas respetables ventas de sus primeros discos en
estudio -, además de colaborar con todo el que se le pusiera a tiro
durante esta época, un auténtico adicto al trabajo. En parte, hay
quien podría argumentar que tal querencia al estar detrás de los
tambores y los micros podría deberse a alguna ambición desmedida,
pero lo cierto es que a finales de los setenta es cuando el grupo
había empezado a ganar dinero de verdad.
“En
Charisma (la segunda discográfica del grupo, pero en la que echaron
los dientes tras su breve paso por Decca), estuvimos años con unos
sueldos ridículos” argumentaba Collins en una entrevista en 1990.
Lo cierto es que el caos de las cuentas del grupo no se pondría en
orden hasta 1976, como recuerda su manager Tony Smith: “estaban tan
endeudados que, simplemente no podía ser verdad”. El propio
Gabriel razona el argumento, “todo el mundo se piensa que salimos
de los 70 siendo ricos, pero me temo que eso está muy lejos de la
realidad”. Así que probablemente si tito Phil se dedicaba a
trabajar tanto era para mantener a su familia, su esposa Andrea
Bertorelli (uno de sus amores de juventud, con la que contrajo
matrimonio en 1976), su hija Joely – al igual que Martyn, Phil
adoptó y dio sus apellidos al fruto de una relación anterior de su
esposa -, el pequeño Simon y un perro, todos viviendo en “Old
Croft” casa sita en Shalford (Surrey) no muy lejos de sus colegas
de Genesis o su futuro amigo, Eric Clapton.
![]() |
Phil y Andrea |
“Yo
era músico, pensaba que mi pareja entendería eso”, dice el
batería cantante cuando recuerda los acontecimientos que llevaron a
la ruptura de su matrimonio. Con “And then...” y su éxito en las
listas, el grupo decidió asaltar Estados Unidos con todas sus
fuerzas, realizando tres giras americanas con su mastodóntica
producción de espejos hexagonales móviles. En realidad, el hecho de
realizar tantas tournees por los EEUU se debía no solo al
deseo de introducirse en las listas de éxito, sino también a que
los otros dos miembros de la banda estaban estrenando paternidad en
aquella época, aunque el espacio de un mes de descanso entre cada
gira resultó cansar mucho más al grupo. No solo eso, también hay
que sumar la gira europea – la banda solo tocó una fecha en suelo
británico, como cabeza de cartel del festival de Knebworth – y las
primeras fechas de la historia del combo en Japón.
Collins
tiene un recuerdo amargo de esas citas con los fans nipones, ya que
según él, se paso todo el tiempo borracho. Viendo los
vídeos de aquellas actuaciones, es difícil estar seguro, aunque
conociendo al viejo perfeccionista, es probable que se refiera a un
par de cervezas antes de subir al escenario y que no alcanzara las
cotas de finura que normalmente se marcaba. Con todo, muy mal debía
de sentirse el vocalista para beber antes de un concierto – ya
escarmentó durante el primer concierto de Hackett como guitarrista,
en el que había puntos en los que no conseguía ni golpear los
platillos por culpa de la cogorza – y es que para aquel entonces,
“Andy” (como suele referirse a su primera esposa), ya había
hecho la famosa maniobra de cogerse a los niños e irse a otro país.
No sabemos nada del perro.
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No hacía falta muchas excusas para que yo pusiera el artwork modificado de esta obra maestra |
Después de tres matrimonios, ser padre de dos niños en la cincuentena y viviendo semiretirado en Suiza, recuerda esa etapa como si hablara de un extraño: “Cuando nació Simon, fui al hospital y después de un par de días me marché a grabar Wind and wuthering con Genesis, hoy en día no encuentro explicación a esa forma de actuar”. Algo similar debió de pensar Bertorelli, quien le advirtió que si, efectivamente, Genesis realizaba esas tres giras estadounidenses, a la vuelta no la encontraría en casa. Si bien, fue su propia esposa la que aconsejó a Collins transformarse en el cantante del grupo tras la marcha de Genesis, quizás no pensando que la vida con la banda acapararía tanto de su tiempo.
A
partir de aquí, la cronología es difícil de marcar, se supone que
durante unas de las ausencias de Phil, Andrea se enrolló con el
ayudante del decorador de interiores – con lo que el cantante
empataría a nivel de cuernos con Peter Gabriel, ya que su esposa de
entonces, Jill, en un “ridículo intento de llamar la atención”
habría tenido un asunto con el tour manager de la banda - y
después de una (suponemos) morrocotuda discusión matrimonial,
Andrea se fue a Vancouver (Canadá) a donde se había mudado la
familia Bertorelli tras la muerte del cabeza de familia. Una de
coincidencias extrañas: la cara B de uno de los singles de “And
then...” se llamaba precisamente “Vancouver” y narra la
historia de una chica que se escapa de casa tras una pelea con sus
padres y vuelve a casa para encontrarse con la disculpa de sus
progenitores.
Se
supone que para cuando Genesis visita Japón, Phil es ya un hombre
soltero, a la vuelta se encuentra con un caserón enorme vacío, una
resaca horrible y muchas ganas de arreglar su matrimonio. La cosa
tomó dimensiones de crisis para la banda, Collins lo dejó muy
claro: si el grupo podía sobrevivir con él instalándose en Canadá,
bien, sino, fin del grupo. Ante tal bomba informativa, Rutherford y
Banks decidieron que sería más saludable dedicarse a los proyectos
en solitario de cada uno, 1979 sería el año sabático de Genesis.
El
experimento canadiense no resultó muy bien, ya que después de un
par de meses, la ruptura se consumió y Collins volvió a su casa
solo, cuyo dormitorio principal decidió convertir en un estudio de
ocho pistas, con su kit de batería, piano de cola, caja de ritmos y
sintetizador. Ya decimos que aclarar la cronología es un poco
complicado, puesto que en un momento dado de este periodo (1979/80)
es cuando Martyn y Collins vivieron juntos, intercambiando turnos en
el teléfono para llamar a sus respectivas esposas mientras cada uno
perfilaba los temas de sus respectivas obras. Y consumían ingentes
cantidades de vino barato, otro de los efectos colaterales de las
rupturas, me temo.
La
casa de Phil acabaría con el mote de “El hotel de los corazones
rotos” - en referencia al tema popularizado por Elvis
Presley – y no solo se improvisaría alrededor de “Grace and
Danger” o “Face Value” (aunque, curiosamente, Martyn no aparece
en el vinilo de Collins), ya que el tema “...And so to F” de
Brand X (álbum, “Product”, 1979) se grabaría en el dormitorio /
estudio. Precisamente, ese instrumental marcaría la filosofía de
tito Phil a la hora de grabar sus temas para su primer disco en
solitario: grabarlo todo de forma casera y después limpiar el sonido
en un estudio profesional.
En
parte, ese razonamiento se lo había copiado a Brian Eno, ex-teclista
de Roxy Music y que estaba grabando en los estudios Island a la vez
que Genesis mezclaban “The Lamb”. Eno ayudó con algunos
tratamientos de las voces y un poco en la programación de los sintes
(conviene aclarar que la forma de “programación” de muchos
teclados de la época pasaba por añadir pedales de efectos y mover
algunos osciladores), y como pago, Collins fue enviado a la sala de
Eno, añadiendo algunas percusiones al disco “Taking tiger mountain
(by strategy)”. Viendo al autodenominado “no-músico” trabajar
con su ruidoso sintetizador – que se transportaba en una elegante
maleta -, le abrió los ojos al batería: “entonces me dí cuenta
de que lo importante es el espíritu de lo que estás haciendo, no
tanto que sea una toma perfecta”.
El
primer biógrafo oficial de la banda, Armando Gallo (se pronuncia
Gal-lo, no como la famosa productora de pastas) recuerda visitar a
Phil mientras escribía su primer libro sobre Genesis y quedarse muy
sorprendido por la calidad de las maquetas que le puso, igualmente
pensó Tony Smith cuando las escuchó en el coche. En parte estaban
impresionados por el mero hecho de que Collins pudiera componer,
durante el periodo en el que Gabriel había sido el cantante, el
público asumió que Peter lo escribía todo y que el resto de la
banda era un mero acompañamiento. Nada mas lejos de la realidad,
cuando el grupo siguió sin PG y se notó quienes eran los
arquitectos del sonido del grupo, las tornas cambiaron
exageradamente. Aunque Banks y Rutherford eran, sin duda, los
fundamentos de buena parte de la magia de Genesis, no se pueden
menospreciar las aportaciones de Collins y Hackett, ya fuera como
arreglístas o como compositores – recordemos que joyas como
“Entagled” o “Blood on the rooftops” están firmadas, la
primera por Hackett y Banks, mientras que la segunda incluye textos
del propio Phil -, aunque era lógico pensar que la música del
batería pudiera estar mas cercana al jazz-rock de Brand X que al
desnudo emocional embriagado de soul que iba a pillar al mundo por
sorpresa.
Un
trabajo ducal
A
finales de 1979, después de que Banks y Rutherford terminaran sus
respectivos estrenos en solitario, el grupo se reunió en Old Croft
con la intención de retomar la escritura de temas a partir de las
jams que producía la banda durante los ensayos, en vez de las
canciones individuales que habían sido las protagonistas del disco
anterior.
Para
lo que acabaría siendo “Duke” (1980), no obstante, se promovió
la idea de que cada miembro incluyese un par de canciones, las de
Collins podrían haber terminado perfectamente en “Face Value”,
pero una de ellas era tan terriblemente personal, que el propio Phil
convino en que era mejor tenerla “oculta” dentro de un disco de
Genesis. La otra se transformó en un hit para la banda en las listas
estadounidenses.
![]() |
Otro fanart, esta vez de "Duke" |
“Misunderstanding”, a pesar de su recio ritmo, es, básicamente, una amarga narración de una infidelidad: “Debe de haber algún tipo de malentendido, debe de haber algún tipo de error, estuve esperando en la lluvia durante horas, y llegaste tarde / llamé a tu casa, no obtuve respuesta, así que salté a mi coche, dando vueltas, todavía no creyendo... él estaba marchándose”. Aunque algunos podrían dudar de que las letras de Genesis empezaran a entrar en el territorio mas habitual de Pimpinela (¿y qué tendría eso de malo? Se pregunta uno), lo cierto es que el público respondió a la historia de cuernos de Collins, a pesar de las horribles camisas hawaiianas que luce la banda en el videoclip. Esta ocurrencia, que pretendía referirse a los coros un poco a lo Beach Boys de la canción, no es la única decisión estéticamente “dudosa” del corto musical, rodado casi como formas de telefilme ochentero (ese rostro de la “novia” que aparece en la pantalla del “drive-in”...), un poco como el “Subdivions” de Rush, pero, ahhh, Bowie y Gabriel estaban ya dándole un diestro manotazo al video musical con infulas artísticas. Y eso antes de la megaproducciones de Michael Jackson.
El otro tema “Please don't ask” coge por sorpresa a cualquier fan del grupo hasta entonces, a mi al menos me cogió por sorpresa, ¡y yo había empezado a escuchar al grupo en su etapa mas supuestamente “popera”! Tal y como explica Collins en el documental sobre “Face Value” (por cierto, al igual que con los Pokemon, háganse con TODOS los DVDs de la serie “Classic Albums” ¡a la voz de ya!), “sin mencionar nombres, esa canción habla sobre todo lo que me estaba pasando, algunos de los temas de esa etapa eran cartas, mensajes, conversaciones que quizás hubiera tenido lugar si no me hubieran colgado el teléfono”. Con su tono grave y con un arreglo un poco jazzy, tito Phil desgrana los sentimientos de alguien que se encuentra con su pareja al poco de romper: “Por favor, no me preguntes cómo me siento, me siento bien, bueno, he llorado un poco y no duermo mucho, pero estoy bien / Puedo recordar cuando era fácil decir “te quiero” pero las cosas han cambiado desde entonces y la verdad no puedo decir que siga siendo cierto, porque sé que los niños están bien, eres una madre para el mundo, pero echo de menos a mi chico, espero que sea tan bueno como el oro”. El hecho de meter una frase coloquial (“as good as gold”), podría deberse a que Collins estaba todavía un poco corto de palabras en sus inicios como letrísta, o que hubiera aprendido de Martyn, el meter un poco de sorna en los temas. “Ya está bien de hablar de mi, ¿cómo estas? Has perdido un poco de peso, tu pelo luce bien, tienes buen aspecto, quizás esta vez funcionaria, no lo digas, yo sé por qué...”
Ésta
canción y la trayectoria siguiente del grupo conformarían el
capitulo de “American Psycho” de Bret Easton Ellis (publicado en
1991) en el que el broker protagonista, Patrick Bateman,
desgrana su amor por Genesis, prefiriendo con mucho la etapa
ochentera del grupo, en comparación a aquella en la que cantaba
Gabriel, cuando la música y las letras eran “demasiado
intelectuales”.
Lo cierto es que hasta entonces, Genesis había tenido una buena tradición de grandes baladas románticas (“Your own special way”, “Afterglow”, “Undertow”), pero era más sencillo enmarcarlas dentro del sonido de la banda, mientras que el patetismo y la contención de “Please don't ask” deja al oyente medio con un poso nada agradable de tristeza. Al igual que Martyn, Collins era un gran fan de Weather Report (uno de los grandes grupos de jazz-rock de los setenta) y probablemente no es casual que Rutherford parezca imitar el bajo de Alphonso Johnson, quien por cierto, estuvo cerca de tener la plaza de músico para los directos de Genesis tras la marcha de Hackett, antes de que el grupo se decidiera por Daryl Stuermer, quien sí consiguió la plaza de batería fue otro ex-miembro de los WR, Chester Thompson.
Lo cierto es que hasta entonces, Genesis había tenido una buena tradición de grandes baladas románticas (“Your own special way”, “Afterglow”, “Undertow”), pero era más sencillo enmarcarlas dentro del sonido de la banda, mientras que el patetismo y la contención de “Please don't ask” deja al oyente medio con un poso nada agradable de tristeza. Al igual que Martyn, Collins era un gran fan de Weather Report (uno de los grandes grupos de jazz-rock de los setenta) y probablemente no es casual que Rutherford parezca imitar el bajo de Alphonso Johnson, quien por cierto, estuvo cerca de tener la plaza de músico para los directos de Genesis tras la marcha de Hackett, antes de que el grupo se decidiera por Daryl Stuermer, quien sí consiguió la plaza de batería fue otro ex-miembro de los WR, Chester Thompson.
Con
“Misunderstanding”, la composición grupal “Turn it on again”
y con el tema de Banks “Duchess”, los sencillos de “Duke”
catapultaron al disco al número uno de los listas británicas,
siendo el inicio de una tradición de primeras posiciones en las
ventas de vinilos (y Cds, y casettes) que se mantendría durante los
siguientes 13 años. Curiosamente, a pesar del gran éxito, el grupo
prefirió realizar una gira radicalmente distinta a la de 1978,
concentrándose en pequeños teatros y un montaje técnico mucho más
íntimo. Fue en el tramo estadounidense de esta tournée, cuando Phil
conoció a la que sería su segunda mujer, Jill Tavelman. Con estas
nuevas energías, y tras el beneplácito del mítico Amhet Erteghum
(presidente de Atlantic, la discográfica en los EEUU de Genesis) al
escuchar el tema que acabaría abriendo “Face Value”, Collins se
preparó a grabar su primera obra en solitario. Como dice una de las
biografías de la banda progresiva, “las cosas para el hombre de la
barba no volverían a ser lo mismo nunca más”.
Valor
nominal
Lugar:
CD incluido con EL PAIS (sí,
ya sé que para ser un fan hardcore de Genesis queda un poco raro,
¡pero es lo que había)
Precio:
5,95 euros
A
PC siempre le gustó incluir juegos de palabras en los títulos de
sus álbumes, quizás influenciado por su colega Peter Gabriel o por
sus venerados Monty Python, su segunda obra en solitario “Hello, I
must be going!” (¡Hola! ¡Tengo que marcharme!) era una cita de
Groucho Marx y el comercialmente celebrado “No jacket required”
(No hace falta chaqueta) refería en su nombre a cierta ocasión en
la que, girando con Robert Plant, a Collins le negaron la entrada en
un restaurante por no llevar dicha prenda.
El
caso de “Face Value” es la historia de un hombre que se va
quedando poco a poco sin opciones, tal y como el propio cantante
relataba: “Lo quise llamar Interiores,
pero entonces Woody Allen hizo la película o Exposure
(Expuesto o Exposición),
pero Robert Fripp hizo el álbum” (curiosamente, contenía una
canción con ese nombre compuesta a medias entre Fripp y Peter
Gabriel). Al final, fue una unión entre el diseño de la carpeta y
las intenciones del artista: Un primerísimo primer plano de la cara
de tito Phil en la portada y otro de su – cada vez mas escasa-
melena en el reverso, lo cual se explica porque, según el batería
“este disco era lo que me estaba pasando por la cabeza en aquel
momento, tu no pondrías una cara como la mía para vender un disco
¿verdad? La idea era que te pudieras acercar lo más posible a la
persona que había compuesto las canciones”. En realidad, el
término Face Value
es de traducción un poco complicada, aunque literalmente se traduce
como “valor nominal”, el juego de palabras entre face
(cara) y value
(valor) alude tanto al
diseño de la carpeta como a que face
value se utiliza para el
valor que tiene algo por su cuenta, por ejemplo, el coste de una
entrada de un concierto sin los “gastos de distribución” de
cierta web de tickets, sería su face
value.
La
personalización de la obra fue llevada hasta niveles inéditos, no
solo por las Polaroids caseras que decoran el resto del vinilo – y
de verdad me refiero al vinilo, porque la edición del CD solo te da
las letras en negro sobre blanco, muchas gracias – sino que todos
los títulos de los temas, los créditos y hasta las advertencias
legales son del puño y letra del propio Phil. El compositor recuerda
el laborioso proceso de escritura en una galleta de papel redonda
para su duplicación, “es muy complicado escribir en círculos,
sobre todo porque creo que se nota como al final cómo me iba
quedando sin espacio y la letra se iba haciendo cada vez mas
pequeña”.
Esta
clase de cosas son las que han permitido describir a Collins como un
monstruo perfeccionista, si bien, él se afana en recordarnos que el
proceso de grabación no podría haber sido mas intuitivo, “hay
veces que que se podría escuchar el teléfono sonando o cómo el
frigorífico se apagaba y se encendía, para serte sincero, no me
importaba, no pensé que estuviera grabando un disco”. Aunque
conviene aclarar que PC especificó tiempo después que la única
forma de escuchar estos efectos de sonidos no deseados era mediante
la escucha aislada de las pistas originales, probablemente después
de que buena parte de los fans del cantante se quedaran sordos
escuchando el disco a volúmenes indeseables para la salud auditiva,
en la búsqueda de estas evidencias sonoras.
Es más que probable que Collins no se diera cuenta del potencial de sus canciones hasta que empezó a enseñárselas a sus colegas y amigos, aunque el proceso de terminarlas no fue fácil, de hecho, si uno escucha las maquetas que sirvieron como caras B de los singles de “Face Value”, puede notar que algunas tomas vocales caseras acabaron en el álbum. El asunto es que PC le preguntó al ingeniero y co-productor Hugh Padgham “lo cierto es que he sudado sangre para llegar hasta aquí (refiriéndose a las maquetas), ¿hay alguna forma de que pudiéramos usar todo lo posible de mis cintas?”. Así pues, “Face Value” acabaría siendo una amalgama de las grabaciones caseras de Phil, las sesiones en Los Angeles con músicos americanos (Alphonso Johnson, Daryl Stuermer, la sección de viento de Earth, Wind and Fire, los arreglos orquestales del mítico Arif Mardin) y las de los británicos Townhouse Studios.
La
elección de Padgman detrás de la mesa de mezclas no fue casual, se
habían conocido durante la grabación del tercer disco de Peter
Gabriel, al que tito Phil estaba ayudando a ahorrarse unos duros
frente a los caros músicos estadounidenses que habían participado
en sus álbumes previos y junto al antiguo cantante de Genesis, el
ingeniero Steve Lillywhite (posteriormente, colaborador de lujo de
U2) y el propio Collins, diseñarían un sonido de batería que
serviría para revolucionar las grabaciones de los ochenta, al menos
hasta la irrupción de kits electrónicos de Simmons.
El
tema que abría III (o
“Melt”, como se conoce cariñosamente a la tercera obra en
solitario de PG, y su particular obra maestra a mi parecer), se
llamaba “Intruder” y fue el primer ejemplo de ese sonido de
batería que amenazaba con reventar tus altavoces. Uno de los
ingredientes de ese sonido fue la idea que tuvo Gabriel de grabar la
batería sin ningún tipo de platos alrededor, esto puede parecer una
chorrada, pero el técnico de sonido medio se las puede ver y desear
para eliminar las vibraciones que se producen en los platillos cuando
el batería golpea cualquier timbal, o el bombo, o la caja, sobre
todo si no tiene el equipo adecuado... Peter buscaba un sonido mucho
más seco, aunque el “feliz accidente” que influyó en el diseño
sonoro fue la propia mesa SSL que estaban usando para grabar. Siendo
uno de los primeros modelos que incorporaba un pequeño micrófono
para el talkback (es
decir, la comunicación entre la sala de grabación y la de control,
normalmente se usaba una pista más de la mesa a la que se conectaba
un micro), los técnicos estaban encantados en usar el nuevo botón.
Alguien se lo dejó encendido y cuando Phil empezó a tocar el
machacón ritmo introductorio, todo el mundo se quedo impresionado
ante la absurda compresión del talkback
que hacía sonar las baterías como si estuvieran a punto de
distorsionar.
Curiosamente, Phil estaba solo probando ritmos, hasta entonces Peter no tenía una canción llamada “Intruder”, creando las percusiones el tema y no al revés. En cierta forma parecía la evolución lógica de otra sonoridad mítica en las baterías, la de “When the levee breaks” de Led Zeppelin (Collins era un gran fan de John Bonham), si añadimos a esto la filosofía de Padgham sobre cómo debía sonar un disco: “Muchas cosas de los setenta parecían grabadas en cajas de cartón o en habitaciones con alfombras en las paredes, con las baterías realmente apagadas, pero cuando vas a los conciertos, las percusiones es lo que más escuchas, yo quería hacer discos que sonaran así”, es lógico que fuera elegido como co-productor del álbum.
Ese
recurso sonoro se deja notar, sobre todo, en el tema que abre el
disco y que sirvió para lanzar la carrera en solitario de Collins;
“In the air tonight”, una balada atmosférica con un final épico,
y probablemente los golpes de batería mas imitados en los semáforos,
si coincide que tienes el coche parado mientras suena esa parte del
tema, claro. No solo sirvió como buque insignia de la música de
Phil, sino que fue la plantilla, la base de muchos de sus éxitos con
y sin Genesis: un ritmo interesante cortesía de la factoría Roland
(los japoneses entregaron sus nuevos modelos de cajas de ritmo a los
miembros de Genesis durante la gira nipona del 78), y unos sencillos
acordes de teclados. No muy distinta (salvo el final, lógicamente)
del “Sexual Healing” de Marvin Gaye. Lo mas interesante es que
muchos músicos de rap y R'n'B hayan nombrado a PC como una fuerte
influencia, como los que coparon el disco de tributo “Urban
Renewal”.
Curiosamente, si uno escucha “In the air tonight”, en la radio, oirá una versión un poco diferente a la del álbum, durante las mezclas, Erteghum se pasó por el estudio, y le preguntó a Phil por las baterías reales, “llegan a la mitad de la canción, no te preocupes”, espetó el cantante, “pero eso no lo saben los chavales”, respondió el mítico mandamás, “tienes que meter algo de batería para que marque el ritmo”, así que allí mismo, Phil grabó unos golpes de timbal para acentuar el 4/4, que es como acabó saliendo en single.
Las
furiosa batería que entra cerca del fin de la canción es solo una
de las múltiples opciones que tenía Collins para los últimos
momentos de la canción, aunque es la letra del mítico sencillo la
que ha provocado el mayor número de leyendas urbanas. Aunque John
Martyn, en los periodos de mayor dicha doméstica, podía escribir
líneas tan delicadas como “formas un anillo alrededor mío, como
un abeto en primavera”, cuando las cosas se torcieron en su
matrimonio, nunca llegó al despecho de Phil con cosas como “Si me
dijeras que te estás ahogando, no te echaría una mano”. Esta
línea en particular suscitó la mayor parte de interrogantes, hasta
hay quien llega a afirmar que se basa en un suceso real,
protagonizado por el propio Collins o por algún conocido que había
rechazado ayudar a una víctima de ahogamiento. Suponemos que son las
mismas personas que creen de verdad que Paul
McCartney está muerto... Existe, eso si, una versión del single
con ilustraciones de Clive Collins (hermanisimo, y caricaturista) en
las que se ve un reflejo muy fiel de las letras. Ah,y sí, es
referenciada en “Resacón
en Las Vegas”. Y sí, en el anuncio del chocolate
con gorila...
Por otro lado, ¿qué se supone que PC “Siente viniendo el aire, esta noche”? ¿Qué es “este momento que lleva esperando todo su vida”? El propio batería da una explicación más o menos convincente: “Esas letras, como buena parte de todas las que he escrito, fueron improvisadas. Obviamente, cuando estás divorciándote, toda clase de cosas pasan por tu mente, el dolor, la frustración, quizás la ira cuando entran las baterías al final... Hay gente a la que se lo cuento y me responde venga Phil, cuéntame de que va, en serio y les tengo que responder que no lo sé”. Quizás lo críptico de los textos añade más atractivo a lo que puede que sea uno de los mejores temas (sino el mejor) de la carrera de este hombre.
“ Así que puedes borrar esa sonrisa, sé dónde has estado, todo ha sido un montón de mentiras / pero recuerdo, sí, recuerdo, no te preocupes, cómo podría olvidarlo, porque fue la primera vez y la última que nos encontramos”. Desde luego, es el tono de estar leyéndole la cartilla a alguien, incluso si ese alguien no fuera su ex-mujer, la ira que subyace en todo el tema se ve convenientemente liberada al final. Una curiosidad es que el papel en la que está apuntada la letra original de “In the air tonight” es... el reverso de la factura del decorador de interiores....
Por otro lado, ¿qué se supone que PC “Siente viniendo el aire, esta noche”? ¿Qué es “este momento que lleva esperando todo su vida”? El propio batería da una explicación más o menos convincente: “Esas letras, como buena parte de todas las que he escrito, fueron improvisadas. Obviamente, cuando estás divorciándote, toda clase de cosas pasan por tu mente, el dolor, la frustración, quizás la ira cuando entran las baterías al final... Hay gente a la que se lo cuento y me responde venga Phil, cuéntame de que va, en serio y les tengo que responder que no lo sé”. Quizás lo críptico de los textos añade más atractivo a lo que puede que sea uno de los mejores temas (sino el mejor) de la carrera de este hombre.
“ Así que puedes borrar esa sonrisa, sé dónde has estado, todo ha sido un montón de mentiras / pero recuerdo, sí, recuerdo, no te preocupes, cómo podría olvidarlo, porque fue la primera vez y la última que nos encontramos”. Desde luego, es el tono de estar leyéndole la cartilla a alguien, incluso si ese alguien no fuera su ex-mujer, la ira que subyace en todo el tema se ve convenientemente liberada al final. Una curiosidad es que el papel en la que está apuntada la letra original de “In the air tonight” es... el reverso de la factura del decorador de interiores....
Sin duda, el éxito de “In the air tonight” también fue un poco una losa para Phil, cada vez que acudía a un concierto benéfico, se veía un poco en la obligación de tocar su excelente versión con solo el piano y su voz. Tanto es así que en el show para la fundación del Principe Carlos de 1989, antes de atacar el tema, PC se dirige al público y dice “sé que os estaréis preguntando ¿va a tocar esa maldita canción otra vez? Y la respuesta es... que sí”. Otra de las grandes dudas sobre “In the air tonight” es si en un momento dado le puso la maqueta a los otros miembros de Genesis, algo que en las entrevistas comunales de la banda adopta la la forma de un vieja rutina cómica que se repite de vez en cuando.
Puede
que ni a Rutherford ni a Banks les haga gracia pensar que dejaron
pasar por alto uno de los hits de la década, pero Collins es
explícito, “no me estaba guardando nada para mi, lo más probable
es que se la pusiera”. Mike simplemente no se acuerda (pero lo
cierto es que el guitarrista no es precisamente uno de los más
exactos narradores de la historia de la banda), y Banks niega la
mayor, asumiendo como mucho la versión de Phil de que quizás aún
no había sido grabada. En cualquier caso, es muy posible que de
haber pasado por el filtro de los Genesis de “Duke” hubiera
sonado de forma distinta. Aunque la canción también inaugura una
tendencia de la carrera tanto de Phil como del grupo y sus miembros
en solitario: la de poner el single como primer tema en la cara A,
Collins lo explicaba así: “Cuando eres un DJ, y tienes que hacer
tu programa cinco días a la semana, cuarenta y pico semanas al año,
no tienes tiempo para escucharlo todo en profundidad, tienes que
darle el tema que crees tiene mas opciones para ser puesto en la
radio”. Por supuesto, el buen de Phil se refiere a los tiempos en
los que la gente se fiaba del criterio propio de un locutor de radio
en vez de la mierda corporativa que ordena lo que se pone o no.
Una principal diferencia con respecto al álbum de Martyn, es que “Face Value” incorpora temas de amor incontestables y optimistas, como el segundo tema del disco, después de dejarnos casi sin respiración con el tema de apertura, una tranquila caja de ritmos (acompañada por congas que casi parecen ir a destiempo) y unos acordes mas relajados nos introducen en “This must be love”. Con una deliciosa de bajo, cortesia de Johnson, tito Phil nos regala una de las mejores expresiones de lo que uno pasa al principio de una relación: “Bueno, espero cada día, por si decides llamar, y apenas puedo esperar, nunca pensé que el tiempo pudiera pasar tan despacio / las palabras solo pueden decir tanto, es difícil explicar lo que me haces, realmente me tienes, sé lo que piensas, lo has oído antes, no me lo digas porque lo sé, pero esta sensación en mi corazón, y cada día más y más...” En los coros y en una notable influencia en la forma de componer, está Stephen Bishop, un cantautor amigo Patti Boyd (la mujer de Clapton) y cuyo “Separate Lives” sería transformado en un hit con forma de dueto – y habitual punto álgido en los directos de PC – por el propio Collins.
En
realidad, Collins, con su fama de tipo majo y normal dentro del
excéntrico mundo del Rock, se avergonzaría al narrarle al escritor
Ray Coleman la historia de cómo empezó su relación con Jill
Tavelman – sí, la que acabaría siendo al segunda mujer del
cantante se llama igual que la primera de Peter Gabriel, y PC sería
el padrino en la segunda boda de su ex – colega ¿se han perdido
ya? -, al tratarse del comportamiento más propio de un rockero
trasnochado. Phil se había fijado en ella durante uno de los
conciertos en tierras americanas y le pidió al guitarrista Daryl
Stuermer (sustituto de Hackett para los directos de Genesis y
posteriormente miembro de la banda del cantante en solitario) que le
declarara su interés en ella. No se puede decir si hubiera mas
bajuno mandar a alguno de sus pipas para hacerle el trabajo sucio.
Además, es curioso el modo en el que actuaba Phil durante las
representaciones para promocionar “Duke”, mostrando su lado mas
garrulo (aunque casi siempre de broma) en cada actuación, con dedos
gestos ofensivos durante “The
Lady Lies”, si los mandamases de Disney hubieran visto los
vídeos, lo mismo se lo habrían pensado un par de veces antes de
pedirle que compusiera bandas sonoras para ellos...
![]() |
En mi corasón, tu viviras... |
“This must be love”, con su sencillez arropa una sincera declaración romántica, para dejar paso a una acelerada versión de “Behind the lines”, el tema de apertura de “Duke”. Con una versión que parece sacada de un disco de los Jackson 5 más que de una banda “sinfónica”, Collins da rienda suelta a unos textos un poco cambiados con respecto a la original, pero sin llegar a la supuesta agresividad de las primerísimas letras de la canción. Tony Banks lo contaba así: “La prensa musical nos paraba de dejarnos por los suelos a la primera oportunidad en aquella época, así que Phil se puso a cantar una letra realmente cínica, lo cierto es que me negué en redondo a que la usáramos”. En el fondo, lo que motivó esta toma mas movidíta y con los arreglos de viento – en contraposición a la apertura de vientos de sintetizadores en “Duke” - fue el pasar la cinta a doble velocidad (fast forward, que se dice) durante las mezclas de disco de Genesis.
A
Collins le hizo gracia y se le quedó la idea, decidido a incluirla
en un disco tan personal. De igual forma, el hecho de tener
saxofones, trompetas y demás en un disco hecho por quien hasta
entonces era un vocalista de rock progresivo, no dejó indiferente a
nadie. El arreglista Tom Tom incluso sería llamado para incluir sus
contribuciones para el siguiente disco de Genesis, “Abacab”, y el
éxito de Peter Gabriel “Sledegehammer” (un genial pastiche del
sonido Stax/Tamla/Motown) también tendría su buena dosis de
metales. Por supuesto, algunos fans del sonido más rockero se
llevaron las manos a la cabeza...
La
animosidad de “Behind the lines” contrasta con los grillos que
parecen sonar en “The roof is leaking” y sus tristes notas de
piano. “El techo gotea y el viento aúlla, los niños lloran porque
las sábanas están tan frías, me desperté esta mañana y me
encontré mis manos congeladas, intenté arreglar la caldera, pero la
maldita maquina es demasiado vieja, y yo, me hago más fuerte a cada
minuto, mi mujer está embarazada, pero ojalá pueda esperar, porque
este invierno parece ser que va a ser malo de nuevo, pero la
primavera estará pronto aquí”. La supuesta alegría de estribillo
no oculta la amenaza de las letras, una historia sobre la gente que
vive en el Sur, alejados de las grandes urbes, un poco salido de una
novela de Steinbeck. Aunque parece poco probable que “The roof is
leaking” hubiera podido ser integrado en el “Nebraska”
de Springsteen, lo cierto es que incluye algunas de las mejores
partes al piano de Collins de su carrera, y la inclusión de Clapton
a la resonadora (ya sabe, la guitarra que decora la portada del
“Brothers
in arms” de Dire Straits) es simplemente magnífica. No
obstante, la versión en directo con Stuermer al banjo – estrenada
por primera vez en el show ideado para promocionar Amnistía
Internacional, “The
Secret Policeman`s ball” - acentúa la melancolía, si bien,
hagan una visita a Youtube y escuchen la bestial toma de la gira de
1990, con
todo el grupo tocando el tema.
Los
grillos se fusionan con el riff de piano que Collins se
encontró en las teclas negras del piano, el instrumental “Droned”
es quizás la clase de cosas que muchos hubieran esperado de un disco
en solitario del batería / cantante de Genesis. Con la voz del
violinista indio L. Shankar añadiendo un tono étnico, y con Phil
haciendo una especie de quejiío al fondo, es una de las
piezas mas heterodoxas de su carrera en solitario. Fusionado con otro
ritmo cortesía de la maquina fabricada por Roland, entra “Hand in
hand”, un tema con un interesante crescendo en el que poco a poco
se van sumando el piano, la batería, la guitarra y, finalmente,
rompiendo, los metales. Después de incluir una rutina de
“llamada-respuesta”, este tema serviría para abrir varias giras
de PC, un servidor todavía recuerda emocionado el concierto en
Barcelona en 1997, con Collins apareciendo entre el público hasta
ver la batería emergiendo del escenario circular, subirse a ella y
darlo todo... ou
yeah.
Curiosamente,
la cara A se cierra con estos dos instrumentales, giramos el vinilo –
o dejamos que se reproduzca el resto del CD - y nos encontramos con
el otro single de más éxito del álbum (“This must be love” no
llegó demasiado lejos), “I missed again”. En la maqueta, esta
canción se podría haber quedado en un tema muy cercano a las
plegarias del disco de Martyn: “cuando teníamos amor, nena, te
echo de menos, chica, de verdad que sí”. Pero quizás porque
Collins ya estaba en otra fase de enamoramiento, tomó el otro
sentido del verbo “to miss” (perderse algo, fallar, en vez de
echar de menos), dándole un tono sarcástico: “Bueno, al final te
acercaste y lo dijiste, nena, ¿por qué te llevó tanto tiempo? Lo
tenías en los ojos, esa mirada que llevas manteniendo demasiado
rato, espero en la cola ¿me dirías si estoy perdiendo mi tiempo?
pienso en ti de vez en cuando, cuando estoy solo, lo intento olvidar
pero aún corro cuando suena el teléfono / cuando es algo que deseas
tanto, y entonces piensas que lo has conseguido, pero es algo que ya
tenías, puedes sentirlo alrededor tuyo pero no lo puedes tocar,
parece que me equivoqué de nuevo, sí, me he vuelto a equivocar”.
Aparte, el sencillo estrenó la extraña (pero bienvenida) tendencia de Collins por hacer videos musicales por cuatro duros y con el cantante haciendo gestos la mar de normales, entre ellos, utilizar la mano como micrófono (gesto en clara competencia con usar una escoba o raqueta como guitarra cuando está escuchando el solo de “Stairway to heaven”) e imitar los movimientos del resto de la banda ausente. Todo esto mientras se pone chalecos, pantalones y polos a rayas de discutible gusto, aunque eso sí, usa las Converse que todo buen hipster debe llevar. El solo de saxo, cortesía del mítico Ronnie Scott (cuyo nombre, a la sazón, decora uno de los más famosos locales de música en directo de Londres), es sin duda un punto álgido, aunque el experimentado músico de jazz no quedó nada contento con cómo se procesó su sonido, cosas de los genios, sospechamos.
Dando un fuerte contraste, otro de los temas de introspección y pena absoluta, como si la ironía anterior fuera una fachada fácil de echar abajo. Con un pequeñisimo arreglo de cuerdas y con Collins al piano “You know what I mean” es una de esas canciones que uno se puede imaginar que se le atragantan al interprete cuando intenta tocarlas en directo, y de hecho, no aparece en ningún lanzamiento en vivo oficial del cantante. “Justo cuando pensaba que lo había logrado, justo cuando había aprendido a estar solo, me llamas para decirme que no sabes si estás lista, justo cuando pensaba que lo había logrado, que volvieras a mi vida, me dices que no sabes si estás preparada, pero lista o no, coges tus cosas y me dejas, me dejas solo con mi corazón, cuyos trozos estoy pegando de nuevo, ya sabes lo que quiero decir / me gustaría escribirte una canción de amor, para mostrarte cómo me siento, parece ser que no te gusta escuchar, pero te guste o no, coges tus cosas y me dejas, he tomado unas copas y no pienso con claridad...” Aparte del pequeño recordatorio de los pasajes etílicos con Martyn, este tema podría haber encajado perfectamente en “Grace and Danger”, con un Collins abriendo sus propias heridas y con una voz a punto de romperse. Como curiosidad, este fue uno de los temas que Frida Lyngstand (de Abba) versionó en su “Something's goin on”, - su particular disco de divorcio, producido por Collins -, en el que intentó distanciarse del sonido de la banda madre.
Un
sostenido riif de guitarra nos da la bienvenida en “Thunder
and lighting”, otro tema un poco más activo, también
desvergonzadamente pop – aunque el toque de Stuermer a las seis
cuerdas no estaría fuera de lugar en un disco de Genesis – y otro
que muestra la nueva etapa de felicidad que se abriría para Collins
en los 80. El título y el estribillo es una referencia a que “los
rayos y los truenos nunca golpean dos veces”, en otras palabras,
que el cantante nunca pensó que se fuera a volver a enamorar, aunque
afirme que “nunca pensé que me iba a cansar de jugar”.
Para
no perder el ritmo, se descuelga con un animado bombo que sostiene
“I'm not moving”, pegadiza e irónica, con más de una deuda (de
nuevo) con el sonido Motown, siendo la canción más abiertamente
optimista del álbum, aunque uno no sabe si el estribillo: “No me
marcho, no me voy a ningún sitio” hace referencia a su etapa en
Vancouver o a su nueva pareja (que aún vivía en los Estados Unidos
en aquel momento). Con todo, sirve para desmitificar la imagen de
“Face Value” como un disco triste e introspectivo, ya sea por el
agudo tono de la voz de Collins, o por frases tan auto afirmativas
como “si lo sientes, hazlo / por todo lo que sabes, podría ser
bueno para ti, mostrar tus sentimientos, no las dejes dentro, haz las
cosas en las que crees, no te preocupes en girarte, todavía estoy
aquí, no me muevo, no me voy a ninguna parte, simplemente intenta
empujarme fuera, no, no me voy a ninguna parte esta noche, si lo
sientes, dilo, dí tu opinión, dilo bien alto, porque nadie puede
obligarte a tomar una copa” (¿un buen eslogan para una campaña
contra el alcoholismo social?).
Ahora bien, ya sabemos que a tito Phil le gusta jugar con los contrastes, y por eso el siguiente tema (y última composición original del disco), es la lenta balada “If leaving me is easy”, abriéndose con el magnifico saxo de Don Myrick que deja paso a otro sencillo – pero efectivo - arreglo de cuerdas de Mardin. Ésta es, después de “In the air tonigth” - la cual, el batería afirma haber “tocado tantas veces que ya me resulta difícil saberlo”, - la canción favorita de Collins en “Face Value”, y, por supuesto, contiene una letra muy personal: “Leo todas las cartas, leo cada palabra que me has escrito, oí todos los rumores, pero no los creí, tu no, tu no me dejarías saberlo, seguramente todos mis amigos vendrán a verme, quizás esté entre una multitud, pero estoy solo, si dejarme es fácil, volver es más difícil, sé que no vas a volver, sé que nunca vas a volver...” En un momento dado, se rompe la tranquilidad del tema, irrumpen los metales y Collins puede cantar con toda su fuerza el estribillo. “If leaving me is easy” es un poco como el “Small hours” o el “Hurt in your heart” de Phil, si no sientes algo removiéndose dentro de ti al escuchar esta canción, es que algo va muy mal dentro de ti. O también puede ser que no te guste este estilo de música o que le tengas algo de mania a PC, todo es posible. Ahora bien, uno no sabe qué toma es mas miserable, si la voz desesperada de “You know what I mean” o la propia maqueta de este “If leaving my is easy”...
Unos
ruidítos extraños y la omnipresente caja de ritmos nos dan la
bienvenida a la versión que realiza el cantante de “Tomorrow never
knows”. Originalmente del “Revolver” de The Beatles, forma
parte de esos temas experimentales que los de Liverpool introdujeron
en buena parte de su discografía. Si bien Collins era fan de su
etapa mas pop de los inicios e incluso participó como extra en “A
hard day's night” (este título comparte con “Tomorrow never
knows” el hecho de titularse a partir de una de las frases
deformadas por Ringo Starr). Aunque tengo que reconocer que la
versión a mi particularmente no me parece extraordinaria, sirve como
muestra de que, a pesar de la fama de Phil como un tipo
perfeccionista, o como “el Frank Sinatra urbano”, es capaz de
meter la cabeza de vez en cuando en áreas menos predecibles.
Convenientemente, la toma recrea algunos de los hallazgos sonoros de
los cuatro de Fab Four en aquella etapa, como hacer sonar violines y
voces al revés, aunque lo mas probable es que PC estuviera encantado
con recrear el incómodo ritmo de Starr a su manera. Resulta
incómodamente curioso que la propia carrera comercial de “Face
Value” (que se publicó en Febrero de 1981) se viera afectada por
la muerte de John Lennon, asesinado por Mark Chapman a principios de
Diciembre de 1980, . El hecho de que éste contuviera una versión de
uno de los temas mas característicos del Lennon experimental, le da
una pátina aún más extraña, por supuesto, a diario se publican
muchas versiones de los Beatles, e igualmente, muchos discos de la
temporada finales del 80 / principios del 81 también verían
recortadas sus ventas frente al cruel repunte que provoca la muerte
de un artista. Pero no deja de ser una de esas coincidencias
realmente extrañas que de vez en cuando se dan en este mundo...
Si
uno sube mucho el volumen después de esta “Tomorrow never knows”,
podrá escuchar a tito Phil cantando a capella “Over the rainbow”,
que cierra el disco. La motivación de esto no es otra que para
Collins, el hecho de hacer un álbum en solitario, con los artistas
que él deseaba – no solo colegas como John Giblin, sino ídolos
suyos como Clapton o Johnson – era una forma de cumplir un sueño,
cantar el tema final de “El mago de Oz”, era otra de sus
ilusiones desde pequeñajo. Conviene recordar, no obstante, que
tardaría mucho en grabar otro de sus temas favoritos de su niñez,
el también final “Somewhere” (sin arcoiris ni nada, ya que
proviene de “West Side Story”), para un tributo de la mítica
obra de Leonard Berstein por artistas pop. Y, por supuesto, el
reciente álbum “Going Back” es una recopilación de sus
favoritos provenientes del catálogo Motown.
Curiosamente,
la asociación de Phil con Clapton provino de Martyn, aunque en su
autobiografía, Manolenta explica que conoció al batería a través
de Patti (¿lapsus?), lo cierto es que el guitarrista ignoraba
totalmente la magnitud de la fama de su nuevo colega, sorprendido
ante la cantidad de público que había en uno de los conciertos de
Genesis a los que asistió. Si es que ya decíamos que el ex-miembro
de Cream a finales de los setenta (y buena parte de los ochenta)
vivía
en una burbuja muy particular...
Hay
un tema descartado de “Face Value” que años después se
transformaría en un éxito para la carrera en solitario de Collins:
originalmente titulado “How can you just si there?”, acabaría
siendo reformada como “Against all odds “(take a look at me now)”
para la banda sonora de “Contra todo riesgo” (dirigida por Taylor
Hackford, estrenada en 1984), la cual, por cierto, parece un mini
recopilatorio de canciones en solitario de miembros de Genesis, ya
que tambíen incluye un tema de Mike Rutherford y Peter Gabriel. Si
bien las letras fueron modificadas para acomodarse a la trama del
film, algunas líneas, - “Cómo puedes marcharte, cuando tan solo
puedo verte marcharte, porque compartimos la risa y el dolor, hasta
compartimos las lagrimas, eres la única que me llegó a conocer...”
- tienen aún el aroma de la ruptura con Andy.
“In
the air tonight” y “Face Value” cambiaron en buena medida las
reglas del juego, tanto para Collins como para Genesis, el primer
síntoma de que las cosas iban a cambiar estaba en que el batería
decidió firmar con Virgin (sí, la discográfica de Richard Branson
cuyo primer lanzamiento fue el “Tubular Bells” de Mike Oldfield
aunque años después editarían a los Sex Pistols) en lugar de dejar
que lo lanzase Charisma. En cierto modo, esto tenía su lógica, no
solo por las ventajas económicas de un mayor adelanto y más
presupuesto que el que le podría haber conseguido su casa de toda la
vida, sino que así se aseguraba que su álbum no cayera en el olvido
promocional de los equivalentes de sus dos compañeros en Genesis.
También
había una cuestión de imagen, a finales de los 70, “Charisma
Records” era decir , básicamente, “Genesis Records”, ya que
después de la defunción de Van der Graaf Generator y Lindisfarne,
los únicos que quedaban en la plantilla era Peter Hammill (cantante
de VDGG), Peter Gabriel y Steve Hackett... bueno, y reediciones de
Monty Python, ya que a estas alturas estaban más interesados en el
cine que en editar sus álbumes de comedia. Sabedor de que lo suyo
iba por otros caminos, diferentes a sus colegas, el batería busco
otro tipo de soporte discográfico, aunque no pasarían más de un
par de años para que Virgin acabase comprando todo el catálogo de
Charisma. El multimillonario Richard Branson, afirmó en una
entrevista radiofónica que Phil Collins era la única estrella que
podría reconocer en una multitud, quizás ganar de agradar a su
nueva estrella, quizás una sinceridad aplastante...
Consecuencias:
Tearing and breaking (down)
El
cambio de las reglas de juego también afectó a Martyn, quien
animado por Collins decidió fichar por Warner (la filial, WEA,
acabaría publicando los discos de PC, en Europa, excluyendo el Reino
Unido), y publicar sus dos discos más comerciales: “Glorious Fool”
y “Well kept secret” siendo el primero producido por Phil. A
muchos fans de John, el cambio a formato de banda rockera no solo no
les gustó, sino que lo rechazaron de plano, y el estilo de
producción, muy parecido al de los Genesis de los ochenta, tampoco
parecía encajar muy bien con la música del cantautor, a ojos (o mas
bien, oídos) de los viejos conocedores de su música.
Por otro lado, el éxito de “Face Value” no logró frenar a los Genesis en la grabación de “Abacab”, que precisamente sentaría esas bases del sonido ochentero de la banda, lejos del recargamiento de antaño. Collins no realizó gira en directo, pero si que se permitió algunas entrevistas – a cual mas descarnada, en clara competición con Martyn para ver quién desnudaba más su alma – e incluso una aparición en el celebérrimo (y extinto) Top of the Pops, en la que Phil exhibió su gusto por los chalecos sin manga encima de la camisa. Prefiriendo hacer el playback con un teclado en vez de lo que años después sería su rutina en directo (salir de pie, andar hacia la batería y tocarla en el estruendoso final), Collins, decidió poner una caja de pintura con una brocha dentro para “rematar el cuadro”. Por supuesto, como PC se había hartado de declarar en las entrevistas que su mujer se había liado con el decorador de interiores, no pocos hicieron comentarios divertidos sobre dicha ocurrencia, y lo peor es que repitió la jugada en su aparición para “The Secret Policeman's ball”. Años después, el cantante ha intentado dejar claro que no había mas intenciones que las estéticas, aunque admite que lo mismo (¡lo mismo!) el subconsciente le jugó una mala pasada. Huelga decir que Andrea, el llegarle las noticias de tales recursos escénicos hizo el típico comentario de cuyas siglas en inglés son WTF?!.
Durante
la década de los ochenta, las fortunas de los dos artistas seguirían
caminos divergentes, los discos “comerciales” de Martyn
provocarían el rechazo de la crítica que tanto lo había apoyado a
lo largo de su carrera, y el repunte de sus ventas no pareció
compensar la pérdida de dicho soporte. En el caso de Collins, su
doblete con Genesis hacían que cualquier reconocimiento crítico
fuera prácticamente irrelevante (aunque siempre estaría dolido
porque los escritores prefirieran alabar a Elvis Costello que a él),
generando éxito tras éxito. Aunque su segundo álbum – “Hello!
I must be going!” - sería básicamente una secuela de “Face
Value”, incluyendo canciones de rencor amoroso, lo cual provocó
aún más quejas de Andy, cansada de que Collins siguiera explotando
la veta de una relación terminada años atrás, y eso que Phil
acabaría casándose con Jill en 1984. Los “guiñoles” de la
televisión británica – Spitting image – se cebaron en este
hecho y realizaron una parodia basándose en que cada vez que a PC le
dejaba una mujer, componía otro hit, añadiendo la inmortal línea:
“He perdido a
mi mujer, ¡y ahora también he perdido mi pelo!”
Igualmente,
aunque Martyn llegaría a decir que no había compuesto ni una sola
buena canción tras su separación con Beverley, y que la echaba
mucho de menos, y que era una chica sensible y especial... ya hemos
dicho que su ex-mujer no tenía precisamente un buen recuerdo de su
relación con el músico, de igual forma, sus hijos nunca han querido
hacer declaraciones sobre la vida de su progenitor. En ambos casos,
tanto John como Phil tardarían años en desdecirse de las venenosas
declaraciones o letras que jalonaban sus discos de divorcio,
admitiendo que ambos, a pesar de ser artistas torturados y todo lo
demás, también habían jugado su papel en estos “errores”. PC
había contado demasiadas veces su divorcio como si alguien le
hubiera “tirado de la alfombra bajo sus pies”, pero su propia
biografía le tenía deparada una extraña moraleja. Ya hemos dicho
que Andy había sido uno de sus amores de juventud, pues bien,
durante la gira con Genesis del 92, Phil se reencontró con Lavinia
Lang, realojada en California. Si esto no fue suficiente para
desestabilizar su matrimonio con Jill, enamorarse de una de las
chicas que le asistió durante la gira de 1994 – la suiza Orianne
Cevey, apenas unos años mayor que su propia hija Joely – terminó
de finiquitar su segundo divorcio. Como consecuencia del affaire
con su vieja compañera de instituto, Collins había compuesto “Both
Sides” (1993), un disco aún más triste, homogéneo e
introspectivo que “Face Value”, en mi opinión puede que su mejor
obra en solitario.
En
los últimos años de su vida, John encontró a una mujer de fuerte
carácter irlandés, Teresa, que se hecho a la espalda la ardua tarea
de cuidar del cantante, no solo cuando este solo sufría los achaques
propios de su edad, sino también tras la amputación de su pierna.
Una mujer excelente, según todos aquellos que la han conocido.
Collins también parece haber encontrado una cierta estabilidad en
una periodista americana, a pesar de lo preocupante de algunas de sus
declaraciones durante la promoción de su último “Going Back”
(pensamientos suicidas incluidos), y parece en la actualidad más
preocupado por reseñar su colección de objetos provenientes de El
Alamo (un capitulo decisivo en la historia de Texas, y una de
esas extrañas obsesiones que les da a las estrellas del pop), que en
mantener su perfil público.
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John Martyn con John Paul Jones, de Led Zeppelin |
Por supuesto, la vida de Collins y Martyn seguiría ligada a lo largo de los años, en su recopilatório de baladas “Love songs, a compilation... old and new”, se incluiría la última colaboración de los dos artistas, otra triste balada de trompeta, “Tearing and breaking” y en el póstumo “Heaven and earth” John cantaría con muy poquita voz su particular tema de “Can't turn back de years”, proveniente, sí, de “Both Sides”.
Como
suele pasar, los reconocimientos y hasta una inclusión de Martyn en
la Orden del Imperio Británico, llegaron muy tarde a la vida de
Martyn, pero nada de eso borra la impronta – pequeña, pero
indeleble - que dejó con su música, la reedición de lujo de
“Slowhand”
quizás debería reverdecer un poco el interés por un artista al que
ni siquiera el típico álbum
de tributo realizado por unos cuantos músicos cool lo
sacó de su ostracismo comercial.
A
pesar de que las motivaciones de los artistas para componer estos dos
discos puedan quedar un poco en entredicho tras un análisis objetivo
(si es que semejante cosa es posible, hablando de estos dos
gigantes), si están ustedes tristes, estas canciones les ayudarán a
zambullirse aún más en la tristeza hasta sentirse tan patéticos
que algo se les rompa en su interior y consigan salir a flote. O
metan la cabeza en el horno.
Si
están ustedes alegres, póngalos también, les servirá como
preocupante recordatorio de lo mal que pueden salir las cosas en una
relación, y que siempre hay que andarse con cuidado de a quién
entregamos esa cosa que bombea en nuestro pecho.
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