Porque no hay nada mejor que abrir una entrada en el blog con el nombre de un recopilatorio de Pink Floyd cuya portada hoy sería impublicable.
En Twitter se os hubieran echado encima
Pues quién lo diría, el nuevo podcast va viento en popa, a juzgar por la longitud de los episodios. Prometo que nunca fue la intención, del mismo modo que nunca pensé que fuera a ser mensual. Sobre la duración de cada programa, todo tiene su explicación: en un caso se trataba de una tarde de domingo en la que los dos interlocutores habían reservado unas cuantas horas para hablar mientras que en el otro se trataba de un señor que estaba con las vacaciones recién empezadas. Pero ¿Quiénes son estos caballeros?
Cosas que molan... fig. 1
#3: Victor Castillo
De hecho, el mencionar a Victor en la entrada sobre el – entonces – nuevo podcast es lo que en cierta forma motivó que se transformara en mi siguiente victima invitado. El Señor VCR (como es conocido en la podcastfera) la leyó, le hizo gracia y me dejó un mensaje de “oye, a ver si hacemos algo un día”. Craso error por su parte, claro, porque no tarde mucho en expandir mis tentáculos cual deidad lovecraftiana pedirle que se dejara caer por el programa para hablar del libro en cuya creación había participado. Mi plan original era ponerme en contacto con él cuando publicara el siguiente porque pensaba que ya estaría un poco harto de la promoción de aquel en el que había participado y que se encuentra maravillosamente disponible en “cualquier tienda del ramo”, como decía el mítico Jesús Puente. Esa referencia va para vosotros, millenials que NO leéis este blog.
Cosas que molan, fig. 2 (si es usted bético, céntrese en el libro, que era la intención)
Ese libro es “La guerra de los clones (más allá de Star Wars)”, básicamente, una obra colectiva por parte de las mentes pensantes y escribientes de “El Pájaro Burlón”, web de cabecera sobre lo fantástico (sí, los realities de Telecinco entran dentro de esa categoría) que DEBÉIS LEER, punto. Aunque en el momento de la entrevista aún no había podido hacerme con el volumen en cuestión, en el momento de escribir esta entrada se encuentra en camino de llegar a mi casa, lo tengo ya en la lista de espera para ser leído, o sea, en el “to do pile”. Estoy bastante seguro de que estará genial a tenor del nivel al que nos tienen acostumbrados la gente de EPB.
Y además, está mal que lo diga, pero Victor me cae tan bien que incluso recomendaría un libro de fotografías de penes en el que hubiera participado. No pongáis esa cara, que sé que a más de uno os gusta ver fotos de penes.
Say no more
Además de ser una de las firmas de El Pajaro Burlón, Vcr tiene a sus espaldas una importante cantidad de podcasts sobre los más diversos temas. Ahí está “Ninja vs Commando”, un auténtico baúl repleto de gemas sobre el cine de acción – con ese nombre no se esperaban análisis de Haneke ¿Cierto? - y cuando lo que se encuentran son pedruscos de imitación, pues también tiene mucha gracia porque te lo destripa con el respeto adecuado. Que suele ser poco. Justamente, de una de esas conversaciones grabadas sobre cine de hostias y oneliners surgió uno de esos diamantes en bruto – siguiendo con los paralelismos joyeros – de los podcasts en castellano: Vuelo 180.
Pues otro para el "to do pile"
El equipo del programa se compone ahora mismo del propio Victor y de Wally Week alter ego del también escritor Pablo Garcia Maeso (compren ¡Ya! “Sopa de elegidos”), pero se empezó como el trío lalalá que completaba Vicente Vegas. Vicente pasó a un estado superior y ya sólo se deja caer por el programa en apariciones estelares en las que le acompaña la música diseñada para la entrada de Ted Dibiase. Si han entendido esa referencia, se pueden imaginar el tono del podcast.
Aunque sus responsable seguramente expliquen la temática de Vuelo180 como “una sucesión de tonterías”, yo sólo puedo decir que es un podcast de humor y divulgación. Humor porque uno entra en un mundo en el que el Nivel Europeo – piensen en Jose Luis Lopez Vazquez -, la desconocida (por inexistente) hermana tonta de Penelope Cruz tiene su propio negocio y el film Los Palomos es referente. Divulgación porque uno puede aprender bastante sobre oligofrénicos presidentes de los EEUU, la obra de Esteban Rey (eso es Stephen King para vosotros, catetos) o incluso los Reyes Godos. Ah, y suele haber mucho lirili.
De hecho, el primer Vuelo en el que me embarqué fue el dedicado a “Un señor de maine” y desde entonces es una línea en la que me suelo embarcar, además, puedes ir con la maleta grande porque todos los asientos son bussiness.
Finalmente, tampoco me gustaría obviar el podcast de Victor sobre el mundo de los juegos de Rol y su “Todo es Rock and Roll” que ya mencioné anteriormente.
La verdad es que a pesar de algunos problemas técnicos, creo que nos quedó una conversación muy graciosa en la que, para variar, hablamos de un montón de cosas… dejando muy poco tiempo para hablar del libro que se supone estaba en promoción. Pero si el invitado está contento con cómo quedan las cosas yo también.
Por otro lado, os habréis dado cuenta de que en esta ocasión he ido rellenando los huecos entre los párrafos con distintas imágenes de libros y trailers varios. La cosa es que durante la entrevista hablamos de un montón de obras diversas e interesantes, en especial libros y documentales. Como sé que no todo el mundo es tan intenso como yo para apuntarse las cosas mientras escucha el programa, y como abrir un hilo en Twitter me parece excesivamente “precario”, pues he dejado por aquí algunas pistas de cosas que podéis conseguir por precios desorbitados en TodoColección. O en sus respectivas webs a un precio decente.
#4: Paco Fox
Al igual que con Victor, hay gente que sólo por leer lo que escribe, sospechas que te va a caer bien cuando las conozcas en persona. Con Paco, eso se confirmó, como seguramente algunos de vosotros recordaréis, (y como no podía ser de otra manera) en la cola de un concierto de Fish.
De hecho, si alguien me apuntara que después de un rato, las “entrevistas” del podcast devienen en conversaciones entre dos colegas, no me parecería desacertado. Y yo me sentiría orgulloso. En el caso del Señor Fox, estoy bastante seguro que perdemos a buena parte del público “potencial” del programa cuando nos ponemos a hablar de la carrera en solitario de Tony Banks.
Sea como sea, Paco es una fuente del saber cinematográfico y de muchas otras materias, no todas necesariamente conectadas con el llamado “frikerio”, (¿Me califica esto como "palmero de paco Fox" según los troles de Curious Cat? ESPERO QUE SÍ, a pesar de que Paco y yo discrepamos en bastantes cosas) pero echamos otras casi 3 horas de buena charla en la que tocamos temas tan dispares como el despido de James Gunn – sí, sigo protestando como un gilipollas en el Twitter de Marvel como si pudiera afectar en algo, va a ser que no -, la enésima pirueta de la historia de Fleetwood Mac, el estado de los servicios de Streaming y, por supuesto, sobre ¡Phil Collins!
Curiosamente, aunque hacia al final del programa digo “me he quedado sin preguntas”, después me he dado cuenta de que se quedan un montón de cosas por discutir en el tintero, pero a esas alturas de la grabación me da que los cerebros de ambos estaban más pendientes del almuerzo que de seguir discutiendo frikadas. Ya negociaremos un retonno. O no.
En definitiva, esta entrada tenía como objetivo darle un pequeño empuje al podcast y al mismo blog. Porque el hecho de que estemos en Agosto no tiene por qué significar que se nos quede el patio especialmente mustio. Además, también tenía que decir que para los próximos programas me he propuesto una "trilogía del videojuego", a ver si nos sale. Y ya pierdo toda esperanza de un público potencial.
Ya la próxima entrada del blog tendrá, no obstante, más enjundia. Sólo diré que tratará sobre algo que comento en uno de los programas. Tres palabras.
Hace
cosa de un par de meses le comenté en broma al director de la
revista que si incluyese todo el material escrito por mí en el mismo
número, tendría que cambiar el nombre de la publicación por “This
is Fran”. Sí, yo también me di cuenta de que a lo mejor no es la
mejor broma que se puede gastar al director de una revista. Pero se
rió, que es lo importante.
Lo
cierto es que, si bien en el número 139 hay muy poquito firmado por
un servidor – una entrevista a Eric Baule y algunas reseñas -, la
cosa cambia radicalmente para el número 140. Para empezar, el
musculoso y barbudo guitarrista de los Dream Theater, John Petrucci,
tuvo a bien hablar con un servidor durante un rato (no muy largo, me
temo) sobre el nuevo disco doble de su banda, “The astonishing”,
el cual analizo en un destacado hacia el final de revista. Donde
están las reseñas, vaya.
Como
ya he comentado alguna vez en este blog, no hay reglas sobre las
entrevistas. Cierto es que la gente más famosa suele ser más
precavida a la hora de hacer declaraciones, hay otros músicos que se
las toman con una profesionalidad que asusta, si tienes programada
media hora, usan esa media hora hasta el final y no tienen problemas
en responder todas tus preguntas, por peliagudas que sean.
En
el caso de los miembros de Dream Theater (ya llevo 3 miembros
entrevistados, aunque Portnoy estuviese ya fuera de la banda cuando
habláramos), siempre me ha dado la impresión de que, o esperan que
el periodista vaya a por todas, conociendo todos y cada uno de los
detalles de su nueva obra, o no esperan gran cosa en absoluto.
Supongo que por eso nuestras charlas suelen ser más bien cortas, eso
o que la discográfica no nos quiere dar mucha cancha, les doy a
elegir.
En
todo caso, les adelanto que la nueva Opera-Rock de los reyes del
Metal Progresivo me parece un poco bastante coñazo, y puedo asegurar
sin problemas que no es una cuestión de que Petrucci sea más o
menos simpático lo que afecta a este juicio. Porque por cierto, lo
es un rato.
Quienes
sí nos dieron cancha fue la buena gente de Kscope cuando les
propusimos unos 40 minutos para hablar con Steven Wilson. De nuevo,
un artista que me encanta y que respeto aunque en varios casos no
esté en absoluto de acuerdo con su forma de hacer las cosas.
Por
ejemplo, me encantó su concierto de Barcelona en el teatro BARTS,
fue una de esas ocasiones en las que ni me molesté en pelear (o que
la revista peleara por mí) una acreditación. Pagué religiosamente
mi entrada y reserve el tema fotográfico al móvil – lo cual no
deja de ser una pena porque es un show del que se podían sacar fotos
bastante espectaculares -, lo cual, supongo, les explicará por qué
no hubo cobertura de sus shows españoles (siendo el otro en Madrid,
en La Riviera, un recinto a todas luces nada apropiado para un
concierto como el de Wilson). No se trata de que nos den entradas
gratis, sino que hoy en día, en un mundo tan visual como el nuestro,
el hecho de que una crónica no pueda ir acompañada de fotos del
concierto (no se acreditó a ningún medio por deseo del artista), la
deja bastante sosa.
Son
actitudes que puedo entender, y hasta cierto punto están
justificadas a la hora de proteger los bienes activos de un artista,
como puede ser su imagen. Pero al mismo tiempo cabe la posibilidad de
acercarse fácilmente a posturas ridículas: en la cuenta oficial de
Twitter de Wilson, se enlazó un vídeo grabado por un fan de uno de
los conciertos que Steven puso en pie en el londinense Royal Albert
Hall, unos shows que el propio músico admite en la entrevista, están
entre los puntos álgidos de su carrera. El vídeo en cuestión
implicaba a Steven y Ninet tocando en directo “Routine”” (de su
flipante “Hand. Cannot. Erase”). Aunque el tweet
aún está disponible en la cuenta del músico, el vídeo fue
“tumbado” - esto es, borrado – porque “Porcupine Tree Ltd”
(la representación legal de Wilson en temas editoriales) había
realizado una reclamación por cuestiones de Copyright.
Absurdo.
No
fue un tema que tocara en mi conversación con el actual pope del
Progresivo porque se me ocurrían muchos otras preguntas antes que
eso, pero, claro, como soy un malvado plumilla, no pude evitar hacer
una velada mención en los párrafos previos. Y aquí, que es mi blog
y me lo follo como quiero. Por lo general, con amor y cariño. Y al
día siguiente le llamo para saber cómo está, que uno es un
caballero.
Como
habrán comprobado aquellos que hayan leído la entrevista, hacia el
final de ella nombramos a Bowie a la sazón de su nuevo y rompedor
video “Blackstar”, adelanto de su casi póstumo nuevo disco. Por
supuesto, yo no tenía ni idea de que El Delgado Duque Blanco
estuviera tan enfermo y, a tenor de las declaraciones que hizo
Wilson, él tampoco, así que hablamos de su nueva obra con la
ligereza de gente que cree estar ante la enésima demostración de la
increíble creatividad de un genio. Yo aún no me lo creo.
Por
lo demás, creo que ha salido una entrevista muy resultona, en la
cual Steven cuenta algunas cosas con las que me da la impresión la
mayor parte de los músicos se pueden identificar la mayor parte de
los músicos del planeta. Digo yo que cuando uno recibe
felicitaciones por parte del director de la revista y de
la persona que mejor escribe en ella, será porque algo habré
hecho bien.
¡TITO
PHIL!
Nunca,
repito, nunca entenderé la repulsión automática que algunas –
muchas – personas sienten por el bueno de Phil Collins. Y no hablo
solamente desde la perspectiva de fan ciego, como algunos recordarán,
en mi post sobre “Discos
de divorcio” no se le dejaba precisamente bien ni a él ni a su
colega de parranda, el no obstante genial John Martyn. Puedo entender
que los fans más recalcitrantes del Progresivo tengan un cierto
sentimiento de “traición” por el hombre que prefería cantar
“Misunderstanding” en lugar de “Watcher of the skies” (tema
que, por cierto, nunca a llego a cantar en Genesis al sustituir a
Gabriel). E indudablemente, realizó el camino inverso a, por
ejemplo, The Beatles – quienes pasaron de “I wanna hold your
hand” a “Tomorrow never knows” en apenas 2 años – cuando
decidió cambiar las composiciones de más de 10 minutos por temas
pop “sencillos”. (Intentad tocar “Turn it on again”, que os
vais a cagar).
¿Y?
¿Esto te desacredita como músico y compositor para toda la vida? A
ver, yo todavía me estoy recuperando de lo que hizo Rod Stewart con
“The downtown lights” pero eso no quita para que respete al tipo
como artista... Y os lo dice alguien que se leyó pacientemente su
auto biografía. (Nota: Es increíble como el bueno de Rod consiguió
que me cayera rematadamente mal después de leer su opúsculo).
Menos
mal, MENOS MAL, que estoy yo para enderezar las cosas. Con un límite
de 4500 palabras (el dire propuso 4000, pero conseguí echarme
suficiente mierda encima como para ampliar a 500, simplemente porque
me gusta escribir y porque a Brand X había que dedicarle ALGO), un
servidor desgrana los primeros años de la carrera en solitario de
uno de los mejores cantantes, músicos y compositores del mundo... y
sí, eso es más frase de fan ciego, pero también estoy dispuesto a
admitir que las cosas han ido un poco cuesta abajo desde “Dance
into the light”.
¿Habrá
más artículos sobre Phil en la revista? Pues a juzgar por algunos
comentarios en el perfil de Facebook de la This is Rock, lo dudo
mucho, algo que no deja de ser una lástima, pero al menos sirvió
como base para un programa especial bastante entretenido por parte de
Los Garcia en Candil
Radio, aunque insisten en al teoría de que fue Collins el que
cambió las fortunas progresivas de Genesis por las más comerciales,
aunque yo sigo defendiendo que fue una transición más orgánica por
parte de todos los miembros del grupo.
Pero
quizás esto último, el tocar encima de un escenario, o simplemente
estar haciendo lo que se supone que tienes que estar haciendo, sea la
forma más efectiva de no dejarse derrumbar por los acontecimientos.
Lo que sucedió en Le Bataclan y en otros puntos de Paris es un día
particularmente negro para todos los que hemos pisado suelo galo
alguna vez y para la humanidad en general.
¿Más
negro que todo lo que sucede a diario en Birmania,
Fran? ¿Más negro que la forma en que se ven obligadas a vivir mucha
gente en las zonas más desfavorecidas de tu propia ciudad? ¿Más
negro que lo que ocurre en las cientos de guerras sobre las que
ningún medio de comunicación se ha dignado en informar?
No
puedo responder a ninguna de esas preguntas porque, simplemente, no
creo que una vida valga más que otra y todos los que argumentáis en
las redes sociales como si creyerais lo contrario, no hacéis más
que darle la razón al reciente fallecido maestro Umberto
Eco.
Cierto,
buena parte de la tristeza global que generaron los ataques de Paris
se debió a que “pasó cerca de casa”, y en el caso de la
comunidad musical – incluyo a los fans en esto – el golpe fue
especialmente sentido porque, simplemente, cualquiera de nosotros
podría haber estado allí, mierda, una de las víctimas era “uno
de los nuestros”, por así decirlo. Un
tipo que estaba allí porque su pasión por la música le había
llevado a ayudar a las bandas, a estar en medio de la locura
promocional, mano a mano con el merchandising. Probablemente mal
pagado y haciendo todo lo posible para que las cosas saliesen bien.
Un perfil que nos suena a más de uno, creo.
Saco
a relucir todo esto, ahora que aún nos queda bastante para llegar al
primer aniversario de los sucesos (que es cuando TODO el mundo se
pondrá a recordarlo), porque su sombra se proyectaron sobre las
otras dos entrevistas que aparecen en la revista. De hecho, el nombre
de una las bandas guarda una fuerte relación con la locura que
desató los ataques.
“The
mute gods” (los dioses callados) es el nombre del nuevo proyecto de
Nick Beggs, a su vez Dios del Bajo quien, como algunos de ustedes
recordaran, me
ofreció una bandeja de Doritos hace unos años, cuando lo
entreviste en los camerinos del Hotel Auditorium, horas antes de su
concierto con Steven
Wilson. El nombre de la “banda” - como explicamos en la
entrevista, es más “Nick Beggs lo hace todo y sus colegas le
ayudan” - hace referencia precisamente a los callados que se
mantienen los dioses frente a todas las tonterías que hacemos los
seres humanos en su nombre.
Al
igual que la otra entrevista, esta fue una conversación que se vio
retrasada por todo tipo de vicisitudes – no os podéis ni imaginar
una de las ubicaciones desde la que intenté hablar con Beggs-, pero
al final nos echamos un buen rato de charleta y hablamos de Pat
Metheny, lo cual es siempre bueno. Muy bueno. Recomiendo
encarecidamente “Do nothing 'til you hear from me” y si os mola
el dueto final que se marca el señor Beggs con su hija Lula,
entonces no dudéis en echar un vistazo a la carrera en solitario de
la chica. Diametralmente opuesta a lo que hace el padre, pero
igualmente interesante.
En
el caso de Devin Townsend – un habitual ya en este blog y yo casi
diría que en mi vida -, lo acontecido en Le Bataclan fue nombrado
por el canadiense como una de las peores cosas que le habían
sucedido nunca porque él mismo había estado por los pasillos de la
sala probando equipos, además de, lógicamente, tocando en la misma.
Una
ventisca muy horripilante en Vancouver dejó totalmente incomunicado
al simpático Devin el día que iba a tener lugar nuestra charla
telefónica, pero 7 días y después de varias disculpas por parte
tanto de la buena gente de Inside Out como del propio Townsend, pues
pudimos hablar con cierta calma durante buenos 30 minutos sobre su
directo en el Albert Hall (habrá que buscarle un certificado de
recinto progresivo al lugar o algo) con las aventuras de Ziltoid –
el extraterrestre adicto al café -, y sobre “Casualties of Cool”,
una de las mejoras cosas (más sutil y calmada, todo que hay que
decirlo) que este hombre ha hecho en su carrera.
Antes
de terminar esta entrada, me gustaría decir una cosa más sobre los
sucesos de Le Bataclan; tengo sentimientos encontrados sobre todo lo
que han hecho los Eagles of Death Metal después de los ataques. Por
mi parte, había un cierto interés por saber qué se les pasaba por
la cabeza después de lo acontecido. Quiero pensar que dicho interés
era más por el poco instinto periodístico que me pueda quedar a
estar alturas que por el puro morbo.
Del
mismo modo, que las declaraciones se efectuaran en una exclusiva para
la nueva “bíblia de lo cool” que es Vice
(¿En serio??? ¿¿¿En serio????) resulta un poco extraño, aunque
reconozco que tiene un cierto sentido que fuera la plataforma elegida
para una labor tan desagradable. Igualmente, el triunfalismo de la
vuelta a escena del grupo – en
este caso en el Olympia – resulta al mismo tiempo inspirador y
preocupante, sobre todo después de las declaraciones del vocalista
sobre el
control de armas. En fin, es un mundo complicado, y supongo que
cada uno reacciona al horror como puede.
Siempre
está bien empezar un artículo ÉPICO con una referencia – aunque
sea velada – a Terry
Pratchett. Bien, si nos atenemos a lo que dice la última entrada
del blog, no he actualizado desde Agosto del 2015, lo cual, en
términos de Internet es como decir que no he actualizado desde el
siglo pasado. Así que para desquitarme lo cuento todo, TODO (bueno,
a lo mejor no todo) en este resumen de lo que no han sido mis
vacaciones.
This
is Music
Bueno,
tengo apilados al lado del notebook los seis números del This is
Rock cuyos entresijos me he dejado sin explicar. Llegados a este
punto podríais pensar que esto es ya un poco el colmo: Suelo contar
estas historias cuando al menos existe una mínima posibilidad de
conseguir el número “vigente” en las estanterías. Bueno,
siempre os queda el pedir números atrasados en la web de la revista
o esperaros a mi excelso (y tan cacareado) libro que resume todas mis
entrevistas y conciertos.
Empecemos
por el número 133, con ese Bruce Dickinson potente (y
afortunadamente recuperado de un cáncer) acompañado por un
desafiante Steve Harris en la portada. Nada más ponerme a repasar
las páginas me he dado cuenta de la cantidad de recuerdos agridulces
que contiene este número, y si vosotros también lo tenéis cerca,
os resultará fácil imaginar los motivos. Sí, sobre todo me refiero
a Chris Squire.
Hay
un buen montón de homenajes que quiero escribir para el blog: Terry
Pratchett, H.R. Giger y lógicamente, el propio Squire están entre
ellos. Por un lado me resisto porque tendría que inventarme horas al
día para hacerlos, por otro, tampoco quiero que el bitácora se
transforme en una serie de panegíricos, pero teniendo en cuenta
todas las perdidas acumuladas (cuando empecé a escribir esto Lemmy y
Bowie seguían vivos), creo que tampoco hay muchas opciones.
En
todo caso, recuerdo que los días alrededor de la llamada
internacional que tenía que ponerme en contacto con el bajista
fueron precedidos de diversas tensiones personales – una vez más,
esto no es “Fran os cuenta su vida”-, y teniendo en cuenta el
caos que fue la anterior entrevista con Chris, tampoco llegué yo muy
católico a la conversación. A pesar de todo, y de la brevedad de
nuestro encuentro telefónico, acabé razonablemente contento, y
recuerdo que The Fish (sobrenombre que se ganó el músico por sus
largas horas en la bañera comunal de Yes en los días que compartían
techo) se rió con un par de mis tonterías.
Lamentablemente,
al poco de esta conversación supimos que Squire estaba gravemente
enfermo con una tipo de leucemia no muy común. Con todo, había un
cierto resquicio para la esperanza, aunque para cuando la entrevista
se publicó, uno de los mejores bajistas, cantantes y compositores
del Progresivo (y por tanto, de la historia de la música), estaba ya
muy cerca de abandonarnos. Cuán extraño es haber sido uno de los
últimos que lo entrevistara y más extraño aún es que el motivo de
nuestra conversación fuese el glorioso pasado de su banda, cuando él
siempre fue un hombre al que le gustaba vivir en el momento.
Para
aquellos que quieran a recordar a Squire en toda su imperfecta gloria
como dinámico señor de las cuatro cuerdas, ahí tenéis “Progeny:
Seven shows from 72”. Para recordar su magia, tenéis cientos de
horas de música más repartidas en múltiples discos, colaboraciones
y vídeos.
Descanse
en paz.
Satriani
le gusta a tu hermano
Para
mí, Joe Satriani siempre ha sido el típico artista que le gustaba
al hermano mayor de tu colega, lo cual es meramente una cuestión
generacional. A fin de cuentas, el disco que lo puso definitivamente
en el mapa, “Surfin' with the alien”, data de 1987, así que
pillaba a buena parte de mis coetáneos más cerca de jugar con los
Masters del Universo que flipándolo con los recorridos por el mástil
que pudiera ejecutar el bueno de Satch.
Cuando
empecé a meterme un poco en el mundo de los guitarristas virtuosos,
fue con no pocos reparos. Frente a las portadas de romanticismo añejo
del “Selling England by the pound” (1973) de Genesis, o
cualquiera de los diseños de Roger Dean para Yes (y aledaños), o
incluso el “divertido cague” - a falta de una expresión mejor –
que provocaban las portadas de Iron Maiden con un Eddie al frente en
diversas vicisitudes, el ver a gente como Yngwie Malmsteen en lo que
él pensaba que era una postura desafiante con
dragones al fondo... pues como que me echaba un poco para atrás.
Y
no era para menos, Malmsteen, junto con Steve Vai y Satriani formaron
esa especie de triada sagrada de guitarristas Hiperrapidos (a la que
algunos añadirían a Eddie Van Halen e incluso, por motivos que
nunca comprenderé, a Slash o Kirk Hammet), que impusieron en la
cabeza de pocos que, o interpretabas a toda pastilla con el tapping
como santo y seña, o no sabías tocar la guitarra.
Por
supuesto, esta es la típica actitud de “ser más papistas que el
Papa”, y por lo que he podido saber, estos músicos son mucho más
abiertos de miras que buena parte de sus fans. Pero tampoco nos
engañemos, por mucho que Satriani haya grabado algunas canciones
cantadas por él, lo suyo nunca va a ser el pop facilón.
Supongo
que en una visión global, me gusta más la carrera de Vai y admiro
su espíritu payasete de dar todo el espectáculo posible en sus
conciertos, pero admito que tanto él como algunos de los músicos
mencionados hasta ahora tienen algunos momentos musicales que,
francamente, me resulta complicado aguantar.
Cuando
me “tocó” escuchar “Shockwave Supernova” (lo último de
Joe), andaba un poco preocupado, ya que para mí los discos de
Satriani pueden caer en la categoría de “coñazo insoportable”,
- “Joe Satriani” de 1995, lo siento, lo intenté, pero no puedo
con ese álbum – o en el de “sorpresa más que agradable”, como
el “Time machine” (1993) ¡Y eso era una colección de descartes!
Para que ustedes se fíen después de mi criterio...
Pero
ya sea por la inclusión de un músico tan loco como Mike Keneally o
por incluir a la sección rítmica de The Aristocrats, lo cierto es
que la última grabación de Satriani es magnifica, si acaso, y por
una vez, me hubiera gustado que, teniendo a ese plantel ayudando,
acabara desplegándose con un tema largo de esos que acaban rompiendo
alguna cuerda al final, con todos los desarrollos instrumentales de
los que son capaces estos monstruos de la música.
Y
si todo esto no fuera suficente ¡Satch parece un buen tipo! Él y su
gente accedieron a nuestra petición de tenerle 40 minutos al
auricular para darle el coñazo con mis preguntas y dio respuestas la
mar de interesantes, incluyendo el certificado de defunción de su
supergrupo Chikenfoot, en el que comparte escenario con Chad Smith
(Red Hot Chilli Peppers) y Sammy Hagar (Van Halen). Una lástima, y
una lástima también que me tuviera que perder su gira española,
pero hablaremos de los motivos más adelante...
Mi
colega Jackson
Estoy
seguro de que si usted es asiduo de este blog (si semejante cosa
existe) tiene muchas papeletas para sentirse identificado con lo
siguiente: hay momentos, durante un concierto, en los que uno
experimenta una felicidad absoluta, en los que todo, la música, las
voces, el lugar, la acústica, el momento... todo confluye. Y eso es
lo que servidor experimentó en el magnifico teatro BARTS de
Barcelona cuando el gran, GRAN, Jackson Browne, interpretó “The
birds of St. Marks” de su último “Standing in the breach”
(2014).
Mi día de los malos pelos y el bueno de Jackson
Reconozco
que en ese sentimiento influyó mucho que el señor Browne me cae muy
bien, no sólo por tener un corpus creativo envidiable, sino porque
como persona me cae aún mejor – de nuevo, si es que eso es posible
– ya que desde que lo entrevisté el año pasado hemos mantenido
una cordial correspondencia por vía de su asistente personal. Aún
hoy lo flipo (me temo que no encuentro palabra mejor), con el nivel
de compromiso que tiene este hombre con sus ideas, por eso, supongo,
no faltó a felicitar a los barceloneses por su recién elegida
alcaldesa... Aunque a mí me parecía una señora mucho más
razonable antes de publicar tweets a la altura de Willy Toledo
aprovechando el día
de la Hispanidad.
Si
el concierto no había sido ya gozada suficiente, Jackson – supongo
que a estas alturas lo puedo tutear, aunque sea por escrito -, me
había dejado unos pases de pos concierto en la taquilla, los cuales
compartí con mi compañero de la This is Rock, Tomás Bonilla, quien
escribió la más que recomendable crónica del concierto. (Por mucho
que me guste escribir, a veces es un lujo hacer fotos de las primeras
canciones y que después te pongan un asiento para disfrutar sin
tener que ir apuntando cosas).
El
señor Browne no tardó en salir a saludar a los fans y amigos que lo
esperaban en el patio de butacas, algo que ya dice mucho de la clase
que tiene un artista de su talla. Jackson ha vivido durante bastante
tiempo en Barcelona, así que había un buen contingente de caras
conocidas para él. De nuevo, me impresionó el amor y respeto que le
profesan esa gente que, de alguna manera, ha sido impactada por su
obra o su personalidad. Tal y como escribí en un tweet, de mayor
quiero ser como él. Por supuesto, no fui el único que le llevaba un
regalo – hey, el tipo se había gastado los cuartos en mandarme
libros desde Los Angeles, algo tenía que darle -, de hecho, tan
acostumbrado parece a recibir cosas de sus fans que el tour manager
andaba detrás suya recogiendo todos esos trozos de afecto hechos
objeto que iban pasando por las manos del músico. Una noche genial.
Bonustrack:
A ritmo de Naxo
Aunque nunca he llegado a
las cotas de “cinéfago” de algunos de mis amigos, me gusta mucho
el cine. En un mundo como en el que vivimos ahora, en el que ni
siquiera todos los miembros de la élite intelectual han leído los
mismos libros – y no creo que “50 sombras de Grey” o “El
codigo Da Vinci” es lo que leería esa supuesta aristocracia
intelectual para después comentarlos -, el cine se ha revelado
siempre como uno de los bienes culturales que DE VERDAD parecen estar
al alcance de la mayoría de la población.
Demonios,
a veces da la impresión de que hablar de cine es casi tan divertido
como ver las propias películas, sino más. Y si no es así, no creo
que nadie se explique cómo es que existan tantas revistas, podcasts
y programas de televisión sobre el tema...
“La
hora de Ving Rhames” no era, en todo caso, lo que se pueda
llamar un programa radiofónico sobre cine al uso. De hecho, como ha
revelado su principal
artífice en alguna ocasión, aquello empezó como algo mucho más
serio para después transformarse en una payasada continua.
Pero
esas payasadas, ese espíritu de “todovale”, heredado (como bien
ha explicado, también en alguna ocasión el señor Victor Olid) del
primigenio “Sin audiencia”,
le ha granjeó bastante seguidores al mismo tiempo que generaba
detractores... pero como “La hora...” era un trolleo en sí
mismo, (por no decir un ejercicio en trollear) pues cualquier intento
de socavar el programa tenía que conformarse con ser una patochada
más.
Algún
día – o no – hablaré con más profundidad de “La hora...”
pero sólo puedo decir que el “Especial Marvel” con Viruete y el
gran Paul Michael Cope (o como coño se escriba, total, tampoco era
su auténtico nombre) como sparring formó parte de la banda sonora
que me mantuvo cuerdo durante cierto viaje a
Murcia...
Tras
el fin de “La hora de Ving Rhames”, algunos nos quedamos un poco
huérfanos de un programa que fuese tan burro como aquel, y mira que
servidor ya escucha cosas que de vez en cuando son bastante bestias –
Game Over, Vuelo
180, Tiempo
de Culto, Tú no
has tenido infancia -, pero al señor Olid también le gusta
demasiado hablar de cine (o de casi cualquier cosa) delante de un
micrófono.
Así
pues, no tardamos en tener “El
hijo del aprendiz de Satanás”, que casi se podría definir
como “La hora de Ving Rhames con Skype añadido”, aunque el hecho
de grabar tantos programas seguidos – un modus operandi que Victor
explica cada vez que puede, como también le gusta contar cierta
anécdota sobre el rodaje de “Cuentos asombrosos” -, hace que la
escucha se vuelva un poco caótica de vez en cuando. El especial
sobre Miguel Bosé es una de las cosas que más risas tontas puede
provocar durante su escucha, nunca tanta crueldad innecesaria se
había concentrado en un MP3. Yo a veces no sé si de hecho me rio de
la propia capacidad del trío protagonista para decir tantas
barbaridades en lugar de reírme de las barbaridades en sí.
Pero
como, efectivamente, “El hijo...” está deviniendo en una cosa
tan iconoclasta como la propia Hora de Ving Rhames, era necesario un
programa que realmente hablara de cine y no se redujera a
chascarrillos baratos. “Aquí
vale todo” ya llevaba tiempo como un blog de críticas de cine
en el que Naxo Fiol, Arantz Juanes y Victor Olid reseñaban todo el
cine – comercial, marginal, subterraneo, directo a vídeo, grandes
estrenos – que se les ponía por delante. Así que era sólo falta
de tiempo que se acabara adaptando al formato podcast.
Aunque
en un principio contó con una regularidad tan raquítica como el
propio “Hijo de...” con el tiempo se han estabilizado a un
programa quincenal (más o menos) y con una duración que puede
oscilar entre los 60 minutos – algo que, me temo ya sólo queda
para los especiales auto-bombo – o las 3 horas con absoluta
tranquilidad.
Por
supuesto, si usted, como yo, tiene la clase de trabajo que implica
conducir MUCHO, el tener algo de compañía virtual en forma de voces
habladas es siempre reconfortante. Incluso para mí resulta necesario
desconectar de vez en cuando de la música, y lo cierto es que la
radio convencional a veces no es buena acompañante. Me flipa la
radio, literalmente, pero muchos programas “convencionales” son
tan sólo un trasiego por lugares comunes (y no me refiero sólo a
los de cine), tanto es así, que cuando uno se encuentra un oasis de
información sobre temas que de verdad le resultan a uno
interesantes, pues hasta 3 horas saben a poco.
“Aquí
vale todo”, tal y como indica su nombre, lo trata TODO: habla del
cine más comercial, de films salidos de la factoría Marvel, comedia
de casi cualquier nacionalidad, de mucho cine de género... A veces
cine de género muy subterráneo, otras no tanto. Las dos personas
que completan el elenco del programa son Aratz Juanes y Naxo Fiol.
Los tres integrantes del AVT podcast son “cortometrajistas
underground” (por decirlo de alguna manera), además de creadores
de fanzines e incluso en el caso de Victor y Naxo, músicos (bueno,
el primero hace rap y el segundo tuvo una breve experiencia como
cantante punk).
Entre
el fin de “La hora....” y el principio de “El hijo...” / “AVT
podcast”, Olid pasó por unas cuantas experiencias vitales que
habrían hecho trizas al más pintado, pero cual Ave Fenix – o mala
hierba, dependiendo de cómo le caiga el hombre -, Victor ha seguido
adelante y ha montado su pequeño emporio (de nuevo, por llamarlo de
alguna manera) con el apoyo de otros locuelos como él. Dicho emporio
tiene el nombre de “Vials
of delicatessen”.
En
“Vials” se publican DVDs,CDs, libros y (ahora) cómics que
trasladan al mundo físico las inquietudes, los exabruptos y las
locuras que pertenecen a ese lado de la “subcultura” que ni el
freak más recalcitrante ni el hipster más
necesitado de atención reivindicarían. Colecciones de cortos
absurdos perpetrados por nuestro trío protagonista o gentes afines
(Gallardo en modo SuperEstrella), obras inéditas de Jess Franco
(¡Jess Franco! ¡Fascinación y reparo al mismo tiempo!), un
documental sobre Victor Israel, un libro sobre el cine de Pajares y
Esteso, etc...
Antes
de viajar a Barcelona para ver a Browne en concierto, había recibido
el (entonces) último ejemplar del fanzine “Suburbio” que publica
el señor Fiol. Como Don Naxo hace un seguimiento bastante cercano de
cada ejemplar una vez que sale de la enorme nave industrial desde la
cual dirige la sección catalana de “Vials” (er, entiendo que
ustedes entenderán que lo de la nave es broma) a base de emails para
el destinatario (“Oye, avísame cuando te haya llegado”), pues
entablé una conversación con él que me llevó a proponerle una
entrevista para mi raquítico canal de Youtube.
Así que, haciendo honor
a mi (más bien falsa) fama de adicto al trabajo, quedé con el señor
Fiol para grabar una conversación que luego iría montando con
trozos de las películas de las que (seguro) íbamos a hablar. Ergo,
ahí lo tienen, casi una hora de charleta sobre pasión por el cine
en todas sus formas... no todas agradables para según qué
sensibilidades.
The
ballad of Fran and H.
Cerrando
mis colaboraciones del número 133 de la This is Rock, mi crónica de
uno de los conciertos más esperados por un servidor. El regreso de
Steve Hogarth a Gibraltar. Como ya los compañeros de Vicisitud ySordidez han explicado todo lo que había que explicar sobre el tema
llanito, no me extenderé más al respecto.
La
cosa es que de Gibraltar siempre tengo buenos recuerdos. Yo mismo
enrolé a unos cuantos compañeros hace años para filmar el primer
concierto de Hogarth en la cueva de St. Michael – tal y como
comento Steve durante éste último recital, “un sitio que parece
salido de una portada de Roger Dean” -, aunque el resultado final
no cumpliese las expectativas. Eso sí, me aseguré de que las cintas
acabasen en poder de H ¿Acabarán algún día en alguna antología
audiovisual del cantante de Marillion? Yo no aguantaría la
respiración...
También
fue el lugar elegido por Marillion para el arranque de su gira para
promocionar su “Somewhere else” (2007), en lo que fue un
concierto espectacular, aunque claro, qué voy a decir yo. El hecho
de saludar a Pete Trevawas bajando por la calle principal de camino
al palacio de deportes es uno de esos tontos detalles que me
recuerdan que Marillion no es tan sólo una de las mejores bandas del
universo, sino también que la componen algunos de los tipos más
normales y sanotes (dentro de lo que cabe) del RUACK.
Esta
última visita de H tenía el aliciente de contar con Dave Gregory
(XTC, Tin Spirits) como apoyo a la guitarra y de su hijo, Nial
Hogarth a la percusión. Aunque tal y como comento en mi crónica
del show, la cosa se acabó transformando en una reunión familiar,
ya que Sophia Hogarth – hijísima – se subió al escenario para
cantar el “Ruby Tuesday” de los Rolling.
Como
siempre, es estremecedor escuchar la voz de Hogarth, sobre todo
cuando interpreta canciones que uno no se espera como el “Message
to my girl” de Split enz (gracias, señor H, ahora no me la puedo
sacar de la cabeza), o el Wichita lineman de Glen Campbell, o...
prácticamente cualquier cosa. El único momento en el que perdió a
parte del público fue cuando se puso a leer parte de sus diarios a
una audiencia que no era 100% británica ni completamente ducha en
el idioma británico.
Por
cierto, dichos diarios han sido publicados en dos partes - “The
invisible man diaries” - y aunque su lectura puede resultar un poco
repetitiva, son una visión fascinante sobre la vida de un músico
que se une a un grupo de éxito, éxito que se va extinguiendo poco a
poco, que tiene que compatibilizar el hecho de ser un padre de
familia, con el recorrer la carretera, la adulación de los fans, un
matrimonio que se desintegra, las anécdotas de las giras, el
encontrar un nuevo amor, comprar una casa y tener que pedir prestado
a los colegas...
Y
si alguien que estuvo en el concierto se pregunta quién fue el que
pidió a Hogarth que tocase “Toxic” y el músico le respondió
con el muy inglés gesto de los dos deditos... erm... fuí yo.... ¡En
su momento me pareció gracioso! Debería haber gritado “Lost at
sea”, en fin, forgive, forgive...
Y
entonces van, y pasan cosas. (TiR 134)
El
año pasado, mi amigo Noné y yo tocamos “Wild wood” en el que
concierto que di (dimos) en Coria del Rio. Fue una concatenación de
alegres coincidencias: yo había puesto un vídeo de Weller en mi
muro de Facebook, la gente empezó a comentar lo bueno que era el
ex-cantante de The Jam, a compartir otras canciones, y en uno de esos
ensayos – en los que nos pasamos más tiempo escuchando música
ajena que tocando lo que se supone vamos a tocar -, Noné me saltó
con “Wild wood”.
Pasan
los meses, y estoy estrechando la fuerte – bastante fuerte para un
tipo de su edad – mano que compuso esa canción. La entrevista con
Weller fue una de esas cosas que se estuvieron debatiendo hasta el
último segundo, todo dependía de los huecos entre la prueba de
sonido, el concierto y... bueno, la cena, que Paul funciona con
horario inglés, recordemos. Así que hasta más o menos el día
antes no sabía si iba a tener que coger un tren para charlar (y ver
en directo) a uno de los compositores de Rock y Pop más importantes
de la historia.
¿Cómo
fue? Pues tal y como le comenté a la compañera de Live Nation: “¿Te
acuerdas del capitulo de los Simpson en el que a Bart no le dejan ver
la película de Rasca y Pica? Bart le pregunta a Lisa que cómo ha
estado, después de que ella haya podido ir al cine y le responde
pssst. Entonces Bart le
insiste para que se sincere con él y ésta le responde HA
SIDO LA MEJOR PELI DE LA HISTORIAAAAAAA (o
algo así)”.
Pues más o menos igual,
aunque la audiencia con Weller fue corta, creo que la entrevista que
se ha publicado es un buen testimonio de todo el jugo que servidor le
puede sacar a una charla. Aunque esté mal que yo lo diga, canela
fina, señores...
Sobre el concierto, poco
tengo que decir, además de contar con unos teloneros de lujo – que
hasta se marcaron una versión de The Jam – fue la clase de recital
en el que un músico encuentra el equilibrio perfecto entre tocar sus
clásicos -uf, ese “You do something to me” -, el nuevo material
– si “Saturns Pattern” no es la mejor canción para levantarse
por la mañana con energía,que baje Dios y lo vea -, y el repertorio
hecho para mandar a los fans fuera de la sala con un sonrisa de oreja
a oreja. Sino, a ver quién se explica ese final apoteósico con
“This town called Malice” con toda La Riviera pegando botes.
Xátiva,
quiero ser como tú
A veces, uno no puede más
que sentir otra cosa que envidia sana cuando entrevista a bandas
noveles, y mientras más hablaba con Juan “Doc” Giner, esa
sensación se fue acrecentando. A ver, tienen una banda en la que
todos los miembros tienen muchas influencias en común, viven todos a
un paseo de distancia de los otros y encima el ayuntamiento de su
ciudad les pone un sitio donde ensayar. En otras palabras, lo que me
habría gustado a mí tener con su edad. Y cuando escribes cosas así
es cuando te das cuenta de que REALMENTE te haces mayor. Eso y el
hecho de pasarte más rato mirando lavadoras y frigoríficos que los
distintos packs de venta de la Xbox One.
Noah Histeria es el
nombre del grupo del señor Giner y es una interesante mezcolanza de
Progresivo, Metal y letras en castellano que poco a poco se está
haciendo un hueco en la escena nacional. Mantuvimos una interesante
conversación por teléfono que acabó (de forma muy resumida) en el
número 134 de la revista así como en el primer (y último por
ahora) ejemplar de RockDuro.
Prog
is my bussiness... and bussiness is good
Va a sonar a tópico,
pero una de las cosas que más me gustan de colaborar con This is
Rock es que me da la oportunidad de hablar con gente de otros países
y culturas de temas interesantes (especialmente, su música), algo
que, como ustedes ya saben, a falta de viajar por todo el mundo,
sirve como cura para la tontería y los nacionalismos. Aunque sé de
gente que por mucho que viaje, sigue siendo igual de rancia... cosas
de la vida.
Hablar con Mariusz Duda –
cantante, bajista y a todas luces Lider Supremo de los polacos
Riverside – me sirvió para recordar los años en los que veíamos
al bloque del Este europeo (y más allá) como una amenaza temible a
la que eliminar. En lugar de ver la realidad, al pueblo que las
pasaba canutas porque tras una revolución, los dirigentes habían
decidido malentender el comunismo para transformarlo en la versión
más temible de las dictaduras absolutistas. Con comités de por
medio, eso sí.
Escuchar a Mariusz
hablando de ir a los mercados para poder pillar alguna cinta grabada
con música (en Polonia, si existían las tiendas de discos durante
los 80, es harto improbable que vendiesen decadentes discos de Rock
occidental) me recordó que, siempre, no importa dónde estés, hay
un mundo completamente a unas pocas horas de vuelo. O a una media
hora andando.
Por lo demás, “Love,
fear and the time machine” es un trabajo notable cuya escucha
recomiendo encarecidamente. Sé que a más de uno le ha dado un poco
de sueño – desde luego es más suave que sus grabaciones
anteriores -, pero estoy bastante seguro de que después de la
primera escucha irán volviendo a él.
Y de Polonia a Estados
Unidos, desde allí me llamó por teléfono el gran Alan Morse,
guitarrista de los irredentos Spock's Beard. Aunque me encanta como
músico (sigo pensando que es uno de los guitarristas más
infravalorados de la historia), Alan es un hueso duro de roer como
entrevistado, personalmente creo que Ted Leonard (cantante), habría
sido una mejor elección, pero, cosas del dire de la revista... Con
todo, tuvimos un momento de recuerdo para el gran Chris Squire (Alan
había tocado con él para el concierto aniversario de Rickenbacker)
y acabamos con una entrevista bastante apañada.
De hecho, una de las
cosas de las que hablamos fue de la mala suerte que había tenido el
grupo con España. Eran uno de los nombres anunciados para el
festival Finisterrae de 2013, pero este se canceló a última hora,
algo que no impidió a Alan venirse a tocar, aunque fuese en un bar
sumándose los demás músicos que ya tenían comprando el billete de
avión o se encontraban ya en nuestro país de gira. Señalo esto
porque Spock's Beard es una banda que me gustaría ver en cualquier
próxima edición del Be Prog!
Porque, efectivamente,
allí que me planté, cámara en mano, para hacer crónica visual y
escrita (la escrita con el apoyo de mi colega Tomás Bonilla) de esta
nueva edición del festival Progresivo más grande con el que cuenta
nuestro país. Fue un día agotador, que abrió con los propios
Riverside a una hora prácticamente indecente para tocar Rock, sea
Progresivo o no. Las 16:30.
Como mi entrevista con
Duda fue después del festival, pudimos hablar de la actuación (muy
alucinante desde cualquier punto de vista) y éste me confesó que
aunque es cierto que había salido genial, él había subido al
escenario con algo de acojone porque la última vez que la banda
había tocado bajo un sol de justicia todo lo que podía ir mal, fue
mal.
No voy a contar mucho más
del festival porque ya existe una crónica (de hecho, la buena gente
de Madness Live la compartió en su Facebook), pero baste decir que
todo fue todo lo bien que cabría esperar. La única queja que se me
ocurre y es algo de lo que hablé con Tim Bowness hace poco es... que
creo que no me gustan los festivales, ni siquiera los de Progresivo.
A ver, disfruté como un
enano, ni siquiera el hecho de que a última hora los IQ (para mí,
uno de los acicates del cartel) se cayeran y fueran sustituidos por
Vincent Cavanagh en formato acústico pudo empañar una programación
envidiable. La cosa es que tantos grupos, tan seguidos acaban
agotando y uno no puede disfrutar tanto como le gustaría. Supongo
que prefiero ver a un artista tocar con su propio equipo y darse el
gusto de poner a prueba todo su set en lugar de versiones reducidas
de sus conciertos. Y si nada lo impide, repetiré en este 2016.
Es también probable que
yo andase un poco mosca porque era consciente de que al día
siguiente me iba a tocar coger un avión temprano para volver a
Sevilla, dormir todo lo que pudiese y después coger el coche para
ver a Sting en Córdoba. Sé lo que estáis pensando, “pobre Fran,
que se estresa tanto con ir a conciertos de puta madre”. Ya, ojalá
siempre tuviese esa clase de problemas todo el tiempo...
Volví de la tierra de
los califas con más sueño que un gatito al lado de una estufa y con
sentimientos encontrados. De nuevo, ya existe una crónica del
concierto en la revista, tan sólo decir que me dio mucha alegría
ver a David Sancious sobre un escenario después de haberle hecho una
entrevista hace unos años y que ojalá el de Newcastle hubiese
tocado algún tema de “The last ship”, porque de verdad que creo
que está entre lo mejor que ha hecho en toda su carrera. En fin...
Y
UN DÍA TE LLAMA TONY BANKS AL MÓVIL (OTRA VEZ)
Si a mí me ofrecen otra
oportunidad para charlar con Tony Banks, qué quieren que les diga,
yo aparto el día que haga falta para semejante menester. Oír desde
el otro lado de la línea telefónica a Tony de nuevo fue, como se
pueden ustedes esperar, magnífico, y aunque le prometí al pobre no
engancharlo durante tanto tiempo como la vez anterior... pues
acabamos con 45 minutos de charleta, vamos, hasta que la garganta del
mítico teclísta aguantó. Y eso que accedió a grabar un saludo
para el programa de radio de la revista.
Lo más gracioso fue mi
manera de pedírselo y su forma de responder, “¿Puedo pedirle un
favor?”, respuesta: “Posiblemente”. Muy inglés, supongo.
El motivo para la
entrevista en este caso fue la edición de “A chord too far”, el
cofre de 4 Cds que recopila la magnifica carrera en solitario de
Tony. Os puedo asegurar que la escucha de semejante corpus creativo
no se me hizo en ningún momento pesada (por mucho que el diseño de
estos cofres no incluya la palabra “comodidad” en su descripción
del manejo) y me sirvió para recordar un montón de buenos momentos
en los que me ha acompañado su música.
Por eso, cuando escuchas
de boca del propia artista lo triste que han sido algunas de las
ventas de sus álbumes se le cae a uno el alma a los pies. De verdad
que a mí no me termina de caber en la cabeza que un señor que está
(o estaba) en el mismo grupo que Phil Collins no haya coseguido en
algunas ocasiones el pasar la barrera de las 1.000 copias. Eso es un
golpe bajo.
Todo hay que decirlo, no
creo que se deba exclusivamente cosa del publico o de la
discográfica, Tony siempre ha sido una persona un tanto tímida (una
timidez que para algunos pasa por altivez) y sin alguien como Collins
o Peter Gabriel, el promocionarse a sí mismo siempre le ha resultado
un poco difícil. Una lástima porque en esos cuatro discos (y en las
futuras reediciones que van a venir de mano de Esoteric / Cherry Red)
hay temazos ¡A por ellos en cuanto salgan, copón, copín y copete!
A
veces sólo escribo reseñas... otras veces... pues no.
Las cosas estuvieron
tranquilas en mi frente para el número 137, salvo algunas reseñas
de discos – pueden encontrar algunos ejemplos a lo largo de esta
entrada, así como de otros álbumes reseñados por un servidor en
otros números -, pero la diversión vuelve para el número 138.
He de confesar que antes
de que se planteara una entrevista con el grupo, yo no había hecho
nunca mucho caso a Edison's Children. Sabía que era “la niña de
los ojos” de Pete Trewavas (bajista de Marillion a quién ya he
entrevistado en un par de ocasiones anteriormente), y que sus discos
habían gozado de una buena acogida por parte de los fans de
Marillion.
Pero fue zambullirme en
sus discos y descubrir mucha y buena música, así que cuando al
final las agendas de Pete, Erick Blackwood (guitarrista y al igual
que Trewavas, cantante del grupo) y de un servidor cuadraron, gracias
a la magia del Skype nos pudimos sentar para una entrevista
transatlántica (ah, qué fino puedo llegar a hilar) entre España,
Reino Unido y Estados Unidos.
El resultado final de los
90 minutos (sí, me cagué literalmente encima cuando me di cuenta
de todo de lo que tenía por transcribir) son 6 paginazas en las que
podéis descubrir muchos detalles sobre este grupo. Por otro lado,está mi entrevista por email (estaban de gira y con poco tiempo
disponible) a los tres Aristocrats, esto es, Marco Minneman, Bryan
Beller y Guthrie Govan o lo que es lo mismo, los tres músicos más
incalificables de los últimos años que cuando se juntan crean
música instrumental de alto octanaje. Casi na.
Y para seguir con algo
más de calma, en el número 139, de nuevo, me encargo sobre todo de
reseñar álbumes y de una entrevista con, oh sorpresa, uno de los
artistas cuya obra reseño. Fue otra de esas entrevistas por correo
electrónico (esta vez por falta de tiempo por mi parte) con ese
virtuoso de las 6 cuerdas que es Eric Baule, quien presenta un disco
alejado de su “banda madre”, Moonloop.
Culminando todo este
periplo vital, decir que en los últimos meses las cosas no han
estado en absoluto tranquilas en el frente “propiamente” musical
de uno. Sí, amigos, me he integrado en no sólo una, sino DOS
bandas, las cuales tendrían que haberse estrenado en directo
(contando conmigo al menos) el pasado 4 de Octubre cuando servidor
cumplió años. Y que es el motivo por el que desistí de ir al concierto de Satriani... además, ya llevaba muchos viajes "concertiles".
Por vicisitudes de la
vida, la cosa se quedó en un set reducido de “12 canciones
tristes” y en el estreno de la banda de Rock Clásico llamada
Grial, véanlo en este ÉPICO vídeo:
Al poco, por fin pude
estrenarme con la otra banda, el grupo de versiones Bitácoras, ya
saben, hagan un “me gusta” en su perfil de Facebook y no dejen de
hablarle a todos sus colegas, amigos, conocidos y familiares de la
existencia de estas dos bandas que seguro vamos a dar mucha guerra en
los próximos tiempos...