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viernes, 7 de agosto de 2015

LA VIDA ES UNA CANCIÓN LARGA





“¡Pero Fran!” - os oigo decir - “con la tirria que le tienes a Ian Anderson ¿Cómo se te ocurre llamar a una de las entradas de tu blog con el nombre de uno de sus temas”? Y mi primera reacción es responderos algo en plan “la vida está llena de estas alegres contradicciones”. Pero también es verdad que yo tampoco soy Diego Manrique y jamás he dicho aquello de “nunca me gustará la zarzuela ni Jethro Tull”. Lo mío con Anderson es antipatía personal (y tampoco tanto, es más bien una exageración en busca de un titular), pero su música me sigue pareciendo increíble, hay gente que le perdona a sus ídolos que sean unos malages, pero como Anderson nunca ha sido del todo un ídolo mío, pues... Pero “Life is a long a song” es un temazo se mire por donde se mire.



Esto también viene a cuento porque el nombre original de este post era “vuestros problemas con Muse”, a rebufo del articulo en profundidad que llenó las páginas centrales – y decoró la portada - del número 131 de This is Rock. Mi colega – y tocayo – Fran Garcia dio la impresión de ser muy consciente de la que se iba a montar cuando se publicara la revista porque comienza su pequeña biografía del grupo con un “mucha gente no considerará a Muse ni siquiera una banda de Rock”, y, por supuesto, en el muro de Facebook se lió un poco parda al publicarse la cubierta.



No sólo en las redes sociales, sino que también algunas personas cercanas a mí me comentaron cosas como “¿Esto qué es ahora, la Super Pop?” Lo cual demuestra el viejo adagio según el cual, basta con tener éxito para que todo el mundo te desprecie. Vamos, como me pasa a mí con Bon Jovi.


En realidad es que a mí me cuesta recordar más de dos canciones de Bon Jovi que no sean una balada. En perfecto castellano, por supuesto.



Ya no se trata sólo de que muchos pongan en duda las credenciales rockeras de Matt Bellamy y los suyos, sino que además tenemos a los que se meten con Muse por el hecho de ser medianamente progresivos. Lo cual ya es de traca, o sea, los fans del género nerd por excelencia – Paco Fox dixit y Rush lo confirmó años ha, en el vídeo de “Subdivisions”- se quejan siempre de la marginalidad que tiene el estilo en los medios, del maltrato de la crítica, etc... Y llega un grupo que admite sin problemas las influencias de los temas épicos de 20 minutos pero, claro, como llenan Wembley (qué gran entrada con ese “Romeo y Julieta” de Prokofiev sonando por la PA, tan exageradamente ridícula que sólo puede ser buena) y se ponen un poco de moda, pues hay que machacarlos ¿No?



Y la cosa es que ni siquiera una cuestión española, esta reacción también la suscita Muse en el Reino Unido en los EEUU y, me imagino, que también por el resto del mundo. Lo cual desencadena las típicas discusiones entre los aficionados a la música que en realidad no llevan a ninguna parte, porque la gente que se pone a discutir de música en las redes sociales (o casi en cualquier parte, ya que nos ponemos, lo que pasa es que por escrito todo gana en gravedad), no quiere un “debate sano y abierto”, sino que se confirme que tienen toda la razón, ergo, todos esto suele terminar en un “¡Tú no tienes ni puta idea!” Muy habitual entre los aficionados de la música en general, y del progresivo en particular. Olvidándose todo el mundo que, hoy en día, deberíamos ser conscientes de que se ha compuesto y publicado tanta música en este universo, que resulta imposible abarcarlo todo. Y recordad, las etiquetas están para ayudar a la hora de describir, no para crear ghettos. La música no se califica ni siquiera en “buena” o “mala” sino en “me gusta” o “no me gusta”. O como una vez escribió Robert Fripp “a veces, sólo se puede decir algo como ¿Te acuerdas de cómo fue escuchar “Purple Haze” por vez primera?” Pues eso.



En todo caso, y como yo también dije en Facebook – antes de que protestéis , lo puse en mi muro, no me metí en ningún debate -, a mí – el “a mí” es para dejar patente que fue un testimonio de primera mano, no por darme importancia -, el señor Steven Wilson me comentó que consideraba a Muse y a The Mars Volta como bandas con elementos progresivos ¿Qué más queréis? Si un señor a quién Robert Fripp o Ian Anderson eligen para remezclar sus trabajos dice algo así, yo no me veo en la potestad de llevarle la contraria, sinceramente.



Muy bien pero creía que esto NO era “vuestros problemas con Muse”.

Muy cierto, la cosa de llamar a este post “la vida es una canción larga” está relacionada con el hecho de que escribo cosas en el bitácora con cierto retraso, algo por lo que me gustaría pedir disculpas, (a los cuatro gatos que me siguen) como cierto meme que circula por ahí con la efigie de Willy Toledo.

La cuestión es que llevo una temporada en la que he pasado por suficientes altibajos como para transformarme en una maníaco depresivo. “Pero Fran” - os oigo decir, one more time - “nosotros pensábamos que ya eras un ciclotímico”, a lo que yo sólo puedo responder:

(que os jodan)

Desde el cariño y el respeto. Siempre.




Pero la mezcla de cosas en las que me involucro yo solito y aquellas que se presentan sin pedir permiso, pues desembocan en que mis actualizaciones sobre lo que hecho en la This is Rock (que, admitámoslo, es en lo que prácticamente se ha transformado este bitácora, junto con la promoción de mis conciertos, de lo cual hablaré en breve), se vayan a transformar, en este caso, en un 2x1... cercano a un 3x1!

Pero antes...

La gallina está curada, o eso cree ella.

Pues los vecinos no vinieron a cortarnos la cabeza ni mandaron a la policía. Y además he de decir que salí bastante contento de la versión “reducida” de mis “12 canciones tristes” que se produjo en el nervionense café cultural “La gallina en el diván”. Así que, para variar, si está usted leyendo estas líneas y no estuvo presente, pues mal, muy mal. Pero, por suerte, servidor ha podido rescatar por lo menos un vídeo de la actuación, así que ya saben, como dicen en una web que sigo sobre temas freak (sita en Sudamérica), “apliquen play”.



Aunque he de decir que al final no hubo la sesión de “preguntas y respuestas” de la que avisé en la entrada anterior, me sentí bastante cómodo y la gente pareció pasárselo bien.

CUAL DROMEDARIO EN EL DESIERTO

Puede parecer increíble, pero los aficionados del progresivo no sólo nos dedicamos a discutir sobre si Muse encajan o no en el género. Eso sólo es algo que suele propiciar la desconexión emocional de Internet, generalmente, cuando nos encontramos, lo primero que se nos ocurre decir es “¿Has oído a...?” En otras palabras, la recomendación de otros grupos suele ser la primera bala de nuestro revolver conversacional. Porque al igual que El Rocio (o eso dicen), “el Progresivo es compartir”. Bien pensando, casi toda la música es compartir, como bien nos enseñó en su día Napster, y hemos sido unos alumnos especialmente aplicados en este tema...



Pero no nos desviemos más de lo necesario, todo lo anterior viene a cuento porque, cuando yo empecé a ir a conciertos de Progresivo, los freaks como yo, pero más experimentados, solían lanzar el nombre de Camel con una reverencia sorprendente. Sorprendente para mí, puesto que, salvo algunas menciones en algunas biografías sobre otras bandas del ramo, el nombre de Camel rara vez salía a relucir en la prensa musical.



El ostracismo reservado a Andy Latimer – guitarrista / alma del grupo – y a las múltiples formaciones por las que ha pasado Camel me chocaba mucho. Pero por otro lado, y reflexionando sobre el tema, puedo entenderlo.

A ver, el mayor “problema” con Camel es que su música nunca fue tan radical como la de King Crimson, ni tan virtuosa como Yes, ni tan misteriosa como Pink Floyd, ni tan teatral como la de Genesis. Podían tener sus momentos en los que podían rivalizar con todas las características mencionadas, pero por lo general, el sonido Camel es sobre todo algo emocional. No son pocas las personas que afirman que el toque a la guitarra de Latimer les puede producir un buen derramamiento de lágrimas.



También hay que tener en cuenta que Camel llegaron a un cierto éxito comercial un poco después al resto de las bandas clásicas del Progresivo con lo que la prensa se quedó con el detalle de que, desde cierto punto de vista, aparecieron un poco tarde y aprovechando el empuje de sus coetáneos. Para rematar su música era un tanto demasiado suave, un tanto demasiado gentil como tener cabida en publicaciones especializadas. Incluso las revistas de Metal (durante años, uno de los pocos recovecos en los que se podía encontrar Progresivo en prensa escrita) lo tenían complicado para hablar de Camel sin dar la impresión de que se trataba de la cerdita Peggy haciendo una visita guiada a una fábrica de Campofrío.

Objetivamente, por supuesto, todas estas motivaciones son absurdas ¿Por qué demonios, el Popu, el Ruta o la (ya extinta) Rolling Stone no podían dedicar algo más de un párrafo o una furtiva reseña a lo que muchos consideraban un grupo imprescindible del Progresivo y de la Historia de la Música en general?

Esto ha cambiado, en parte porque, como ya he comentado en algunas ocasiones, hay un cierto impulso en los medios de reconocer las aportaciones de la música progresiva. Y también por una crueldad muy cierta del mundo de la música: no hay nada mejor para que la gente te aprecie que el hecho de estar a punto de morirte. Aunque Scott Adams es menos clemente con el tema, afirmando que nada le gusta más a un editor que un escritor que va y se muere. Si el luctuoso suceso se produce durante una gira promocional, ya ni les digo, sobre todo si le da EL parraque durante una multitudinaria firma de libros, con cámaras de televisión grabando y tal.



Con todo, el desorden sanguíneo y el prolongado – además de exigente – tratamiento para el mismo que tuvo que sufrir Latimer no es cosa de risa. Tal y como escribo en el prólogo de mi entrevista con el líder de Camel, muchos aficionados a la música del inglés recibíamos con una mezcla de aprensión y esperanza las actualizaciones sobre su estado de salud.

Pero Camel volvió, y aunque dicha vuelta fue como una representación de su música – tranquila pero el mismo tiempo vibrante -, consiguió colgar el cartel de “entradas agotadas” en no pocos recintos. A la banda le había llegado el reconocimiento para actuar en cómodos teatros, por mucho que después algunos se lleguen a cerrar por motivos un tanto absurdos.

Y no sólo eso, que son merecida cabeza de cartel de la segunda edición de el festival “Be Prog!” Si un festival de Progresivo en plena Barcelona no es suficiente prueba de que algo se mueve en mi género favorito, pues... ya no sé qué puede serlo.

De hecho, su participación en dicho festival fue la motivación principal para nuestra entrevista. Como viene siendo (afortunadamente) habitual con las leyendas vivientes de la música, Latimer fue un encanto de persona, transmitiendo la sensación de ser alguien con un optimismo casi inquebrantable. Lo cual no es poco teniendo en cuenta las desgracias que han sacudido el mundo – musical y personal – de la banda.

Además del fallecimiento, en 2002, del gran teclísta Peter Bardens hay que sumar que poco antes de nuestra conversación, el cantante Chris Rainbow también se despedía de este mundo a consecuencia del Parkinson, o que el también teclísta Guy Leblanc nos decía adiós por culpa de un cáncer. Qué extraño es ahora ver el vídeo en directo “In from the cold” en el que Leblanc aparece con un vigor casi juvenil al tocar las notas de tantos temas memorables. He de reconocer que esta muerte me cogió por sorpresa y la encontré especialmente triste. Ni siquiera logro recordar si sucedió después de que se publicase la entrevista o después de enviársela al director, pero desde luego es una lástima no haberle podido hacer un homenaje en dicha entrevista.

Volviendo a Latimer, tan sólo me queda decir que si hay alguien que se merece un reconocimiento mayor del que tiene, es él. Una persona capaz de ser amable conmigo después de escuchar una versión mía de uno de sus temas a través del teléfono sin montar en cólera merece por lo menos una estatua en la plaza mayor.

Ah, si no os comprásteis la entrada para el Be Prog! No sé qué coño estáis haciendo leyendo este bitácora.

El disfrute del sonido azul que se sale por la tangente, con el Gran Elfo escuchando discos en directo.



Tranquilos, que ni me ha dado por Cristian Castro ni me he comido las setas alucinógenas caducadas que tenía en la nevera (lo de las setas es BROMA ¿Vale? BROMA, no manden aún una patrulla a mi casa), pero como ya les comenté esto iba a ser un 2x1, y qué mejor forma de rematarlo que juntando el resto de mis colaboraciones en un solo epígrafe. Así que me he puesto las dos revistas al lado del notebook; según paso las paginas señalo qué lleva mi firma y añado algún enlace de reseñas que se pueden encontrar en los números de Mayo y Junio.



Lo primero que me encuentro es mi rápida entrevista a Anadele, cantante y guitarra de los magníficos Jolly con quien pude hablar 10 minutos antes (literalmente) de su actuación en la sala Copérnico. Nunca me cansaré de defender la dilogía “The audioguide to happiness” y fue un placer charlar – aunque fuera de forma tan breve – con un tipo tan simpático como Anadele.



Igualmente, siempre seré un gran defensor del toque melódico a la guitarra de Phil Manzanera. He de decir que su nuevo “The sound of blue” me gustó desde la primera nota y que tenía al músico en mi lista de “artistas a los que un día me gustaría entrevistar”, y aunque resultó un poco raro mantener la entrevista en castellano (creo que para Manzanera también lo tuvo que ser porque de vez en cuando le fallaba el vocabulario, supongo que son ya muchas décadas acostumbrado a hablar en inglés casi todo el tiempo), nos las apañamos para repasar muchos temas, con una inusitada sinceridad, todo sea dicho. Ya sólo me falta el resto de Roxy Music...



Seguimos para Bingo (o puede que sólo para Línea, depende de cómo se mire) con Andy Tillison. Como ustedes ya saben, con músicos como Arjen Lucassen me encuentro cara a cara con el caso del artista que me encanta como persona pero no consigo conectar con su música. Al revés que Ian Anderson (bueno, cada vez me cuesta más conectar con los nuevos proyectos del líder de Jethro Tull), o, en el caso de The Tangent (banda que lidera Tillison), pues sucede un 50%



Y es que con Tillison tengo un serio problema de irregularidad, que con el último disco se exagera cosa fina. Aunque no firmo la reseña publicada en la revista, os puedo decir tranquilamente que poco tiene que ver con mi opinión. Desde mi punto de vista, lo realmente interesante de “A spark in the aether – The music that died alone Part II” empieza a partir de la segunda mitad, cuando Andy y sus músicos se empiezan a desmelenar, dejando aparte la herencia de los Genesis de finales de los 70 y de UK.



Lo mismo se podría decir de una conversación con Tillison. Durante un rato hay algo de tensión, pero después la cosa se relaja. Creo que en parte eso se debe a que Andy es un tipo un tanto obsesivo (manda cojones que yo precisamente diga eso de alguien) y hasta que no deja clara la idea que intenta vender, pues como que no para. Una vez que nos pusimos a hablar de otras cosas que no eran el disco nuevo, todo fue mucho mas fluido. Al final fue una conversación muy placentera, y me ha dado mucha cosa cuando, unos meses después ha tenido que ser ingresado en un hospital a causa de un infarto, pero parece que todo ha quedado en un susto.



Y pasamos al número 132, cuyo principal atractivo fue el MACRO artículo sobre álbumes en directo, un género que suscita pasiones entre los aficionados a la música, tantas como recelos. No en vano muchos opinan que buena parte de los “discos en vivo”, las más de las veces tienen poco de “en vivo”. Mezclando anécdotas personales, investigación y numerosas escuchas, creo que el reportaje parido por los colaboradores de la revista quedó bien digno.



Y por supuesto, no puedo (ni debo) olvidarme de mi entrevista con el Gran Elfo, el señor Damon Fox, realizada en las escaleras de la madrileña Sala Copernico. Este es el glamour del Rock, señores... ¡Y no se me pueden olvidar mis reseñas de los conciertos en Sevilla de Barón Rojo y de Wilko Johnson!



Por cierto, todo parece indicar que mi próxima entrada sobre mis colaboraciones en This is Rock va a ser otro 2x1...¡Necesito días de 48 horas!




sábado, 17 de enero de 2015

PEQUEÑAS COSAS QUE MERECEN LA PENA: ALGO MÁS QUE “EL PRIMER GUITARRISTA DE GENESIS” (y otros músicos respetables en el This is Rock de este mes)





….bueno, vale, a lo mejor me estoy pasando de romántico. Lo cierto es que en Junio de 2009 yo me encontraba en el bar / cafetería del hotel AC de Las Palmas de Gran Canaria, y sentados delante de mí, un señor con un ron con cola sobre la mesita que tenía al lado, y no muy lejos, andaba su (por aquel entonces) futura esposa, Jo.

 - Entonces va Peter y nos dice "He visto El Topo  de Jodorowsky y creo que podríamos a hacer lo mismo pero con música, se va a cagar la perra".


El señor respondía el nombre de Steve Hackett, y es, en mi humilde opinión, el mejor guitarrista de la HISTORIA. A ver, sí, están Vai, Beck, Zappa, Holdsworth, Howe, Clapton... todos son increíbles, pero aquí hablamos de cómo nos transmite, de formar personal lo que hace un señor en particular con su música.



Como comenté en una “Megacrónica” que escribí sobre aquel viaje (y que sólo han leído algunos alegados, por aquello de proteger a la humanidad de tanta sensiblería), yo salí de aquella charla – una de mis primeras colaboraciones con This is Rock, por cierto -, sintiéndome más alto, o, más bien, con los pies a unos centímetros del suelo. Háganse a la idea, no sólo tuve 45 minutos de pura entrevista y otros 30 de simple conversación con el músico que me impulsó a coger una guitarra (tal y como le hice saber). Sino que también me firmó los dos vinilos de sendas obras maestras y, como propina, me dijo a la cara que debía subirme a un escenario. Copón, si todavía al escribir esto y recordarlo me entra un escalofrío. Después se preguntarán por qué ADORO a Steve Hackett.

'Cos this is how I FUCKING roll


Aquella fue la primera vez que entrevisté a un miembro de Genesis y... pensaba que ahí quedaría la cosa, la verdad. Poco podía adivinar yo que, acabaría por hablar con casi todos los que han formado parte del grupo... salvo los dos calvos que, casualmente, cantan. Y créanme, se ha intentado, pero hay tantísimas capas de representación por atravesar que resulta casi imposible... ¡Pero aún no he tirado latoalla! En todo caso, aún quedan también músicos que les han acompañado en muchas giras como Chester Thompson, Daryl Stuermer u otros colaboradores que seguro también tienen una buena entrevista.

En todo caso, tengo que admitir otra pequeña derrota, aunque hay gente que me ha llegado a llamar “el mayor fan de Genesis” (afirmación absurda, porque siempre hay gente que te va a ganar por la mano esa supuesta competición), incluso a mí se me pasó destacar la carrera en solitario de Anthony Phillips durante el especial de RadioSubterranea. Imperdonable.



Pero en los numerosos documentales – incluido el último “Sum of the parts”, reseñado en la revista de este mes – también se obvia su corpus creativo, algo que también me parece del todo imperdonable. Pero me exime de algo de culpa.



Para solucionarlo, en cuanto supe que una remezcla en 5.1 de su primer álbum – el INCREÍBLE “The geese and the ghost” (1977) – estaba preparándose, empecé a dar la tabarra al dire con que había que entrevistar a Phillips. Lo que no me esperaba es que la buena gente de Esoteric además enviasen una copia de la lujosa antología “Harvest of the heart”. Ou yeah.



Y qué puedo decir, a través de la pantallita de mi móvil – en ese momento, mi único dispositivo con Skype – podía ver a Phillips, desde su estudio, rodeado por sus innumerables guitarras, desgranando sus aventuras en el negocio musical e ignorante de que yo estaba al borde del colapso.

Lamentablemente, no era por la emoción. Aunque he de decir que en mi cabeza se repetían las mismas frases que cuando tenía a Hackett delante mía - “es él, el tipo que tantas veces has visto hablando por televisión en tus uvehacheses y deuvedéles ¡Y está hablando contigo!” - lo cierto es que esta conversación fue la primera que se produjo el día del pasado verano que fui víctima de un absurdo... ¿Resfriado? Niños, NO os vayáis a la siesta con el aire acondicionado puesto. Uno de esos consejos de Francisco Roldán que no os van a costar dinero pero que valen mucho.



Lo peor es que, a base de no cuidarme, aquel día había llegado a un estado físico deplorable, de hecho, durante la charla, llegué a sentir ciertas nauseas. Y ahí es donde una voz dentro de mí entonó una plegaria “Por favor, Señor, no permitas que vomite mientras hablo con Anthony Phillips, sobre todo cuando él puede verme (creo) a través de la cámara”. Y mis plegarias fueron escuchadas.




También fui afortunado porque algunos colegas, más expertos en la magnifica carrera de Phillips que yo – entre ellos, la gente de Vicisitud ySordidez -, mandaron preguntas muy interesantes. Aunque aún estoy intentando asimilar qué quería decir Ant (como le gusta que le llamen) cuando, al terminar, me dijo “Thank you so much Francisco for the interview, you're a darling”. Y como dice en la entrevista, me invita a un té por si alguna vez estoy por Londres, pobrecito, no sabe a lo que se expone...

Como ya he dicho algunas veces, 6 páginas en una revista de tirada nacional y 400 palabras para reseñar la nueva caja: más no puedo hacer para promocionar la música de este hombre en mi país, salvo un espacio en prime time televisivo. Y si pudiese, lo haría ¿Qué es eso de que quitan un programa en Tele5?

Mis problemas con Ian Anderson

En este blog hemos hablado mucho, MUCHO, del flautista y de la banda que ha liderado durante décadas. Soy ventilador (como diría Supersantiego) de lo que ha hecho, hace y, probablemente, hará. Pero, tal y como cuento en la entrevista, Anderson no es fácil como entrevistado.

Hasta cierto punto, es algo que puedo entender. Ian, durante buena parte de su carrera, ha sido vilipendiado por la prensa musical de su país. De hecho, en “Warchild” (1974, y cuya reedición en formato de lujo fue el motivo de la entrevista) llegó a responder, a través de una de sus canciones, al severo ataque de un periodista.



Entiendo que eso le ha ayudado a desarrollar un caparazón bastante denso para protegerse de cualquier incidencia. Y no es que sea borde ni nada por el estilo (de hecho, me cuesta pensar en un músico más educado a la hora de hablar), sino que opta por una solución mucho más salomónica: habla por los cuatro costados. En serio, un montón. Para cuando te quieres dar cuenta, ya ha pasado la mitad del tiempo designado para la entrevista y no has hecho más que una pregunta. Como era algo que ya me esperaba después de nuestra cita telefónica para discutir sobre “Homo Erraticus” (2014), he de reconocer que, en esta ocasión, no me preparé más de 5 preguntas. En claro contraste con las 20 que suelo tener en al recámara.



Nada de esto quiere decir que lo que cuenta Anderson no sea interesante, muy al contrario, y siempre es estimulante escuchar a una leyenda de la música... por mucho que no te deje meter baza en la conversación. Pero bueno, yo soy de los que piensan que una conversación en la que se nombra a los Monty Python es siempre una conversación molona. Ah, y también pueden leer (en la revista) mi reseña destacada del “cofre” (como dicen en Fnac) de “Warchild”. Otro lanzamiento altamente recomendable.

Within Temptation

Si no me equivoco, segunda ocasión en la que entrevisto a una mujer para la revista, lo cual, teniendo en cuenta los géneros por los que me muevo... es una proeza. Tal y como cuento en la revista, Sharon den Adel (vocalista de WT) es increíblemente simpática y fue un auténtico placer hablar de ella del papel de las mujeres en el Rock, su visión sobre la escenografía, la evolución musical del grupo... de hecho, antes de colgar, Sharon me agradeció la entrevista porque habíamos cubierto muchos temas muy variados. Demonios, alguna vez me tendré que poner alguna medalla ¿No?



Además, durante los primeros minutos de conversación la pobre tuvo auténticos problemas para encontrar el programa de actos promocionales del día, con lo que se retrasó mi turno de preguntas, el cual ella no tuvo problemas en ampliar. Lo dicho, una mujer con clase, casi no daba la impresión de que estuviese promocionando el nuevo CD/DVD/BR en vivo “Let us burn”. Como ya dije en mi reseña de “Hydra”, los Within Temptation nunca van a destacar por ser sutiles. Pero si son habituales del blog, ya sabrán que aquí somos más de la épica descontrolada.

Kaipa

Y si usted está leyendo estas lineas, puede que, como yo, fuese lector habitual de fanzines de Progresivo a finales de los 90 / principios del siglo XXI (ah, como me gusta poder escribir esa clase de oraciones, es tan Ciencia-Ficción....), si es así, le acompaño en el sentimiento. Tonterías aparte, si usted leía cosas como “El Mellotron”, “Lunar Suite / Waves” o “Atropos”, lo más probable es que acabara con la sospecha de que los países del Norte y Este de Europa se estaban transformando en una especie de reserva espiritual del género, por la cantidad y calidad de bandas que surgían de Suecia, Polonia, Noruega u Holanda.



Eso era antes de darnos cuenta de que, en muchos casos, la pasión por un sonido retro y la estructuración clásica de los temas (por “clásica” léase “como lo harían Genesis, Yes o King Crimson en los 70”) acababa pesando mucho en estas formaciones.

Independientemente de este hecho, lo cierto es que los nórdicos han desarrollado su propio sonido, que podrá gustar o no. A mí me gusta, mucho, pero también es cierto que veo venir el desarrollo de las canciones a una milla de distancia. Lo más gracioso es que Hans Lundin (teclísta y cerebro de Kaipa) entró en el Rock casi a la vez que la bandas que conformarían el particular podio del Progresivo. La historia de Kaipa se remonta a los primeros 70, siendo uno de los primeros grupos del género del país y contado a la guitarra por aquel entonces con un señor llamado Roine Stolt que a lo mejor le suena a alguien...



“Sattyg” es el nuevo lanzamiento del grupo y pude hablar con Lundin sobre el tema. Escuchándole, y sobre todo a la hora de transcribir sus palabras, recordé la definición que algunas personas han hecho de Jon Anderson en el pasado “el hippie con guante de hierro”. No creo que Lundin llegue a esos niveles, pero desde luego da la impresión de ser una persona que, si bien pone toda la pasión en lo que hace, tiene los pies en el suelo.

Tú dices potato (AC/DC), yo digo poteito (Big Elf + Jolly + Bend Sinister)

Además de mis diversas críticas en la revista, también podrán encontrar fotos y mi reseña del concierto que dieron el triple cartel de Big Elf, Jolly y Bend Sinister en la madrileña Copernico, del cual aquí tienen algunos descartes fotográficos que no han terminado en las páginas.



No voy a hablar del concierto en sí, pero hay un par de ideas que me surgieron durante el mismo. Primero, cuando hace cosa de un año estaba flipando (literalmente) con “The Audio Guide to Happiness part 2” de los Jolly, poco me podía imaginar que iba a acabar coreando – a la vez que los otro cuatro locos que nos gusta este grupo – cosas como “Dust  nation bleak”. Aunque me gusta mucho Big Elf (y sobre todo su último “Into the maelstrom”), la inclusión de los neoyorquinos en el paquete de la gira fue lo que me hizo decidirme para pedir la acreditación. Más aún que la presencia de Mike Portnoy o John Wesley (en este gira, al menos) en el grupo comandado por Damon Fox.

El bajista de Bend Sinister, estirando los límites del recinto


Segundo, hace algunos años vi a Jon Anderson en la misma sala, con su show en solitario. Era un auténtico lujo ver a alguien así en una entorno tan íntimo, a escasos centímetros de ti. En cierta forma era normal, acompañado sólo por una guitarra, un piano y algunos samplers – amén de proyecciones varias -, Copernico era un entorno más o menos aceptable para un concierto de ese tipo, aunque unas sillas tampoco hubieran estado mal.



En el caso de estas tres bandas, no es que el entorno estuviese mal, de hecho, diría que funcionaron bastante bien. Para mí lo ridículo de la situación era otra cosa. Ahí estábamos, viendo a una serie de artistas de un calibre impresionante, tocando en un escenario minúsculo mientras que propuestas mucho más convencionales – Bunbury, Fito & Fitipaldis o Extremoduro son los primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza – llenan polideportivos. Cuidado, no desmerezco la calidad de esos nombres, y uno no puede obligar a la gente a que le gusten ciertos estilos por el mero hecho de que uno los considere más desafiantes.



Pero después pasan cosas como las de AC/DC.

De nuevo, yo no osaría afirmar que los australianos no son una gran banda, joder, si yo también creo que cualquier película mejoraría con su música de fondo, pero estoy bastante seguro de que un alto porcentaje de las personas que han agotado las entradas para su bolo en Madrid (y el añadido por el éxito de ventas) no tienen ni un sólo disco suyo en casa. Vamos, ni en casa, ni en el portátil ni en el móvil ni siquiera creo que hayan escrito su nombre en el motor de búsqueda de Spotify. Tal y como se cuenta en un artículo (lo siento tío, sigo sin poder encontrarlo, si ves esto, mándame un link a tu blog, por favor), son la clase de personas que sólo tienen un interés tangencial en la música, que lo mismo van a un concierto de AC/DC como a uno de los Rolling o Melendi por el mero hecho de poder ponerse la medalla de haber estado, hacerse un selfie y subirlo a Instagram. Actitud que me parece una mierda.


AC/DC va con todo, TODO.


Pero los tres sets que se pudieron ver por apenas 20 pavos en la sala sita en Moncloa fueron la polla. Y este es el tipo de lenguaje que sólo me permito usar en el blog. Que para algo está. Copón, copín y copete.


Hasta la próxima.

lunes, 31 de marzo de 2014

… Y UN DÍA TE LLAMA MIKE OLDFIELD AL MÓVIL (+BIG ELF, MAGNUM, DEVIN TOWNSEND Y SYNAESTHESIA)





“Hello, this is Mike”, con esas palabras, todo el cinismo rampante que yo había demostrado en mi reseña de la autobiografía de Miguel Campoviejo desapareció, como Renée Zellweger en “Jerry Maguire”, ya saben, “ya me tenías con el hola”.


Bueno, vale, a lo mejor no fue tan así, ya que llegué a reunir la suficiente calma como para comentarle al creador de “Ommadawn” que su “Heaven's open” no era precisamente, desde mi punto de vista, una de sus mejores obras, afortunadamente, él no estaba muy en desacuerdo. En todo caso, el momento para la fan histérica que habita dentro de mi ya tendría ocasión para aparecer en toda su gloria más tarde. Algo de lo que hablaré, efectivamente, más tarde.

Pero como ya hice en el caso de Tony Banks, esta entrada en el blog no va a ser la entrevista en sí que pude hacerle a Oldfield, ya que por cuatro sencillos euros (gastos de envío incluidos), ustedes pueden tener en casa el fabuloso número 118 (Abril de 2014) de “This is Rock” que incluye no solo declaraciones del bueno de Mike sino también un montón de excelente contenido, y no, no lo digo por aquellos de los que soy responsable. No sólo, al menos.


Estos son los extras, las tomas descartadas, los “outtakes”, el cómo se hizo de una de las entrevistas que más ganas tenía de hacer.

Verán, tengo la más que segura sospecha de que todos los que nos dedicamos a esto del periodismo musical (¿A quién se le ocurre semejante idea?), ya sea a un nivel u otro, tenemos una lista de gente a la que nos gustaría plantarle un micrófono / grabadora / móvil delante para hacer esas preguntas que, pensamos, nadie les ha hecho nunca. A veces, cuestiones tan propensas a momentos de tensión como “¿Cuál fue el auténtico motivo por el que tu grupo se separó?” u otras tan vitales para la humanidad como “¿Qué efecto de pedal usaste para el segundo solo de guitarra en la cara B de aquel single que solo se editó en Benelux?” Sí, lo han adivinado, yo soy de los que a veces encuentran más interesantes las preguntas del segundo tipo.


En el caso de Mike Oldfield, estaba dentro de esa serie de nombres que poco a poco he conseguido tachar de mi lista secreta, entre ellos, y con mucho orgullo, puedo incluir a Steve Hackett, Tony Banks, Peter Hammill, Adrian Belew, John Wetton, Tony Levin, Steve Gadd, Steve Hogarth, Mike Portnoy, John Petrucci, Mark Kelly, Steven Wilson o Neal Morse.

En el caso de Campoviejo, además, había un cierto ingrediente de envidia, a veces sana, otras no tanto.

Verán, considero a Mike Oldfield como un estilo musical en sí mismo y uno de los compositores más importantes de LA HISTORIA, lo cual, insisto, no es óbice para admitir sus meteduras de pata. El músico siempre ha tenido una buena relación con España por varios motivos, entre ellos porque nuestro país, junto con Alemania, se ha vuelto uno de los mejores mercados para su música, aquellos en cuyas listas de ventas sus álbumes se mantienen semanas y semanas en buenas posiciones. De hecho, cuando fijó su residencia en Ibiza, era relativamente fácil ver a Oldfield promocionando sus discos en los medios nacionales. En ese sentido, mi envidia nació de ver cómo Mike era entrevistado en la Gaceta Universitaria durante mis años de facultad. “Un momento ¿Por qué esta chica (recuerdo que era una mujer, de hecho, es posible que por ahí tenga guardada la pagina o hasta el ejemplar entero) puede hablar con uno de mis ídolos y yo no?”

La envidia malsana me llegó años después con otra interview publicada en el suplemento dominical de ABC de la que ya hablé en el post sobre “Changelling”. Mike acababa de lanzar su “Music of the Spheres” con orquesta, un proyecto al que se le podía sacar mucha chicha, ya que había contado con Karl Jenkins como colaborador. Admito que son la clase de datos que, probablemente, solo pueden interesar a los fans de la rama dura, pero ¿De verdad es necesario dar explicaciones sobre cómo empezó la carrera de Mike Oldfield más allá de un par de líneas? ¿Acaso no existimos en un mundo con Google?


Lo peor es que la persona que habló con Mike parecía estar especialmente interesada en averiguar aspectos de la vida privada del músico – básicamente, sobre si había ligado durante su estancia en Ibiza y los medios para tal fin -, echando a perder una gran oportunidad para hablar de muchas otras cosas. Una demostración, siento decirlo, de periodismo de mierda. Y no se trata de ser proteccionista con alguien a quien admires, yo ya mostré mi decepción con que Oldfield asegurara que las drogas y el desequilibrio emocional estuviesen detrás de sus mejores obras. Tampoco me duelen prendas para hablar de cuando el creador de “Tubular Bells” estrelló su coche – conduciendo borracho -, contra el muro de su residencia balear. Esos son hechos fácilmente contrastables, están ahí, no creo que Mike se sienta especialmente orgulloso de ellos y, a fin de cuentas, no me dicen gran cosa sobre su música. Ni, lo han adivinado, sobre qué pedalera está usando hoy en día.

Así que en cuanto supe que nuestro amigo Miguel iba a sacar nuevo disco, hice todo lo que estaba en mi mano para conseguir una entrevista, pero he de decir que si no fuera por el director de This is Rock, no habría llegado a buen puerto. Ahora permitan que me deje llevar por el sentimentalismo barato, pero siempre recordaré la llamada en la que se me comunicó la noticia.

  • TiR: ¿Estás sentado?
  • Yo: Sí (de hecho estaba en el cine, mientras pasaban los anuncios previos a la proyección de “Operación sombra”, porque Jack Ryan siempre mola, incluso con un actor shakespeariano poniendo un acento ruso más chungo que un tetra brik de leche podrida).
  • TiR: El señor Oldfield te llamará dentro de un par de semanas a las 16:00.
  • Yo: szlktzothf0iwthhg40h!!!!!!!


Quizás tuve una reacción un poco más articulada, pero no consigo recordarlo con claridad. Sólo sé que “Operación sombra” me pareció magnifica, aunque es probable que, después de la noticia, me hubiese tragado una hipotética trilogía de cine compuesta por “Cabeza Borradora”, “Fando y Lis” y “La cinta blanca” como si fueran una colección de thrillers a toda mecha. O habría admirado los excelentes guiones de toda la saga de “The fast and the furious” si me las hubieran puesto. En su totalidad. En orden inverso.


Decisiones, decisiones...

Después de la sorpresa y la alegría viene el acojone ¿Y ahora qué le pregunto? ¿Será simpático? ¿Le cogeré en un mal día? Y ya entrando en los territorios de la más pura paranoia... ¿Habrá buscado el nombre de los que van a entrevistarle, ha encontrado mi blog y con la ayuda del Google Translate ha interpretado que yo también voy a concentrarme en un montón de aspectos negativos?

Lo peor no es sólo esto, sino que Anil Prasad, responsable de la muy recomendable web de entrevistas con músicos “Innerviews” había puesto el listón muy alto con su última entrada sobre Oldfield, sobre todo teniendo en cuenta que había logrado el particular hito de prácticamente no hacer preguntas sobre “Tubular Bells”. Más o menos, yo también lo conseguí.

Inciso: Aunque admiro profundamente la labor de Prasad, y ha editado una magnifica compilación de sus mejores entrevistas en un más que recomendable volumen, lo tengo de amigo en Facebook y trollea como el que más. Por no decir que estoy en profundo desacuerdo con muchas de sus opiniones sobre el negocio de la música e incluso la ética laboral. Fin del inciso.

En todo caso, la fecha de la entrevista se acercaba, y yo, entre la incredulidad (no sería la primera vez que, por equis motivos, una conversación con algún músico no se produce) y el plantearme qué cosas me interesaban más como fan, qué cosas iba a ser redundante preguntar, qué cosas le podrían interesar a otros fans de Oldfield y, por supuesto, qué cosas del nuevo álbum se podrían sacar a relucir. A fin de cuentas, Mike no iba a llamarme para preguntarme por el mejor sitio donde ponen cruasanes a la plancha con mantequilla en mi barrio, él quería hablar de su libro. O sea, de su disco.

Aquí tampoco voy a hablar sobre “Man on the rocks” porque mi reseña también se incluye en el TiR, digamos que no soy tan radical como Cronopio en Hipersónica, y que conste que un señor que tiene como imagen de perfil a Peter Gabriel vestido con su disfraz de Magog, tiene todo mi respeto de entrada. Y acabo de lanzar una referencia que no va a pillar casi nadie.


Llegó el día y la hora de la entrevista, yo, desconfiado de la puntualidad, estaba apuntando unas posibles letras en la aplicación “notas” de mi móvil, eso fue a las 15:59, aún no había cambiado el reloj a las 16:00 cuando un número anormalmente largo apareció en la pantalla ¿Perdí quizás un posible número uno por culpa de Mike Oldfield? Nah, después me acordé y seguí escribiéndola. Aunque era un buen titular, tengo que admitirlo.


Una cosa sobre Miguel es cierta, y fue un detalle que se me quedó de aquel número de la Gaceta Universitaria: Oldfield se ríe mucho. Él mismo se define como una persona “hipersensible”, con grandes subidas y grandes bajadas emocionales, así que, supongo, si algo le parece divertido, le parece MUY divertido y si algo no le hace gracia, no le hace NADA de gracia.

Como os podréis podido imaginar, una conversación telefónica no es algo tan cómodo como hablar alrededor de un café o un ron con cola (no todo el mundo es Steve Hackett ¿Os he dicho ya que ADORO a Hackett?), incluso Skype tiene una mejor calidad sonora, pero Mike lleva años ya viviendo en Las Bahamas, de donde es muy complicado sacarle, a menos que, como él mismo dice, le organices una ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos dirigida por Danny Boyle. Lo entiendo, si yo viviera en un sitio en el que siempre es verano, también pondría el caché a esas alturas.

Ahora bien, al igual que ocurrió con Tony Banks, viví un par de momentos absurdos durante la charla que no tenían cabida en la transcripción. Uno fue, de hecho, el mismo que viví con el teclísta de Genesis y con John Petrucci, alguna llamada a la puerta y el artista se tiene que ausentar. Como os podéis imaginar, para el entrevistador, ése tiempo es como cuando hay un fallo en el escenario (los músicos y actores ya saben a lo que me refiero), y hasta que se arregla, a ti te da la impresión de que han pasado un par de semanas, pero la percepción real no pasaría de un minuto.


El otro momento de absurdo fue mucho más divertido. Se me ocurrió preguntarle a Oldfield por el éxito de la reedición de “Crises”, tanto es así que, de hecho, es imposible de encontrar la megaedición con DVD en directo en la propia tienda on-line de su web personal. Incluso la caja “Deluxe” de “Tubular Bells” sigue estando disponible.

Campoviejo respondió un poco estupefacto “¿No lo puedes encontrar? ¿Qué quieres decir”? Y entonces un sudor frío me recorrió el cuerpo “Ay dios mío, espero que esto no signifique una bronca con nadie”. Lo que ocurrió confirma mi idea de que ningún deportista se queda sin leer el Marca ni ningún músico deja de preguntar por las ventas de sus discos.

Escuchaba a Oldfield cliquear su ratón mientras investigaba, todo esto mientras intentaba responder a una de mis preguntas con algo de cohesión. Efectivamente, encontró que en Amazon.co.uk se podía pedir la dichosa caja de “Crises”. Qué grande, a estas alturas, aún se empeñaba en que su obra estuviera disponible para que su público la comprara.


Que conste que esto no lo digo como algo malo, sino como algo muy divertido. A veces, con el semi retiro en el que se halla Mike, uno podría pensar que está de vuelta de todo, que se conforma con remezclar en 5.1 sus álbumes y en pasear en lancha por el Pacífico. Cuando lo cierto es que probablemente sigue teniendo esa inteligencia “de calle”, esas ambiciones secretas que todo músico tiene que tener para triunfar en este negocio. Algo que el propio Oldfield declaró en su entrevista con Prasad cuando se refería a su viejo colega y mentor, Kevin Ayers, a quien consideraba demasiado tranquilo para triunfar en el choubiz. Y ya está bien de referirnos a una entrevista que no he hecho yo, que también he venido a hablar de mi libro y este es un post de autobombo. Cojones ya.

En todo caso y a pesar de que la línea telefónica no era lo más estable que uno pudiera desear, la conversación, a mi parecer, fue muy bien. Hablamos mucho de música, que para mi era lo más importante, y sobre todo por un hecho en particular que siempre me había fascinado: Un ensayo secreto que tuvo Oldfield hace años con Stewart Copeland (batería de Police) y Jeff Lynne (cerebro de la Electric Light Orchestra). Mike ya había hecho algunas referencias en algunas entrevistas, pero, para mi asombro, casi nadie había hecho especial hincapié en ella ¿Cómo es esto posible??? O sea, se junta el señor que le dio el toque reggae a “Roxanne” (Sting siempre lo vio como una bossa nova), el señor que ayudó a The Beatles a terminar “Free as a bird” (por mucho que aquello pudiera parecer una aberración a algunos, es un buen tema) con el creador de “Tubular Bells” y ¿Nadie quiere profundizar en aquello? ¿Ni siquiera Prasad?? ¿¿¿Estamos locos???

Y como en Internet está todo, ahora seguro que viene alguien y en los comentarios me pone un enlace a otra entrevista en la que Oldfield profundiza en el asunto.

Para terminar, el momento fan loca histérica. El músico anuncia que se tiene que marchar, lanzo mi última interrogativa, a la que responde con un gran sentido del humor (es con la que termina la versión impresa) y le pregunto si puedo decirle una última cosa. “Yeah”, dice, y entonces, el adulto suelta intentando que no le tiemble la voz “gracias por todos estos años de música genial”. Una vez más, Campoviejo ríe, con un tono más bien paternalista y responde “That's lovely”. El teléfono se cuelga y creo que tengo bastante jugo que pasar al teclado. Ya me contarán ustedes.

Bonustracks (¡Por decir algo!)

Bien, para hacerles un poco más llevadera la lectura de este post que empieza a tomar dimensiones épicas (lo cual no es tan raro en mí), adornaré los espacios entre parrafadas con adelantos de algunos de los discos que reseño en la revista. Aunque por motivos obvios (de los cuales mi fanatismo no es el más importante), la entrevista con Mike tenía que ocupar buena parte de esta entrada, el resto de mis aportaciones al TiR de este mes me llenan de orgullo por diferentes motivos.



Para empezar, en un sólo número se reúnen cinco músicos cuyas trayectorias cubren todos los espectros de una carrera. Está el músico consagrado más cerca de la jubilación que de otra cosa (Oldfield), el que ha conocido los grandes éxitos así como los fastuosos contratos con grandes discográficas pero que ahora opera a niveles más manejables (Tony Clarkin, de Magnum), el héroe de culto (Devin Townsend), el que lucha por relanzar su carrera después de una crisis muy gorda (Damon Fox, de Bigelf) y el principiante (Adam Warren, de Synaesthesia).



Cada entrevista tiene su encanto particular. Siempre me habría preguntado cómo serían los miembros de Magnum ¿Rockeros trasnochados? ¿Intelectuales que se cubren con la capa del AOR? Pues el señor Clarkin se mostró como un tipo sencillote que se dedica a lo que más le gusta, la música y no hay más que hablar.


En el caso de Townsend, tengo que decir que se trata de, como se suele decir, un gusto adquirido. En los panfletos publicitarios que se suelen adjuntar con los lanzamientos de la discográfica InsideOut (y siendo fan del progresivo, tengo MUCHOS discos de ese sello), no paraba de ver anuncios de sus múltiples obras. Siempre me había preguntado cómo sonaría y no fue hasta que conocía a una persona que es, probablemente, una de sus mayores fans, que profundicé en su catálogo. Y el tipo es un genio, ya sé que “genio” es una palabra que hoy en día se usa con excesiva soltura, pero juzguen por algunos enlaces que dejo aquí e intenten contradecirlo.


En este aspecto, tanto la entrevista de Oldfield como la de Townsend tienen importancia desde el punto de vista personal como desde el divulgativo (por decirlo de alguna manera). La de Mike, porque es una de las pocas entrevistas en una publicación sobre música en español – además, impresa en vetusto papel - que se pueden encontrar por motivo del lanzamiento de “Man on the rocks” y la de Townsend porque, que alguien me corrija si me equivoco, es una de las pocas veces que aparece en un medio español. Y espero que le guste a la persona que me presentó su discografía.


La de Damon Fox / Bigelf fue curiosa, en un principio pensaba que lo mismo no iba a ser una cosa de mucha chicha, a fin de cuentas, el Gran Elfo me gusta pero tampoco puedo decir que sea el mayor experto en su discografía. Incluso su forma de presentarse en directo (según fotos y vídeos de youtube) me llegaba a echar un poco para atrás. Para añadir complicaciones, la hora de la entrevista se me podía pisar con ir a ver la obra de teatro en la que actuaba un amigo. Y, como suele pasar, acabé yendo al segundo pase de la representación.


¿Qué ocurrió? Pues que Fox es un fan de la ciencia-ficción como yo, y como ya me pasó con el cantante de Letz Zep, en un momento dado, la charla derivó a esos terrenos. Obviamente, la entrevista en papel no incluye nuestras disertaciones sobre el tema, porque esto es el TiR, no el “Weird Tales”. Pero me lo pasé como un enano, y la verdad es que Damon es un tipo que transmite su pasión por su música. Compren el disco, coño.

Por cierto, más abajo hay otra momento de autobombo sobre el tema fantástico (en su vertiente literaria) que, si ya han llegado hasta aquí, no les costará mucho leer.


Antes de eso, hablar de Adam Warne, fundador de Synaesthesia, un músico prácticamente imberbe que ha parido un debut la mar de interesante. Merece la pena escuchar su disco, aunque sea para confirmar que los solos de Moog y los compases en 13/8 no son sólo cosas de señores con mucho vello facial, sudaderas negras y edad cercana a la consecución del carné de pensionista.



Ah, y que no se me olvide que en la sección de reseñas en directo están las fotos que realicé del increíble concierto de Transatlantic en La Riviera. Aquí van unos  descartes no incluidos en la revista, y que, tal y como he comentado a mis amigos, me temo que son el canto de cisne de mi Canon 20D. Gracias, compañera, por estos 10 años de firme servicio.




PD de las reseñas: Y también comento un libro ¡Sobre Yes no menos!



One last thing...

Me llena de orgullo y satisfacción comunicar que mi relato corto “Un código básico” ha sido premiado “Mejor relato en al categoría futurísta en el concurso de relatos de FanHammer”. De acuerdo, no me llenará la cuenta del banco como el Premio Planeta, pero, joder, esta clase de cosas siempre son una alegría. Ojalá que el proyecto para sacar una versión física de los mejores relatos salga adelante.


Y eso es todo por ahora. Algún día, de verdad, cumpliré la promesa de escribir entradas de no más de un folio, lo prometo. Hasta la próxima.