lunes, 4 de agosto de 2014

LA CLAVE: POP ATERCIOPELADO





Jessica Dominguez – voz – y Gustavo Dominguez - guitarra -, me esperan sentados en la cafetería sevillana en la que han quedado con los medios para una jornada de promoción con tintes maratonianos, tal y como atestiguan la cantidad de tazas y vasos vacíos dejados por mis predecesores que se amontonan sobre la mesa. Actúan como representantes del quinteto onubense que completan Lola Mirabent – teclados y voz -, Emilio Dominguez – bajista -, y Pablo Delgado – guitarra -.

Después de hablar conmigo les espera visitar estudios de radio y platós televisivos. Pero nada de eso les quita las ganas de hablar y de articular convenientemente el modus operandi de una banda que cuenta con un sonido de pop cuidado y elegante, del cual, el nuevo single “Alas de papel” es la última muestra. Una muestra que, tal y como ellos explicarán durante la entrevista, tiene una contrapartida en versión alemana: Weitergehen.

La pregunta obligada que me imagino, a estas alturas habréis respondido miles de veces ¿Cómo se forma La Clave?

Gustavo: El panorama musical onubense es muy atractivo porque hay muchos músicos de vertientes y procedencias muy distintas, tanto mi hermano Emilio como yo teníamos ya experiencia de otros grupos, pero llevábamos ya tiempo sin tocar. Queríamos empezar un proyecto nuevo y a base de coincidir con diferentes miembros de otras bandas, empezamos a formar La Clave, algo que, obviamente, se ha tomado su tiempo. Probablemente, encontrar a Jessica como vocalista fue lo que cerró el circulo. Aunque es normal, sobre todo hoy en día, que un músico esté tocando en varios grupos, La Clave es el único proyecto en el que estoy involucrado y en el que estoy invirtiendo todas mis energías.

Lo que nos apetecía, sobre todo, era tener una banda en la que poder expresarnos libremente, algo que sé que puede sonar contradictorio tratándose de un grupo pop. Pero tienes las mismas trabas que cualquier otra banda, al final lo que se espera de ti en los bares es que toques muchas versiones de temas muy conocidos para que se puedan servir muchas copas. Eso si no tienes un tema que haya sonado miles de veces en la radio.

Para mí, La Clave suena mucho a bandas como Esclarecidos o Presuntos Implicados, no sé si serán referencias que tendréis muy presentes...

G: Todos los miembros del grupo somos músicos experimentados, incluso yo, que no tengo una formación digamos reglada, pero llevo tocando desde que tenía 14 años. Es verdad que cuando haces algo que te gusta, tiendes a cuidar mucho el sonido porque no tienes esa necesidad de intentar vender o que se parezca a tal o cual banda. Ahora da la impresión de que todo el que forma un grupo quiere parecerse a Vetusta Morla, a mí es un grupo que me encanta y también las bandas que suenan como ellos, pero prefiero que La Clave sea un grupo de confluencia: tenemos a dos músicos que vienen de la música clásica, otro que viene del Rock, otro del Heavy... Al final, se trata de encerrarte en el local de ensayo hasta conseguir algo de calidad.





El punto en el que nos encontramos ahora no es casualidad, hemos hecho dos trabajos discográficos y la banda ha podido tocar en todos los bares, chiringuitos o festivales en los que le ha sido posible, pero para esta ocasión hemos preferido centrarnos en un tema que ya habíamos grabado en el disco anterior sólo que ahora cuenta con una nueva producción y un videoclip en el que hemos cuidado mucho todos los detalles.

¿Os ha resultado difícil encontrar un sitio en el mercado a pesar de que practicáis un estilo comercial?

G: Los dos álbumes han sido auto producidos, para la nueva mezcla y el vídeo de “Alas de Papel” hemos contado con la gente de “Canciones en busca de Artista”. Entramos en contacto con ellos por mediación de otros músicos, amigos en común, y nos aconsejaron dar este paso con la canción. En cierta forma ha sido un poco tirar lo anterior a la basura (Jessica se ríe ante la forma que tiene Gustavo de decirlo) para empezar algo nuevo que seguro traerá resultados.



También habéis grabado una versión en alemán del single.

G: Sí, queremos que sirva como carta de presentación fuera, es gracioso, pero para los alemanes que lo han escuchado, suena como una banda de rock latino con voz en alemán, lo cual es algo que llama mucho la atención.

Jessica: Yo nací en Alemania, aunque era muy pequeña cuando volví a España (9 años), todavía me siento muy unida a esa tierra y ese idioma, sobre todo porque está relacionado con mi trabajo actual. Me siento cómoda cantando en alemán, se podría haber grabado una versión en inglés, pero me sentía más “en casa” con mi idioma natal.

¿Habéis traducido la letra de un modo literal?

J: Eso hubiera sido imposible, aunque el significado y la idea global se han mantenido muy bien.

G: Cuando nos planteamos grabar el tema en alemán, escuchamos a muchos grupos germanos, los que no nos gustaban eran aquellos que no cuidaban la rítmica, la sonoridad. Creo que hemos aportado un sonido suave, aunque no mantenga el mismo significado literal, hemos buscado palabras que se adapten a cómo sonaba en español.

No hace mucho hablé con un cantante alemán que prefiere usar el inglés en sus temas, porque no considera su propio idioma especialmente musical.

G: Las terminaciones son más duras y complicadas, en nuestro caso fue un proceso divertido porque yo ponía las palabras tal y como me parecían que sonaban mejor (en este punto, Jessica vuelve a reírse como dando a entender el caos que podría haber sido la letra)

J: Puede parecer una tontería, pero cuidar las terminaciones es muy importante, en este caso intentamos que sonara más dulce.


Hasta donde yo sé, si algo tiene Alemania es un gran circuito de clubs musicales, mucho más amplio y activo que el español ¿Habéis empezado a hacer pesquisas en ese territorio a la hora de buscar conciertos?

G: Curiosamente, el año pasado participamos en un festival en el que conocimos a algunos artistas que habían tocado en una sala de Frankfurt, probablemente vayamos en Octubre / Noviembre, ya sea en formato banda o reducido, con sólo guitarra y voz.

Habéis cuidado mucho la producción y el aspecto visual del vídeo para “Alas de Papel” ¿Creéis que plataformas como Youtube o Vimeo son más importantes para la promoción de un grupo que los canales de radio y televisión convencionales?

J: En realidad, durante estos siete años hemos pasado de no cuidar demasiado el aspecto visual de La Clave a darnos cuenta de que la imagen está casi al mismo nivel de importancia que lo musical.

G: Al ser un grupo auto producido, entre componer, arreglar y la grabación se nos pasan 3 años. Cuando teníamos el disco en nuestras manos, ya no nos parecía representativo, así que en cierta forma, lo que hemos hecho con “Alas de papel” nos parece más fresco.


¿Cómo es el proceso compositivo de la banda?

G: Muchos de los temas los hago yo, pero toda la banda participa, después, todas las canciones pasan por el filtro del local. Nos gusta ensayar, ir repasando los detalles. Pero grabar un nuevo álbum lo comparo ahora mismo a comprar una casa, mientras que hacer un vídeo como el que acabamos de presentar es como un alquiler, te permite expresar mejor el momento en el que estás, de forma más libre. Probablemente, la banda suene muy distinta dentro de cuatro meses.

¿Pensáis entonces como Siniestro Total, que a partir de ahora es mejor sacar sólo singles?

J: Tampoco lo hemos pensado de forma tan detenida, pero probablemente al soporte físico, el CD, le llegará un momento en el que desaparezca, algunos de nosotros no tenemos ya ni siquiera reproductor.

G: A veces abro Spotify para descubrir bandas a la que hace 10 años no hubiera podido acceder. Lo mismo se puede decir de las redes sociales, en las que la gente te puede recomendar los mejores temas de un grupo. No lo veo como algo negativo, en cierta forma evitas la masificación de la música y es una herramienta muy útil para que los grupos puedan promocionarse.

Hablando del vídeo ¿Cuántas peleas habéis tenido como la que se escenifica en el de “Alas de papel”?

G: (Risas) Como te puedes imaginar, estando en el mismo grupo que tu hermano gemelo, hay muchas posibilidades de pelea. Pero aparte de eso, nos llevamos muy bien, empezamos en esto de la música juntos y seguimos apoyándonos.


Este verano tocáis sobre todo en los alrededores de vuestra tierra ¿Tenéis planes de gira a mayor escala?

G: Este año el tiempo ha jugado un poco en nuestra contra, todo el tema de los bolos en verano se cuece con dos meses de antelación. Pero para serte sincero, La Clave ha llegado a tener 40 actuaciones en un verano, en ocasiones con dobletes. En lo que se refiere a esta temporada, en parte hemos estado menos receptivos. A veces nos hemos presentado a concursos que casi hemos deseado haber perdido, estamos por dar menos conciertos pero de mayor calidad. El año pasado ya nos costaba cuadrar un concierto a la semana, que es cuando el trabajo de Jessica lo permitía.

¿Cómo lleváis lo de ser músicos a tiempo parcial?

G: Lo llevamos bien, todo el tiempo extra que nos deja el trabajo lo invertimos en el grupo, sobre todo los fines de semana. No hay tiempo para bañarse en la playa, me temo.

Hablando de la música, creo que los dos grande temas que suelen aparecer en vuestros textos son el hecho de transcender la vida diaria y, por otro lado, las rupturas amorosas. No sé si estaréis de acuerdo...

G: Hay un poco de todo, a mí me gusta tocar temas un poco más trascendentales, pero el amor siempre está ahí, evidentemente. Todo aquello sobre lo que escribimos se basa en vivencias personales, no hay nada ficticio. “Alas de papel”, por ejemplo, surge de un momento en el que Jessica lo está pasando mal en el trabajo que tenía antes, se estaban aprovechando de ella, ya sabes un tema de mucha actualidad. “Mi mundo tras el cristal”, por otro lado, trataba más del hecho de sentirse un mero espectador frente a lo que está ocurriendo, pero que a veces hay que dar un salto, aunque sea mortal y salir de la pecera en la que vivimos. Pero sí, hay canciones como “Vas dejando huellas” que es un tema de ruptura sentimental, algo más mundano (risas).

El hecho de contar en vuestras grabaciones con gente como José Mena o Joaquín Calderón ¿Qué aportan a vuestra música?

G: José es, para nosotros, un músico de la casa. Ha marcado a los baterías de Huelva durante los últimos 15 años gracias a su genial escuela, y es una tío encantador. Lo que puede hacer él u otro de los músicos que han colaborado en nuestros discos es aportarte otro punto de vista, enriquecer con sal y pimienta lo que a veces no se puede hacer en los directos. Para nosotros, que somos principalmente músicos de directo, el hecho de grabar implica una disciplina que ellos ya tienen y nos facilitan mucho el trabajo.


http://la-clave.net/

http://www.cancionesenbuscadeartistas.com/sellomusical/


viernes, 11 de julio de 2014

ORGULLO Y PROGRESIVO (y algo de metal)



Todos los meses paso por el mismo proceso que intento evitar de todas las formas posibles, pero no hay manera. Primero, la anticipación que provoca saber que algo tuyo va a salir publicado, después, la satisfacción de verlo en papel, de contemplar cómo luce en los kioscos o en otros espacios donde se vende prensa, para, finalmente, el bajón porque uno se pregunta... ¿Y ahora qué?

No se extrañen, lo bueno que tiene esto del periodismo musical – o como coño se llame lo que yo hago – es que nunca hay sequía de contenidos, siempre hay alguien que saca un disco o está de gira y en más de una ocasión, lo que uno piensa que va a ser una conversación anodina, para cumplir el expediente, se transforma en algo mucho más interesante y enriquecedor (BigElf sería un buen ejemplo).

Por todo esto, no tengo problemas en admitir que estoy muy orgulloso de las tres entrevistas que jalonan el This is Rock de este mes, tres oportunidades más o menos relajadas de hablar con tres figuras de la música de una relevancia variable – al menos, tal y como está ahora mismo montado el chiringuito de la opinión pública – pero igualmente intensas e interesantes.


Empezamos con la más corta – como diría Josefina en su noche de bodas -, esto es, Steve Lukather, de Toto. Yo definiría a Luke (apodo que luce en la guitarra de Musicman fabricada bajo sus especificaciones), como un genio de la guitarra que tiene un serio problema a la hora de elegir peinado y camisas. Si usted no coincide con esto, véase cualquier vídeo de Toto y me lo cuenta, ya no es una cuestión de si los cardados o los estampados llegaron a estar de moda, sino de si alguna vez fueron compatibles con el bueno de Steve.

En todo caso, como grupo, siempre se ha visto rodeado de un aura un tanto extraña. Sus miembros, por regla general, han sido convincentes músicos de sesión, y para la crítica, siempre deseosa de descubrir al próximo genio rebelde con tendencias auto destructivas – porque eso mola mucho, aunque desemboquen en la figura del “borracho y drogata que no deja vivir a nadie”, si bien, reconozcamos que esa figura también ha tomado protagonismo en el blog -, ésto siempre ha sido sospechoso.


Lo cual no deja de ser una chorrada, de lo mismo se acusó a Led Zeppelin (salvando las distancias), en sus inicios, como si el hecho de haber tocado en discos de mucho éxito – Lukather aparece en el “Thriller” de Michael Jackson, no menos -, te diese la clave para que todo lo que hagas se transforme en un megahit comercial. Para echar más sal a la herida, Toto siempre han practicado un AOR con rasgos progresivos, vamos, que van en el mismo paquete que Journey, Kansas o Styx, consideración sobre la que, por cierto, hablamos en la entrevista.

En otras palabras, todas las papeletas para recibir hostias por parte de la prensa musical a manos abiertas. A pares.

En este sentido, lo peor para una banda como Toto es hacer música que muchos consideren descaradamente comercial, y encima no tener éxito, al igual que Asia. Después de unos primeros años de enormes sencillos - “Hold the line”, “Africa” -, Lukather y una variable sucesión de músicos (con tantas idas y venidas tan absurdas como en Yes), han mantenido el nombre vivo, confiando más en sus perfeccionistas actuaciones en directo que en la fortuna de sus nuevas obras de estudio.


Mi charla con Steve tiene como base el nuevo directo “Live in Poland”, un CD/DVD/BR para cuyo lanzamiento han tenido que pasar varias cosas: entre ellas, la propia disolución de Toto en 2008, después de que Lukather adujera cansancio de la formula ¿Quieren saber todos los cómos y los por qués de semejante vuelta al ruedo? Pues ahí tienen la entrevista... y hablamos de tito Phil, por supuesto, y de Ringo también. Si es que en este blog somos mucho de baterías cantantes....

Lejanos satélites y pescados a contracorriente

Todo está relacionado, no lo duden, si en el post sobre el número anterior le recordaba a John Wesley que lo vi en concierto como miembro no oficial de Porcupine Tree en 2004, a los Anathema los pude vivir como teloneros del mismo show. Pasan diez años y el combo de los hermanos Cavanagh (y compañía) ha evolucionado de una forma aplastante, trasformándose en una banda referente del progresivo actual. Pude hablar con Vincent, un señor la mar de majo – como yo -, un tanto obsesivo – como yo -, y que ha decidido fijar su residencia en Paris ¿Ven? En algún punto nuestras trayectorias tenía que divergir...


Si bien he de decir que en su día Anathema me impresionaron más bien poco (de hecho, puede que para mí el punto álgido de aquel concierto fuera su versión del “Comfortably Numb” de Pink Floyd), tal y como ya he comentado, su nuevo “Distant Satellites” merece mucho la pena, así que échenle una escucha. Copón.



Y para terminar... ¡Fish! Mucho se había hecho de rogar el ex-cantante de Marillion para la revista, lo cual no deja de ser un poco inexplicable, teniendo en cuenta que la banda que abandonó en 1988 ha aparecido en no pocas ocasiones por las páginas del This is Rock. Sea como fuere, y de cara al festival “Be prog my friend!” que se celebra en Barcelona el 12 de Julio (me da mucha penita no poder ir), pudimos hablar tranquilamente durante... bastante rato, algo que, creo yo, se nota en la longitud de la entrevista. Una que por poco no se produce, a Fish se le puso el mundo un poco del revés cuando su guitarrista, Robin Boult contrajo unas inesperada varicela, lo cual, a los cincuenta y cuatro años, es algo bastante peligroso. Para colmo, la enfermedad se presentó justo a los pocos días de iniciar la gira europea de presentación del último (y genial) “A feast of consequences”.



De nuevo, fue una de esas ocasiones en las que se te hace raro hablar con una voz que has escuchado tantas veces en disco o en otras interviews en vídeo. Pero al mismo tiempo genial, sobre todo al descubrir – y aquí vuelvo a actuar como una fan histérica – que compartíamos gustos tales como “Apocalipsis Now” o, de nuevo, John Martyn. Pero lo mejor fue cuando después de la larga charleta, se me ocurrió decirle a Fish – ¿Habría algo más ridículo que una hipotética gira conjunta de este hombre con Sting y Pink? -, “bueno, voy a hacer algo tan Rock'n'Roll como comprarle un tostador a mis padres”. Lo cual devino en una serie de consideraciones sobre lo buen cocinero que Fish se considera, sobre la clase de platos que le tiene que preparar a su hija cuando se deja caer por casa (la muy guapa Tara, quien contraviene el mito de que no hay escocesas atractivas), ya que trabaja de modelo y no le gusta engordar y... bueno, sobre lo divino y lo humano, parte de eso también ha terminado en la versión impresa.

Con sus 8 paginazas, bate el anterior record de “lo más largo que he publicado nunca” (establecido por Steven Wilson el año pasado) y creo que es bastante completa, no hay muchas piedras que dejemos sin levantar en lo que se refiere a la carrera de Fish – con y sin Marillion -, aunque creo que si la cosa se hubiese prolongado más le habría sugerido que nos pusiéramos a escribir su biografía. Pero el propio cantante ha avisado al respecto en algunas ocasiones, algo que me provoca sentimientos encontrados, vaya usted a saber las burradas que podría contar este hombre.



Ahora bien, sigue siendo un conversador carismático, y si sus capacidades como vocalista no hubieran sido suficiente en su momento para llevarle al temprano éxito con Marillion, estoy seguro de que su capacidad para entablar relación con el público y la prensa, no fueron ingredientes de más en al principio de su trayectoria.


La diéresis es importante, un momento, eso no es una diéresis ¿Verdad?



Las cosas de la vida, hace años, el shoegazing era un género (o subgénero, si así lo prefieren), al que apenas le hacia caso, y en los últimos doce meses, he podido hablar con tres bandas que practican el estilo. La última de esta triada, Lantlôs (ah, la facilidad con la que se escribe alemán ¿Eh, amigos?) es, sobre todo, el proyecto comandado por Markus Siegenhort, quien, continuando en la línea de enfermedades, estaba preso de una importante gripe durante la conversación.


Lantlôs tiene más de un paralelismo con Alcest – además de discográfica y, hasta hace poco, un cantante en común -, sobre todo el giro más alejado del metal de su última grabación, “Melting Sun”. Con todo y con eso, nuestra charla aparece en el nuevo número de la revista hermana This is Metal. Para no distanciarme mucho del asunto, me he puesto mi vieja y agujereada camiseta de Led Zeppelin para escribir esto... ay, más de diez años nos contemplan, amiga ¿Te acuerdas de cuando eras negra en vez de gris?


Como ya habrán notado, este mes no hay previas de las páginas, no sé si será la tónica a partir de ahora o si es sólo cosa de este mes, así que he aprovechado para jalonar este post de enlaces a algunos discos que he reseñado este mes, además de referencias de los entrevistados. Y sí, tal y como anuncian en el programa de radio oficial de la revista, le doy un buen palo al nuevo de Yes. Lo cual es una pena, en serio, si ha habido un fan leal durante muchos años, defendiendo cosas tan difíciles de defender como “Open your eyes”, “Talk” o “The Ladder”. Pero todo tiene un limite, escuchen ustedes y juzguen por sí mismos, por supuesto.

Y como también habrán podido comprobar, el blog vuelve a levantar el vuelo (un poco, esto es) en lo referente a contenidos que no implican publicitar mis aportaciones al This is Rock. En breve me dedicaré a... publicitar mis aportaciones en otros medios ¡Claro que sí!

Por cierto ¿Me despisto un poco y Pink Floyd anuncian nuevo disco? ¿En serio????

martes, 1 de julio de 2014

MÜNCHAUSEN: LOS AÑOS REMENDADOS







Como ustedes ya saben, en este blog no tenemos problemas en reconocer que se hacen cosas por puro amiguismo, que es una cosa que funciona muy mal en las instituciones públicas (y no tanto en las empresas privadas, pero se hace más o menos igual). En todo caso, y al igual que sucedió con Doppler, también hay un genuino interés por mi parte con respecto a lo que hace la banda. Así que hoy nos ocupamos del segundo disco del grupo: “Los años remendados”

¿Quienes son? ¿A qué suenan?

Münchausen son, básicamente, un cuarteto formado por veteranos de la escena del Rock andaluz: Antonio Navarro (guitarra solista, coros), Alex Maroto (bajo), Juanma Silva (batería) y David Cala (voz, guitarra rítmica). Cantan en castellano y practican un estilo que a mi me recuerda mucho a los primeros M-Clan, con vestigios de Héroes del Silencio y otros referentes del Rock'n'Roll patrio. Con sus diez temas, “Los años remendados”, conforman un compacto repertorio que suena más variado y efectivo que el anterior “Hoc Voluerunt” (2011).

Con el tiempo que nos queda” es un principio bastante dramático, una canción con diversos parones, subidas y bajadas, “somos polvo, sangre, barro” se canta con bastante convencimiento hacia el final de un tema que ya marca los principales aspectos del grupo: ejecución al servicio de la música y no al revés, así como una producción de altos vuelos. Muy buena mezcla y masterización de la mano de Marco A. Rondán, de Infërno Productions.


Ulises” se empieza con un eficiente (si bien no muy largo) solo de guitarra, como también corta es la canción, más que nada que un vehículo para un estribillo que amenaza con quedarse en la cabeza del oyente. Hay un efecto interesante en la voz en la coda del segundo estribillo, en el que se imita el efecto de cantar a través de un megáfono al que sigue otro solo de guitarra en los que el músico se dedica a exprimir el pedal del wah-wah, muy bueno.

Con todo, era algo más que inevitable que el optimismo de “Que nadie borre tu sonrisa” se transformara en una de las cartas de presentación de “Los años remedados”. Puede que sea uno de los momentos más conservadores de todo el disco, pero consigue conjurar ese optimismo al que antes hacíamos referencia sin caer en ñoñerías.

Por algún motivo, se me antoja “Patente de corso” como un tema que desentona en el disco. Quizás porque tiene el sonido de un montón de buenas ideas que, una vez unidas en una sola composición, no acaban de cuajar, eso no quita para que me encante esa línea de guitarra que parece sacada del “All the young dudes” the Bowie / Mott the hopple.


No llega a los cuarenta segundos el “entreacto” un corte para voz y guitarra acústica que sirve como fuerte contraste con respecto a “Nadando contra el aguacero”. Probablemente la letra más peleona de todo el álbum, con no pocas referencias bastante envenenadas para el que las sepa leer: “el mayor pecado es pensar, tu regresa pronto al rebaño / los mercaderes tomaron el templo y la curia se dejó acariciar...” El grupo saca su lado más rockero y además de sacar brillo a las guitarras, hay unos platos bastante explosivos en la sección rítmica. Ah, y un pequeño intermedio electrónico, un diminuto aviso de lo que viene después.

Pero antes, un preciosista dueto con Priscila Gago (de Naked Nana) es el protagonista de “Ángeles”, para mí, el momento más pop de todo el disco, ojo, no lo digo como algo negativo, pero sin duda es lo más suave que van a encontrarse nuestros oídos durante la escucha.

Vuelve la energía en “Por el ojo de una aguja”, y unos textos que, a pesar del romanticismo que despliegan, son en realidad mucho más descarnados si se analizan cuidadosamente. Lo que más me gusta de esta canción son los pequeños quiebros que sirven de puente entre las distintas secciones y ese momento de guitarra a lo Andy Summers después del segundo estribillo, lo cual es sólo un pequeño detalle en el canal derecho que una mente tan enferma como la mía podría señalar.

Otro tipo de empaque tienen los seis minutos de “A barlovento”, un tema que se va desplegando poco a poco, con un efectivo riff de guitarra que empieza con las cuerdas muteadas pero que da paso a un medio tiempo con aires de balada de estadio. Atención a las líneas de Hammond de Pedro Dominguez (invitado de lujo), canela fina.




La electrónica de la que habíamos hablado antes se deja ver de modo mucho más obvio en “Caracola”. Los ritmos programados y los sintes dominan el paisaje sonoro, algo que puede chocar después de los ambientes más orgánicos de las temas que le han precedido, pero sobre todo los pequeños toques de piano funcionan muy bien. Aparte de como fuerte contraste, (y cierre) también le da a la producción una oportunidad para jugar con los espacios, probablemente lo más minimalísta de todo el cancionero, con un pequeño texto recitado a modo de despedida.

¿Balance? Pues no es la primera vez – ni será la última, me temo -, que me encuentro con un álbum auto producido que suena tan bien como esos lanzamientos en los que se invierten miles – decenas de miles, cientos de miles - de euros. La clave del asunto es ¿De qué es esto realmente señal? ¿De que el futuro está en la independencia más absoluta o de que la industria discográfica prefiere rechazar ciertas propuestas en favor de A) Nombres ya establecidos o B) sólo posibles ídolos de jovencitas cuya edad no suele sobrepasar la media de sus propias fans?

Vaya usted a saber, lo cierto es que “Los años remendados” es la confirmación del talento de una maquinaria bien engrasada, un buen disco de Pop / Rock español. Lo cual no es algo que se diga muy a menudo. 

viernes, 20 de junio de 2014

TRES ERAN TRES (LAS ENTREVISTAS EN LA THIS IS ROCK DE ESTE MES... AUNQUE TAMBIÉN HAY RESEÑAS QUE TAMBIÉN LLEVAN MI FIRMA...¡Y HABLAMOS CON UN MOODY BLUES! Fuera de la revista, eso sí...)



I. MARTY FRIEDMAN: La tarde caía sobre Tokio mientras el ex-guitarrista de Megadeth y yo hablábamos sobre su nueva obra, “Inferno”. Me gustaría contarles, para redondear este post de auto bombo sobre mis incursiones en el periodismo musical, que la conversación se produjo alrededor de unos vasitos de sake, sentados en las sillas Harkonnen y el resto de decoración que diseñó H.R. Giger (se le echará de menos, maestro), para el bar de la capital nipona en el que nos citamos.



Pero no, me temo que la cosa fue a través de una práctica llamada de Skype, un domingo por la mañana (hora española), con muy pocas horas de sueño encima por mi parte – después de pasar unas horas en urgencias, debidas al accidente doméstico que mencioné hace un par de entradas -, y con un poco de confusión de por medio, ya que Friedman era quien tenía que llamar y no reparó en que en España (y buena parte del continente europeo), tenemos esta costumbre de adelantar o atrasar la hora según se acerque el frío o el calor.



Cómo conseguí mantener una charla con un mínimo de coherencia es un misterio, no tan grande como el hecho de que consiguiera transcribir lo que se dijo de forma que el lector medio no se quiera dar de cabezazos contra el escritorio, pero un misterio a fin de cuentas. Friedman, no obstante, tuvo que notarme espeso un par de veces, ya que respondió algunas preguntas con algo de sorpresa. Como quien dice, me reservé el comodín de explicarle mi situación para el final de la entrevista y el guitarrista de metal flipado – y algo a la defensiva, sobre todo al nombrarle a Megadeth, si bien esto no se traslada a la versión impresa - con el que había hablado durante media hora dio paso a un tipo bastante razonable y hasta preocupado.

Si a ustedes le gustan las locuras a lo largo del mástil de la guitarra con un pie en el metal y el otro en multitud de géneros (incluido el jazz con patrones de doble bombo), no se deben perder “Inferno”. Por cierto, ya conté que he entrevistado a todos los miembros de Transatlantic, y ya llevo dos de Megadeth ¿Me darán un reloj de oro si consigo entrevistar a Dave Mustaine sin acabar a hostia limpia como creo que ocurrirá si nos vemos? (¡¡¡Deja de lloriquear, imbécil!!! Es lo que me imagino diciéndole mientras ejecuto un gancho de derecha, más o menos)

II. IQ

Dentro de los cuatro gatos a los que nos gusta el progresivo, se generan debates que, entiendo, deben resultar muy estrafalarios vistos desde fuera. Que si “The Wall” de Pink Floyd guarda más de un parecido razonable con “The lamb lies down on Broadway” de Genesis (aka EL MEJOR DISCO Y MEJOR CONCIERTO DE LA HISTORIA), que si Yes sin Jon Anderson no son Yes o que IQ son mejores que Marillion.

Comparar bandas siempre es un fastidio, más que nada por lo ridículo de la idea en sí – comparar artistas siempre es una mierda, como ya expliqué en el articulo sobre Hopper -, pero, para colmo, como gran fan de Marillion, no me explico de dónde puede salir semejante sugerencia.


Para empezar, se deja, de forma bastante cruel, a Pendragon fuera del debate, cuando yo creo que los de Nick Barret son la auténtica banda de neoprogresivo por excelencia ya que Marillion, a mi entender abandonó ese camino hace tiempo. Para continuar, creo que siempre va a haber una diferencia muy grande entre un grupo cuyos miembros viven exclusivamente de la música – Marillion - y otro en el que los integrantes tienen que repartir su tiempo con otras cuestiones de índole laboral – IQ -. Cuidado, que esto es un arma de doble filo: no depender de las ventas de tus álbumes o de cómo funcionan tus conciertos también puede suponer un alivio para la presión creativa.

Y para terminar, Pete Nicholls. No es que me caiga mal como cantante, ni mucho menos, pero tiene un timbre tan particular, que a mis oídos, cubre con una capa bastante homogénea a buena parte de los temas de IQ. Con todo, he de decir que la última producción del quinteto, “The road of bones”, es un discazo y que incluso Nicholls está que se sale, escuchen la épica suite “Without walls” si no me creen, espectacular.


Pude hablar con Mike Holmes – el único miembro de la banda que ha estado en todas sus encarnaciones -, al que se le unió el teclísta Neil Durant (para algunas puntualizaciones, como podrán ver en la entrevista es un señor más bien tímido), para debatir sobre “The Road of bones” y otros aspectos de la historia de la banda, incluido el film sobre su álbum conceptual “Subterranea”, cuyo directo – primero en VHS y después en DVD – tengo (o tenía) prácticamente gastado.

Y en fin, un servidor es demasiado adulto para meterse en estériles debates sobre qué banda es mejor... Pero “Afraid of sunlight” le da sopa con ondas a cualquier canción de IQ!

Ups.

III. JOHN WESLEY

El bueno de John se reía cuando le recordaba que pude en verle en concierto hace ya diez años (¡tempus fugit!), cuando tocó formando parte de los directos Porcupine Tree, en una sala que se encontraba en los interiores de un centro comercial (la tristemente extinta Divino Aqualung). Wesley es, indudablemente, uno de esos nombres fáciles de reconocer para cualquier fan del progresivo de los últimos años, aunque sea por sus diversas asociaciones con lo más granado del gremio, además de una de las personas más agradables del negocio musical. Quiero decir, alguien que le cae bien a Fish, Mark Kelly o Steven Wilson no puede ser un mal tipo ¿Verdad?




De hecho, no, el ex-pipa de Marillion es un tipo tan sencillo que uno no puede más que desearle mucha suerte con su estupendo nuevo álbum en solitario “Disconnect”.

Reseñas

De las críticas que se publican no voy a decir gran cosa, salvo que aquí tienen los enlaces, de nuevo, a lo bruto, (tranquilos, este mes la cosa ha estado relajada) para que se hagan una idea personal de los discos. Pero sí me gustaría destacar – ya que, de hecho, es una reseña destacada -, el nuevo disco de los Anathema. Curiosidades de la vida, pude ver a Anathema como teloneros de Porcupine Tree en el mismo concierto en el que tocó John Wesley y he decir que el grupo ha tenido una evolución increíble desde entonces. El nuevo “Distant satellites” merece una buena escucha, como muestra, un botón:




Cómo NO entrevistar a Jimmy Page, pero hablar con un miembro de The Moody Blues a través de un “Hangout” de Google.

No, la entrevista central al guitarrista y mente maestra de Led Zeppelin no lleva mi firma, ojalá, pero un consejo os he de dar: no digáis “no voy a participar en tal sorteo porque, total, no me va a tocar nada”. Decid mejor “no voy a participar, no vaya a ser que me toque” ¿Por qué digo esto? A rebufo de las últimas reediciones de la discografía de Led Zeppelin – casi tan timo como las de Pink Floyd si me preguntan -, se organizaron algunas “Listening Parties” en puntos estratégicos del globo, entre ellos el Olympia de Paris.


¿Qué es una listening party?” Os oigo preguntar... básicamente, un músico o un grupo reservan un local con un equipo de sonido muy potente, se le da al botón de “play”, se escucha un disco, se hacen algunas preguntas, se firman discos, se charla un poco, se bebe, se come y ala, todos a casíta. Si se le quiere dar un poco más de empaque a la cosa, pues se saca una guitarra acústica o un piano, y los músicos interpretan algunos temas para el deleite del público y prensa convocados.

Para la “listening party” de Paris se organizó un concurso para sortear entradas... y me tocaron. Problemas: era un miércoles por la mañana, había que confirmar rápido y para colmo, el resultado del sorteo se comunicó con menos de una semana de antelación. Tampoco había datos (en el correo electrónico original) sobre a qué hora iba a ser el evento, ni siquiera si los asistentes al evento podríamos hacer preguntas a Page – el único miembro de Zeppelin presente en los medios para esta campaña de reediciones -, o si éste firmaría algún disco.

Raudo, fui a echar un vistazo a “Tight but loose”, LA web sobre Led Zeppelin a la que hay que acudir y pude informarme con todo lujo de detalles sobre cómo podría ir el acto, a tenor de los eventos de similares características celebrados anteriormente.

Después del periplo y con no poco arrepentimiento, decidí que no merecía la pena reservar vuelo con hotel para ver a Page respondiendo tres preguntas. Sí, el Olympia es un marco incomparable, sobre todo cuando uno de los discos incluidos en las nuevas ediciones es un directo grabado en el prestigioso recinto hace 40 años. Pero si se trata de ver a Page, prefiero que sea empuñando una guitarra o alrededor de un café, preguntándole sobre si tiene en venta (y baratita) la acústica-mandolina que usó en el “Unledded”. Soñar es gratis...


Lo que SÌ me tocó y salía gratis, era poder hacerle una pregunta a Justin Hayward, voz y guitarra de The Moody Blues. ¿Quieren más coincidencias? A la vuelta del concierto de “The Cavern Beatles” (genial banda tributo), le puse en el coche a mis amigos la versión de Transatlantic de “Nights in white satin”... días después, ahí estoy, en el cyberespacio, preguntándole a Hayward por guitarras acústicas y sobre cómo es hacer un disco en solitario. A fin de cuentas, la cosa era promocionar el nuevo “Dreams of the westerns sky” de Justin. (Alrededor del minuto 5, y sí, aproveché para hacer DOS preguntas, cosa que, por la cara, creo no le agradó mucho al señor de Eagle Rock, ahhh, se siente...)

Si se preguntan por qué el español es el que tiene la calidad más penosa de imagen... pues la respuesta es algo tan práctico como que estaba con el móvil. Acababa de recoger a un familiar de la estación del tren y por poco no llego al Hangout (una forma muy fina que tiene Google de llamar al videochat en directo), a su hora.

Lo gracioso de el vídeo es ver los diferentes “fondos” de cada uno de los participantes, con nuestros respectivos micrófonos y caótica organización casera, mientras Justin nos observaba desde la suite de su hotel en Estados Unidos, apoyándose cómodamente sobre el piano. Ahh el estrellato...

Y eso es todo por ahora, en breve (espero) hablaremos sobre un grupo de Rock nacional que no tardará en partir la pana... ¿Amiguismo? Nahhh, sólo un poco...

domingo, 8 de junio de 2014

12 CANCIONES TRISTES (en las que hay incluidas algunas versiones) EN CONCIERTO EL 8 DE JUNIO, EN SEVILLA.







En el pequeño resumen biográfico que corona el blog de Diego Manrique – uno de los últimos bastiones de los primeros periodistas musicales en nuestro país – se afirma que, a diferencia de muchos redactores del género, él no es ningún músico frustrado. Yo soy más de la despreciable escuela de Nick Kent, esto es, me permito el lujo de minusvalorar a otros artistas mientras albergo el mal escondido secreto de aspirar al estrellato.

Ay, qué dirian Chris Welch o Mick Wall de esta actitud...

Bueno, mientras ustedes piensan en esto (o no), me permito presentarles el ciclo “12 canciones tristes”, o, en otras palabras, el nombre que se me ha ocurrido darle a esta cosa que sucede cuando me subo a un escenario.

Qué le vamos a hacer, a mí me hubiera gustado ofrecerles un espectáculo de esos que tanto chanan entre la juventud, con increíbles jamelgas en bikini, pantallas LED más grandes – y largas – que en día sin pan, pero me temo que se quedarán encallados en un señor que toca la guitarra, el teclado, que canta y al que, en un momento dado se le suma otro señor que toca la guitarra y añade algunos coros. Todo este conjunto sazonado con diversas historias, anécdotas y, para qué negarlo, las múltiples de posibilidades de ver cómo se me van los dedos o la voz en diversas instancias del espectáculo.


¿Por qué “12 canciones tristes”? A esto yo les podría responder con una desbordante sencillez “porque son 12 canciones y son todas tristes”, pero en realidad, si les dijera tal cosa estaría mintiendo, ya que este concierto / recital, ya tuvo un “preestreno” en la sevillana (y macarena) sala El Farol, y tal y como me cuestionó un amigo al terminar “han sido más de 12 ¿Verdad?”


Pues sí, pensé que “Francisco Roldán en concierto” iba a quedar un poco raro, ya que básicamente... a la mayoría de la población mundial tal anuncio les iba a decir más bien poco. No es que “12 canciones tristes” les diga mucho más allá de que se les viene encima un repertorio que haría las delicias de un Calimero con salmonelosis, pero es un poco más resultón.

Así pues, en mi canal de Youtube colgaré una pequeñas pieza de presentación de los temas que se tocarán (o no, porque lo divertido de decidir un repertorio en solitario que no depende de proyecciones u otros músicos es que puedo estar cambiando las canciones hasta última hora) el día del concierto. 

Por lo pronto, quedan ustedes emplazados en La Torre Encendida, espacio sito en la calle Torneo s/n, casi en frente de la sala Gold / Malandar, a las 21 horas, con la entrada a 2 populares euros y barra con unos precios también la mar de populares. Díganselo a todos sus amiguitos, que verán qué risa. O no.

(Fotos: Maria Ledo, y Diego Fernandez)