domingo, 17 de agosto de 2014

LA MÚSICA ES LA EXCUSA...



...para casi todo. El post de este mes sobre mis aportaciones a This is Rock ha estado muy cerca de ser una reflexión sobre el arte y la música, al menos durante el periodo de gestación por el que ha pasado esta entrada en mi cabeza. Iba a tener referencias a Robert Fripp, sobre cómo la afirmación de que la vida que el arte nos ofrece – en este caso, la vida que nos ofrece la música -, a veces da la impresión de ser más real que la vida misma. Iba a reflexionar sobre cómo ésto, a última hora (afortunadamente), no es cierto. Pero tampoco iba a resistirme a escribir cosas como que, para aquellos de nosotros que somos capaces de decir tonterías del calibre de “este disco / esta canción me salvó la vida”, falta muy poco para que, lo que nos pueda ofrecer la música, sea suficiente para suplantar a la vida real.


Menos mal que no lo he escrito ¿Eh? Y menos mal que tampoco he dicho aquello de que “en el negocio de la música, lo mejor es la música en sí”.


Bueno, lo mismo cuando la gente del TED me ofrezca dar una de sus suntuosas conferencias les desgrano un montón de detalles sobre mi (nuestra) relación con la música. Mientras llega ese día, decirles que el concierto de las “12 canciones tristes” superó mis expectativas, que espero dar buena cuenta de ello en el futuro vídeo promocional, que Junio de 2014 ha sido un mes excepcional y que... bueno, que estamos en Agosto. Empezamos aquí a coger, de verdad, para algunas cosas, el ritmo propio de un Peter Gabriel.

En todo caso, vamos al turrón de la revista. Que es de almendra ¿De almendra? Sí, de almendra.

Chris Squire

En un probable manual de “Cómo hacer entrevistas con músicos”, yo pondría como advertencia – en negrita y subrayado - “nunca entrevistes telefónicamente a alguien que está de gira”. A ver, una cosa es pillar al artista en persona antes (o después) de la prueba de sonido, y una muy diferente que te den un nombre falso acompañado por el teléfono de un hotel... en Dinamarca. Lo del nombre falso, me temo, que es una medida para evitar el acoso de los fans, lo cual puedo entender si es usted un ídolo de jovencitas pre-púberes, pero es más difícil de justificar si nos dedicamos a tocar el bajo en una de las bandas de Rock Progresivo más longevas y míticas del género.


Contactar con Squire fue una minúscula odisea telefónica, con todo, he de decir que alucino con el buen nivel de inglés de todo el personal hotelero danés, desde el paciente personal de recepción – que debieron de sospechar que lo mío era una broma a lo Bart Simpson / Bar de Moe durante la primera temporada de Los Simpsons -, hasta la señora de la limpieza que se encontraba haciendo sus labores cuando entré en contacto con la habitación de Squire.

El bajista, al igual que Howe hace años, no desmereció en absoluto su fama. Si el guitarrista, durante nuestra conversación en Málaga, se mostró como un señor un tanto maniático, no precisamente muy fan de las conversaciones, Chris confirmó su fama de tardón y despreocupado. Que conste que no lo digo como algo negativo, Squire es famoso – lean sino la desternillante auto biografía del batería Bill Bruford para confirmar -, por cuidar muchísimo los variados aspectos de su producción musical, detallista y pensativo hasta la nausea, lo cual explica por qué sus arreglos de bajo y voz son tan únicos. Para todo lo demás... ni Visa ni Mastercard, sino una actitud que se resume con la frase con la que empezó nuestras charla: “Oh, no tenía ninguna entrevista para hoy” (se va, pasan 3 minutos, se le oye hablar con alguien),“pues resulta que sí que tenía una entrevista para hoy ¿Puedes llamar otra vez dentro de 15 minutos? (Suspiro).


Pero nada de esto quiere decir que la entrevista en sí no fuera bien, Squire es un señor la mar de simpático, pero que vive al día, que nadie espere una memoria de elefante sobre los diversos avatares de la historia de Yes. Además, el motivo de la llamada era el nuevo “Heaven and earth”, un disco que... digamos que no lo puse demasiado bien en la reseña, o como dijo Fran Garcia en el programa de radio de This is Rock: “Francisco Roldán le da un palo a este disco”. Ahora bien, al igual que me pasó con Mike Oldfield, no tuve el valor de decírselo a la cara... o sea, al oído.

Tim Bowness

Hay gente a la que uno admira desde la distancia, deduciendo, por su obra y sus declaraciones a la prensa – pistas a veces engañosas -, que podrías tener una charla interesante con ellas. Y después llega el día y... es justo como te lo habías imaginado, sino mejor. Como no puede ser de otra forma, Tim – la mitad de No-man , siendo la otra el hiperactivo Steven Wilson – y yo empezamos a hablar de su disco en solitario que se supone que estaba por promocionar (el genial “Abandoned dancehall dreams”) para acabar charlando sobre... Almodovar y Neil Jordan, algo que, lógicamente, no iba a terminar en la versión impresa. Ah, bueno, también hablamos sobre el hecho de que tanto Tim como Wilson tienen entradas para los conciertos que suponen la vuelta de Kate Bush a los escenarios después de tres décadas ausente sobre las tablas. “Lucky you! Le dije, cuando tendría que haber dicho “Lucky bastard!” En otras palabras, mi particular momento de “yo también he sonreído cuando tenía que haberme cagado en tu puta madre”. Pero con cariño, claro.


Bowness es tan culto, educado y sereno como uno puede esperar, además de que, como muchos melancólicos, es de risa fácil, así que os exhorto a leer una entrevista en la que desgrana muchos aspectos de su obra, sus opiniones sobre el negocio de la música y la vida en general. Una de esas personas con la que se puede hablar de lo divino y lo humano sin problema.

Conciertos perfectos y viajes

Como parece que va a ser la tónica, en lugar de previas de los contenidos de la revista (decisión del dire), tenéis este post repleto de avances de los discos que reseño este mes, entre ellos un destacado sobre las reediciones de la carrera en solitario de Derek Sherinian, sí, el teclísta de Dream Theater que no es ni Jordan Rudess ni Kevin Moore.









Pero tal y como empezó esta entrada en el bitácora, la música es la excusa... para tragarse una buena cantidad de kilómetros. Como los que me hice para asistir a uno de esos conciertos perfectos que se pueden apreciar de vez en cuando: Pat Metheny en Córdoba. En mi reseña me explayo un poco más, pero ya les adelanto que me parece simplemente alucinante la magia que puede desplegar este señor a la guitarra, y pensar que, probablemente, la conjura noche tras noche...



Para redondear, servidor se fue a Madrid para ver al elegante Bryan Ferry, una de mis asignaturas pendientes de la música en vivo que, finalmente, he podido aprobar, y sí, me importaba más que ver a The Rolling Stones en directo. Ferry también triunfó, regalando todos los temas que uno podía esperar de su repertorio con, o sin Roxy Music, aunque si hubiera tocado más de los 90 minutos que ofreció, nos hubiera parecido igualmente corto.



En el caso de Bryan, lo que realmente me dolió es que traía al bajo a Guy Pratt, excelente músico que ha tocado con Madonna, Michael Jackson y, sobre todo... los Pink Floyd de David Gilmour. Yo no lo sabía (ciertamente había tocado en varias ocasiones con Roxy Music, pero no era consciente de que formaba parte de este tour), pero hubiera estado bien preguntarle por cosas como por ejemplo, el próximo – o mas bien no disco – de Pink Floyd, “The endless river”, si bien, me imagino que tampoco podría contar mucho sin enfrentarse a alguna reprimenda al volver. Pero conociendo su carácter bromista y que está casado con la hija de Rick Wright – extrañado teclísta de los Floyd -, probablemente hubiera dejado alguna joya en la conversación. Una pena. Tanto en el caso de Metheny como en el de Ferry, aquí en el blog tienen algunos descartes fotográficos de lo que no ha terminado en la revista, jalonando esta mismísima entrada.




Y hasta aquí este capitulo de auto bombo, como se puede comprobar, empezamos a retomar el ritmo de posts que no hablan sólo de la promoción desvergonzada de la revista, poquito a poco...

lunes, 4 de agosto de 2014

LA CLAVE: POP ATERCIOPELADO





Jessica Dominguez – voz – y Gustavo Dominguez - guitarra -, me esperan sentados en la cafetería sevillana en la que han quedado con los medios para una jornada de promoción con tintes maratonianos, tal y como atestiguan la cantidad de tazas y vasos vacíos dejados por mis predecesores que se amontonan sobre la mesa. Actúan como representantes del quinteto onubense que completan Lola Mirabent – teclados y voz -, Emilio Dominguez – bajista -, y Pablo Delgado – guitarra -.

Después de hablar conmigo les espera visitar estudios de radio y platós televisivos. Pero nada de eso les quita las ganas de hablar y de articular convenientemente el modus operandi de una banda que cuenta con un sonido de pop cuidado y elegante, del cual, el nuevo single “Alas de papel” es la última muestra. Una muestra que, tal y como ellos explicarán durante la entrevista, tiene una contrapartida en versión alemana: Weitergehen.

La pregunta obligada que me imagino, a estas alturas habréis respondido miles de veces ¿Cómo se forma La Clave?

Gustavo: El panorama musical onubense es muy atractivo porque hay muchos músicos de vertientes y procedencias muy distintas, tanto mi hermano Emilio como yo teníamos ya experiencia de otros grupos, pero llevábamos ya tiempo sin tocar. Queríamos empezar un proyecto nuevo y a base de coincidir con diferentes miembros de otras bandas, empezamos a formar La Clave, algo que, obviamente, se ha tomado su tiempo. Probablemente, encontrar a Jessica como vocalista fue lo que cerró el circulo. Aunque es normal, sobre todo hoy en día, que un músico esté tocando en varios grupos, La Clave es el único proyecto en el que estoy involucrado y en el que estoy invirtiendo todas mis energías.

Lo que nos apetecía, sobre todo, era tener una banda en la que poder expresarnos libremente, algo que sé que puede sonar contradictorio tratándose de un grupo pop. Pero tienes las mismas trabas que cualquier otra banda, al final lo que se espera de ti en los bares es que toques muchas versiones de temas muy conocidos para que se puedan servir muchas copas. Eso si no tienes un tema que haya sonado miles de veces en la radio.

Para mí, La Clave suena mucho a bandas como Esclarecidos o Presuntos Implicados, no sé si serán referencias que tendréis muy presentes...

G: Todos los miembros del grupo somos músicos experimentados, incluso yo, que no tengo una formación digamos reglada, pero llevo tocando desde que tenía 14 años. Es verdad que cuando haces algo que te gusta, tiendes a cuidar mucho el sonido porque no tienes esa necesidad de intentar vender o que se parezca a tal o cual banda. Ahora da la impresión de que todo el que forma un grupo quiere parecerse a Vetusta Morla, a mí es un grupo que me encanta y también las bandas que suenan como ellos, pero prefiero que La Clave sea un grupo de confluencia: tenemos a dos músicos que vienen de la música clásica, otro que viene del Rock, otro del Heavy... Al final, se trata de encerrarte en el local de ensayo hasta conseguir algo de calidad.





El punto en el que nos encontramos ahora no es casualidad, hemos hecho dos trabajos discográficos y la banda ha podido tocar en todos los bares, chiringuitos o festivales en los que le ha sido posible, pero para esta ocasión hemos preferido centrarnos en un tema que ya habíamos grabado en el disco anterior sólo que ahora cuenta con una nueva producción y un videoclip en el que hemos cuidado mucho todos los detalles.

¿Os ha resultado difícil encontrar un sitio en el mercado a pesar de que practicáis un estilo comercial?

G: Los dos álbumes han sido auto producidos, para la nueva mezcla y el vídeo de “Alas de Papel” hemos contado con la gente de “Canciones en busca de Artista”. Entramos en contacto con ellos por mediación de otros músicos, amigos en común, y nos aconsejaron dar este paso con la canción. En cierta forma ha sido un poco tirar lo anterior a la basura (Jessica se ríe ante la forma que tiene Gustavo de decirlo) para empezar algo nuevo que seguro traerá resultados.



También habéis grabado una versión en alemán del single.

G: Sí, queremos que sirva como carta de presentación fuera, es gracioso, pero para los alemanes que lo han escuchado, suena como una banda de rock latino con voz en alemán, lo cual es algo que llama mucho la atención.

Jessica: Yo nací en Alemania, aunque era muy pequeña cuando volví a España (9 años), todavía me siento muy unida a esa tierra y ese idioma, sobre todo porque está relacionado con mi trabajo actual. Me siento cómoda cantando en alemán, se podría haber grabado una versión en inglés, pero me sentía más “en casa” con mi idioma natal.

¿Habéis traducido la letra de un modo literal?

J: Eso hubiera sido imposible, aunque el significado y la idea global se han mantenido muy bien.

G: Cuando nos planteamos grabar el tema en alemán, escuchamos a muchos grupos germanos, los que no nos gustaban eran aquellos que no cuidaban la rítmica, la sonoridad. Creo que hemos aportado un sonido suave, aunque no mantenga el mismo significado literal, hemos buscado palabras que se adapten a cómo sonaba en español.

No hace mucho hablé con un cantante alemán que prefiere usar el inglés en sus temas, porque no considera su propio idioma especialmente musical.

G: Las terminaciones son más duras y complicadas, en nuestro caso fue un proceso divertido porque yo ponía las palabras tal y como me parecían que sonaban mejor (en este punto, Jessica vuelve a reírse como dando a entender el caos que podría haber sido la letra)

J: Puede parecer una tontería, pero cuidar las terminaciones es muy importante, en este caso intentamos que sonara más dulce.


Hasta donde yo sé, si algo tiene Alemania es un gran circuito de clubs musicales, mucho más amplio y activo que el español ¿Habéis empezado a hacer pesquisas en ese territorio a la hora de buscar conciertos?

G: Curiosamente, el año pasado participamos en un festival en el que conocimos a algunos artistas que habían tocado en una sala de Frankfurt, probablemente vayamos en Octubre / Noviembre, ya sea en formato banda o reducido, con sólo guitarra y voz.

Habéis cuidado mucho la producción y el aspecto visual del vídeo para “Alas de Papel” ¿Creéis que plataformas como Youtube o Vimeo son más importantes para la promoción de un grupo que los canales de radio y televisión convencionales?

J: En realidad, durante estos siete años hemos pasado de no cuidar demasiado el aspecto visual de La Clave a darnos cuenta de que la imagen está casi al mismo nivel de importancia que lo musical.

G: Al ser un grupo auto producido, entre componer, arreglar y la grabación se nos pasan 3 años. Cuando teníamos el disco en nuestras manos, ya no nos parecía representativo, así que en cierta forma, lo que hemos hecho con “Alas de papel” nos parece más fresco.


¿Cómo es el proceso compositivo de la banda?

G: Muchos de los temas los hago yo, pero toda la banda participa, después, todas las canciones pasan por el filtro del local. Nos gusta ensayar, ir repasando los detalles. Pero grabar un nuevo álbum lo comparo ahora mismo a comprar una casa, mientras que hacer un vídeo como el que acabamos de presentar es como un alquiler, te permite expresar mejor el momento en el que estás, de forma más libre. Probablemente, la banda suene muy distinta dentro de cuatro meses.

¿Pensáis entonces como Siniestro Total, que a partir de ahora es mejor sacar sólo singles?

J: Tampoco lo hemos pensado de forma tan detenida, pero probablemente al soporte físico, el CD, le llegará un momento en el que desaparezca, algunos de nosotros no tenemos ya ni siquiera reproductor.

G: A veces abro Spotify para descubrir bandas a la que hace 10 años no hubiera podido acceder. Lo mismo se puede decir de las redes sociales, en las que la gente te puede recomendar los mejores temas de un grupo. No lo veo como algo negativo, en cierta forma evitas la masificación de la música y es una herramienta muy útil para que los grupos puedan promocionarse.

Hablando del vídeo ¿Cuántas peleas habéis tenido como la que se escenifica en el de “Alas de papel”?

G: (Risas) Como te puedes imaginar, estando en el mismo grupo que tu hermano gemelo, hay muchas posibilidades de pelea. Pero aparte de eso, nos llevamos muy bien, empezamos en esto de la música juntos y seguimos apoyándonos.


Este verano tocáis sobre todo en los alrededores de vuestra tierra ¿Tenéis planes de gira a mayor escala?

G: Este año el tiempo ha jugado un poco en nuestra contra, todo el tema de los bolos en verano se cuece con dos meses de antelación. Pero para serte sincero, La Clave ha llegado a tener 40 actuaciones en un verano, en ocasiones con dobletes. En lo que se refiere a esta temporada, en parte hemos estado menos receptivos. A veces nos hemos presentado a concursos que casi hemos deseado haber perdido, estamos por dar menos conciertos pero de mayor calidad. El año pasado ya nos costaba cuadrar un concierto a la semana, que es cuando el trabajo de Jessica lo permitía.

¿Cómo lleváis lo de ser músicos a tiempo parcial?

G: Lo llevamos bien, todo el tiempo extra que nos deja el trabajo lo invertimos en el grupo, sobre todo los fines de semana. No hay tiempo para bañarse en la playa, me temo.

Hablando de la música, creo que los dos grande temas que suelen aparecer en vuestros textos son el hecho de transcender la vida diaria y, por otro lado, las rupturas amorosas. No sé si estaréis de acuerdo...

G: Hay un poco de todo, a mí me gusta tocar temas un poco más trascendentales, pero el amor siempre está ahí, evidentemente. Todo aquello sobre lo que escribimos se basa en vivencias personales, no hay nada ficticio. “Alas de papel”, por ejemplo, surge de un momento en el que Jessica lo está pasando mal en el trabajo que tenía antes, se estaban aprovechando de ella, ya sabes un tema de mucha actualidad. “Mi mundo tras el cristal”, por otro lado, trataba más del hecho de sentirse un mero espectador frente a lo que está ocurriendo, pero que a veces hay que dar un salto, aunque sea mortal y salir de la pecera en la que vivimos. Pero sí, hay canciones como “Vas dejando huellas” que es un tema de ruptura sentimental, algo más mundano (risas).

El hecho de contar en vuestras grabaciones con gente como José Mena o Joaquín Calderón ¿Qué aportan a vuestra música?

G: José es, para nosotros, un músico de la casa. Ha marcado a los baterías de Huelva durante los últimos 15 años gracias a su genial escuela, y es una tío encantador. Lo que puede hacer él u otro de los músicos que han colaborado en nuestros discos es aportarte otro punto de vista, enriquecer con sal y pimienta lo que a veces no se puede hacer en los directos. Para nosotros, que somos principalmente músicos de directo, el hecho de grabar implica una disciplina que ellos ya tienen y nos facilitan mucho el trabajo.


http://la-clave.net/

http://www.cancionesenbuscadeartistas.com/sellomusical/


viernes, 11 de julio de 2014

ORGULLO Y PROGRESIVO (y algo de metal)



Todos los meses paso por el mismo proceso que intento evitar de todas las formas posibles, pero no hay manera. Primero, la anticipación que provoca saber que algo tuyo va a salir publicado, después, la satisfacción de verlo en papel, de contemplar cómo luce en los kioscos o en otros espacios donde se vende prensa, para, finalmente, el bajón porque uno se pregunta... ¿Y ahora qué?

No se extrañen, lo bueno que tiene esto del periodismo musical – o como coño se llame lo que yo hago – es que nunca hay sequía de contenidos, siempre hay alguien que saca un disco o está de gira y en más de una ocasión, lo que uno piensa que va a ser una conversación anodina, para cumplir el expediente, se transforma en algo mucho más interesante y enriquecedor (BigElf sería un buen ejemplo).

Por todo esto, no tengo problemas en admitir que estoy muy orgulloso de las tres entrevistas que jalonan el This is Rock de este mes, tres oportunidades más o menos relajadas de hablar con tres figuras de la música de una relevancia variable – al menos, tal y como está ahora mismo montado el chiringuito de la opinión pública – pero igualmente intensas e interesantes.


Empezamos con la más corta – como diría Josefina en su noche de bodas -, esto es, Steve Lukather, de Toto. Yo definiría a Luke (apodo que luce en la guitarra de Musicman fabricada bajo sus especificaciones), como un genio de la guitarra que tiene un serio problema a la hora de elegir peinado y camisas. Si usted no coincide con esto, véase cualquier vídeo de Toto y me lo cuenta, ya no es una cuestión de si los cardados o los estampados llegaron a estar de moda, sino de si alguna vez fueron compatibles con el bueno de Steve.

En todo caso, como grupo, siempre se ha visto rodeado de un aura un tanto extraña. Sus miembros, por regla general, han sido convincentes músicos de sesión, y para la crítica, siempre deseosa de descubrir al próximo genio rebelde con tendencias auto destructivas – porque eso mola mucho, aunque desemboquen en la figura del “borracho y drogata que no deja vivir a nadie”, si bien, reconozcamos que esa figura también ha tomado protagonismo en el blog -, ésto siempre ha sido sospechoso.


Lo cual no deja de ser una chorrada, de lo mismo se acusó a Led Zeppelin (salvando las distancias), en sus inicios, como si el hecho de haber tocado en discos de mucho éxito – Lukather aparece en el “Thriller” de Michael Jackson, no menos -, te diese la clave para que todo lo que hagas se transforme en un megahit comercial. Para echar más sal a la herida, Toto siempre han practicado un AOR con rasgos progresivos, vamos, que van en el mismo paquete que Journey, Kansas o Styx, consideración sobre la que, por cierto, hablamos en la entrevista.

En otras palabras, todas las papeletas para recibir hostias por parte de la prensa musical a manos abiertas. A pares.

En este sentido, lo peor para una banda como Toto es hacer música que muchos consideren descaradamente comercial, y encima no tener éxito, al igual que Asia. Después de unos primeros años de enormes sencillos - “Hold the line”, “Africa” -, Lukather y una variable sucesión de músicos (con tantas idas y venidas tan absurdas como en Yes), han mantenido el nombre vivo, confiando más en sus perfeccionistas actuaciones en directo que en la fortuna de sus nuevas obras de estudio.


Mi charla con Steve tiene como base el nuevo directo “Live in Poland”, un CD/DVD/BR para cuyo lanzamiento han tenido que pasar varias cosas: entre ellas, la propia disolución de Toto en 2008, después de que Lukather adujera cansancio de la formula ¿Quieren saber todos los cómos y los por qués de semejante vuelta al ruedo? Pues ahí tienen la entrevista... y hablamos de tito Phil, por supuesto, y de Ringo también. Si es que en este blog somos mucho de baterías cantantes....

Lejanos satélites y pescados a contracorriente

Todo está relacionado, no lo duden, si en el post sobre el número anterior le recordaba a John Wesley que lo vi en concierto como miembro no oficial de Porcupine Tree en 2004, a los Anathema los pude vivir como teloneros del mismo show. Pasan diez años y el combo de los hermanos Cavanagh (y compañía) ha evolucionado de una forma aplastante, trasformándose en una banda referente del progresivo actual. Pude hablar con Vincent, un señor la mar de majo – como yo -, un tanto obsesivo – como yo -, y que ha decidido fijar su residencia en Paris ¿Ven? En algún punto nuestras trayectorias tenía que divergir...


Si bien he de decir que en su día Anathema me impresionaron más bien poco (de hecho, puede que para mí el punto álgido de aquel concierto fuera su versión del “Comfortably Numb” de Pink Floyd), tal y como ya he comentado, su nuevo “Distant Satellites” merece mucho la pena, así que échenle una escucha. Copón.



Y para terminar... ¡Fish! Mucho se había hecho de rogar el ex-cantante de Marillion para la revista, lo cual no deja de ser un poco inexplicable, teniendo en cuenta que la banda que abandonó en 1988 ha aparecido en no pocas ocasiones por las páginas del This is Rock. Sea como fuere, y de cara al festival “Be prog my friend!” que se celebra en Barcelona el 12 de Julio (me da mucha penita no poder ir), pudimos hablar tranquilamente durante... bastante rato, algo que, creo yo, se nota en la longitud de la entrevista. Una que por poco no se produce, a Fish se le puso el mundo un poco del revés cuando su guitarrista, Robin Boult contrajo unas inesperada varicela, lo cual, a los cincuenta y cuatro años, es algo bastante peligroso. Para colmo, la enfermedad se presentó justo a los pocos días de iniciar la gira europea de presentación del último (y genial) “A feast of consequences”.



De nuevo, fue una de esas ocasiones en las que se te hace raro hablar con una voz que has escuchado tantas veces en disco o en otras interviews en vídeo. Pero al mismo tiempo genial, sobre todo al descubrir – y aquí vuelvo a actuar como una fan histérica – que compartíamos gustos tales como “Apocalipsis Now” o, de nuevo, John Martyn. Pero lo mejor fue cuando después de la larga charleta, se me ocurrió decirle a Fish – ¿Habría algo más ridículo que una hipotética gira conjunta de este hombre con Sting y Pink? -, “bueno, voy a hacer algo tan Rock'n'Roll como comprarle un tostador a mis padres”. Lo cual devino en una serie de consideraciones sobre lo buen cocinero que Fish se considera, sobre la clase de platos que le tiene que preparar a su hija cuando se deja caer por casa (la muy guapa Tara, quien contraviene el mito de que no hay escocesas atractivas), ya que trabaja de modelo y no le gusta engordar y... bueno, sobre lo divino y lo humano, parte de eso también ha terminado en la versión impresa.

Con sus 8 paginazas, bate el anterior record de “lo más largo que he publicado nunca” (establecido por Steven Wilson el año pasado) y creo que es bastante completa, no hay muchas piedras que dejemos sin levantar en lo que se refiere a la carrera de Fish – con y sin Marillion -, aunque creo que si la cosa se hubiese prolongado más le habría sugerido que nos pusiéramos a escribir su biografía. Pero el propio cantante ha avisado al respecto en algunas ocasiones, algo que me provoca sentimientos encontrados, vaya usted a saber las burradas que podría contar este hombre.



Ahora bien, sigue siendo un conversador carismático, y si sus capacidades como vocalista no hubieran sido suficiente en su momento para llevarle al temprano éxito con Marillion, estoy seguro de que su capacidad para entablar relación con el público y la prensa, no fueron ingredientes de más en al principio de su trayectoria.


La diéresis es importante, un momento, eso no es una diéresis ¿Verdad?



Las cosas de la vida, hace años, el shoegazing era un género (o subgénero, si así lo prefieren), al que apenas le hacia caso, y en los últimos doce meses, he podido hablar con tres bandas que practican el estilo. La última de esta triada, Lantlôs (ah, la facilidad con la que se escribe alemán ¿Eh, amigos?) es, sobre todo, el proyecto comandado por Markus Siegenhort, quien, continuando en la línea de enfermedades, estaba preso de una importante gripe durante la conversación.


Lantlôs tiene más de un paralelismo con Alcest – además de discográfica y, hasta hace poco, un cantante en común -, sobre todo el giro más alejado del metal de su última grabación, “Melting Sun”. Con todo y con eso, nuestra charla aparece en el nuevo número de la revista hermana This is Metal. Para no distanciarme mucho del asunto, me he puesto mi vieja y agujereada camiseta de Led Zeppelin para escribir esto... ay, más de diez años nos contemplan, amiga ¿Te acuerdas de cuando eras negra en vez de gris?


Como ya habrán notado, este mes no hay previas de las páginas, no sé si será la tónica a partir de ahora o si es sólo cosa de este mes, así que he aprovechado para jalonar este post de enlaces a algunos discos que he reseñado este mes, además de referencias de los entrevistados. Y sí, tal y como anuncian en el programa de radio oficial de la revista, le doy un buen palo al nuevo de Yes. Lo cual es una pena, en serio, si ha habido un fan leal durante muchos años, defendiendo cosas tan difíciles de defender como “Open your eyes”, “Talk” o “The Ladder”. Pero todo tiene un limite, escuchen ustedes y juzguen por sí mismos, por supuesto.

Y como también habrán podido comprobar, el blog vuelve a levantar el vuelo (un poco, esto es) en lo referente a contenidos que no implican publicitar mis aportaciones al This is Rock. En breve me dedicaré a... publicitar mis aportaciones en otros medios ¡Claro que sí!

Por cierto ¿Me despisto un poco y Pink Floyd anuncian nuevo disco? ¿En serio????

martes, 1 de julio de 2014

MÜNCHAUSEN: LOS AÑOS REMENDADOS







Como ustedes ya saben, en este blog no tenemos problemas en reconocer que se hacen cosas por puro amiguismo, que es una cosa que funciona muy mal en las instituciones públicas (y no tanto en las empresas privadas, pero se hace más o menos igual). En todo caso, y al igual que sucedió con Doppler, también hay un genuino interés por mi parte con respecto a lo que hace la banda. Así que hoy nos ocupamos del segundo disco del grupo: “Los años remendados”

¿Quienes son? ¿A qué suenan?

Münchausen son, básicamente, un cuarteto formado por veteranos de la escena del Rock andaluz: Antonio Navarro (guitarra solista, coros), Alex Maroto (bajo), Juanma Silva (batería) y David Cala (voz, guitarra rítmica). Cantan en castellano y practican un estilo que a mi me recuerda mucho a los primeros M-Clan, con vestigios de Héroes del Silencio y otros referentes del Rock'n'Roll patrio. Con sus diez temas, “Los años remendados”, conforman un compacto repertorio que suena más variado y efectivo que el anterior “Hoc Voluerunt” (2011).

“Con el tiempo que nos queda” es un principio bastante dramático, una canción con diversos parones, subidas y bajadas, “somos polvo, sangre, barro” se canta con bastante convencimiento hacia el final de un tema que ya marca los principales aspectos del grupo: ejecución al servicio de la música y no al revés, así como una producción de altos vuelos. Muy buena mezcla y masterización de la mano de Marco A. Rondán, de Infërno Productions.


“Ulises” se empieza con un eficiente (si bien no muy largo) solo de guitarra, como también corta es la canción, más que nada que un vehículo para un estribillo que amenaza con quedarse en la cabeza del oyente. Hay un efecto interesante en la voz en la coda del segundo estribillo, en el que se imita el efecto de cantar a través de un megáfono al que sigue otro solo de guitarra en los que el músico se dedica a exprimir el pedal del wah-wah, muy bueno.

Con todo, era algo más que inevitable que el optimismo de “Que nadie borre tu sonrisa” se transformara en una de las cartas de presentación de “Los años remedados”. Puede que sea uno de los momentos más conservadores de todo el disco, pero consigue conjurar ese optimismo al que antes hacíamos referencia sin caer en ñoñerías.

Por algún motivo, se me antoja “Patente de corso” como un tema que desentona en el disco. Quizás porque tiene el sonido de un montón de buenas ideas que, una vez unidas en una sola composición, no acaban de cuajar, eso no quita para que me encante esa línea de guitarra que parece sacada del “All the young dudes” the Bowie / Mott the hopple.


No llega a los cuarenta segundos el “entreacto” un corte para voz y guitarra acústica que sirve como fuerte contraste con respecto a “Nadando contra el aguacero”. Probablemente la letra más peleona de todo el álbum, con no pocas referencias bastante envenenadas para el que las sepa leer: “el mayor pecado es pensar, tu regresa pronto al rebaño / los mercaderes tomaron el templo y la curia se dejó acariciar...” El grupo saca su lado más rockero y además de sacar brillo a las guitarras, hay unos platos bastante explosivos en la sección rítmica. Ah, y un pequeño intermedio electrónico, un diminuto aviso de lo que viene después.

Pero antes, un preciosista dueto con Priscila Gago (de Naked Nana) es el protagonista de “Ángeles”, para mí, el momento más pop de todo el disco, ojo, no lo digo como algo negativo, pero sin duda es lo más suave que van a encontrarse nuestros oídos durante la escucha.

Vuelve la energía en “Por el ojo de una aguja”, y unos textos que, a pesar del romanticismo que despliegan, son en realidad mucho más descarnados si se analizan cuidadosamente. Lo que más me gusta de esta canción son los pequeños quiebros que sirven de puente entre las distintas secciones y ese momento de guitarra a lo Andy Summers después del segundo estribillo, lo cual es sólo un pequeño detalle en el canal derecho que una mente tan enferma como la mía podría señalar.

Otro tipo de empaque tienen los seis minutos de “A barlovento”, un tema que se va desplegando poco a poco, con un efectivo riff de guitarra que empieza con las cuerdas muteadas pero que da paso a un medio tiempo con aires de balada de estadio. Atención a las líneas de Hammond de Pedro Dominguez (invitado de lujo), canela fina.




La electrónica de la que habíamos hablado antes se deja ver de modo mucho más obvio en “Caracola”. Los ritmos programados y los sintes dominan el paisaje sonoro, algo que puede chocar después de los ambientes más orgánicos de las temas que le han precedido, pero sobre todo los pequeños toques de piano funcionan muy bien. Aparte de como fuerte contraste, (y cierre) también le da a la producción una oportunidad para jugar con los espacios, probablemente lo más minimalísta de todo el cancionero, con un pequeño texto recitado a modo de despedida.

¿Balance? Pues no es la primera vez – ni será la última, me temo -, que me encuentro con un álbum auto producido que suena tan bien como esos lanzamientos en los que se invierten miles – decenas de miles, cientos de miles - de euros. La clave del asunto es ¿De qué es esto realmente señal? ¿De que el futuro está en la independencia más absoluta o de que la industria discográfica prefiere rechazar ciertas propuestas en favor de A) Nombres ya establecidos o B) sólo posibles ídolos de jovencitas cuya edad no suele sobrepasar la media de sus propias fans?

Vaya usted a saber, lo cierto es que “Los años remendados” es la confirmación del talento de una maquinaria bien engrasada, un buen disco de Pop / Rock español. Lo cual no es algo que se diga muy a menudo.