martes, 24 de abril de 2018

CULTURA CARA – BEFORE WATCHMEN, OZYMANDIAS

Esta es la pinta que tiene, sin la absenta, claro.


AVISO: NO LEER SI NO HAS LEÍDO WATCHMEN

Precio; 16,90

¿COMO TWIN PEAKS SIN DAVID LYNCH?

A tenor de las líneas que Alan Moore firma para mi edición de Watchmen – la grande, tocha, rompe omoplatos -, se entiende que hubo una época en la que el barbudo hechicero de Northampton estaba razonablemente contento con su obra, el merchandising derivado de la misma y del trato que le propiciaba DC. No le podían faltar motivos, con toda seguridad era consciente de haber reinventado la narrativa del cómic, su acercamiento al género de los superhéroes había martilleado (según Frank Miller) los últimos clavos en el ataúd para las típicas historias de Superman u otros caballeros con mallas, y encima, con éxito de ventas. 

Size Matters?


Pero todo parece indicar que nombrarle a Moore cualquiera de sus creaciones que ha terminado por formar parte de la cultura pop no hace más que abrir una herida infectada por contratos engañosos, amistades traicionadas y una abulia generalizada sobre el tema. Y es que el bueno de Alan es una de esas personas que tienen en más estima la ética que el sucio dinero de Hollywood. A todas luces, es la clase de característica que se puede tomar como un defecto en la personalidad capaz de hundir a cualquiera con menos talento. 

Empero, Watchmen, V de Vendetta y La Liga de los Caballeros Extraordinarios demuestran que Moore es un genio de la narrativa. Podría citar sus trabajos más “convencionales” o incluso añadir la convulsa trama de From Hell, pero me parece que con estos tres ejemplos es más que suficiente. 

Alan es un hombre de ideas, de buenas y grandes ideas, del tipo que no se pueden pervertir únicamente con promesas de fama y fortuna ¿Para qué? Él ya vive en “el centro del universo” – según sus propias palabras, su Northampton natal, – y no parece que necesite más dinero o reconocimiento del que ya tiene. De necesitar algo, se podría decir, quizás necesite poder dibujar todas las cosas que tiene en la cabeza con el mismo detalle que las describe en los escrupulosos guiones que le suele enviar a los dibujantes que colaboran con él.

Del libro "W Watchmen" de Rafael Marín


Por supuesto, los tres ejemplos que he puesto sobre la genialidad de Moore tienen sus respectivas adaptaciones al cine. Sería muy fácil ponerme en plan “fanboy” y decir que ninguna le llega ni a la suela de los zapatos de las obras originales, pero no. Por muchas hostias que le hayan caído a Zack Snyder por algunas de sus producciones, siempre voy a defender su más que digna “Watchmen” (en especial el “Ultimate Cut”), y todos aquellos que se quejan o la critican, sólo tengo que decirles que intenten levantar un proyecto como ese sorteando a un montón de ejecutivos que se preguntan si realmente es necesario que se vea el micro pene azul del Doctor Manhattan.

Este, vamos


V de Vendetta, a pesar de algunas de sus modificaciones, lograba transmitir la intensidad y la emoción del original,- me da igual que Hernan Migoya considere al cómic original una “obra facilona” - mientras que La liga de los Hombres Extraordinarios lograba el raro hito de alejar a Sean Connery de las pantallas al tiempo de lograr un perfecto film palomitero. Cierto es que se podría haber hecho mucho más con el material de partida, bueno, de hecho muchísimo más, o incluso se podría decir que tiene tan poco que ver con el original que para qué molestarse en ponerle el mismo nombre. Pero se deja ver.



Ahora bien, existe una sutil diferencia entre aprovechar una falla en los contratos con el artista para hacer películas usando su material como base y otra muy distinta es cagarse en todo su legado, como cuando se quiso hacer la tercera temporada de Twin Peaks sin David Lynch, propiciando que todo el elenco grabara un vídeo defendiendo que se contratara al director. Porque total, para armar tal chocho, mejor que lo haga el tipo que lo empezó todo.



Lamentablemente, los personajes de Watchmen no podían hacer lo mismo.

MECANISMO DE RELOJERIA

Recuerdo ojear Watchmen cuando se editó originalmente en nuestro país, al igual que El regreso del Caballero Oscuro, era un título que me resultaba extraño, ajeno, al tiempo que tenía algo fascinante. Cuando me lo leí casi de una sentada años después, no pude más que confirmar que era una Obra Maestra.

Por supuesto, con el tiempo a todo se le puede sacar defectos, pero en líneas generales, Watchmen funciona como un mecanismo de relojería en el que todo tiene su razón de ser, un mundo creado a medida para que cada elemento encaje, otro de esas realidades creadas por Moore que se parecen a la nuestra lo bastante para resultar creíble, lo bastante distinta para que llame la atención a nuestra parte más decidida a creer en lo imposible y de nuevo lo bastante parecido como para que nos acojonemos – figuradamente - ante la posibilidad de que algunas cosas puedan realmente ocurrir.



Inevitablemente, todos aquellos que hemos leído Watchmen nos preguntamos qué sucede después de ese final abierto-pero-no-del-todo. Contamos con que esa es la intención original de Moore, que saquemos nuestras propias conclusiones, que rellenemos lo que viene después ¿Se descubre todo el pastel de Adrian Veidt y los países del mundo se alían para acabar con él como iban a hacer contra la supuesta “amenaza alienígena”? ¿Reinará la barbarie en un mundo dominado por el caos? ¿Volverá en un momento dado el Dr. Manhattan con la vida que haya podido crear? ¿Sale El Comediante de su tumba en un giro inesperado de los acontecimientos?

Todo eso debería quedar como pasto de los diversos foros de Internet – sí, he dicho “foros”, ese concepto tan 2004 -, o la más furibunda fan fiction. Pero no para DC, empeñada en que personajes tan icónicos no se pueden quedar en el olvido, decidió incluir a los Watchmen dentro de la continuidad del universo de Batman, Superman y Linterna Verde. Pero antes de eso... estuvo Before Watchmen.

FRASES QUE NO PUEDEN SIGNIFICAR NADA BUENO: “ME SIENTO IDENTIFICADO CON (INSERTE NOMBRE DE PERSONAJE DE WATCHMEN)”.

Dejémoslo claro, todos los personajes de Watchmen fueron diseñados para resultar odiosos si uno es una persona con dos dedos de frente. Contrastando con el preocupante favoritismo por parte de los fans que tienen personajes como Batman o Lobezno, Moore insufló a los protagonistas de esta historia con los suficientes defectos como para que nos horrorizasen en distintas estancias de la historia.



Roscharch es la parte más desagradable, sociopata y traumatizada de personajes como Daredevil o Lobezno. El investigador de los bajos fondos que no se anda con sutilezas a la hora de llegar al fondo de la cuestión. Búho Nocturno II es una versión ridiculizada del Batman más bonachón y limpio de los años 50. Un inventor acomodado que con sus cachivaches intenta llevar a los criminales ante la ley, impotente en el plano sexual si antes no se ha metido en una buena pelea, esto es, igual de traumatizado que Roscharch pero más fino.



Espectro de Seda II es una mujer que ha crecido a la sombra de una madre que ni siquiera ella misma era capaz de entender las consecuencias del simbolismo de su personaje o sus acciones. Se enamora de Manhattan – siguiendo el camino de su progenitora en el camino de sentirse atraída por hombres que no le convienen en absoluto -, hasta que cae en la cuenta de que quizás es preferible envejecer con un ser humano.



Manhattan y Veidt, son en cierta forma muy parecidos. Ambos, perdidos en su perfección se han deshumanizado. El antiguo científico relativiza todo acontecimiento humano con respecto a su significación con los grandes eventos del Universo ¿Cómo va a competir en importancia la muerte de un ser querido con la explosión de una super nova? Del mismo modo, Ozymandias decide que la única forma de salvar a la humanidad es sacrificando en la carnicería más desagradable de la misma a un montón de personas.



Y qué decir de El Comediante. Una perversa unión de el Joker y Capitán América. Un Súper Patriota consciente de que la propia patria es una patraña, un organismo que le paga suntuosos cheques pero indefensa, a fin de cuentas, frente a amenazas como el conflicto en Vietnam. “No sé qué hubiera sido del país si hubiéramos perdido esta guerra” le espeta a Manhattan después que este haya ayudado, en este universo ficticio, a derrotar al Viet cong.



No hay nada que nos pueda gustar de “los Watchmen”. Conviene recordar que no se trata de un cómic de superhéroes, no hay grandes peleas a doble página. Tanto es así, que se diría que los momentos en los que hay algo de genuina “acción” - como cuando Ozymandias se carga al tipo que supuestamente intenta pegarle un tiro -, se agradecen frente a una narrativa más centrada en el desarrollo de los personajes, acciones que no implican muchas onomatopeyas y diálogos internos. Una suerte de “cómic europeo” disfrazado de tebeo de super héroes.

Todo lo que se podía contar de Watchmen, ya nos lo han contado Moore y Dave Gibbons con el cómic, la película sirvió para poder ver a esos personajes moverse en la piel de unos actores capaces de darles vida de una forma más o menos convincente, con un estilizado diseño de producción y efectos especiales a la zaga. La elección de contar la trama de los piratas como un corto animado – especialmente bien integrado en el “Ultimate Cut” - permite subrayar esa “historia dentro de la historia” de modo que resulte comprensible para el público mayoritario que debía llenar las salas de cine.

Entonces...¿Para qué hacer una serie de cómics a modo de precuelas?



PERDÓNEME PADRE PORQUE HE PECADO

Lo reconozco, me pudieron las ansias, en cuanto se empezaron a publicar estos “Before Watchmen” me los descargué en inglés en formato .cbr y me los leí. Estuvo muy mal – tanto por la impaciencia como por la piratería -y casi os podría asegurar que escribir este artículo forma parte de mi penitencia. 

Seguramente, algunos de los guionistas y dibujantes de “Antes de Watchmen” también empezaron su labor artística en dichos tebeos con el mismo enunciado de confesión, o a mí me gusta pensarlo que así fue, o quizás empezaran su confesión después de terminarlos y darse cuenta de que habían mancillado la Obra Maestra con sus Sucias Manos Llenas de 30 Monedas de Plata.

No nos pongamos tan dramáticos. En su día (2012) me descargué los cómics porque nadie tenía claro si iban a ser tal mierda que, a pesar de ser unas cuantas miniseries, lo mismo vendían tan poco que se cortaba su publicación después de un par de números y nunca se llegarían a traducir.

Por supuesto, eso era altamente improbable, con toda seguridad la buena gente de DC - y en especial Jim Lee (nada que ver con Stan) – habrían hecho sus estudios de mercado para llegar a la conclusión de que lo mejor eran unas cuantas colecciones limitadas. Si vendían una locura, siempre se podían sacar de la manga una marcianada del talante de “After Watchmen” (¡Horror! Aunque incluirlos en la continuidad de DC casi está a la altura), y si sólo vendían lo justo como para llamar la atención de la gente que les gusta Watchmen pero no saben de lo problemático que resulta todo esto para su autor original (si es que ese tipo de gente existe) pues mira, ya está todo más que amortizado.

Obviamente, nada que ver con Stan


Además, el que coordinaba todo era Len Wein. Me cago en la puta, Len Wein, el señor que había creado a Lobezno y a la Cosa del Pantano. Vale, no es el tipo que los había dotado de la profundidad que después le infundieron gente como Chris Claremont (en el caso de Logan) o el propio Moore (¿Rencor profesional? Lo dudo pero, de nuevo, es gracioso pensarlo). Si bien el encargo parecía nacer del mismísimo Jim Lee, aunque imagino que motivado por alguna instancia mayor de Warner.

Vale, a lo mejor no era el comienzo más alentador...


Aún así, la gran pregunta para muchos fans era... ¿Para qué?

EL FIN ESTÁ CERCA

Before Watchmen” no es la primera incursión de otros creadores dentro del mundo previo a la narrativa de la obra original. El videojuego “The end is nigh” - nombre extraído de la pancarta que pasea Rorschach en su identidad civil- ya contaba, con su mecánica de “beat`em up”, los sucesos que llevaron a la ruptura entre Buho Nocturno y el de la máscara con manchas de tinta.

Porque mi enfermedad no conoce limites


Aunque formaba parte de esa cosa tan horrible como son los “videojuegos basados en una película”, “El fin está cerca” supuso una propuesta bastante digna, nos permitió a algunos (por supuesto que me lo compré en físico ¿Qué pasa?) dar hostias como panes en la piel de dos personajes que sí, que son odiosos, pero igualmente fascinantes. Aparte, como tampoco tenía que tener mucha trama de fondo, se les apañaba para ser mínimamente respetuoso con el material de salida.



Before Watchmen”, por fuerza, tenía que ser diferente. O no.

ANTES DEL DURANTE

De entrada, las colecciones dedicadas a “El Comediante” y a Ozzy tenían visos de ser las más interesantes, aunque quizás podría añadir a la pila la de “Buho Nocturno”. Sería curioso intentar poner en pie qué había ocurrido en la vida de estos seres para que se transformaran en lo que acababan siendo para cuando aparecen en Watchmen.



El resto... no tenía mucho sentido, y cuando leí la de Rorschach se me confirmó. ¿Qué sentido tiene contar los orígenes de un personaje cuya historia ya se nos cuenta de forma implícita (o no tan implícita) dentro de las obras que nos los ha dado a conocer? Ya sabíamos que la madre de Rorschach era prostituta, que el padre de Dr. Manhattan era relojero... ¿Qué cambia el darles algo de trama previa a la Gran Obra más allá de los dólares que se puedan sacar de los confiados fans? Ya les digo yo que no gran cosa.

Aún así, y a pesar de que he dicho que todos los personajes de Watchmen son odiosos, todos tienen aspectos inspiradores. El Comediante es un ser libre en su amoralidad, descreído, continuamente decepcionado con la humanidad, lo único que le ha importado en la vida es ser el tipo más fuerte de la habitación, aparte de su inteligencia de calle. Al mismo tiempo, esos factores también le acorralan, le limitan. Cuando la gente se manifiesta en las calles contra los justicieros enmascarados por la “Ley Keene”, sólo sabe usar la fuerza bruta, ignorante de las posibles consecuencias de sus actos, alardeando de una impunidad a la que le quedan pocos puntos de armadura.



Rorschach sufre de la misma estrechez de miras, pero es completamente honesto en su brutalidad. Así se lo hace saber a Manhattan (y a todos nosotros, de paso) segundos antes de que El Azul acabe con su vida, incluso ante el holocausto seguirá en sus trece. Por mucho que odie la humanidad, la masacre urdida por Veidt para alcanzar su utopía le parece injustificable.



Las “segundas partes” de Búho Nocturno y de Espectro de Seda deambulan por la trama de Watchmen con un despiste importante, están hechos para lidiar con los criminales de poca monta, por mucho que consideren a Rorscharch un paranoico, se acaban suscribiendo a la teoría conspiratoria del “asesino de vigilantes enmascarados” porque... no se les ocurre nada mejor. Pero con todo, su idealismo pacato, su creencia en que todo tiene una solución sencilla – que contrasta con la relación que Espectro mantiene con Manhattan, básicamente, un Dios en la tierra – resulta cercana, casi enternecedora.

También se incluye en estos “Before” a los Minutemen, el grupo de héroes, trasuntos de La Liga de la Justicia / Los Vengadores en la realidad que retrata Watchmen. A diferencia de las otras miniséries, no es que no me lo haya leído, es que ni lo he ojeado, seguramente porque después de piratear las otras colecciones y de repasar un par de veces el volumen de Ozymandias, ya tenía muy presentes el defecto común a todas estas narraciones. Ergo...

AHORA SÍ, OZYMANDIAS

La fascinación que puede producir Adrian Veidt es, en esencia, la misma que produce James Bond, ya que, tal y como explicaba Cristopher Lee en el documental “Everything or nothing”: “todos los hombre quieren ser el número uno”. Por ende, todas las mujeres quieren estar con un número uno. Manhattan supone la exageración de esa idea, en sus propias palabras, para él: “el hombre más listo del mundo no supone una gran diferencia con respecto a la hormiga más inteligente”. 



No deja de ser curioso que la “competición” entre Ozymandias y El Azul se corresponda con la de Batman y Superman en “El regreso del caballero oscuro”. Este es un viejo adagio entre los lectores: cualquiera podría entrenar para ser el Hombre Murciélago, mientras que el kryptoniano es básicamente un Dios entre los hombres, por mucho que ello se deba a su condición de extraterrestre. En la historia de Miller, Batman está a un tris de cargarse a Kal-el usando sobre todo su inteligencia (amén de sus casi ilimitados recursos económicos y algo de ayuda extra de Flecha Verde) mientras que Veidt consigue que Manhattan no lo purgue en base a coger un mando a distancia.



Quizás por eso tenía especial interés por el volumen basado en este personaje. En estos tiempos que demasiada gente habla como un iluminado de la New Age – concepto muy 1992 – y tendemos a enunciar que “debemos ser la mejor versión de nosotros mismos”, me resulta difícil encontrar algo más atractivo que la perversión de ese concepto, a fin de cuentas, Ozymandias no es sólo la versión mejor posible de Adrian Veidt, sino de cualquier ser humano.

El problema sigue siendo el mismo que he planteado anteriormente, Moore y Gibbons ya nos habían contado todo lo que se nos podía contar sobre estos personajes ¿Realmente nos aporta algo saber que a Veidt de niño, los acusicas le robaban el almuerzo y éste decidió aprender artes marciales para un día romperle la pierna a uno de ellos? ¿Qué nos dice eso sobre su idea de la justicia que no supiéramos ya? ¿No nos había contado ya, por activa o por pasiva, su fascinación por Alejandro Magno? ¿No nos habían sugerido ya que Ozymandias le daba a pelo y a pluma? ¿Qué nos explica el ser más explicito con su sexualidad? ¿Cómo es que un tipo tan inteligente no ve venir que a su novia le gusta un poco demasiado las drogas duras? ¿Por qué demonios se responsabiliza por su muerte por sobredosis? ¿Hacía falta, de verdad, explicar el significado de la frase “Quis custodiet ipsos custodes?” con una escena encajada con calzador?



Tanto el dibujo como el argumento funcionan a la perfección, todo casa con lo que se podría esperar del estilo de Ozzy, incluso hay momentos que considero genuínamente emocionantes, y por supuesto, hay páginas que sólo caben describir como magistrales en su diseño, incluso lo apagado de algunos tonos me parece una elección más que acertada. Es de agradecer incluso la falta de horror vacui tan presente en la obra original.



Pero... insisto ¿Para qué? Más allá de sacarle unos cuartos al fan medio, Before Watchmen no tiene un gran valor artístico. Quizás como pista, en las propias páginas del cómic se nos ofrece el otro poema basado en el nombre del mítico faraón egipcio. Ya saben, el famoso es el de Percy Shelley: “Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes ¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!” Pues en “Before Watchmen” nos ofrecen el poema que compitió en las páginas de The examiner con el del señor que se acabó casando con la autora de “Frankestein”.



Mientras que el de Shelley se centraba en la grandeza del faraón, Horace Smith habla de lo poco que queda de tan gran líder, una vez que sus estatuas y construcciones han sido erosionadas por el tiempo: “Nada hay salvo la pierna que ayude a revelar dónde tan olvidada Babilonia se llegó a alzar”.

Hay dos lecturas perversas sobre la inclusión de este texto: por un lado, como un mensaje velado al propio Moore, “tu Watchmen sería todo lo grande que tú quisieras, pero al final aquí estamos, como alimañas, intentando sacar algún rédito de sus restos”, o como excusa no solicitada, “mientras que el cómic original pudo hacer aún más famoso un poema, nosotros, como obra secundaria, nos tenemos que conformar con los versos de un segundón.”



Es una pena, por algún motivo siempre he pensado que Ozymandias era el personaje en el que más cariño había puesto Moore, a fin de cuentas su apellido “real” se basa en Conrad Veidt, actor alemán que encarnó al Cesare de “El gabinete del Doctor Caligari” (Robert Wiene, 1920), que tuvo un papel como el mayor Strasser en “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942) pero que, quizás de forma aún más simbólica, fue un trasunto de El Joker en “El hombre que ríe” (Paul Line, 1928).

No os suena de nada ¿Verdad?


En definitiva, la tapa muy dura de este “Before Watchmen” queda muy bien en mi estantería, no me cabe duda de que lo repasaré de cuando en cuando, pero no tiene la suficiente valentía como plantear ángulos nuevos sobre el personaje – hubiera estado bien ver algo más de cómo se desarrolla el “plan monstruoso” de Ozymandias – ni es especialmente grácil a la hora de explicar las cosas que ya sabíamos.

Para completistas y fanáticos, me temo.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Y EN EL CAPITULO DE HOY…. ¡¡¡COSAS!!!



Fui al Be Prog y me hice una foto con Ian Mosley...

Sólo hay una cosa peor que un blog muerto por falta de actualizaciones… un blog que no se actualiza porque su responsable / autor va desechando artículos enormes de los que ya llevaba cerca de 10 páginas escritas. En Arial 14, que es la fuente y tamaño que utilizo por aquello de que la edad no perdona o más bien porque de siempre he visto de lejos tan bien como un gato de escayola, lo cual no me ha impedido renovarme el carné de conducir al menos para unos cuantos años más. Veremos para la próxima…

... y otra con Steve Rothery


En todo caso, si son ustedes algunos de los 12 (¡Doce nada más y nada menos!) de los suscriptores al bitácora, habrán percibido que, efectivamente, sí que he actualizado en alguna ocasión estas páginas virtuales, si bien sólo con pequeños enlaces a actuaciones que he realizado por mi cuenta o en compañía de otros.

Vamos a explicar un poco de todo.

¿QUÉ HAS ESTADO HACIENDO?

Pues, para variar, muchas cosas, ninguna de las cuales con la bastante importancia como para convencerme de que lo mejor era cerrar el blog, las cuentas en las redes sociales, reventar el móvil con un martillo y llevar la vida de ermitaño que he ansiado durante tanto tiempo.

Fran, deja de exagerar, por favor”.

Vaaaaale.



Empecemos por los vídeos que colgué en el blog: por un lado me subí a un escenario con los amigos de Sweet Hole. Estos me llamaron porque querían rendir un pequeño tributo a distintas bandas del Progresivo durante el concierto que iba a servir de presentación de su nuevo álbum “The first of the last days”. Una de esas bandas era Genesis, y pensaron en mí para cubrir la plaza de vocalista para ese segmento. Como se pueden imaginar, no hubo que torcerme el brazo ni ponerme una cabeza de podenco en la cama para que dijera “¡Sí, sí, voto a tal que sí!”



Aunque en la cuenta de YouTube del grupo sólo se ha colgado una canción de las dos que yo canté – capturada además con sonido de mesa y realización multicámara -, en la mía particular podéis ver con calidad de móvil cómo fue la cosa. Como diría John Lennon “espero que hayamos pasado la audición”.



¿Qué puedo decir? Me lo pasé genial tanto en la presentación del disco como en el siguiente concierto de la banda compartiendo escenario con los también amigos Malabriega. Del segundo bolo hay también documentación audiovisual registrada profesionalmente, si bien sólo la gente de Malabriega han usado parte de ese material para su nuevo EPK en el que servidor también tuvo algo que ver… ¿Endogamia? No sé que significa ese vocablo, pero quizás os gustaría ver la entrevista que les hice a los Sweet Hole y que apareció en la This is Rock, guiño, guiño, codazo, codazo…



En breve hablamos de la revista, pero hablemos antes de mi pequeño tributo a Dolores O’Riordan.



He ido acudiendo a las noches de “micro abierto” de La Sala – dónde, por cierto, empezó mi periplo como artista en solitario cuando aún se llamaba El Faro -, con la excusa de no oxidarme musicalmente, de no perder la costumbre de actuar delante del público y como campo de pruebas para nuevas canciones. Que diga que es una excusa no quiere decir que no sea verdad, o que al menos la intención inicial no fuera esa, pero al final a uno le asalta la sensación de que en realidad va a ver si cosecha unos aplausos fáciles porque tanto los amigos como el resto de la gente que acude son todos demasiado educados para no aplaudir y así darte una figurada palmada en el hombro.

En uno de esos extraños intercambios tácitos que se dan entre el que actúa y el público, he entendido que a lo mejor es más fácil tocar algunas versiones que ver si los temas nuevos se hunden o nadan ante un respetable que nunca los ha escuchado. Me he prometido cambiar eso, pero también es cierto que la misma noche que toqué los dos temas de Cranberries lo que tenía pensado tocar eran otras dos versiones de artistas un tanto distintos.



No me gusta ser oportunista, pero ya había tocado “Zombie” en otra ocasión y, en mi habitual mezcla de vagancia con algo de dejadez, pensé - después de ensayar un par de veces “Linger” - aquello tan mío de “eso bastará...” Lo cual explica la cagada en los primeros compases del tema. La primera vez que toqué delante de un público ocurrió algo parecido, por eso soy tan pesado con el tema de ensayar.

Ahora que se ha popularizado la “muerte en Facebook”, esto es, el hacerse fan irredento de un artista justo cuando acaba de fallecer - “Pantomima Full” tiene un vídeo al respecto, aunque bien pensado ¿Sobre qué gilipollez del mundo moderno no han hecho un vídeo? - para mí sería muy fácil usar la auto justificación de “joder, es que era uno de los grupos de mi juventud”. Pero para qué mentir.

Para empezar, AÚN soy joven – claro que sí guapi, pero los 30 ya no los cumples -, para continuar, nunca compré un disco de Dolores, con o sin The Cranberries, y eso que en la Tipo su segundo álbum en solitario te lo dejaban tirado de precio al año de salir al mercado. Para terminar… mierda, iba a decir que “para terminar, nunca he ido a un concierto de Dolores O’Riordan ni de los Cranberries”. Pero resulta que sí que he ido, y en cierta forma resulta inevitable aquí hacer un alto en el camino.



The Cranberries irrumpieron en mi mundo, como en el de muchos otros españoles, en 1994 con su “Zombie” sencillo del segundo álbum de la banda, “No need to argue”. Con 15 años y siendo toda una drama queen de la adolescencia que, para colmo de males, se estaba enganchando al Progresivo, que surgiera una canción tan universal pero que al mismo tiempo me llamase la atención era algo inaudito.

Nunca me transformé en un devoto de los irlandeses, pero eran un grupo que me caía bien. Estoy bastante seguro de que escuché su versión del “Go your own way” antes que el original de Fleetwood Mac, y todos los sucesivos singles que iban apareciendo me gustaban. Además, fui testigo, como muchos otros, de cómo la pobre Dolores cambiaba de aspecto en los sucesivos vídeos, de su notoria (no le quedó más remedio) lucha contra la anorexia, de cómo se reían en la prensa española de sus “aspavientos de pato” sobre las tablas y de cómo la crítica inglesa se cebaba con las letras de sus canciones.

Teniendo en cuenta que a la hora de escribir estas líneas aún se desconocen las causas del fallecimiento – y, aunque les sorprenda, me partiría el corazón que se tratara un suicidio, creo que el de Keith Emerson ya fue lo bastante horrible -, se podría pensar que observo a Dolores con algo de pena. Nada más lejos de la verdad, no podría sentir lástima por alguien que ha conseguido conectar con tanta gente y tan diversa con sus canciones.

Además, insisto, atesoro muchos recuerdos relacionados con ella. Por ejemplo, cuando el tenor Luciano Pavarotti organizaba sus “Pavarotti & Friends”, uno de los conciertos tuvo el extraño honor de unir a Dolores con Simon Le Bon para cantar “Linger”. Digo “extraño” porque no creo que nadie pudiera conectar a una muchacha irlandesa que de joven tenía prohibido maquillarse para salir, con el líder de Duran Duran – que nunca han concebido si quiera ir a comprar el pan sin maquillarse -, para cantar una de las canciones de la primera. Le Bon, que no parece que tuviese bastante con su famoso gallo en el Live Aid cantó su parte de “Linger” de tal forma que mi hermana – estábamos viéndolo y grabándolo en glorioso VHS, sobre todo porque mi sister se había alucinado con el “Wedding album” de los Duran, su gran disco para los 90 – se giró para decirme “¿Por qué desafina tanto?”



Seguramente ese día, Simon no se sintió muy “Charlie” (y ese es un comentario que sólo los fans más locos de Duran Duran saben lo que quiere decir).

Aparte, también he conocido muchos fans locos de Cranberries, incluyendo un amigo de la infancia. Y sobre lo de verla en directo, servidor se puso el chalequillo de trabajador de la Fnac cuando abrió en Sevilla y entre los fastos de apertura se incluyó un concierto de Ariel Rot, amén de otro de Dolores O’Riordan.



Saber de su fallecimiento fue triste, y tal y como dije cuando canté los dos temas en La Sala, uno se va dando cuenta de que se está haciendo mayor cuando se mueren ídolos de tu quinta. Quiero decir, saber de la muerte de David Bowie o Greg Lake era en sí un suceso luctuoso, pero parte de ti es consciente de que es hasta cierto punto irremediable. Aunque aún no sabemos de qué se ha muerto Dolores, era cruelmente joven y además tenía una joven familia de la cuidar.

Por supuesto, cuando digo “ídolo de mi quinta” me refiero a cómo la podían ver algunos de mis coetáneos. Me da cosa admitirlo, pero algunas de las críticas contra Dolores eran, en cierto modo, adecuadas. A ver, en cuanto le quitaban la guitarra de las manos, O’Riordan se quedaba un poco desnuda en el escenario, nunca desarrolló una personalidad que ocultase su aparente falta de ritmo corporal. No todos los cantantes tienen que saber bailar, pero al menos se ocupan de dar el pego de alguna forma, Dolores no parecía querer ni intentar darle una vuelta a su forma de moverse, quizás para algunos formara parte de su misterio.

Y las letras. Ya sé que el 90% de la gente (y estoy siendo generoso) que escucha música no presta gran atención a lo que se canta, sobre todo cuando se canta en un idioma que no es el suyo. Además, teniendo en cuenta que el 98% de las letras son románticas – o si no lo son, se disfrazan de tales y el público nunca reflexiona sobre qué le están cantando/contando -, pues para qué se va uno a molestar en dedicarle algo más de unos segundos a pensar en ello. Y por supuesto, los Beatles no son considerados la mejor banda del mundo por escribir unos textos impenetrables… hasta “Revolver” al menos, claro.

Tal y como he dicho antes, parte de la magia de los Cranberries residía en su sencillez. Se les comparaba a veces con The Smiths, pero en ese caso uno podía hablar más bien de “engañosa sencillez”, el grupo comandado por Morrisey tenía bastante más enjundia tanto en lo lírico como en lo instrumental. Obviamente, eso no tiene nada que ver con la cantidad de gente a la que la música de los irlandeses emocionó – estoy seguro de que mucho mayor que los Smiths – y las veces que he visto un vídeo en directo de Cranberries, podía notar que eran una banda enérgica, muy bien cohesionada, que es más de lo que se puede decir de, por ejemplo, Blondie, que después de 40 años siguen sonando como una banda punk a la que tocar en polideportivos les viene grande.



Eso no quita para que algunas de las letras pareciesen escritas por un chaval que lleva sólo unos pocos años estudiando inglés y está escribiendo sus primeras canciones. Para mí, que tengo un nivel de inglés decente – y lo dicen mis entrevistados – eso es mas que conveniente cuando me lanzo a aprenderme cualquiera de sus composiciones (todo es más fácil de memorizar). Aún así, reconozco que la saña con la que se atacaban las estrofas de Dolores iba más allá de la crueldad. Pero claro, tal y como le conté en cierta ocasión a Tim Bowness, una de mis citas favoritas de Lou Reed es “tienes que entender que la prensa británica primero quiere joderte y después mearse encima tuya”.

No hace mucho leí un artículo en The Guardian sobre el trasfondo de “Linger”. Básicamente, es una canción sobre cómo un tipo en el que Dolores tenía un cierto interés acabó pasando de ella por otra tía. No es una gran historia, y tampoco está expresada con el vocabulario más brillante, pero cojones, dudo mucho que hecha por otra persona, una canción tan sencilla pudiese evocar tantos sentimientos entre tanta gente.

Puede ser que ver al personaje público de Dolores O’Riordan provocase un poco de incomodidad, porque era obvio que fuera de su música, le costaba horrores aparentar algo de normalidad con los medios, puede que no fuera una virtuosa a la guitarra o a la pluma pero su genialidad residía en cómo era capaz de conectar con el público.

Descanse en Paz.

OK, PERO AHORA EN SERIO ¿QUÉ HAS ESTADO HACIENDO?

La respuesta simple sería “cuidar de unos padres mayores que siguen siendo bastante autónomos pero que requieren de algo de ayuda de cuando en cuando, trabajar y conciliar algo de vida personal con dicho trabajo”. Pero ¿Desde cuándo he sido capaz de dar respuestas simples?

Otro de los motivos que han provocado que el blog se quedara un poco estancado es que quería dedicarme a un par de cosas de las que aún no quiero hablar porque total, si no han salido o lo mismo no salen ¿Para qué malgastar líneas? Pero como el día sigue teniendo 24 horas, pues he tenido ver qué reparto de éstas era el más efectivo, y eso significaba que el bitácora iba a tener que entrar en boxes.

Bye, bye...


En última instancia, eso también ha provocado que dijera adiós a “Discos Locos”, ya saben: (o deberían saber), mi programa radiofónico / podcast sobre álbumes que yo considero auténticos clásicos pero que por alguna razón no han calado hondo entre el Gran Público. Me lo pasaba muy bien escribiendo los guiones e investigando sobre los artistas en cuestión, pero teniendo en cuenta que no había un contrato millonario de por medio (más bien al contrario), pues pensé que después de 12 episodios ya había cubierto buena parte de los discos que quería.

Aunque me hacía ilusión eso de decir un lunes al mes lo de “me voy a la radio”, aún me reservo el derecho a hacer un podcast desde casa con otra clase de contenidos, o dedicándole algo más de tiempo a álbumes para los que una hora no era suficiente. Hay gente que no está de acuerdo, pero estoy muy decepcionado con cómo salió el programa de “The lamb lies down on Broadway”, algo de lo que nadie más que yo tiene la culpa. Sobre todo por mi política de “un programa, un disco”. Podría haberle dedicado un par de programas, pero eso hubiera significado prolongar dos meses el hablar de un sólo álbum. En fin, ya nos ponemos con los “podría, podría, podría...”



Por supuesto, en estos meses también he tenido mi buena ración de colaboraciones con la This is Rock. Por una vez, soy algo reacio a contarlas todas de una forma ordenada, y creo que en cierta forma es lógico. Por un lado, desde la última actualización se me han acumulado tantas cosas que, francamente, no sé por dónde empezar. Algunos colegas de la revista van un paso más allá y cuelgan en sus perfiles de las redes sociales las fotos de todo lo que publican. No lo veo mal, muy al contrario, pero al mismo tiempo me da un poco de cosa porque mis textos las más de las veces se ven recortados.

No se trata, obviamente, de ningún tipo de censura – de hecho, el dire suele pedirme que endurezca algunas críticas -, sino de que tenemos el pacto de “yo te mando todo lo que tengo y después tú te las arreglas con la maquetación”. Por eso esta entrada lleva ya 6 páginas en el LibreOffice.



Total, que he acumulado tantas reseñas y entrevistas en los últimos meses que acabaríamos con una entrada que resulta inaguantable incluso para mí, sobre todo teniendo en cuenta que a la hora de escribir estas líneas, he enviado suficiente material como para dedicarle otra entrada independiente, y como no sé si va a salir todo en el número de Abril… pues pa qué.

Aparte, los lectores de la This is Rock no son muy activos en las redes sociales – imagino que si lo fueran, lo mismo no seguirían comprando una revista en papel -, así que tampoco tiene mucho sentido compartir un material que ya tienen. Por supuesto, podría ponerme lo bastante pesado (y universal) como para traducir – o más bien destraducir – mis entrevistas al inglés para, a renglón seguido, compartirlas por aquí. Pero para eso me reservo el derecho a publicar un libro con todas las entrevistas a músicos, incluyendo las inéditas, que también se me empiezan a acumular.

También me tocó entrevistar a Paz Padilla, obviamente, no para la This is Rock...


Antes de pasar a la última parte de esta entrada, sí que me gustaría señalar un aspecto un tanto frustrante del periodismo musical y que me ha hecho prometerme bajar el ritmo de las colaboraciones de aquí en adelante.

Llevo casi 10 años colaborando con This is Rock, la cual lleva publicándose unos cuantos añitos más. He entrevistado a casi toda la gente que alguna vez he querido entrevistar – y, lo reconozco, también a músicos que no me atraían especialmente -, entre los que se encuentran algunos de los artistas más importantes del Rock. Paul Weller, Ian Anderson (en dos ocasiones, aunque por algún motivo siempre pienso que ha sido sólo una), Mike Oldfield ¡El puto Mike Oldfield! Steven Wilson (también un par de veces), Tony Levin, Steve Gadd… me gustaría tener “una audiencia” con Bruce Springsteen, pero Little Steven me ha llamado por teléfono. No es moco de pavo, joder.

Aún así, cuando viene un artista de una cierta talla a nuestro país, todo son problemas, incluso cuando la entrevista es idea de los propios promotores / mánagers / representante español de la discográfica. Parece mentira, pero mientras más tecnificado está el mundo, más parece que se agarran algunas personas a las viejas costumbres. Supongo que está relacionado con que no se demuestre lo prescindible de algunos trabajos si se eliminaran ciertos filtros. Es simplemente ridícula la cantidad de maniobras que hay que hacer para que a un músico al otro lado del atlántico le encaje una conversación con un redactor. En fin…

Pero ya con los conciertos es cuando la cosa es de traca, como la música en directo se ha revalorizado en los últimos años – por culpa de las descargas, el streaming y blablabla… , da la impresión de que hacer fotos o cubrir un show en particular fuese un favor que te hacen los promotores. Ya es bastante malo que te hagan dejar la cámara en el coche o en el guardarropa, cosas que lo único que consiguen es que a uno se le quiten las ganas de cubrir nada. Pero aún es peor cuando el trato antes de empezar el concierto intenta dar la impresión de que todo es una maniobra militar en la que una paso en falso supondría la expulsión del recinto. Es un puto concierto, si me citan a una hora en la puerta estaré allí, y si no estoy, si tan importante es todo, que dejen a alguien en la puerta con un pinganillo y ya mandará al rezagado por dónde haga falta. No creo que “por error” nadie se vaya a meter en el camerino de Bono.

En fin. Esa es la pataleta con espuma en la boca. Pasemos a algo más divertido.

COSAS QUE ME HAN GUSTADO ÚLTIMAMENTE

He llamado a esta entrada “¡Cosas!” porque era el nombre de una de mis (lamentablemente desaparecidas) secciones más amadas de El Corte Inglés. “Cosas” era una forma amable de decir “chuminadas”, ya saben, latas de Coca-cola que se movían con la música, lápices con una cabeza – melena incluida – de león en dónde tendría que haber estado una goma de borrar, cuadernos con páginas perfumadas. Vamos, el relevo que parece haber tomado el Tiger.



Pero la primera cosa que quiero destacar tiene una relevancia y una profundidad mucho mayor que esos artículos. Hablo de “Lejos de aquí”, 800 páginas – 18.000 para mi móvil con Kindle, ya saben, ojos de gato de escayola -, sobre Jose Luis Manzano, Eloy de la Iglesia, el cine español, la transición…

Supe del volumen a través de la entrevista que se le hizo al autor, Eduardo Fuembuena, en el podcast de “Aqui vale todo”, y tuve claro que era un libro que HABÍA que leer. Después de adquirir la versión electrónica – aún no se había lanzado la segunda edición en papel -, me reafirmo en esa opinión. No obstante, y por decirlo de alguna forma, no es “una historia bonita”, sino que se parece a una de esas bebidas que deja un regusto amargo en la boca, ah, el juego metarreferencial…

El autor define “Lejos de aquí” como un “Libro Total” y no le falta razón. No es solamente una narración de la trayectoria vital y cinematográfica de un director, de su actor fetiche y de algunas de las personas que pasaron por sus vidas. Fuembuena, con una precisión casi quirúrgica, hace un corte en nuestra visión de la España que murió con Franco al tiempo que narra la cara B de este, nuestro país, antes de que llegaran los fastos del 92.

Ahora bien, como buen “Libro Total” que intenta englobar aspectos vitales, sociales, que se transforma en trabajo de ficción a la hora de rellenar los diálogos internos de algunos de los protagonistas de la historia, “Lejos de aquí” tiene momentos que no interesarán a todos los lectores, que incomodarán a otros o – como en mi caso – puede que les saque totalmente de la narración. Pero aún así, recomiendo encarecidamente su lectura.

De hecho, uno de los artículos que iba a escribir para el blog era una reseña de “Lejos de aquí”, pero se me estaba haciendo tan larga como el libro y, en el fondo, estaba haciendo más un resumen que una crítica de la obra. Al final se volvió tan absurdo que decidí que fuera absorbida en esta entrada, porque total, he contado más o menos lo mismo.

Pasamos ahora a… ¡Blogs! Como todo el mundo ya sabe a estas alturas, uno de mis blogs de cabecera es “Vicisitud y Sordidez” que me sigue dando buenos ratos… cuando lo actualizan. Tampoco hace falta ser un “palmero de Paco Fox” - ah, Curious Cat, qué buenos ratos nos das -, para saber que VyS no sigue su ritmo anterior porque… pues por motivos muy parecidos a los que provocan los diversos frenazos de “El coche perfecto”. Esto es, LA VIDA. Eso sí, al menos ellos tienen unos colaboradores de los que echar mano cuando los autores principales no pueden hacerse cargo.

Aunque claro, yo tampoco voy a dejar que ningún manazas se acerca a mi bitácora, a saber qué iban a escribir, y además, tampoco he tenido aquí una línea tan clara como para que la pudiera continuar otra persona. Eso engarza con otro blog de descubrimiento más reciente que hace que me descojone cada vez que lo leo.

Con el autor de “Eltipo de la brocha” comparto varias filias y fóbias, la más alarmante, como se pueden imaginar, es la necesidad de adquirir todo aquello que se publique sobre “Los Masters del Universo”. Sí, eso incluyen los cómics del crossover entre He-man y los suyos con personajes del universo DC. Al menos, El tipo de la Brocha es más divertido a la hora de explicar dicha fijación, es muy divertido, sobre todo porque consigue muy bien esa captar esa sensación que sólo es equiparable a la culpabilidad que le recorre a un católico después de masturbarse: “¿Por qué lo he hecho? ¿Por qué tenía que comprar otro tebeo absurdo sólo porque sale Skeletor?” O algo así.

So sexy...


Hablemos de música. Como era de esperar, uno de mis álbumes favoritos del año pasado fue “To the bone”, de Steven Wilson. El disco levantó no pocas protestas por parte de los fans de Porcupine Tree porque pensaban que el pope del Progresivo se había vuelto comercial. Entiendo que haya gente para la cual Wilson y su ex-banda llegaron al mundo con “In absentia”, (2002), pero el pobre Steven lleva revindicando su pasión por la canción pop desde ese gran duplo que fueron “Stupid Dream” (1999) y “Lightbulb Sun” (2000). Qué le vamos a hacer.

Fui al concierto de Madrid en el Palacio de Deportes / Wizink Center / Comocoñosevayaallamar y mi reseña (con foto) se puede encontrar en la This is Rock de Marzo. Aunque se vio ligeramente recortada en su publicación final, podéis pillar la idea de me pareció un gran concierto, si bien no tuvo la magia de otras veces. Definitivamente, Wilson merece recintos mejores que La Riviera – algo que también se podría decir de Bryan Ferry, Paul Weller, Yes, King Crimson, Transatlantic o de buena parte de los artistas que he visto en esa “sala” - pero las cavernosas dimensiones del Palacio hacen que su show parezca demasiado pequeño.



Una cosa que también me pareció un poco absurda fue el discurso de “auto justifiación” antes de tocar “Permanating”. Esto es, la canción más descaradamente inspirada en los suecos Abba de su último disco, vamos, que podéis cantar “Mamma mía” sobre el estribillo y quedaría de puta madre. Me pareció totalmente innecesario esto de poner “la venda antes que la herida”, hablando de las bondades del pop, pero supongo que Steven querría romper el tono un tanto frío de una noche que, estoy bastante seguro, no pasará a la historia de su carrera.



Una cosa que me encantó fue que durante “Song of I” - la canción con los arreglos más zeppelianos de la noche – el guitarrista Alex Hutchings se encargó de tocar su instrumento de un arco de violín al más puro estilo Jimmy Page, ese tipo de detalles chorras siempre están bien.

Podría hablar de más discos pero, quizás para otra entrada, del mismo modo que podría meterme a fondo en polémicas sobre “Los ultimos jedis”, sobre por qué las películas del Universo Cinematográfico de Marvel funcionan y las de DC no. O sobre por qué el cine de autor aún no se ha muerto, sobre las películas o series que he visto en Amazon Prime (porque Netflix y HBO son para el vulgo) y etc, etc... Todo ha su debido tiempo.

De mientras, sólo decir que en este episodio del podcast "Tiempo de Culto se dice" – y de una forma mucho más elocuente de lo que yo podría -, todo lo que se me ocurre decir sobre el tema Star Wars.

Ahora bien, compré – sí, han leído correctamente, “comprar” - “Batman V (¿versus?) Superman” para vérmela durante mi trayecto en el AVE y… joder, me sigue pareciendo totalmente defendible ¿Qué me pasa doctor?

En breve – para los promedios de este blog – más y mejor. Demonios, empezaré con mi experiencia con Amazon Prime.


Avisados quedan.