miércoles, 14 de marzo de 2018

Y EN EL CAPITULO DE HOY…. ¡¡¡COSAS!!!



Fui al Be Prog y me hice una foto con Ian Mosley...

Sólo hay una cosa peor que un blog muerto por falta de actualizaciones… un blog que no se actualiza porque su responsable / autor va desechando artículos enormes de los que ya llevaba cerca de 10 páginas escritas. En Arial 14, que es la fuente y tamaño que utilizo por aquello de que la edad no perdona o más bien porque de siempre he visto de lejos tan bien como un gato de escayola, lo cual no me ha impedido renovarme el carné de conducir al menos para unos cuantos años más. Veremos para la próxima…

... y otra con Steve Rothery


En todo caso, si son ustedes algunos de los 12 (¡Doce nada más y nada menos!) de los suscriptores al bitácora, habrán percibido que, efectivamente, sí que he actualizado en alguna ocasión estas páginas virtuales, si bien sólo con pequeños enlaces a actuaciones que he realizado por mi cuenta o en compañía de otros.

Vamos a explicar un poco de todo.

¿QUÉ HAS ESTADO HACIENDO?

Pues, para variar, muchas cosas, ninguna de las cuales con la bastante importancia como para convencerme de que lo mejor era cerrar el blog, las cuentas en las redes sociales, reventar el móvil con un martillo y llevar la vida de ermitaño que he ansiado durante tanto tiempo.

Fran, deja de exagerar, por favor”.

Vaaaaale.



Empecemos por los vídeos que colgué en el blog: por un lado me subí a un escenario con los amigos de Sweet Hole. Estos me llamaron porque querían rendir un pequeño tributo a distintas bandas del Progresivo durante el concierto que iba a servir de presentación de su nuevo álbum “The first of the last days”. Una de esas bandas era Genesis, y pensaron en mí para cubrir la plaza de vocalista para ese segmento. Como se pueden imaginar, no hubo que torcerme el brazo ni ponerme una cabeza de podenco en la cama para que dijera “¡Sí, sí, voto a tal que sí!”



Aunque en la cuenta de YouTube del grupo sólo se ha colgado una canción de las dos que yo canté – capturada además con sonido de mesa y realización multicámara -, en la mía particular podéis ver con calidad de móvil cómo fue la cosa. Como diría John Lennon “espero que hayamos pasado la audición”.



¿Qué puedo decir? Me lo pasé genial tanto en la presentación del disco como en el siguiente concierto de la banda compartiendo escenario con los también amigos Malabriega. Del segundo bolo hay también documentación audiovisual registrada profesionalmente, si bien sólo la gente de Malabriega han usado parte de ese material para su nuevo EPK en el que servidor también tuvo algo que ver… ¿Endogamia? No sé que significa ese vocablo, pero quizás os gustaría ver la entrevista que les hice a los Sweet Hole y que apareció en la This is Rock, guiño, guiño, codazo, codazo…



En breve hablamos de la revista, pero hablemos antes de mi pequeño tributo a Dolores O’Riordan.



He ido acudiendo a las noches de “micro abierto” de La Sala – dónde, por cierto, empezó mi periplo como artista en solitario cuando aún se llamaba El Faro -, con la excusa de no oxidarme musicalmente, de no perder la costumbre de actuar delante del público y como campo de pruebas para nuevas canciones. Que diga que es una excusa no quiere decir que no sea verdad, o que al menos la intención inicial no fuera esa, pero al final a uno le asalta la sensación de que en realidad va a ver si cosecha unos aplausos fáciles porque tanto los amigos como el resto de la gente que acude son todos demasiado educados para no aplaudir y así darte una figurada palmada en el hombro.

En uno de esos extraños intercambios tácitos que se dan entre el que actúa y el público, he entendido que a lo mejor es más fácil tocar algunas versiones que ver si los temas nuevos se hunden o nadan ante un respetable que nunca los ha escuchado. Me he prometido cambiar eso, pero también es cierto que la misma noche que toqué los dos temas de Cranberries lo que tenía pensado tocar eran otras dos versiones de artistas un tanto distintos.



No me gusta ser oportunista, pero ya había tocado “Zombie” en otra ocasión y, en mi habitual mezcla de vagancia con algo de dejadez, pensé - después de ensayar un par de veces “Linger” - aquello tan mío de “eso bastará...” Lo cual explica la cagada en los primeros compases del tema. La primera vez que toqué delante de un público ocurrió algo parecido, por eso soy tan pesado con el tema de ensayar.

Ahora que se ha popularizado la “muerte en Facebook”, esto es, el hacerse fan irredento de un artista justo cuando acaba de fallecer - “Pantomima Full” tiene un vídeo al respecto, aunque bien pensado ¿Sobre qué gilipollez del mundo moderno no han hecho un vídeo? - para mí sería muy fácil usar la auto justificación de “joder, es que era uno de los grupos de mi juventud”. Pero para qué mentir.

Para empezar, AÚN soy joven – claro que sí guapi, pero los 30 ya no los cumples -, para continuar, nunca compré un disco de Dolores, con o sin The Cranberries, y eso que en la Tipo su segundo álbum en solitario te lo dejaban tirado de precio al año de salir al mercado. Para terminar… mierda, iba a decir que “para terminar, nunca he ido a un concierto de Dolores O’Riordan ni de los Cranberries”. Pero resulta que sí que he ido, y en cierta forma resulta inevitable aquí hacer un alto en el camino.



The Cranberries irrumpieron en mi mundo, como en el de muchos otros españoles, en 1994 con su “Zombie” sencillo del segundo álbum de la banda, “No need to argue”. Con 15 años y siendo toda una drama queen de la adolescencia que, para colmo de males, se estaba enganchando al Progresivo, que surgiera una canción tan universal pero que al mismo tiempo me llamase la atención era algo inaudito.

Nunca me transformé en un devoto de los irlandeses, pero eran un grupo que me caía bien. Estoy bastante seguro de que escuché su versión del “Go your own way” antes que el original de Fleetwood Mac, y todos los sucesivos singles que iban apareciendo me gustaban. Además, fui testigo, como muchos otros, de cómo la pobre Dolores cambiaba de aspecto en los sucesivos vídeos, de su notoria (no le quedó más remedio) lucha contra la anorexia, de cómo se reían en la prensa española de sus “aspavientos de pato” sobre las tablas y de cómo la crítica inglesa se cebaba con las letras de sus canciones.

Teniendo en cuenta que a la hora de escribir estas líneas aún se desconocen las causas del fallecimiento – y, aunque les sorprenda, me partiría el corazón que se tratara un suicidio, creo que el de Keith Emerson ya fue lo bastante horrible -, se podría pensar que observo a Dolores con algo de pena. Nada más lejos de la verdad, no podría sentir lástima por alguien que ha conseguido conectar con tanta gente y tan diversa con sus canciones.

Además, insisto, atesoro muchos recuerdos relacionados con ella. Por ejemplo, cuando el tenor Luciano Pavarotti organizaba sus “Pavarotti & Friends”, uno de los conciertos tuvo el extraño honor de unir a Dolores con Simon Le Bon para cantar “Linger”. Digo “extraño” porque no creo que nadie pudiera conectar a una muchacha irlandesa que de joven tenía prohibido maquillarse para salir, con el líder de Duran Duran – que nunca han concebido si quiera ir a comprar el pan sin maquillarse -, para cantar una de las canciones de la primera. Le Bon, que no parece que tuviese bastante con su famoso gallo en el Live Aid cantó su parte de “Linger” de tal forma que mi hermana – estábamos viéndolo y grabándolo en glorioso VHS, sobre todo porque mi sister se había alucinado con el “Wedding album” de los Duran, su gran disco para los 90 – se giró para decirme “¿Por qué desafina tanto?”



Seguramente ese día, Simon no se sintió muy “Charlie” (y ese es un comentario que sólo los fans más locos de Duran Duran saben lo que quiere decir).

Aparte, también he conocido muchos fans locos de Cranberries, incluyendo un amigo de la infancia. Y sobre lo de verla en directo, servidor se puso el chalequillo de trabajador de la Fnac cuando abrió en Sevilla y entre los fastos de apertura se incluyó un concierto de Ariel Rot, amén de otro de Dolores O’Riordan.



Saber de su fallecimiento fue triste, y tal y como dije cuando canté los dos temas en La Sala, uno se va dando cuenta de que se está haciendo mayor cuando se mueren ídolos de tu quinta. Quiero decir, saber de la muerte de David Bowie o Greg Lake era en sí un suceso luctuoso, pero parte de ti es consciente de que es hasta cierto punto irremediable. Aunque aún no sabemos de qué se ha muerto Dolores, era cruelmente joven y además tenía una joven familia de la cuidar.

Por supuesto, cuando digo “ídolo de mi quinta” me refiero a cómo la podían ver algunos de mis coetáneos. Me da cosa admitirlo, pero algunas de las críticas contra Dolores eran, en cierto modo, adecuadas. A ver, en cuanto le quitaban la guitarra de las manos, O’Riordan se quedaba un poco desnuda en el escenario, nunca desarrolló una personalidad que ocultase su aparente falta de ritmo corporal. No todos los cantantes tienen que saber bailar, pero al menos se ocupan de dar el pego de alguna forma, Dolores no parecía querer ni intentar darle una vuelta a su forma de moverse, quizás para algunos formara parte de su misterio.

Y las letras. Ya sé que el 90% de la gente (y estoy siendo generoso) que escucha música no presta gran atención a lo que se canta, sobre todo cuando se canta en un idioma que no es el suyo. Además, teniendo en cuenta que el 98% de las letras son románticas – o si no lo son, se disfrazan de tales y el público nunca reflexiona sobre qué le están cantando/contando -, pues para qué se va uno a molestar en dedicarle algo más de unos segundos a pensar en ello. Y por supuesto, los Beatles no son considerados la mejor banda del mundo por escribir unos textos impenetrables… hasta “Revolver” al menos, claro.

Tal y como he dicho antes, parte de la magia de los Cranberries residía en su sencillez. Se les comparaba a veces con The Smiths, pero en ese caso uno podía hablar más bien de “engañosa sencillez”, el grupo comandado por Morrisey tenía bastante más enjundia tanto en lo lírico como en lo instrumental. Obviamente, eso no tiene nada que ver con la cantidad de gente a la que la música de los irlandeses emocionó – estoy seguro de que mucho mayor que los Smiths – y las veces que he visto un vídeo en directo de Cranberries, podía notar que eran una banda enérgica, muy bien cohesionada, que es más de lo que se puede decir de, por ejemplo, Blondie, que después de 40 años siguen sonando como una banda punk a la que tocar en polideportivos les viene grande.



Eso no quita para que algunas de las letras pareciesen escritas por un chaval que lleva sólo unos pocos años estudiando inglés y está escribiendo sus primeras canciones. Para mí, que tengo un nivel de inglés decente – y lo dicen mis entrevistados – eso es mas que conveniente cuando me lanzo a aprenderme cualquiera de sus composiciones (todo es más fácil de memorizar). Aún así, reconozco que la saña con la que se atacaban las estrofas de Dolores iba más allá de la crueldad. Pero claro, tal y como le conté en cierta ocasión a Tim Bowness, una de mis citas favoritas de Lou Reed es “tienes que entender que la prensa británica primero quiere joderte y después mearse encima tuya”.

No hace mucho leí un artículo en The Guardian sobre el trasfondo de “Linger”. Básicamente, es una canción sobre cómo un tipo en el que Dolores tenía un cierto interés acabó pasando de ella por otra tía. No es una gran historia, y tampoco está expresada con el vocabulario más brillante, pero cojones, dudo mucho que hecha por otra persona, una canción tan sencilla pudiese evocar tantos sentimientos entre tanta gente.

Puede ser que ver al personaje público de Dolores O’Riordan provocase un poco de incomodidad, porque era obvio que fuera de su música, le costaba horrores aparentar algo de normalidad con los medios, puede que no fuera una virtuosa a la guitarra o a la pluma pero su genialidad residía en cómo era capaz de conectar con el público.

Descanse en Paz.

OK, PERO AHORA EN SERIO ¿QUÉ HAS ESTADO HACIENDO?

La respuesta simple sería “cuidar de unos padres mayores que siguen siendo bastante autónomos pero que requieren de algo de ayuda de cuando en cuando, trabajar y conciliar algo de vida personal con dicho trabajo”. Pero ¿Desde cuándo he sido capaz de dar respuestas simples?

Otro de los motivos que han provocado que el blog se quedara un poco estancado es que quería dedicarme a un par de cosas de las que aún no quiero hablar porque total, si no han salido o lo mismo no salen ¿Para qué malgastar líneas? Pero como el día sigue teniendo 24 horas, pues he tenido ver qué reparto de éstas era el más efectivo, y eso significaba que el bitácora iba a tener que entrar en boxes.

Bye, bye...


En última instancia, eso también ha provocado que dijera adiós a “Discos Locos”, ya saben: (o deberían saber), mi programa radiofónico / podcast sobre álbumes que yo considero auténticos clásicos pero que por alguna razón no han calado hondo entre el Gran Público. Me lo pasaba muy bien escribiendo los guiones e investigando sobre los artistas en cuestión, pero teniendo en cuenta que no había un contrato millonario de por medio (más bien al contrario), pues pensé que después de 12 episodios ya había cubierto buena parte de los discos que quería.

Aunque me hacía ilusión eso de decir un lunes al mes lo de “me voy a la radio”, aún me reservo el derecho a hacer un podcast desde casa con otra clase de contenidos, o dedicándole algo más de tiempo a álbumes para los que una hora no era suficiente. Hay gente que no está de acuerdo, pero estoy muy decepcionado con cómo salió el programa de “The lamb lies down on Broadway”, algo de lo que nadie más que yo tiene la culpa. Sobre todo por mi política de “un programa, un disco”. Podría haberle dedicado un par de programas, pero eso hubiera significado prolongar dos meses el hablar de un sólo álbum. En fin, ya nos ponemos con los “podría, podría, podría...”



Por supuesto, en estos meses también he tenido mi buena ración de colaboraciones con la This is Rock. Por una vez, soy algo reacio a contarlas todas de una forma ordenada, y creo que en cierta forma es lógico. Por un lado, desde la última actualización se me han acumulado tantas cosas que, francamente, no sé por dónde empezar. Algunos colegas de la revista van un paso más allá y cuelgan en sus perfiles de las redes sociales las fotos de todo lo que publican. No lo veo mal, muy al contrario, pero al mismo tiempo me da un poco de cosa porque mis textos las más de las veces se ven recortados.

No se trata, obviamente, de ningún tipo de censura – de hecho, el dire suele pedirme que endurezca algunas críticas -, sino de que tenemos el pacto de “yo te mando todo lo que tengo y después tú te las arreglas con la maquetación”. Por eso esta entrada lleva ya 6 páginas en el LibreOffice.



Total, que he acumulado tantas reseñas y entrevistas en los últimos meses que acabaríamos con una entrada que resulta inaguantable incluso para mí, sobre todo teniendo en cuenta que a la hora de escribir estas líneas, he enviado suficiente material como para dedicarle otra entrada independiente, y como no sé si va a salir todo en el número de Abril… pues pa qué.

Aparte, los lectores de la This is Rock no son muy activos en las redes sociales – imagino que si lo fueran, lo mismo no seguirían comprando una revista en papel -, así que tampoco tiene mucho sentido compartir un material que ya tienen. Por supuesto, podría ponerme lo bastante pesado (y universal) como para traducir – o más bien destraducir – mis entrevistas al inglés para, a renglón seguido, compartirlas por aquí. Pero para eso me reservo el derecho a publicar un libro con todas las entrevistas a músicos, incluyendo las inéditas, que también se me empiezan a acumular.

También me tocó entrevistar a Paz Padilla, obviamente, no para la This is Rock...


Antes de pasar a la última parte de esta entrada, sí que me gustaría señalar un aspecto un tanto frustrante del periodismo musical y que me ha hecho prometerme bajar el ritmo de las colaboraciones de aquí en adelante.

Llevo casi 10 años colaborando con This is Rock, la cual lleva publicándose unos cuantos añitos más. He entrevistado a casi toda la gente que alguna vez he querido entrevistar – y, lo reconozco, también a músicos que no me atraían especialmente -, entre los que se encuentran algunos de los artistas más importantes del Rock. Paul Weller, Ian Anderson (en dos ocasiones, aunque por algún motivo siempre pienso que ha sido sólo una), Mike Oldfield ¡El puto Mike Oldfield! Steven Wilson (también un par de veces), Tony Levin, Steve Gadd… me gustaría tener “una audiencia” con Bruce Springsteen, pero Little Steven me ha llamado por teléfono. No es moco de pavo, joder.

Aún así, cuando viene un artista de una cierta talla a nuestro país, todo son problemas, incluso cuando la entrevista es idea de los propios promotores / mánagers / representante español de la discográfica. Parece mentira, pero mientras más tecnificado está el mundo, más parece que se agarran algunas personas a las viejas costumbres. Supongo que está relacionado con que no se demuestre lo prescindible de algunos trabajos si se eliminaran ciertos filtros. Es simplemente ridícula la cantidad de maniobras que hay que hacer para que a un músico al otro lado del atlántico le encaje una conversación con un redactor. En fin…

Pero ya con los conciertos es cuando la cosa es de traca, como la música en directo se ha revalorizado en los últimos años – por culpa de las descargas, el streaming y blablabla… , da la impresión de que hacer fotos o cubrir un show en particular fuese un favor que te hacen los promotores. Ya es bastante malo que te hagan dejar la cámara en el coche o en el guardarropa, cosas que lo único que consiguen es que a uno se le quiten las ganas de cubrir nada. Pero aún es peor cuando el trato antes de empezar el concierto intenta dar la impresión de que todo es una maniobra militar en la que una paso en falso supondría la expulsión del recinto. Es un puto concierto, si me citan a una hora en la puerta estaré allí, y si no estoy, si tan importante es todo, que dejen a alguien en la puerta con un pinganillo y ya mandará al rezagado por dónde haga falta. No creo que “por error” nadie se vaya a meter en el camerino de Bono.

En fin. Esa es la pataleta con espuma en la boca. Pasemos a algo más divertido.

COSAS QUE ME HAN GUSTADO ÚLTIMAMENTE

He llamado a esta entrada “¡Cosas!” porque era el nombre de una de mis (lamentablemente desaparecidas) secciones más amadas de El Corte Inglés. “Cosas” era una forma amable de decir “chuminadas”, ya saben, latas de Coca-cola que se movían con la música, lápices con una cabeza – melena incluida – de león en dónde tendría que haber estado una goma de borrar, cuadernos con páginas perfumadas. Vamos, el relevo que parece haber tomado el Tiger.



Pero la primera cosa que quiero destacar tiene una relevancia y una profundidad mucho mayor que esos artículos. Hablo de “Lejos de aquí”, 800 páginas – 18.000 para mi móvil con Kindle, ya saben, ojos de gato de escayola -, sobre Jose Luis Manzano, Eloy de la Iglesia, el cine español, la transición…

Supe del volumen a través de la entrevista que se le hizo al autor, Eduardo Fuembuena, en el podcast de “Aqui vale todo”, y tuve claro que era un libro que HABÍA que leer. Después de adquirir la versión electrónica – aún no se había lanzado la segunda edición en papel -, me reafirmo en esa opinión. No obstante, y por decirlo de alguna forma, no es “una historia bonita”, sino que se parece a una de esas bebidas que deja un regusto amargo en la boca, ah, el juego metarreferencial…

El autor define “Lejos de aquí” como un “Libro Total” y no le falta razón. No es solamente una narración de la trayectoria vital y cinematográfica de un director, de su actor fetiche y de algunas de las personas que pasaron por sus vidas. Fuembuena, con una precisión casi quirúrgica, hace un corte en nuestra visión de la España que murió con Franco al tiempo que narra la cara B de este, nuestro país, antes de que llegaran los fastos del 92.

Ahora bien, como buen “Libro Total” que intenta englobar aspectos vitales, sociales, que se transforma en trabajo de ficción a la hora de rellenar los diálogos internos de algunos de los protagonistas de la historia, “Lejos de aquí” tiene momentos que no interesarán a todos los lectores, que incomodarán a otros o – como en mi caso – puede que les saque totalmente de la narración. Pero aún así, recomiendo encarecidamente su lectura.

De hecho, uno de los artículos que iba a escribir para el blog era una reseña de “Lejos de aquí”, pero se me estaba haciendo tan larga como el libro y, en el fondo, estaba haciendo más un resumen que una crítica de la obra. Al final se volvió tan absurdo que decidí que fuera absorbida en esta entrada, porque total, he contado más o menos lo mismo.

Pasamos ahora a… ¡Blogs! Como todo el mundo ya sabe a estas alturas, uno de mis blogs de cabecera es “Vicisitud y Sordidez” que me sigue dando buenos ratos… cuando lo actualizan. Tampoco hace falta ser un “palmero de Paco Fox” - ah, Curious Cat, qué buenos ratos nos das -, para saber que VyS no sigue su ritmo anterior porque… pues por motivos muy parecidos a los que provocan los diversos frenazos de “El coche perfecto”. Esto es, LA VIDA. Eso sí, al menos ellos tienen unos colaboradores de los que echar mano cuando los autores principales no pueden hacerse cargo.

Aunque claro, yo tampoco voy a dejar que ningún manazas se acerca a mi bitácora, a saber qué iban a escribir, y además, tampoco he tenido aquí una línea tan clara como para que la pudiera continuar otra persona. Eso engarza con otro blog de descubrimiento más reciente que hace que me descojone cada vez que lo leo.

Con el autor de “Eltipo de la brocha” comparto varias filias y fóbias, la más alarmante, como se pueden imaginar, es la necesidad de adquirir todo aquello que se publique sobre “Los Masters del Universo”. Sí, eso incluyen los cómics del crossover entre He-man y los suyos con personajes del universo DC. Al menos, El tipo de la Brocha es más divertido a la hora de explicar dicha fijación, es muy divertido, sobre todo porque consigue muy bien esa captar esa sensación que sólo es equiparable a la culpabilidad que le recorre a un católico después de masturbarse: “¿Por qué lo he hecho? ¿Por qué tenía que comprar otro tebeo absurdo sólo porque sale Skeletor?” O algo así.

So sexy...


Hablemos de música. Como era de esperar, uno de mis álbumes favoritos del año pasado fue “To the bone”, de Steven Wilson. El disco levantó no pocas protestas por parte de los fans de Porcupine Tree porque pensaban que el pope del Progresivo se había vuelto comercial. Entiendo que haya gente para la cual Wilson y su ex-banda llegaron al mundo con “In absentia”, (2002), pero el pobre Steven lleva revindicando su pasión por la canción pop desde ese gran duplo que fueron “Stupid Dream” (1999) y “Lightbulb Sun” (2000). Qué le vamos a hacer.

Fui al concierto de Madrid en el Palacio de Deportes / Wizink Center / Comocoñosevayaallamar y mi reseña (con foto) se puede encontrar en la This is Rock de Marzo. Aunque se vio ligeramente recortada en su publicación final, podéis pillar la idea de me pareció un gran concierto, si bien no tuvo la magia de otras veces. Definitivamente, Wilson merece recintos mejores que La Riviera – algo que también se podría decir de Bryan Ferry, Paul Weller, Yes, King Crimson, Transatlantic o de buena parte de los artistas que he visto en esa “sala” - pero las cavernosas dimensiones del Palacio hacen que su show parezca demasiado pequeño.



Una cosa que también me pareció un poco absurda fue el discurso de “auto justifiación” antes de tocar “Permanating”. Esto es, la canción más descaradamente inspirada en los suecos Abba de su último disco, vamos, que podéis cantar “Mamma mía” sobre el estribillo y quedaría de puta madre. Me pareció totalmente innecesario esto de poner “la venda antes que la herida”, hablando de las bondades del pop, pero supongo que Steven querría romper el tono un tanto frío de una noche que, estoy bastante seguro, no pasará a la historia de su carrera.



Una cosa que me encantó fue que durante “Song of I” - la canción con los arreglos más zeppelianos de la noche – el guitarrista Alex Hutchings se encargó de tocar su instrumento de un arco de violín al más puro estilo Jimmy Page, ese tipo de detalles chorras siempre están bien.

Podría hablar de más discos pero, quizás para otra entrada, del mismo modo que podría meterme a fondo en polémicas sobre “Los ultimos jedis”, sobre por qué las películas del Universo Cinematográfico de Marvel funcionan y las de DC no. O sobre por qué el cine de autor aún no se ha muerto, sobre las películas o series que he visto en Amazon Prime (porque Netflix y HBO son para el vulgo) y etc, etc... Todo ha su debido tiempo.

De mientras, sólo decir que en este episodio del podcast "Tiempo de Culto se dice" – y de una forma mucho más elocuente de lo que yo podría -, todo lo que se me ocurre decir sobre el tema Star Wars.

Ahora bien, compré – sí, han leído correctamente, “comprar” - “Batman V (¿versus?) Superman” para vérmela durante mi trayecto en el AVE y… joder, me sigue pareciendo totalmente defendible ¿Qué me pasa doctor?

En breve – para los promedios de este blog – más y mejor. Demonios, empezaré con mi experiencia con Amazon Prime.


Avisados quedan.

jueves, 3 de agosto de 2017

¿ME LO HE ESTADO TOMANDO CON CALMA? UN POCO SÍ...

Cada vez que hay un parón en el blog (mucho más a menudo de lo que me gustaría) y después vuelvo, siempre acabo dando algún tipo de explicación para después añadir, en la misma entrada, un artículo de dimensiones ÉPICAS. Lo cual está muy bonito y es... justamente lo que voy a hacer ahora ¡Claro que sí! ¿Quién ha dicho que el cambio es algo positivo?

En realidad, el hecho de no haber cuidado del bitácora desde Febrero se debe a que, como ha ocurrido las veces anteriores, he estado ocupado con otras cosas. A saber, para estas fechas esperaba tener grabado un disco con canciones en castellano (¡Oh! ¿Sorpresa?), pero, como diría un jubilado que vigila una obra, el encofrado no está fraguando como debería. Pero lo grabaré(mos). Eso no quiere decir que de mientras esté parado, ya saben ustedes que soy el alegre Elefante de Las Ideas, si no funcionan las 40 iniciales, tengo otras 40 en el frigorífico dispuestas a sufrir otro vapuleo hasta que alguna dé en la diana. O algo así.

Así que ese es mi secreto, he estado liado con la vida, el trabajo, el retiro espiritual – me suele durar unos 20 minutos al año, no crean – y con distintas ideas para esa dominación mundial que tanto ansío. También es verdad que parte de mis jocosas contribuciones al mundo de la “cultura pop” (o como coño que pueda llamar a lo que yo hago) se han concentrado en las redes sociales – no sé qué hacéis que no me seguís en mis numerosos perfiles, sí, yo soy el que comparte vídeos de Rock Progresivo en Linkedin -, incluyendo mi primer (y probablemente último) “unboxing” en Youtube. Si es que Youtube se puede considerar una red social. Sin olvidar, por supuesto, mis aportaciones a This is Rock.

Bueno, mientras otras actividades, que no son el blog, me siguen manteniendo los dedos cerca de un teclado (musical o no), vamos a dar el repaso a los contenidos que he aportado a la revista estos últimos meses, así les doy unas sabrosas anécdotas, mantengo el bitácora vivo y ustedes se ríen... O no.

A NADIE LE IMPORTAN TUS MEMORIAS... A MENOS QUE SEAS UN DÍOS DEL ROCK



En este blog ya hemos comentado un poco por encima el tema de las “auto” biografías de las estrellas del Ruack, las cuales, en esa suerte de “libro de las revelaciones” intentan darnos una visión humana de lo duro que es llegar a la cima y, una vez allí, lo mucho que decepciona. Vale, no siempre es así, y si algo tienen en común buenas parte de estos libros es que la gente que opta al estrellato ya tiene una bonita colección de traumas que venían cargando desde casita.

Empero, como ustedes habrán podido adivinar, siendo el fan enfermizo de Genesis que soy – si bien, no tan enfermizo como otra gente -, servidor esperaba como agua de Mayo “el libro” del que en varias ocasiones había hablado tito Phil Collins en el foro de su web - ¡Un foro! ¡Qué cosa tan 2004!-, por eso, hasta cierto punto fue una sorpresa que Mike Rutherford se le adelantara con “The living years”.

Más allá de una preferencia personal, creo que “Aún no estoy muerto” se diferencia de otras auto biografías que he leído en que:

A) No consigue que el sujeto de la narración – como sucede en el opúsculo de Rod Stewart – te acabe cayendo como una patada en los huevos.

B) Está escrita en orden cronológico, evitando el toque “deconstructivista” (si bien genial) del volumen de Elvis Costello.

C) El texto se lee como si lo hubiera escrito una persona “normal” y no desde el punto de vista de un Dios flipado del PopoRock, sí, Dave Stewart, te estoy mirando a ti. Y a ti, Bruce Springsteen, que a veces se te va la olla a Camboya.

Por eso – y por otros motivos – escribí una reseña bastante laudatoria del libro, además, uno de los traductores es un viejo conocido del fandom genesiano...¡Cojones, si hasta nos hemos intercambiado piratas y he ido a los ensayos de uno de sus grupos!



He de confesar que si bien leí el artículo de José Abellán – fan fatal de Pink Floyd - sobre “The Final Cut” de cara a mi especial sobre el álbum en cuestión para mi programa “Discos Locos” - vayan a la parte de “comentarios” y verán las hostias que me han caído -, intenté copiar lo menos posible. Más que nada porque ya había servido como base para otro programa, el “Dossier TiR” de los García.




Así pues, para encontrar lo siguiente firmado por mí, hay que irse a la sección de reseñas. Empezamos fuerte con un destacado sobre el directo de los nórdicos Leprous, banda que me impresionó enormemente cuando los vi en el Be Prog! Y que han parido un DVD monumental, no sin ciertos, a mi juicio, fallos garrafales. En la reseña comento que el audio es sólo en estéreo, como la única copia que tengo a mano es la promocional que nos mandaron a la prensa, no sé si en la versión que se puede encontrar en las tiendas hay opción surround, aunque todas las webs en las que he mirado no hay pistas al respecto ¿Raro en 2017? Para mí, mucho.



Lo siguiente en caer es lo nuevo de Blackfield, una pequeña alegría, aunque lo bastante grande como para hacer que rompiera mi regla interna de no reseñar álbumes que sólo me llegan como streaming. Ya os digo que un disco me tiene que gustar MUCHO para que esto pase, lo más gracioso es que casi no da esa impresión si se lee mi crítica. Lo que sí se nota es de qué pie cojeo cuando uno lee lo que escribí sobre la nueva caja “Private Parts and Pieces V-VIII” de Anthony Phillips. Lo siento, pero si al hecho de ser el primer guitarrista de Genesis hay que sumarle que haya mantenido ese aire bucólico y pastoral a sus composiciones, pues hasta sus piezas “huérfanas de disco” me parezcan enormes.



Rematamos el número 152 con mi crítica (y foto) del mini festival Progresivo “Prog Circle”. De nuevo, es fácil adivinar que la reseña iba a estar repleta de buenas palabras para todo el evento. Los organizadores y buena parte de los músicos son amigos cuando no colaboradores cercanos. Y si colaboramos es porque nos gusta lo que hace el otro, aunque he de aclarar (ya sé que no hace falta) que el hecho de que sea una foto de Malabriega la que ilustre el artículo se reduce a que fue la que más le gustó al dire. Yo mandé un número igual (y quiero pensar que igual de buenas) a la redacción de todas las bandas.












PERDIDOS EN LA LUZ FANTASMA

Nos situamos en el número 153, con el equivalente musical a Quentin Taratino como protagonista de la portada, esto es, Dave Grohl, otrora batería de Nirvana y pesado oficial del Rock. Cuidao, el personaje de Grohl me cae muy bien, me encanta cómo se implica con los documentales sobre música, etc, etc... ¡Pero, Dave, danos un respiro! Por supuesto, todo el mudo sabe quién es Grohl, por mucho que en la cubierta sólo se le describa como “El enfant terrible del Rock / El hombre que no sabe decir no”. Aunque no descarto que al director se le olvidara poner el nombre.



Curiosamente, mis aportaciones a este número no incluyen entrevista a mi adorado Steve Hackett - ¿os he dicho ya que ADORO a Steve Hackett? -, honor que recayó en Ken Sharp. Pero sí que repetí con el genial Tim Bowness, quien, en mi opinión, está en racha con sus últimos álbumes. “Lost in the ghost light” es un disco conceptual para el que el bueno de Tim se ha creado un complejo mundo virtual, muy parecido al nuestro, en el que una estrella del Rock de los 70, quemado por los vericuetos del show-bussiness, intenta hacer balance de su vida. Dicho así no parece gran cosa, y lo cierto es que el disco carece del dramatismo y teatralidad de un “Brave”, un “Scenes from a memory” o no digamos ya de un “The Wall”. Pero contiene algunos momentos grandiosos.



No obstante, por algún extraño motivo, la música de Bowness no consigue conectar con un público más amplio. Quizás es que resulta demasiado tranquilo para algunos fans del Progresivo y no lo bastante facilón para los amantes del Rock más “normal”. Aunque si yo tuviera que señalar algún defecto en Tim es que su registro vocal no cambia mucho. Insiste en cantar con ese tono de intimismo afectado, en raras ocasiones expresa la tensa ira que parece subyacer en algunos de sus textos, lo cual no deja de ser una pena ni tampoco deja de ser extraño, porque voz no le falta...



Lo más gracioso – y a la vez, lo más trágico – de mi conversación con Tim es que nos decidimos a batir el record de “La entrevista más larga”... a sabiendas de que nuestra charla tenía todas las posibilidades del mundo de acabar como dos tristes páginas en la revista ¡Y una de ellas la ocupa una foto!

Pero hablar con Bowness significa el placer de intercambiar opiniones con un auténtico experto en todo tipo de música, con un perro viejo del negocio que no parece haberse visto maleado por los desmanes del mismo, que parece contener aún el interés y el ánimo de un chaval que ha comenzado hace unos pocos días a hacer música, en lugar de llevar años luchando en las trincheras.



Y, por supuesto, ha conseguido que el huraño líder de Jethro Tull – Ian Anderson -, colaborase en “Lost in the ghost light” sin acabar a hostia limpia. No es poca cosa.

Nos pasamos a la sección de reseñas, en la que podéis encontrar mi destacado sobre el “Return to Ommadawn” de nuestro, vuestro, Miguel Campoviejo. Mike Oldfield himself.



No hubo entrevista para Fran en esta ocasión, lo cual no deja de ser una lástima porque creo que en este caso había mucho más por comentar que en disco de canciones de hace unos años, “Man on the rocks” (2014), pero imagino que, u Oldfield decidió dejar la promoción a un lado o la gente de Universal tampoco quiso molestar mucho al bueno de Mike para un disco que, básicamente, se vendía por si mismo.

Mi opinión sobre el álbum la pueden leer en la revista, pero os la resumo aquí: Esta es una buena grabación instrumental de Mike Oldfield, no hacía falta recurrir a Ommadawn para conferirle algún tipo de empaque. De hecho, de no haber sido así, podríamos habernos asombrado ante la calidad para después añadir “tiene algún pasaje que me recuerda a Ommadawn”.



Por supuesto, las reacciones a “el retonno” han sido de lo más variadas, como amigos que lo han descrito como música de ascensor hasta el desaforado entusiasmo de los fans en el perfil de Oldfield en Facebook. Y luego está nuestro, vuestro, Darren Lock, convenientemente expulsado de las discusiones en dicho perfil por hacer algo tan chunguis como expresar su opinión... que tampoco está tan alejada de la mía ¡Por una vez!

Lo más gracioso de todo el asunto es que hace años, en los albores de Internet, cuando servidor se iba a una librería para poder navegar hasta que el paciente dependiente te echaba – lo peor es que creo que nunca compré allí, más que nada porque su especialidad eran los libros para preparar oposiciones -, leí en un foro dedicado a Oldfield que el músico debería dejar de una vez por todas las “secuelas” de “Tubular Bells” (la tercera parte acababa de lanzarse) y que sería mejor que, de “revisitar” algo, lo hiciera con “Ommadawn”. Ouch.



Seguimos para bingo con lo nuevo de The Mute Gods, o lo que es lo mismo, el proyecto en semisolitario del bajista, cantante y bufón de la corte, Nick Beggs. Aunque el disco me gustó mucho, mi percepción del mismo se vio un poco empañada por la actitud del músico, algo que no debería ocurrir, pero... en fin, ya verán más adelante.

También más adelante veremos que mi reseña de esa joya perdida que fue el debut de Terry Dolan desembocará en un articulo de varias páginas – no escrito por mí, aviso – en el siguiente número. Así que... ahí lo dejo.



Rematamos las reseñas discográficas del 153 con dos lanzamientos que me dejaron un poco tibio. Por un lado, la reedición del “No earthly connection” de Rick Wakeman, originalmente editado en 1976. Como mucha gente sabe (o debería saber), después de un periodo de gastos absurdos con sus espectáculos del Rey Arturo sobre Hielo y Otras Locuras Varias con Orquestas, la discográfica le avisó al Richal que, o hacía las cosas por lo barato, o ya sabía dónde estaba la puerta.



Con el tiempo, conseguiría las dos cosas: que A&M le enseñara la puerta, y hacer todo por lo barato. Por lo MUY barato. Regalándonos en el proceso un montón de discos con orquestaciones MIDI. “No earthly connection” marca el principio de esa decadencia en la que el teclísta fue perdiendo su toque mágico. Alguien debería haberle avisado, en algún punto de su carrera, que hacer canciones con letra no era lo suyo y que hubiera sido más deseable que se ciñese al concepto de “The six wives of Henry VIII”. Eso sí, al menos esta edición cuenta con una porción de un directo de la época que es IMPRESCINDIBLE.



Finalmente, un EP de adelanto de lo que será lo nuevo de Touchstone. Esto me dejó un poco tibio porque el concepto de partida me desanima. Esto es, una banda con señores de cierta edad que reclutan a una chica joven para cantar sus composiciones de Rock blando con ínfulas de Progresivo. Antes de que se me alguien al cuello por machista, he de decir que lo que me molesta es que haya una “formula”, como me molesta que cada vez que Yes – o ese engendro que recorre el mundo bajo tal nombre – escoge a un clon de Jon Anderson para ocupar la plaza de cantante.

En otras palabras, esto es un grupo que intenta repetir el esquema de Nightwish o Within Temptation (y su éxito, imagino) sin ningún tipo de vergüenza, y eso, para mí, ya que quita una capa de honestidad a todo el asunto. Garbage parecen rock vanguardista en comparación.

Remato la faena de este número con un rápido viaje que hice a Barcelona para ver al bueno de Devin Townsend, a los no menos buenos Leprous y a los no tan satisfactorios (para mí, al menos) Between the buried and me.



Vayamos por orden: ya he dicho que Leprous me gustan mucho, sus dos últimos álbumes me han parecido enormes y tienen un directo único. Casi siempre escogen iluminación tenue, oscura, lo cual es una putada para hacer fotos – sí, también estaba en el foso – pero les da ese toque misterioso que, supongo, buscan. Ahora bien, si mi enamoraron con un corto set en un escenario mínimo durante la segunda edición del festival “Be Prog! My friend”, en este caso se confirmó que son geniales... con una actuación de 30 minutos en el escenario de la sala más grande de Razzmatazz – inicialmente iban a tocar en la mediana Razzmatazz 2, una buena señal de la salud comercial del Metal Progresivo -, que a mí me dejó con ganas de más.



Como mi crónica del segmento protagonizado por Between the buried and me fue purgada para la revista – en parte por temas de espacio, en parte porque creo que el dire los encuentra tan poco atractivos como yo – os reproduzco aquí mis impresiones... por cierto, sigo amenazando con lanzar un día de estos un libro con todos mis escritos / fotos sobre música. Sus vais a cagar.



La cosa con los Between es que son capaces de acometer los más variados registros: desde la calma preciosista hasta las voces guturales acompañadas por tormentas de guitarras correosas y patrones de doble bombo. Eso es genial, demuestra que son versátiles, pero hacen gala de todos esos recursos durante una canción, para repetir esos mismos esquemas durante cada tema de los siguientes 45 minutos de su set.

Por supuesto, cualquier otro opinaría que eso son muestras de un genio musical sin parangón. Opinión tan valida como la mía, pero mientras me preguntaba hasta qué punto aquello se iba a volver un poco pesado para mis oídos, decidí tomarle el pulso al resto de la sala, y cada vez que terminaban una canción (o al menos daba la impresión de que llegaban al final, que con el este genero nunca se sabe), recorría con mis ojos al resto de asistentes. Puede que mi percepción fuese influida por mi escaso interés en el grupo, pero creí ver caras igualmente neutras, tirando a aburridas, entre el público.



Un muy animado Devin Townsend llamó a los Between sus “hermanos de otros padres”, así que me imagino que a él realmente le gustan.

Y qué podemos decir del canadiense. Tan sólo que fue una demostración más de virtuosismo, humor y carisma a raudales. Aunque yo estaba acreditado, me sorprendió el reducido precio de la entrada teniendo en cuenta la envergadura de los artistas. Aunque cuando ves que todos los músicos – salvo Devin, algo que me parece razonable - ejercieron de sus propios roadies, y que el montaje escénico tiró a sencillo, las cosas toman otro cariz.

Eso sí, creo que todos los foteros respiramos con algo de tranquilidad cuando, para la actuación de Townsend, se pusieron en marcha luces que iluminaban DE VERDAD, porque los Between también abusaron del oscurantismo y el misterio. Una gran noche de música que sólo se vio empañada (a mi parecer) con la inclusión de Leprous y Devin en el cartel del “Be Prog!” de este año. No por nada, Leprous les adelanto ya que ofrecieron un espectáculo genial, y Devin vendría con la excusa de tocar “Ocean machine” al completo, esto es, un chou muy distinto a lo que se pudo ver en la sala de la ciudad condal. Soy consciente de la buena relación que tienen todos estos artistas con la promotora Madness – que siempre nos trata muy bien, por cierto – pero...¿No hay más grupos??

DIOSES MUY MUDOS

Pasamos al 154, y a mí mini “no-entrevista” con Nick Beggs. Aviso para navegantes: en las dos ocasiones que he podido hablar con el bajista – la primera, en Madrid antes de uno de los conciertos de Steven Wilson, la segunda a través de Skype -, ha resultado ser un conversador brillante, agudo, sincero e inteligente. Por cuestiones de tiempo, se decidió que sería más práctico mandarle un cuestionario por correo electrónico. También porque el director pensaba que así me estaba quitando un peso de encima...

El resultado final, o más bien, su versión editada y reducida – para no herir sensibilidades – adorna poco más que la mitad de una página ¿Motivo? Al igual que ocurrió con otra entrevista hecha a distancia para la “Innerviews” de Anil Prasad – LA página que visitar si os gustan las entrevistas para músicos interesantes que no transitan por territorios comunes con sus preguntas -, Nick decidió tomarse a chirigota todo el cuestionario. Como tampoco se envió desde mi correo, no había forma de decirle a Beggs algo en plan “¡Ey Nick! ¡Soy ese tipo español tan funky que te ha entrevistado un par de veces, intenta no responder las preguntas como un sociópata al que le suda tres cojones todo el tema promocional!” En fin, lo que yo extraigo de todo esto (o lo que yo ya suponía tras leer el equivalente en Innerviews) es que para Beggs las entrevistas tienen que ser un intercambio de ideas de verdad, y que si le haces escribir las respuestas, entonces prepárate...

Si pasan ustedes algunas páginas, se encontrarán con el artículo sobre Terry Dolan del que había avisado anteriormente. Recapitulemos: Dolan grabó lo que tendría que haber sido su debut discográfico con la ayuda de no pocas luminarias de la industria musical de la época, poseía una capacidad compositiva, una voz y un toque a la guitarra que lo podrían haber puesto a la altura de un James Taylor, de un Jackson Browne o incluso de un Bruce Springsteen. Pero en el último momento, una estúpida decisión interna de la discográfica retrasa el lanzamiento del álbum hasta que queda tan desfasado que sólo puede acabar en un inalcanzable fondo de catálogo. Aunque Dolan seguiría tocando y viviendo de la música hasta su muerte, le experiencia le dejo lo bastante trastocado para no volver a intentar concentrar sus canciones en un vinilo, o al menos no al nivel que le había permitido Warner.





Tal y como dije en mi reseña, tras escuchar el álbum – editado por mediación de un fan y de una pequeña compañía que consiguió licenciar la grabación -, me pareció que lo de Dolan no era sólo una “joya perdida” sino que era un injusticia en toda regla. Mi apasionada opinión tuvo que impactar lo bastante en el director de la revista porque me pidió que le enviara una copia del disco y al mes siguiente ¡Articulo! En honor a la verdad, las páginas firmadas por Marcos Gendre son más o menos una traducción del cuidadísimo libreto que acompaña al CD. Pero para aquellos que no se manejen con el inglés es muy conveniente.



En el apartado de las reseñas, aunque ADORO a Steve Hackett - ¿lo he dicho ya? -, admito que su último álbum, “The night siren” no me ha sorprendido mucho, es una pena, aunque también creo que Steve tendría que tomarse más tiempo, o cambiar de productor o hacer algo más distinto, cosa que de hecho sucede en una colaboración muy interesante de la que hablaré después.

Cerramos mis contribuciones con el “Face” de Pat Mastelotto y Markus Reuter. Empecé a escucharlo, lo reconozco, con algo de resquemor, la banda que tienen con Tony Levin, Stickmen, me parece que en algunos casos naufraga (en lugar de navegar) por los procelosos mares de la música experimental, trayendo muy poca emoción a la orilla. Pero “Face”, con la ayuda de varios invitados, tiene algunos momentos que no desentonan con el Mike Oldfield más loco, así que recomiendo encarecidamente su escucha.



DULCES REMANENTES

Pasamos al número 155, y en él se puede encontrar otra versión comprimida de otra de mis charlas con un músico. ¿Por qué? Os estaréis preguntando... o no.



Os lo cuento igualmente: Carlos Garo es un guitarrista afincado en Toledo cuya vida cambió al ver el concierto que realizó Mike Oldfield para presentar “Tubular Bells III”. Os parecerá que en esta entrada se está volviendo un poco monotemática, pero... ¿Qué esperabais? ¿Que hablase de coches? Bueno, todo se andará...



Curiosamente, Carlos y su gente se pusieron en contacto con la revista a raíz de mi entrevista con Oldfield, aunque imagino que el hecho de que compartiese mi entrada del blog sobre la experiencia en diversos foros sobre el músico también captó su atención. Tras intercambiar algunos correos, nos pusimos un día para hablar vía Skype y resultó que el señor Garo no es sólo un guitarrista estupendo, sino un tipo la mar de sencillo que ha pagado su particular peaje en esto de la música a través de tocar en grupos de versiones hasta que ha decidido centrarse en su propia carrera. Tanto es así que nuestra charla no sólo giró en torno a sus discos, sino a su colaboración con Terry Oldfield (hermanísimo de yasabéisquien) que se traduciría unos meses después en un álbum grabado como dúo.




El problema: Lo que Carlos hace (con o sin Terry) entra dentro de la New Age sin complejo ninguno – que es como debe ser – y la revista se llama “This is Rock”. De vez en cuando la publicación se desvía hacia otros géneros o de la dirección que la gente suele asociar con la cabecera... algo de lo que yo mismo he sido responsable en más de una ocasión. Pero si he conseguido picar el interés de alguien para que escuche un poco a John Martyn o el trabajo orquestal de Tony Banks, es tiempo bien empleado.

Empero, por su relación con los Oldfield, resultaba hasta cierto punto fácil encajar a Carlos, y ese “cierto punto” era acomodarlo en una de las entrevistas breves. Como ocurrió con Bowness, me deja un poco mal sabor de boca emplear el tiempo de un artista en algo que después no va a tener la relevancia que creo podía tener. “Pues monta tú una revista”, os oigo responder. No, gracias, no quiero ese tipo de problemas, pero no descarto imitar aún más descaradamente a Innerviews un día de estos.




En todo caso, para mí existe una Santísima Trinidad de la Música Instrumental: Mike Oldfield, Vangelis y Jean Michel Jarre, ya he conseguido entrevistar a uno y ojalá la cosa se ponga de cara para hablar con los otros dos, artistas que sé que el lector medio de la TiR admira, aunque no sean “Rock”.

Anecdota: Cuando fui al concierto de H Natural en Gibraltar, coincidí con el director de la revista “Prog” y hablamos de lo jodidamente complicado que era conseguir audiencia con el griego Vangelis, de hecho, hasta un año después no consiguió materializar ese empeño. Así que al menos sé que es posible.



Otra entrevista breve es la de Darren Charles, líder de Godsticks. Si recuerdan cuándo reseñé el disco, se darán cuenta de la cantidad de tiempo que puede pasar hasta que se publica algo...¡Si es que se publica! A veces siento la tentación de reparar en los escritos que se encuentran en el limbo editorial, pero después me entran escalofríos y paso del tema.

Nuevamente, que una conversación – la cual recuerdo como bastante larga – acabe resumida en 7 preguntas no ayuda mucho a la difusión de un grupo o su música, pero por otro lado, entiendo que están prácticamente en sus inicios.



Recalando en la sección de reseñas, la primera parada es la colaboración de Steve Hackett – no, esta vez no voy a señalar que ADORO a Steve Hackett -, con los húngaros Djabe. “Summer storms and rocking rivers”. En este caso, no tengo más que buenas palabras para este directo, cuya versión en DVD está trufada de deliciosos extras, hasta os diría que me parece más imprescindible que el último álbum de Steve, sobre todo porque el guitarrista consigue salirse varias ocasiones de su propio guión. De algunos músicos se dice que las aportaciones que han hecho a los discos de otros artistas son más importantes que lo que han grabado por su cuenta. Aunque eso sería una exageración en el caso de Hackett – cuyos tres primeros discos son obras maestras -, también es cierto que el hecho de trabajar durante tanto tiempo con el mismo equipo le ha quitado un poco de frescura que sí podéis encontrar en este disco.



Pasamos a John Mitchell y su Lonely Robot. Aunque el debut de esta “banda virtual” me pareció una grata sorpresa, el Dificil Segundo Disco se me ha revelado como un pequeño fiasco. No es que esté precisamente mal o que carezca de canciones con gancho, es que cuando te sientes un poco obligado a escuchar un disco para sacarse algo de jugo, en lugar de disfrutarlo, es que las cosas no van precisamente bien. Por supuesto, existen reseñas muy positivas de “The Big Dream”, así que escuchen algunos temas a ver si le funcionan a ustedes.



Lo que ya es más complicado que me funcione es un empacho de Hawkwind. El mítico grupo de space-rock formó parte de la misma escudería que Genesis – Charisma -durante la segunda mitad de los 70, y ese periodo ha sido condensado en una cajita editada por la buena gente de Cherry Red. “The Charisma Years, 1976-1979” es como mínimo interesante, y estoy seguro que representa un periodo fascinante para los fans del grupo. En mi caso, creo que sus historias sobre guerreros espaciales, futuros alternativos en los que las maquinas han tomado el control de la humanidad y narrativas similares perdieron algo de frescura... a partir del tercer disco.



Quizás por eso, “25 years on” resulte lo más interesante del paquete. Firmado como “Hawklords” - ah, los managers y su tendencia a pelear por el registro del nombre de las bandas que representan -, muestra uno de los pocos intentos de los británicos por cambiar de dirección e intentar ponerse en consonancia con la New Wave. No tardaron en rectificar, me temo.

Cerramos con otro álbum de Rick Wakeman: Piano Portraits. Editado por Universal con no poco empeño en la promoción – para lo que viene siendo la carrera del teclista -, viene siendo una propuesta que a estar alturas no puede ser más apetecible: un piano y una interpretación de temas incunables dentro del Pop y de la música clásica.





Aunque la tendencia natural al rubato de los dedos de Wakeman acaba por anegar buena parte de sus interpretaciones, es un disco de agradable escucha, peligrosamente cercano a la “música de ascensor”. Y aunque creo que “Claro de Luna” es una pieza que, interpretada por cualquiera con un mínimo de destreza y sensibilidad, es una delicia, puedo imaginarme al aficionado medio a la música clásica, tirándose de los pelos ante la interpretación del bueno de Richarl.



Saltamos a la sección “On Stage”. Revolver vino a Sevilla y yo no me lo quise perder. Por esas cosas de la vida, mi crítica del concierto está prácticamente envuelta por fotos del show de Steve Hackett en Donosti. Lo cierto es que en estos últimos años he tenido varias oportunidades de ver a Hackett en directo y las he dejado pasar por dos motivos: fue tan genial entrevistarle y verle tocar en Canarias hace años que no sé si será posible mejorarlo. Por otro lado, comparto la misma opinión que Anthony Phillips me expresó durante una entrevista: Steve tiene suficiente repertorio en solitario como para no tener que recurrir a la etiqueta “Genesis Revisited” y a llenar tres cuartos de concierto con temas de su antigua banda.




Pero ¡Revolver! Cojones, que nos estamos olvidando del concierto en el que SÍ estuve. Lo mío con la banda que lidera Carlos Goñi también tiene historia. Uno de mis amigos en el instituto era un Fan Fatal del grupo y además de aprenderse sus canciones a la guitarra, fue el responsable de que nos montáramos un grupito de jóvenes en un autobús rumbo al teatro de Montequinto – a día de hoy, sigo definiendo en mi mente a Montequinto como una barriada de la sevillana localidad de Dos Hermanas, pero estoy seguro de que es incorrecto y de que estoy ofendiendo a alguien con esa denominación -, para ver a una versión reducida de Revolver en acústico.




Lo más gracioso del tema fue que yo mismo hice de avanzadilla unos días antes del concierto para que no nos perdiéramos (estúpidamente responsable que es uno), también usando el transporte público. Por supuesto, para cuando terminó el concierto, no había autobús que llevarse a la boca, ni ninguno tenía carné de conducir y por una de esas carambolas del destino, tampoco había padre que nos sacara las castañas del fuego ¿Solución? Nos pillamos un taxi a pagar entre todos los integrantes del grupo... no sin antes tener nuestra entrada firmada por el bueno de Carlos Goñi.




En honor a la verdad, el músico sólo dejó a las chicas pasar a su camerino, a los hombres nos dejó fuera esperando a que nos devolvieran las entradas con su firma estampada en ellas. Así que sólo puedo suponer que tengo algo firmado por el líder de Revolver.




Unos años después, los 40 Principales organizaron uno de sus chous gratuitos – de esos a los que sólo se puede ir por invitación recogida en la emisora local – en el difunto Palenque de la Isla de la Cartuja. Ah ¿Se acuerdan cuando se rumoreaba que David Bowie iba actuar en semejante recinto? Yo sí...




La cuestión: aunque disfruté mucho con el concierto acústico de Montequinto, en esta ocasión esperaba disfrutar de un espectáculo eléctrico, con su batería y sus guitarras a todo volumen...¡Pues no! ¡Otro acústico! Así que sólo después de muchos años después de todo aquello he podido ver a Revolver en toda su gloria...¡Aunque con un pequeño set acústico!




Reconozco que, a lo mejor, mi reseña del concierto fue excesivamente laudatoria. Pero es que en realidad el set en sí no tenía nada criticable, otra cosa es que el ambiente era un poco frío, en parte porque la sala no se llenó, en parte porque Revolver no ha conseguido saltar la brecha generacional en su público, o eso se interpreta por la mayoría de los asistentes: gente de cuarenta y pico para arriba con cara de tener que volver a casa nada más terminar el concierto para ahorrarse un poco de dinero con la canguro. También me dio la impresión de que Goñi estaba ligeramente molesto con la frialdad del respetable o con que la Custom no se llenara. Es una impresión personal que en el fondo espero que resulte un error perceptivo, más que nada porque si Carlos estaba molesto por cualquiera de las dos cosas, estaba cometiendo un error garrafal.




HABLANDO CON EL ROBOT SOLITARIO




Para el número 156, mis entrevistas se reducen a mi charla con el hombre que maneja (literalmente) los hilos en Lonely Robot, es decir, John Mitchell. Llevaba bastante tiempo deseando hablar con uno de los músicos más ocupados del Progresivo, y el hecho de que lo último que haya grabado no me entusiasme no quiere decir que no tenga preguntas que sacarme de la manga. En todo caso, Mitchell se reveló como un tipo increíblemente encantador, cuando nos empezamos a pasar de la hora programada para la entrevista porque se retrasó un poco en su llamada por Skype, no tuvo problemas en prolongar nuestra conversación con un comentario tan poco habitual como “has apartado parte de tu tiempo para esto, así que tengo que respetar ese tiempo”. Lo dicho, no suele salir de muchos músicos.



Aunque no se nota mucho en la versión impresa, en realidad pasamos no pocos minutos hablando del gran John Wetton, con el que Mitchell había colaborado intermitente en los últimos años. El mítico cantante y bajista fue uno de los primeros que entreviste para This is Rock, una experiencia que se saldó con 40 minutos de conversación telefónica que tendrían que haber sido 20 en un principio. Fue una delicia de principio a fin, sin olvidar una carga de sinceridad que yo no esperaba en absoluto, escuchar de boca de uno de sus colegas lo cambiado y lo mejor que se sentía cuando más cerca estaba del final me hizo sentir, al mismo tiempo, contento y apenado. Alguien con tantísimo talento no se merecía vivir atosigado por sus demonios.




En las críticas de discos me ocupé de lo nuevo de Fish on Friday, los cuales me sorprendieron gratamente con su nuevo “Quiet life”, algo que no puedo decir del “Salting Earth” de Richie Kotzen. No es que no me agrade, es que no me sorprendió en absoluto.



Algo parecido se puede decir de The Universe by Ear, un trío sueco que apunta maneras pero que tampoco me dejaron precisamente patidifuso. Para terminar, una recopilación con los trabajos como músico de sesión del mítico Roy Buchanan, “After hours, The early years: 1957-1962 recordings”. Tal y como comento en la reseña, algo que tiene en común el guitarrista con Jimmy Page es que ambos echaron los dientes en incontables grabaciones que, mucho me temo, sólo guardan interés para los más fieles a la carrera del músico.






Como algunos de ustedes ya sabrán, Buchanan no tuvo una existencia precisamente plácida o tranquila, algo que se reflejó mucho y muy bien en su forma de interpretar el blues, pero no van a encontrar muchos trazos de ese fuego en el doble disco.

REFLEXIONES INNECESARIAS SOBRE EL ARTE




Con Eddie Van Halen en la portada, mi única aportación al 157 fue una corta reseña el nuevo álbum de Nad Sylvian, “The bride said no”, un disco que, a decir verdad, me ha gustado más con el paso del tiempo. Con reservas.


A ver, no engaño a nadie si digo que Nad tiene el trabajo de MI VIDA – cantando con mi adorado ¿les he dicho ya que ADORO...? Bueno, da igual, cantando con Steve Hackett -, pero al mismo tiempo estoy seguro de que me caerían aún más hostias que al pobre Sylvian por cumplir su papel. Su voz es al mismo tiempo su mayor atractivo y su mayor handicap: no mucha gente puede decir que suena a un extraño cruce entre Peter Gabriel y el Phil Collins de 1977.

Esto confirma un viejo adagio del fan más recalcitrante: “quiero que un artista me dé lo mismo que antes, pero diferente”. Siempre he sido un poco contrario a esa actitud, me gusta cuando un músico cambia de dirección, incluso si esa dirección no es de mi agrado. Siempre estoy en mi derecho de no comprar el disco o de no ir al concierto. Quizás por eso, nunca me sentí muy cercano a los tres primeros álbumes de Marillion, los cuales, más que ser un calco de Genesis siempre me parecieron un refrito de muchas cosas: Yes, Camel, Pink Floyd...



Pero, aviso, esto tiene tanto que ver o más con el oyente que con la música en sí. Cuando empecé a escuchar en la adolescencia a las bandas primigenias del Progresivo – ELP, King Crimson, los propios Genesis -, no tenía referencia alguna de otros grupos que sonaran así, bueno, tampoco hay muchos grupos que suenen exactamente así. Dado que llegué a Marillion, Pendragon o incluso Porcupine Tree tiempo después, para entonces ya había asimilado algunos de los tics del género y podía ver trazos de las influencias.

The bride said no” y buena parte de la discografía en solitario de Sylvian comparten esa problemática. Para mí resulta muy fácil identificar de dónde vienen esos arreglos, esas temáticas, esos solos. Como decía algún crítico despiadado sobre su anterior banda, Agents of Mercy, “estos escandinavos han entendido muy mal a Genesis”. Con todo, como sé que estoy en minoría con el tema Marillion y con mi actitud en general sobre la música, pues estoy seguro de que habrá gente que disfrute mucho con el álbum.

OTRO RICHARL Y MÁS RELFEXIONES INNECESARIAS

No me hace ninguna gracia que la línea editorial de la revista obligue a poner gente a más de 50 años en la portada, cuando no se trata de gente que está directamente muerta. Pero es que el público llega a ser muy impredecible, cayeron críticas muy chungas cuando se puso a Muse - “¿Cuándo os habéis transformado en la Super Pop”? - y poner a artistas menos conocidos como Rush o Rory Gallagher (que sí, que unos están ahora retirados y el otro muerto) también se ha revelado arriesgado de cara a las ventas, así que... o seguimos con esta tónica o directamente no hay revista.



Pero al mismo tiempo me da mucha pena que Prince haya tenido que morirse para aparecer en primera plana de la TiR. Algún día diré todo lo que tengo que decir sobre los artistas que nos ha dejado en esta absurda epidemia de muertes, algunas mucho más inesperadas que otras.




En fin, con no pocos problemas técnicos de por medio, conseguí establecer línea directo con el bueno de Richie Kotzen mientras su equipo montaba el bolo de esa misma noche. Aunque Kotzen es un tipo con un buen seguimiento (sin olvidar que es el amor platónico de una amiga mía), siempre me va a resultar una gran interrogante cómo es posible que no haya obtenido un éxito rotundo. Posee muchas cualidades que ya nos gustaría a más de uno: canta bien, toca la guitarra como un virtuoso, produce, compone... Aunque durante la conversación deja caer algunas claves de por qué lo suyo nunca ha sido un camino de rosas, también he de decir que nos reímos mucho más de lo que la versión final de la entrevista deja suponer.



Siguiendo con el tema Kotzen (en cierta forma), nos pasamos a la reseñas. Por mis manos pasó el directo del Supergrupo del que el propio Richie es miembro, esto es, The Winery Dogs, a los que tuve la suerte de ver durante su primera gira.

Ahora viene uno de esos diálogos absurdos entre crítico y discográfica que te adelanta el material para que la reseña coincida con la fecha de lanzamiento.

Discográfica: Te mando el material.
Crítico: ¡Guay! Espera esto es sobre todo un DVD/BR en directo ¿No tendría sentido que me mandarais algún enlace para ver el vídeo además de los Mp3?
Discográfica: …. Venga vale. Ahí lo tienes.
Crítico: ¡Genial! Espera, es un enlace a un vídeo de YouTube privado... ¡La resolución está a 360p!
Discográfica: ….

Y todo así.




Pasamos después a un directo de Peter Hammill del 81, una de esas míticas grabaciones de Rockpalast que capturaban el sonido en toda su crudeza. Muy recomendable a pesar de las pintas de Peter. La gente de Rocket Music tuvieron a bien mandarme una copia física de la colaboración de Carlos Garo con Terry Oldfield, “Sky Dancer”, un disco de escucha muy agradable.



Terminamos el repaso a mis colaboraciones por todo lo alto con un destacado sobre el JRAN Paul Weller y su nueva grabación. Es un discazo, pero si quieren saber por qué lo creo, ahí tienen otras 397 palabras al respecto.



Y si han llegado hasta este punto de la entrada, enhorabuena, yo casi que ni lo consigo. Para la próxima tardaré menos... O no.

Sed buenos.