miércoles, 22 de enero de 2020

Reseña de un concierto de LA banda tributo a Genesis con fotos del incomparable Enric Minguillon

THE MUSICAL BOX: A GENESIS EXTRAVAGANZA PART II
Sala Barts (Barcelona) 11/11/2019


Para mí, The Musical Box ha significado siempre la oportunidad de peregrinar (en el fondo, como con muchos artistas que me gustan) a sitios en apariencia tan lejanos – aunque gracias a los vuelos de bajo coste, no muy gravosos de alcanzar – como Madrid, Barcelona o Londres. Es lo que tiene ser un fan irredento de Genesis, que si alguien te pone delante el caramelo de escuchar una reproducción en directo bastante fidedigna de la banda original, haces lo posible por hacerte con él.


Siguiendo la absurda lógica por la que a veces parece regirse el mundo, un proyecto como este tenía que nacer en un lugar – de nuevo, aparentemente – tan lejano como el Canadá francófono (Quebec, no menos), donde unos cuantos locos, dirigidos por Sébastien Lamothe en lo musical y por Serge Morisette en lo visual, decidieran poner en marcha, en 1993, una reproducción dolorosamente fiel de las actuaciones que Gabriel, Banks, Hackett, Collins y Rutherford daban durante la primera mitad de los 70 (del siglo pasado).


Como cualquier banda con cierta trayectoria, los Musical Box han pasado por una serie de conflictos internos, cambios de personal y desafíos que han moldeado la experiencia que pudimos vivir – algunos de nosotros, por enésima vez – en el precioso teatro barcelonés de envidiable acústica. No me quiero detener mucho en esto, pero sin lugar a dudas, mi formación favorita sigue siendo la que incluía a Martin Levac (auténtico clon de Phil Collins, como demuestran sus proyectos en solitario) tanto a la batería como a los coros o a la ocasional voz solista y con David Meyers a los teclados. La Wikipedia, según su cronología, me dice que estos dos músicos nunca coincidieron en TMB, pero tengo fotos que atestiguan lo contrario (y la peluca que lucía Meyers no es excusa, además la enciclopedia gratuita comete el imperdonable error de obviar las funciones de Morisette).


Hay quien podría discutir que hay algo de patético en que unos señores – de ya una cierta edad – insistan en un repertorio y una escenografía de hace 40 años. Algo de razón no les faltaría, pero a mí me parece un poco más digno que ver a esas bandas en las que ya no queda ni un sólo miembro original (conservando sólo el nombre) y definitivamente, mucho más digno que esas “giras con holograma” que amenazan con comerse el futuro de la música en directo. O dicho de otra forma, me encanta Genesis, es mi banda favorita y si quiero ver a unos tíos tomando el desafío de reproducir su música y sus pintas sobre un escenario, es mi puto problema.



El mío y el de bastantes más, he de decirlo, aunque The Musical Box es sin duda “café para los muy cafeteros”, la sala estaba llena a unos minutos de arrancar el espectáculo. Curiosamente, el montaje en esta ocasión es la secuela de una proposición que el año anterior había ocupado la Barts durante dos noches seguidas – en este caso, sólo una, imagino que es mejor asegurar un sólo lleno absoluto a un par de citas que no terminar de agotar el papel – y que denota que la propia banda también se ha cansado de ser tan fiel a los Genesis originales.



A Genesis extravaganza” nos visitó en 2018 para presentarnos una selección de temas del repertorio genesiano que recorrió desde el poco celebrado “From Genesis to Revelation” (1969) hasta el clásico “Wind and Wuthering” (1977 o 1976, según algunas fuentes). En este caso, el concepto se plantó en los años que van entre 1970 y 1978, con lo que el grupo se pudo permitir interpretar temas desde el rompedor “Trespass” (1970) hasta el castigado “...And then there were three” (1978).



Otro elemento que diferencia esta extravagancia con respecto a los shows anteriores, es que en la pantalla de formato cine que ocupa el fondo del escenario se proyectaron algunas nuevas animaciones que sirvieron para ilustrar el contenido de los temas, amén de la recuperación de algunas piezas provenientes del archivo oficial de Genesis.
Poco antes de empezar el concierto, por los altavoces estuvieron sonando clásicos del Progresivo: ELP, Pink Floyd, King Crimson, definitivamente, la forma perfecta de caldear un ambiente. Las luces se apagan, empieza a sonar la toma original de “Ravine”(“The lamb lies down on Broadway, 1974) mientras los músicos toman su lugar, la pantalla nos confirma que vamos a ver “A Genesis Extravaganza, part II” y en lugar de una cita de algún miembro de la banda proyectándose, el grupo entronca directamente con “Eleventh earl of Mar”, una pieza de historia con música épica que narra la historia de John Erskine, protagonista de la (fallida) rebelión jacobita de 1715.




La interpretación instrumental fue prácticamente intachable, Lamothe pudo sacar su imitación del Shergold “desmontable” que Mike Rutherford usó desde finales de los 70 hasta principios de los 80 (suma de bajo de 4 cuerdas con guitarra de 12) y Dennis Gagné lo hizo bastante bien imitando tanto las inflexiones vocales como los ticks de Phil Collins. La cuestión es que su timbre natural lo acerca más a Peter Gabriel, así que uno se queda con esa sensación de estar viendo una versión de Genesis proveniente de una realidad paralela, en la que el cantante original no dejó el grupo. Quizás precisamente por eso, el experimento de montar hace unos años, la reproducción de la gira de “A trick of the tail” (1976, primer disco con Phil como cantante) no fue más allá de una sola tourne. Con todo, fue una delicia ver cómo el guitarrista François Gagnon se calzó la guitarra clásica para reproducir fielmente el pasaje tranquilo – originalmente llamado “House of the four winds” - del tema.

De hecho, lo siguiente fue otro tema de gran épica y el estreno de Collins como sustituto definitivo de Gabriel, “Dance on a volcano”. Dennis se sumó a las percusiones para la intro instrumental, y me quedé bastante perplejo ante lo bien sincronizadas que estaban las imágenes de erupciones de lava con la música. Si esto encajaba igual de bien en 1976, no me quiero ni imaginar lo arduo que tenía que ser trabajar con las proyecciones, dada la tecnología de la época. Aunque Morisette ya tiene experiencia en estas lides, después de todo, fue el encargado de sincronizar las diapositivas utilizadas en la gira de “The lamb lies down on Broadway” para la edición del disco en DVD.




Siguiendo en la misma línea, pero bajando las revoluciones, lo siguiente fue la preciosista balada “Entangled”, otro tema de “A trick of the tail” y, aunque no lo parezca, un auténtico tour de force para cualquier vocalista, ya que requiere una voz en falsete lo bastante enérgica para no perderse en la música. Con el apoyo vocal de Bob St-Laurent (batería) y de Ian Benhamou (teclados), Dennis pudo lucir bastante bien. Por supuesto, qué decir de la coda final en la que los sintes cobran protagonismo, tan dramática y espectacular como en la grabación de los Genesis originales. Una coda que también sirvió para ver una de las nuevas animaciones creadas para estos shows, en este caso, la enfermera que aparece en la portada del álbum – un magnifico retablo de raigambre dickensiana obra de los geniales Hipgnosis – y que nos muestra la “factura” de la que se habla en esta letra con “reminiscencias de Mary Poppins” como explicó Denis antes de la canción.
Como otros recursos del espectáculo, las animaciones se usaron de forma económica, aunque tengo que reconocer que el nivel de las mismas, a veces roza el de “trabajo de fin de curso de After Effects”.



Lo siguiente fue toda una sorpresa que hizo honor a la cronología de esta nueva extravagancia, “Down and out”, otro tema de apertura, en este caso del primer álbum de Genesis sin Steve Hackett. Sébastien tocó una guitarra eléctrica de 6 cuerdas – un síntoma de la “normalización” del sonido de la banda tras la marcha del guitarrista –, con lo que las notas de bajo tendrían que venir de los pedales, una muestra de cómo trabajaban Banks, Collins y Rutherford de cara a la composición y de lo autónomo que era este trío, ya que Gagnon apenas añadió alguna línea de guitarra durante el tema.

Down and out” es todo un manifiesto sobre la situación en la que bandas como Genesis se encontraban a finales de los 70: “hay gente ahí fuera dispuesta a ocupar tu puesto / una visión más comercial, una cara más fresca”. Los dinosaurios (con apenas 9 años de trayectoria, en aquellos tiempos, tan longevos ya como The Beatles) tomaban nota de la presencia del Punk y otras tendencias musicales del momento. Lo más irónico de que TMB interpretase este tema es que fue uno de los pocos que la banda original dejó de tocarlo en directo porque, tal y como explicó Daryl Stuermer (fiel escudero a la guitarra y al bajo durante las giras tras la marcha de Hackett) en una entrevista, eran “incapaces de encontrar el 1 rítmico en el que empezar a tocar”. Una de las pocas veces en las que las ambiciones compositivas del grupo han derrotado a sus capacidades técnicas.



Quizás, puestos a elegir un tema de “...And then there were three” habría sido más apropiado “Burning Rope” por su dramatismo y porque básicamente es un tema de la época Gabriel pero cantado por Phil Collins. O si se hubiera querido algo más comercial, apostar por el sencillo de éxito “Follow you, follow me”. Pero ya decimos que The Musical Box es un plato para connoisseurs, aunque nadie pidió que el grupo se sacase de la manga unos espejos hexagonales para hacernos el viaje en el tiempo aún más exacto.

Tras esto, un popurri de instrumentales, reflejo del que sirvió para abrir el anterior volumen de “A Genesis Extravaganza”. Algunos fans expresaron que como apertura, era un poco frío – en los tiempos de “A trick of the tail” el mismísimo Elton John se quejaba a Phil Collins por algo parecido cuando cerraban sus conciertos con “Los Endos”, “no me puedo creer que terminéis con un instrumental”- aunque a mí me funcionaba como primer movimiento de una sinfonía o como reivindicación, tal y como se podía leer en la pantalla al principio del bolo, según un extracto de una entrevista con Collins en 1976 “mucha gente no tenía en cuenta nuestras contribuciones”, en protesta por el excesivo interés de muchos críticos por un Peter Gabriel estelar, sin detenerse en que en la banda había otros cuatro músicos.




Este medley arrancó con “...In that quiet earth” (“Wind & Wuthering”), y me permite recordar lo en serio que se toma la banda la recreación de los temas en directo. Gagné se colgó un bajo Rickenbacker para reproducir fielmente los arreglos de disco original. El año pasado, cuando pude hablar con el vocalista (y hacerme el obligado selfie) le felicité por aprender a tocar el violonchelo para “After the ordeal” (“Selling England by the Pound”, 1973) y me contestó que sólo había aprendido a tocar lo que se escucha en el tema. Puede que lo mismo se pueda decir del bajo, la flauta, las percusiones o el teclado que también tocaría en otras partes del bolo, pero hay que tener un compromiso muy fuerte con la música para llevar las cosas tan lejos.

Engarzaron con el break instrumental de “Robbery, assault & battery” quizás unos de los momentos más jazz-rock de Genesis… de no ser por el siguiente “Wot Gorilla?”, o lo que es lo mismo, la visita de una banda de Rock al territorio de Dixieland, con los obviamente curiosos resultados que uno puede esperar.




Lo siguiente fue “Ripples”, una historia sobre la brevedad de la belleza física – ilustrada de forma contundente por las nuevas animaciones que se proyectaron, las cuales daban vida, una vez más, a los dibujos de la carpeta de “A trick of the tail” -, y que mostró uno de los problemas de ser tan fiel a la grabación original. Me explico, en su versión de estudio, la canción es un ejemplo del barroquismo del que Genesis se quiso librar en los 80, de hecho, cuando el grupo original la tocó en directo para la gira promocional de “Duke” (1980) simplificó los arreglos. En parte porque era imposible reproducir todos los elementos que se hallan en el vinilo, en parte porque el grupo empezó a dar más dinámica a sus interpretaciones sobre el escenario.

The Musical Box no tiene ese problema, y Denis Gagné sumó las líneas adicionales de teclado, lo cual deviene en una cantidad de elementos que se volvían difícil de discernir, por muy bueno que sea el técnico de sonido. Pero es un queja nimia, para cuando volvió el estribillo al final del tema, el público estaba más que entregado. Como lo estuvo con el cierre instrumental de la primera parte, efectivamente, “Los Endos”, con las luces reproduciendo la mítica portada del directo “Seconds Out” (1977). En el anterior volumen de la extravagancia, durante el crescendo final, se usó el palo láser que Genesis había empleado en la gira de “A trick of the tail”, pero en este caso se optó por un diseño de luces verdes que recordaban, curiosamente, al que se se usó, muy posteriormente, para los conciertos promocionales de “Invisible Touch” (1986).




Durante el descanso se proyectó un homenaje a Betty Swanwick, la artista cuyo cuadro “The Dream” sirvió a Gabriel como inspiración para “I know what I like” y que fue portada – tras adaptarlo a los requerimientos del formato vinilo – de “Selling England by the pound”. También aparecieron imágenes de las distintas etapas de Genesis que cubre TMB, amén de una petición para que aquellos fans que tuvieran alguna grabación en 8 mm de las giras tempranas de la banda se pusiera en contacto a través del perfil de Facebook oficial de The Musical Box. Siguen investigando, pues.


Tras los 15 minutos de descanso, y después de que los pipas montasen el “infame” bombo que se supone Peter Gabriel tocaba durante los directos – Collins nunca fue un gran fan del pulso rítmico del cantante sobre las tablas - nos cayó encima “The Fountain of Salmacis” (“Nursery Cryme”, 1971). Una de esas épicas composiciones de los primeros Genesis basadas en la mitología griega, que durante mucho tiempo se podría haber considerado intrascendente y fuera de lugar en este mundo moderno en el que vivimos. Pero su historia – básicamente, la parábola de Hermafrodita, que se fusiona con su enamorada Salmacis en un solo cuerpo – se revela como de ferviente actualidad en esta época de géneros sexuales fluidos.

El grupo la tocó, de nuevo, con una exactitud impresionante, aunque a Denis se le notó en algún momento con pequeñas dificultades para moverse a través de los complejos intervalos que también resultaban un problema para el propio Gabriel en su día.

Antes de presentar el siguiente tema, Denis explicó cómo fue una de las primeras composiciones en las que el grupo intentaba proponer “un viaje” para el oyente en lugar de ir en círculos – como, considero personalmente, ocurre la mayor parte de las canciones pop -, hablamos de “Stagnation” (“Trespass”, 1970), todo un ejemplo de las diversas sonoridades que exploraban los (entonces) jóvenes músicos: empezando por una serie de preciosistas arpegios en las guitarras acústicas de 12 cuerdas hasta que entra la batería y el órgano Hammond rompiendo la armonía, terminando el conjunto en una enorme melodía vocal que la banda siguió utilizando hasta en su gira de 2007.


El siguiente plato fue “Can-utility and the coastliners” (“Foxtrot”, 1972), otra rareza, dado que el grupo original la tocó muy pocas veces en directo – Steven Wilson me aseguró en una entrevista por teléfono que se debía a que Tony Banks no le tenía mucho aprecio, al ser un tema sobre todo compuesto por Steve Hackett -, y que cuenta la historia del rey Canuto II, de quien se aseguraba que podía controlar las mareas. Sting (compañero de giras de Peter Gabriel) hizo una referencia al enloquecido monarca en el vídeo de “If I ever lose my faith in you” (“Ten summoner’s tales, 1993). Otra interpretación calcada al vinilo, incluyendo las voces a lo Monty Python que cierran el tema, y es que conviene recalcar que buena parte de los temas de la primera etapa de Genesis terminan en lugar de apagarse con el típico fade out que después se ha vuelto rutinario en sus grabaciones.





El siguiente tema de “Trespass” en caer fue “Looking for somenone”, que además abría ese temprano clásico del grupo. Aparte de ser otra interpretación intachable de los Musical Box, he de decir que por muy castigado por la historia que haya sido el batería John Mayhew (fue expulsado de la banda y su sucesor fue nuestro amigo Phil), sus aportaciones a temas como este se me antojan esenciales.
Una inconfundible introducción de piano nos llevó a “Selling England by the Pound”, esto es, la señal de entrada para “Firth of Fifth” y uno de los puntos para el lucimiento del guitarrista, a la que siguió la bellísima “Cinema Show” que dio pasó a “Aisle of plenty”. En otras palabras, el literal cierre del disco, esta vez sí, inevitablemente con un fade out…
Para terminar el show principal, se recurrió a la composición que da nombre a esta banda. “The Musical Box” sonó tan enérgica como de costumbre y de nuevo – como en algunas recreaciones de la gira de “Foxtrot” y en la anterior “Extravaganza” - Denis apareció sobre el escenario con un disfraz a lo “Dama-Zorro” que ilustraba la carpeta de “Foxtrot”. Nuevamente, esto es una referencia para los muy cafeteros: Peter Gabriel no empezó a disfrazarse por una necesidad artística, sino que en principio fue una maquinación publicitaria.
Cuando se lanzó “Foxtrot”, se sugirió que alguien se vistiera como la imposible criatura como elemento promocional. Gabriel consideró que si alguien debía hacer algo así, era él. De esta forma, podría quitarse la espina de que la prensa no hablase de ellos por ser “¡Jodidamente aburridos” - como le espetó el jefe de prensa de Charisma Records -, aunque decidió no decírselo a nadie del grupo. A diferencia de otros disfraces que vendrían después, la unión de un vestido de mujer – de su esposa de entonces, para ser más exactos – y cabeza de zorro no tenía ninguna conexión con la música. “The musical box” es una oscura opereta con toques del Lewis Carroll más chungo sobre la represión sexual, aliñada con asesinatos y reencarnaciones, no muy distante en tono del “Otra vuelta de tuerca” de Henry James. Una opereta en la que el disfraz del “Anciano Henry” es más adecuado, pero lo cierto es que todas estas son consideraciones para el fan de la rama dura. Con su uso dramático de las luces, el clímax final ” Now! Now! Now!” funcionó tan bien como siempre. De nuevo, hay que mencionar las nuevas animaciones que dan vida a los personajes que ideó Paul Whitehead para la carpeta y que no muestran su “sanguinolento” instinto hasta el punto en el que la guitarra eléctrica rompe en mitad de la canción con un toque que casi se asemeja a un chillido.





¡Pero no se vayan, que aún hay más! Esta fue la única parte del set-list que había visto antes del concierto y una que esperaba con lógica expectación: “Supper’s Ready”, si hay un bis definitivo, es una composición épica de 23 minutos sobre la lucha entre el bien y el mal. Antes de atacarla, Denis nos avisó que el año que viene volverían a Barcelona para una interpretación íntegra del Mejor Disco de Todos los Tiempos – no admito discusiones en este sentido -, “The lamb lies down on Broadway” (1974) cuyas canciones habían sido, lógicamente, obviadas para este montaje.



Otra demostración de que con la “extravagancia” el grupo se estaba tomando algunas libertades se pudo notar en la puesta en escena para “Supper’s Ready”: Denis no se disfrazó de flor para “Willow Farm” ni se puso la cabeza hexagonal de Magog durante “Apocalypse in 9/8”, dejando que las proyecciones en pantalla se ocuparan de ilustrar esos momentos. Aunque sí apareció vestido de blanco para el apoteósico final de “As sure as eggs is eggs”, aunque usó un pie de micro en lugar del tubo fluorescente que Gabriel utilizaba para simbolizar el triunfo final de las fuerzas del bien.


¿Veredicto? Tengamos en cuenta que los tres momentos que me engancharon definitivamente a Genesis fueron interpretados – esto sucedió durante una escucha del directo “Seconds Out” y son el crescendo de “Firth of Fifth”, el inicio de “The Cinema Show” además de “Supper’s Ready” al completo – poco puedo decir que no sea que me encanta tener este motivo para poner los pies en la ciudad condal. Hubo algunos momentos en los que The Musical Box tuvieron algunas dificultades, pero dada la naturaleza del repertorio, lo raro es que no fuese un show repleto de errores.
¿Volveré a Barcelona para verles recrear de nuevo “The Lamb”? La duda ofende.

martes, 3 de septiembre de 2019

COSAS DE DISCOS LOCOS



¿Qué haces cuando tu actividad podcastil se detiene porque crees que es un buen momento para recargar la batería de ideas? Pues escribir un artículo para tu blog explicando la experiencia desde que grabaste un trío de programas sobre el mundo del videojuego que llevaste a cabo con toda la ilusión del mundo pero que después se han revelado como los que han atraído menos atención. POR SUPUESTO. (Y de paso intentar darle un pequeño empuje a las escuchas de los podcasts publicando esta entrada en uno de los blogs con menos visitas del universo conocido).

Mandy (y lo que surja)




Tal y como le comenté aVictor Olid, a veces da la impresión de que buena parte del atractivo del cine es hablar de las películas. O de lo terribles que son los guiones de las series de Netflix y HBO, sobre todo los finales de las mismas. O eso es lo que diría si hubiera visto alguna (o no).

Es lógica esa tendencia a hablar de qué nos ha parecido tal o cuál película, en el cine vemos a personas – término siempre complicado cuando hablamos de actores, un afectuoso abrazo a todas mis amistades en el mundo de la interpretación – encarnando a personajes que se supone actúan como lo haría una persona normal en distintas circunstancias. Eso siempre da para un buen debate. Y luego están las películas en las que sale Nicolas Cage. 

Mi amiga Natalia, colaboradora en otros podcasts del palo de la cultura pop como Destino Arrakis o Reserva de Maná y moderadora en PROGcastinators compartió el trailer de “Mandy” (Panos Cosmatos, 2018) en su Facebook y después de ver que contaba con secciones de animación a lo Ralph Bakshi, yo ya estaba comprado, vendido y regalado ante la idea de echarle un vistazo. Usando el mismo contacto en la productora (guiño-guiño-codazo-codazo) que Natalia, pude hacerme con una copia del film. Toda película que empieza con “Starless” (“Red” de King Crimson, 1974) en su banda sonora ya tiene ganados 2.000 puntos de carisma para mi campaña. Pero vosotros no hagáis esto de usar contactos en la productora, que hay un Blu-Ray la mar de mono publicado en nuestro país con suculentos extras que no debéis dejar de comprar para que así la gente que ha comprado los derechos de distribución pueda traer más cosas interesantes.





Ergo, el formato de este capitulo de “Las cosas de Fran” fue uno de mis favoritos en el mundo del podcast: coger una película y destriparla mediante una conversación con otra persona. En la mejor tradición de “Qué grande es el cine” pero sin alcohol ni tabaco de por medio, tampoco sin suculentas efemérides sobre el año de producción del film, pero con muchos comentarios (espero) graciosos.

Dicho esto, debería sobrar el decir algo sobre “Mandy”, pero he de contar una anécdota que creo ilustra muy bien el (poco) caso que me hace la gente con el tema del podcast. Un día, de buena mañana, una amiga me mandó un mensaje de Whatsapp con el trailer de este film, acompañado de la línea “¡Nadie está hablando de esto!” A lo que, por supuesto, yo respondí con el correspondiente enlace de iVoox y un encendido “perdona, yo YA HE HABLADO DE ESTO” (ya que fue un par de meses después de la publicación del episodio).




Esto quiere decir que, al final, poco importa que yo suba las cosas a YouTube, a iTunes, a Spotify, que ponga enlaces en Instagram o en el resto de mis perfiles en las Redes Sociales, ni siquiera sirve que mande los links a todos mis contactos a altas horas de la noche (en lugar de mandarles fotopenes no solicitadas que tengo entendido que es el colmo de la etiqueta actual), un podcast debe llegar a su público sin ser forzado. O algo así.

Sobre “Mandy” sólo me cabe añadir que es, efectivamente, un film hipnótico, de hecho, aprovechando la conexión crimsoniana, diría que a mí me recuerda a “The first day”, el álbum que Robert Fripp y David Sylvian publicaron conjuntamente en 1993 (y en el cual Trey Gunn tenía un papel muy destacable). Si aquel disco no era “bonito de escuchar” para alguien acostumbrado a los 40 principales, esta película no es “bonita de ver” - hay alguna escena escabrosa que se le puede atragantar a la espectadora media de comedias románticas – pero tampoco puedes apartar la vista de ella, de igual forma que, una vez que empiezo a escuchar los 17 repetitivos minutazos de “Darshan (The road to Graceland)” no puedo parar.




Hay quien me asegura que verla es lo más parecido a tomarse un tripi, o que al menos la visión que tiene de los acontecimientos el personaje de Nicolas Cage se parece mucho a lo que le pasa uno cuando toma alucinógenos. Todo bien, entonces.

Como post scriptum me gustaría añadir la reseña de Naxo Fiol sobre “Mandy”. La pone a parir, cosa que me parece bien porque siempre es necesario que haya alguien que nos haga valorar las cosas en su justa medida, por mucho que no comparta su opinión. 

Pero a mí me encantó, si bien, lo más gracioso del podcast es escuchar cómo insulto a una Natalia que se acababa de despertar de la siesta. 

Bendisiones.

Universo Stallone

Prometo no citar más veces a Victor Olid en este post, pero tengo que reconocer que, al igual que ocurrió con “Lejos de aquí”, si Antonio Candela no llega a pasar por su “Hijo del aprendiz de Satanás” yo ni me hubiera enterado de la aparición del volumen sobre Sylvester Stallone, esto es, “Universo Stallone: la primera etapa del mito 1946-1992”. O por lo menos habría tardado más en enterarme después de que la gente de Applehead haya decidido coger las riendas de su edición.




En todo caso, “Universo Stallone” es un libro que se me antoja imprescindible para acercarse la figura del bueno de Sly. Un actor/guionista/director/¿cantante? Denostado – a veces de forma extremadamente injusta, otras no tanto – por no poco críticos, que casi siempre han visto en él a una balbuceante masa de músculos, culpable de idiotizar al público de los 80 con sus blockbustersde acción. Stallone tampoco es (creo yo) el intelectual de altos vuelos que él mismo nos ha intentado vender en algunas entrevistas, pero sin duda merece un lugar en la historia del cine, aunque sea solo por firmar el guión y por cómo encarna a Rocky Balboa en el primer film del potro italiano (“Rocky”, John Avildsen, 1977).

En mi historia particular, Stallone fue para mí durante un tiempo una especie de ídolo, como para muchos chavales de mi generación que lo flipábamos también con las aventuras de su querido enemigo Arnold Schawarzenegger (y creyendo que el austríaco era un actor solvente, merced al fabuloso doblaje de un vendedor de colchones) con su colección de “one liners” chulescos que, mal imitados por sus sucesores espirituales – Dwane Johnson, Jason Statham, Vin Diesel y demás – suenan hoy en día a chuscas auto parodias. 




Después de leer el libro de Antonio, uno se queda con la sensación de que Sylvester es uno de esos casos en los que una persona consigue transformar una desventaja – su curiosa forma de hablar, consecuencia de un problemático alumbramiento – en una ventaja – casi en una seña de identidad -. Sin olvidar que en su propia vida, pintada con no pocos éxitos artísticos, comerciales y personales, hay también una buena cantidad de fracasos en todas esas áreas.

Por otro lado, me cuesta pensar en una persona más indicada para escribir una biografía sobre Sly, no he leído ningún otro libro sobre el actor, pero tengo algo de experiencia con el género – a veces son tan divertidas como las novelas, ya que contienen un nivel de invención que ni un Lovecraft – y puedo decir sin problemas que se trata de un volumen a la altura de las mejores historias sobre Grandes Personas. Conviene no olvidar que Antonio Candela es realizador audiovisual, con lo que su conocimiento sobre las convenciones cinematográficas sirve para explicarnos los por qué de algunas decisiones en los rodajes que cuentan con Stallone (o de los es que es directamente responsable), y para colmo también tiene un nada disimulado interés por el mundo fitness, de forma que también se fija en los basculantes cambios de físico que el actor sufre de cara a cada papel. Sin olvidar una interesante descripción de sus locas rutinas de entrenamiento así como de sus absurdas dietas. 




Como el propio autor me señala en la entrevista, decidió dejar fuera algunos elementos personales de la biografía de Sylvester. Que nadie se llame a engaño “Universo Stallone” es la obra de un fan fatal, con todo lo que eso conlleva. Hablamos de un hombre que disfrutó en el cine “Get Carter” (Stephen T. Kay, 2001), respeto.

Aunque yo qué voy a decir, tal y como expliqué en mi entrevista con Víctor Castillo, con mi pasión por John Carpenter a nivel Súper Saiyan me fui a ver “Vampiros 2: los muertos” (Tommy Lee Wallace, 2002) - en mi cabeza siempre la llamo “sus muertos” - con Jon Bon Jovi en su papel de inefable papel de ¿Caza vampiros? ¿En Serio? Afortunadamente, Triumph, el perro faltón, ya puso las cosas en su sitio sobre dicho papel cuando fue a un concierto de la banda que se llama casi como su cantante.




En todo caso, si usted tiene aunque sea un interés pasajero por Sylvester Stallone, le recomiendo encarecidamente la escucha de estas dos horas de conversación en las que, salvo por los temas musicales que podéis escuchar en iVoox/Spotify/iTunes (YouTube es más estricta con esto de los temas originales), Antonio y yo no paramos de diseccionar la carrera del astro. La única lástima es que sólo nos pudiéramos circunscribir, sobre todo, al periodo de tiempo del que se ocupa el libro. Sólo me queda esperar, cual agua de Mayo, a que Antonio saque la segunda parte, y así tendré la oportunidad (como con cualquier otro entrevistado que repita en el programa) de añadir al título del episodio “El retonno” (léase con tono de Millán Salcedo).

Nota final: como un curioso crossover a los “Vengadores: Endgame” (Anthony y Joe Russo, 2019), tanto Antonio como Eduardo Fuembuena se juntaron en el podcast de una persona que he prometido no volver a nombrar para realizar una autopsia de un film que se quiso encuadrar en el llamado Cine Quinqui.

El desayuno Sopa de los campeones Elegidos




Mucho estaba tardando el otro 50% del actual Vuelo 180 en pasar por aquí, pensarán ustedes. Y no les faltará razón. Lo cierto es que desde que leí el libro que Wally Week publicó bajo su identidad secreta (y ya descatalogadísimo ¡Ejem!)pensé que estaría bien charlar con él. Lo que pasa es que en lugar de centrarnos en su novela durante toda la conversación, quise poner en pie la curiosa trayectoria del de “la voz aflautada”.

Ya en sus “apariciones estelares” en La hora de Ving Rhames, Wally solía destacar por añadir algo (más) de humor absurdo a las conversaciones del programa. Así que era cuestión de tiempo que se juntara con gente con intereses similares y fundase – junto a Vicente Vegas y a Victor Castillo – uno de los podcasts más desarmantes de la actualidad. Aunque doy por buena la descripción que dio el Sr. VCR en “La guerra de los clones: más allá de Star Wars” (esto es, “humor y conocimientos inútiles”) lo cierto es que Vuelo 180 llega a tales cotas de paroxismo en su tratamiento de los temas - ¿Entienden ustedes la última frase? Yo tampoco – que casi se les podría tildar de Servicio Público.




O dicho de otra forma, después de estar un rato absorbiendo bromas privadas, será complicado que tarde usted mucho en reírse de las mismas cosas, y si consigue que además usted aprenda algo de temas tan variados como la obra de Stephen King, los Reyes Godos, locuras de Presidentes de EEUU o el papado (así, in yeneral), entonces entenderá que yo llegue a considerar a Vuelo 180 como un Servicio Público. No como un sitio al que la gente va a hacer sus necesidades, sino como algo que cumple una función que nos beneficia a todos. Que hay que explicarles a ustedes las cosas masticaditas, panda de catetos.




Como cualquiera que ha grabado un programa con Wally sabe, hablar con él es como jugar un partido de tenis en el que el contrario te devuelve 5 pelotas por cada una que has golpeado con tu raqueta. El señor Week es rápido y tiene una capacidad innata para hilar los temas de forma que uno acaba arrinconado por sus propias bromas. Dicho así, suena casi como algo negativo, pero nada más lejos de la realidad.

No obstante, estoy totalmente en contra de esa idea que ha expresado algún corto de miras con aquello de que Vuelo 180 es Wally Week haciendo gracias y el Sr. VCR riéndoselas. Después de hablar con los dos, sólo puedo constatar que Victor es imprescindible para que funcione esta formula que todos hemos aprendido a amar, más que nada porque también posee un don para el tempo en el humor que apuntala los comentarios de Wally. Aún así, de vez en cuando uno echa de menos los “Hijos de puta” - repletos de absoluto desprecio por la raza humana – que il DuceVicente Vegas solía añadir al debate.

Por mi parte, sólo puedo decir que me lo pasé de miedo repasando las cosas de Wally, con alegres excursiones a cómo se vestía la gente para ir a la televisión hace décadas, el documental sobre Eugenio (otra vez) y, por supuesto, Amalia Cruz.

All about Amparo




Metabitácora, el blog hablando sobre un podcast que se originó por un artículo de este mismo bitácora. Que es una forma de decir que no me beso porque no llego.

Pongámonos serios, ya en su día hablé sobre el libro que el periodista Miguel Fernández escribió con (y sobre) Amparo Muñoz, lo que no me esperaba es que, una vez le pasara el artículo al autor, recibiese una reacción positiva. En lugar de la amenaza de muerte habitual. Estoy exagerando, obviamente, aunque creo que eso se debe a que Jimmy Giménez Arnau no se ha leído mi entrada sobre su vida y obra. Mejor así.




La cosa es que Don Miguel pensaba mandarme un artículo recordando sus experiencias con la Miss Mundo, pero tal y como explico en la introducción, esto de escribir es muy cansado – pero aquí estoy yo, dándolo todo para los cuatro gatos que aún leéis blogs -, así que… qué mejor que usar, one more time, las delicias del Skype para sentarnos a hablar un poco de su obra y milagros como periodista a lo que añadimos un mucho sobre una mujer que tuvo una vida tan extraordinaria como llena de tropiezos.

Como ya comenté en su día, parte de mi fascinación por Amparo viene por el hecho de que interviniese en algunos films de Eloy de la Iglesia – aún estoy debatiéndome si me interesa más el personaje o el cineasta – en un giro totalmente inesperado para alguien que había sido coronada como la mujer más bella de El Mundo. Obviamente, a estas alturas es imposible saber qué se le pasaba por la cabeza a Amparo Muñoz para tomar semejantes decisiones, aunque con la ayuda de Miguel intentamos aclarar algunas cosas que no dio tiempo – o no se consideró oportuno - de contar en “La vida es el precio”.




Lo más curioso es que este capítulo del podcast es el que tiene muchas más visitas en su versión para YouTube – tampoco es que llegue a los millones -, que en su versión de sólo audio. Aunque si tengo que hacer caso del comentario que hay en el vídeo, al menos eso ha servido para que una fan mexicana de Amparo nos haya podido escuchar. Tengo que reconocer que ese es uno de los valores intrínsecos de Internet que más me gustan, uno tira un mensaje en una botella – analogía que también menciona Miguel para los libros durante el programa – y tarde o temprano llegará a su destinatario.

De todas formas, me lo pasé muy bien – y quiero pensar que mi interlocutor es sincero cuando dice que él también – desgranando esa vida que llevó a una muchacha de provincias a viajar por todo el mundo, aunque acabara en su Málaga natal, casi desahuciada por aquellos que apenas unas décadas antes habrían besado el suelo por el que pisaba.




PD: La entrada sobre el libro de Amparo, con la reproducción íntegra de uno de sus desnudos para Interviú, fue motivo suficiente como para que alguien decidiera denunciar el contenido del blog, invalidando el compartir su contenido en las Redes de Fuckerberg Zuckerberg, esto es, Facebook e Instagram. Como ya he “corregido” estas cosas mediante un chusco retoque fotográfico, supongo que ya no debería haber problema. Pero desde aquí debo dar las gracias a la persona que no quería que se vieran pechos femeninos en Internet. Tu cruzada seguramente no será en vano.

Cazar al malo




Los periodistas Manu Marlasca y Luis Rendueles suelen referirse a los criminales de los que hablan en “Territorio Negro” - su espacio sobre crónica de sucesos en “Julia en la Onda” - como “los malos”. Cualquiera que haya estado en un congreso de policías, sabrá que no es un adjetivo gratuito, es la forma más eficaz (por infantil que suene) de denominar aquellos que hacen algo más que saltarse un semáforo o no tiran la basura de plástico en el contenedor correcto. 

Los malos” están ahí fuera, un error, un despiste, pueden llevar a una persona normal a ocupar la misma plaza en el banquillo de los acusados que a cualquiera de esos tipos. A veces, “los malos” llevan el mismo uniforme que aquellos que nos defienden de sus fechorías, a veces están en las altas esferas de poder, defendidos por otros uniformados. Informar sobre todo esto es un ejercicio arriesgado, con altas posibilidades de acabar hasta arriba de pringue, y de pringue, justamente, habla “Cazaré al monstruo por ti”. 




Primer libro que firma totalmente en solitario el periodista Manu Marlasca, “Cazaré...” es una crónica – con un envidiable pulso narrativo – que cuenta la operación de caza y captura por parte de la Policía Judicial de Madrid – la denominada pringue– para terminar la carrera del llamado “Pederasta de Ciudad Lineal”. En su momento (desde un poco antes y hasta un poco después del verano de 2014), reconozco que seguí las actualizaciones sobre este caso como si fuera un serial radiofónico. Sé que esto suena muy mal, con un distanciamiento que sólo puede otorgar el no tener hijos – como si en mi circulo cercano de amistades y familia no hubiera niños pequeños -, pero obviamente, yo quería que pillasen al hijo de puta que estaba aterrorizando a las familias de la capital.

Aunque Manu intenta hacer una crónica lo más limpia posible, sin detenerse en los detalles más dolorosos de leer – imaginar el ataque de nervios de las madres de las víctimas me hace apretar mucholos puños, no os quiero contar el asco que da lo cruento de los ataques en sí -, hay ciertas cosas que son insalvables por poco que se describan. Si os interesa la crónica negra, no puedo más que recomendar encarecidamente el libro, es un buen muestrario de cómo trabaja la policía, sin olvidar algunos de los entresijos del trasfondo político de casos como este, en los que no sólo un servidor estuvo pendiente de cada noticia sobre cómo evolucionaba.

A pesar de lo serio y grave, en el podcast nos reímos bastante, quizás precisamente por la gravedad del tema, en una muestra de ese humor de “cuerda de condenados” que menciono en un momento del capitulo. Por supuesto, “Cazaré al monstruo por ti” forma parte de una colección de libros que edita Alrevés dentro de su epígrafe SinFicción, dirigido por Marta Robles, estoy bastante seguro de que todos los volúmenes son interesantes y están magníficamente escritos ¿Por qué me decidí por entrevistar a Manu Marlasca, os oigo preguntar?


Manu Marlasca y Luis Rendueles


Bueno, para empezar, os recuerdo que esto es “Las cosas de Fran”, ergo, es MI podcast y se entrevista a quien yo quiero (o se deja). Para seguir, si el tema me tenía enganchado a Territorio Negro (como si no lo estuviera antes, quiero decir) y encima escribe un libro al respecto un periodista que cuenta tanto con mi admiración como mi respeto, para qué más. Soy consciente de que al escribir esto, habrá gente que me tache de muchas cosas – ¿Perderé a algúnfolloweren mis raquíticas redes sociales? ¡Espero que sí! - pero a Marlasca hay que reconocerle dos cosas: cuenta las cosas de la forma más objetiva posible y nunca se deja llevar por el amarillismo más pendenciero. Que sí, que mucha gente se compraba Interviú por las tetas de famosas, pero me temo que eso habla más del público que de la publicación en sí.




Obviamente, no es que no respete o que no admire o no me interesen los autores de los demás libros de la serie, pero creo que era mejor elegir uno porque tampoco se trata de que el podcast se transforme en una sucursal de Alrevés (¡Que yo me compro los libros!) y digamos que uno tampoco puede desaprovechar la ocasión de hablar con Manu, un señor bastante ocupado y que – creo – si lo puedes pillar cuando está de promoción (como casi todo el mundo, no nos engañemos) pues todo es más fácil.





Aunque también tengo que confesar que me impresionó la cercanía de Marlasca. A veces uno puede notar en algunas personas (afortunadamente, no ha ocurrido en el podcast) un cierto resquemor a hablar de según qué cosas. Nada de eso ocurrió en este capitulo y no puedo estar más contento de con cómo ha quedado. Aunque para variar, se me ocurrieron unos cuantos cientos de preguntas más durante la edición del mismo ¿Para la próxima?

Lo increíble es tristemente cierto



El “Caso Ummo” es el tipo de fenómeno que se habría quedado como una simple anécdota, una anotación a pie de pagina en la historia de curiosidades de la sociedad española, si no fuera porque, en el fondo, no hay tantos sucesos paranormales como para llenar las horas y horas de programas como “Cuarto Milenio” y aledaños. No creo que exagere, los ummitas no formaron parte de ninguna conversación habitual. Ni siquiera en los tiempos en los que “Expediente X” estaba en su punto álgido de audiencias e interés por parte de los medios, - finales de los 90 del siglo XX - recuerdo artículos o reportajes sobre nuestra particular “Área 51”, que por cierto, estaría en alguna zona indeterminada entre Albacete y el Aluche de la Capital del Reino.

Concretemos, el “caso Ummo” es el nombre que reciben una serie de fenómenos, en principio inexplicables, sobre los contactos que unos seres de otro mundo se supone tuvieron con distintas personas de nuestro país. Contactos a través de misivas explicando notables avances científicos, avistamientos de platillos volantes (con chuscos fotomontajes de los que sólo se podían dar en la época pre-Photoshop de la España de los 60 de, nuevamente, el siglo anterior) y hallazgos de objetos con una composición química extraña. 




Como digo en el programa, gracias a la ventajosa distancia que dan los años, cualquiera puede suponer que todo lo que rodeaba a los ummitas tenía mucho de… humo. De hecho, la letra hache era justamente el símbolo que llevaban las supuestas naves alienígenas en su vientre, como si fuera una jocosa señal del absurdo de todo el tema. 

Pero nada de esto echó para atrás a Eduardo Bravo, autor de “Ummo, lo increíble es la verdad”, editado por esos kamikazes que son Autsaider Cómics, y que resulta en un volumen que resulta tan revelador como incómodo. Por supuesto, no es incómodo por cómo está escrito – porque lo está magníficamente – sino porque pone en relieve cómo estaba el patio español hace unas décadas… y en cierta forma, nos recuerda que tampoco hemos mejorado mucho.



La cuestión con Ummo no es sólo que consiguiera obsesionar a una parte de la sociedad española que se encontraba en la etapa desarrollista del franquismo, sino que consiguió hundir sus raíces en la población, llegando a tener consecuencias para nuestra flamante democracia. Enter José Manuel Villarejo, of course.

Tal y como explico en la entrevista con Eduardo, su libro resume buena parte de mis obsesiones más recientes: la lectura alternativa de la España franquista (cuando la gente tenía que reunirse en tertulias ufológicas porque era la única forma de poder juntarse sin que la policía entrase a dar palos), el (lamentable) florecimiento de las sectas al llegar la democracia, y la fiebre por lo paranormal que en este país parece ser una fenómeno basculante.

Curiosamente, en un giro inesperado de los acontecimientos y en una muestra de sincronía que orgullecería a Jung, mi siguiente lectura después de “Ummo, lo increíble es la verdad” fue “De otro lugar” de Oscar Montoya (editado por ADN), una brillante novela ambientada a principios de los 80 (de nuevo, siglo XX, qué me gusta escribir eso) y cuyo personaje protagonista se halla obsesionado por los extraterrestres, en particular los ummitas y considera a nuestro ínclito J.J. Benitez uno de los hombres más importantes – o al menos más inteligentes o interesantes – de nuestro país. Otro volumen altamente recomendable.




Volviendo a la entrevista con Eduardo y a “Ummo, lo increíble es la verdad”, como suele suceder en vuestro podcast favorito (porque es vuestro favorito ¿Verdad?), la conversación derivó a toda clase de temas, y casi me siento tentado de decir que pude hacer todas las preguntas que tenía apuntadas, pero a uno siempre se le ocurren otras 200 preguntas en cuanto cierra el Skype. 

Por cierto, cuando digo “apuntadas” me refiero a un cutre papel – aparte de las canas precoces, de mi padre he heredado la manía de apuntar las cosas en lo primero a lo que echo mano – que me hace dar muchas gracias porque las entrevistas sean por Skype de audio sin vídeo y nadie me pueda ver recurriendo al papel en cuestión. En cualquier caso, creo que nos quedó un programa bastante completo, espero que opinéis lo mismo. O tendré que ir a vuestra casa para atizaros hasta que opinéis como yo, porque todo el mundo tiene una opinión, sólo que la mía es la más correcta.

En fin, y esto es lo que ha dado el podcast en estos meses. Espero que la próxima entrada en el blog no sea otra desvergonzada muestra de auto-promoción (¡Como si no lo fuera siempre! ¡Ja!), pero también espero volver a un cierto ritmo con los podcasts, según encuentre más invitados. Lo cual me recuerda que debo admitir que no puedo tener más que toneladas de respeto por la gente que trabaja en programas de radio que se emiten diariamente y que suelen encontrar invitados interesantes. Ese trabajo no está pagado.

Y POR SUPUESTO... ¡TITO PHIL!

Debo reconocer que no quedé del todo contento con el programa sobre "The lamb lies down on Broadway" (el MEJOR DISCO DE LA HISTORIA), aunque también debería reconocer que el formato habitual de Radiópolis (y de cualquier radio que no practique el suicidio comercial) de un programa de 60 minutos tampoco se ajustaba a lo que yo quería hacer con un álbum de semejante envergadura. Leñe, si se editan libros de "mesa de café" sobre "The lamb..." iba a ser muy difícil comprimirlo todo en una hora.




Después de 12 programas - y de quedar sólo realmente satisfecho con los dedicados a Bowie y a The Blue Nile -, creí que era mejor dejar el espacio en la parrilla para otra gente.

No obstante, cuando se editó el recopilatorio "Phil Collins plays well with others" pensé que era una oportunidad extraordinaria para hablar de uno de mis músicos favoritos desde una nueva perspectiva: sus colaboraciones con más gente del mundo de la música de la que uno puede recordar de una sentada.




Phil ya había "amenazado" con hacer algo en esta línea, tal y como digo en el programa, creo que este mini cofre está justificado por el propio ego de Collins, queriendo demostrar, a lo mejor, que si la crítica siempre le ha denostado, sus colegas sí que le han mostrado su apoyo, pidiéndole que toque la batería, que les produzca o que canten en sus discos, sin olvidar sus múltiples apariciones sobre las tablas con otra gente fuera de la órbita de Genesis.




Por supuesto, faltan cosas, y yo podría haber ampliado los temas más allá de lo que ofrecen los 4 CDs, pero entonces no hubiera tenido por dónde atajar, acabando con 8 programas de 4 horas cada uno. Estoy seguro de que más de un fan de la música en general - que, aparte, sepa de las correrías de Tito Phil - se pregunta ¿Dónde están las colaboraciones con Jethro Tull, con Mike Oldfield o Anthony Phillips? ¿Por qué no hay nada de "Music for Montserrat"? Pero por eso, el propio Collins pone la venda antes de la herida en el libreto, anunciando que él hizo una lista y dejó a los abogados hacer las llamadas pertinentes.




Así que aparte de hablar con gente muy interesante en "Las cosas de Fran", "Discos Locos" se ha dedicado a renacer de sus cenizas, también con un formato casero (que con el calor que ha hecho en Sevilla durante las sesiones de grabación no es poca cosa, por mucho aire acondicionado que uno tenga) pero aprovechando la falta de limitaciones para poner la música íntegra, rellenando con anécdotas - bueno, no siempre - sacadas de la Wikipedia, despistes ocasionales - porque me sigue gustando grabar los podcasts en "directo" por mucho que después edite los momentos en los que me trabo por una digestión pesada -, e intentando esa cosa tan ridícula que es intentar que la gente acceda a la música a través de la historia que lleva detrás.




Por supuesto, estamos en las mismas que con la elección de temas para el recopilatorio: podría haber contando muchos más detalles que hay detrás de algunas de las composiciones - de algunos me acordé DESPUÉS de haber subido el podcast - pero para eso tenéis la sección de comentarios. Gañanes.



En todo caso, a pesar de la extraña evolución de las escuchas - el volumen que tiene más temas universalmente conocidos es que el, a día de hoy, atesora menos reproducciones - creo que este formato de "especiales" es el que se va a quedar a partir de ahora. Es decir, que puede que analicemos la discografía de un artista al completo a través de varios capítulos o una parte de su trayectoria. Aunque, por supuesto, servidor se reserva el derecho a repasar un único álbum si la ocasión así lo merece.

Y eso es todo por ahora... ¡Como si hubiera escrito poco!