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viernes, 27 de marzo de 2015

¡QUE VIENE EL RINCOFEST!






Como en la mayor parte de los ámbitos de la vida, pero especialmente en el audiovisual, la iniciativa lo es todo. Si no fuera por la gente con iniciativa, el preocupante estado del sector pasaría a “alarmante” sin pasar por la casilla de botón del pánico. Me refiero, obviamente, a las personas que consiguen levantar proyectos como webseries, cortometrajes e incluso películas con más ganas que medios, pero logrando esa pirueta vital que supone que la ausencia de presupuestos millonarios apenas se note.



En este sentido, la productora Dream Art se lanza con triple tirabuzón a la maniobra de organizar el Primer Festival Internacional de Cortometrajes de Terror, Sci-Fi y Fantástico de La Rinconada, esto es, Rincofest (y no “Rincónfest” como siempre le digo a todo el mundo, gracias a lo que supongo será una galopante dislexia).

Ensayando la mirada Magnun de cara a Zoolander 2


Y digo lo de triple tirabuzón porque cualquiera que se las haya tenido que ver con organizar un evento de características similares sabe que puede ser una fuente importante de quebraderos de cabeza. Si hasta organizar unas charlas en una facultad puede hacer que te golpees la frente contra una pared repetidamente, haciendo que te preguntes en voz alta “¿¡Por qué zeñó, por qué?!

En este sentido, no se puede más que aplaudir el programa que se ha preparado para este festival, además de las obvias proyecciones de los cortos que se envíen a concurso (el plazo para enviar obras se cierra el 19 de abril, así que les quiero ver vaciando como que YA esos discos duros o exportando esos proyectos de Final Cut), hay una buena cantidad de conferenciantes cuyas charlas resultarán de interés al cinéfilo medio, le guste el fantástico o no.

Julian Lara es el de la derecha, el otro señor no sé quién es
- Fran, es Geor...
¡NO RECONOZCO A ESE SEÑOR, HE DICHO!


El dramatis personae en este caso se compone de: El músico David Sálezmar, el director Julián Lara, el dibujante y divulgador del cómic José Antonio Sollero, el guionista (aunque también divulgador del cómic) Rafael Jiménez, el experto en animación en CGI Bernardo González y el director de arte (por destacar algo de su amplio CV) Alejandro Jiménez.

David Salézmar


Por si todo esto no fuera suficiente, también cuenta con iniciativas tan interesantes como el desafío que supone el rodar una pieza en 48 horas con la localidad de San José de La Rinconada – donde tiene lugar el certamen, por si se me habían despistado -, como telón de fondo. Sin olvidar el “Infection day”, un paso más allá del “Zombie Walk” pero que se adivina más divertido (si bien menos aparatoso) que una sesión de paintball.

Porque nunca viene mal poner una foto de Roger Corman


Aunque todo esto ya es de por si estupendo, he de decir que, desde mi particular atalaya de blogger – esta son la clase de cosas que me permito escribir yo, pero como alguien me llame blogger en alguna red social o en la calle, os juro que le cruzo la cara -, lo que me parece más interesante son los talleres formativos sobre los aspectos prácticos para un rodaje de las características que tocan las obras del festival. Sobre todo cuando se ofertan a precios de risa.

Babadook aprueba este festival


Por un lado está el “Taller de Cámara DSLR e Iluminación en Cine de Guerrilla”. O sea, cómo grabar e iluminar para que el vídeo HD de vuestra flamante réflex no de la impresión de haber sido grabado... por alguien que se acaba de grabar una cámara. Además, me encantan que hayan elegido la terminología “cine de guerrilla”, porque inmediatamente remite a la New World Pictures de Roger Corman. Dicho lo cual, si alguien quiere un guión a la altura de las cosas producidas por Corman, que me llame. Peor no lo voy a hacer, de hecho, prometo entregar un guión a la altura del “Dracula 3D” de Dario Argento. Este es el nivel.

El adorable Cthulhu en peluche aprueba este festival 


También habrá oportunidad para aprender cómo realizar un convincente maquillaje zombi o de fantasía, así como lo que se adivina como un muy interesante taller sobre efectos especiales. Estoy bastante seguro de que ayudará a que los voluntariosos aspirantes a creadores de esta clase de cosas no se quemen las cejas intentando crear explosiones convincentes o que se deje de hacer – al menos de vez en cuando – la manida frase “esto ya lo hacemos con el After Effects”.

Ash también se plantea ir al Rincofest mientras ensaya su mirada Frigodedo


Sin olvidar que, a la hora de escribir esto, aún hay cosas por anunciarse, o eso me ha dicho el señor de la gabardina...

¿Os he contado alguna vez que se supone que la máscara de Michael Myers está basada en una careta de William Shatner? No os importa lo más mínimo ¿Verdad?


Así que ya saben, del 7 al 10 de Mayo de 2015 (ambos inclusive), tienen una cita ineludible. Ah, y en el estrambótico caso de que no le tiren ninguno de los temas anteriormente mencionados (con lo cual me costaría entender por qué estará usted leyendo este blog), todavía tenemos la excusa gastronómica ya que también se ha anunciado la “Ruta de la Tapa Sangrienta” a la que se han adherido no pocos establecimientos de la localidad. Mi esperanza es que produzcan platos lovecraftianos, que se coman al comensal o algo parecido ¡Qué no hombre, que no! Que seguro que está todo superbueno... (dijo él antes de lanzar un grito en la oscuridad).

Es broma.

O no.

En serio, es broma.




O no.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

HISTÓRIAS VERÍDICAS: ESTAMOS VENDIDOS


Otro post sin fotos o hiperenlaces, como los inicios del Internet, pero con la salvedad de que tampoco tiene fondos horteras.

Ubiquemos la acción: en Sevilla, la Avenida de la Cruz del Campo termina en la Gran Plaza, muy cerca está la Parroquia de la Inmaculada Concepción – que es el nombre con el que la conocí cuando era pequeño – en una intersección entre la avenida y la calle Cristo de la Sed. Para entrar a dicha calle desde Cruz del Campo, hay un semáforo adicional a la izquierda, por lo que hay que pararse, “inutilizando” de forma temporal uno de los carriles.

Noche del sábado, un Citroën C5 Picasso está parado en dicho semáforo, esperando que se ponga en ámbar el adicional. Un Seat Ibiza se aproxima a una velocidad que no solo sobrepasa el límite legal en ciudad, sino que lo golpea con un calcetín sudado relleno de duros antiguos, de los de Cádiz. Lo conduce lo que parece ser una chica – en un momento dado se vislumbra una coleta – con la música de bombo imperturbable a toda mecha. No llega a golpear al C5 que lleva todo el tiempo de su parón con el intermitente izquierdo activo, pero se pasa al otro carril por un margen muy estrecho y se permite el lujo de pitar, como si estuviese denunciando la temeridad del otro coche por estar parado en mitad de la calle sin ninguna motivación aparente.

El Citroën prosigue su marcha con normalidad, está ocupado por dos mujeres, ninguna de ellas especialmente joven, pero una de ellas es de edad mucho más avanzada. Probablemente madre e hija, conduce la que podría ser ésto último. Puede que la madre no haya reparado en lo sucedido, pero es más que seguro que a la posible hija se le haya cerrado el cerito sexual ante la perspectiva de un choque posterior ante el cual no podía hacer nada, salvo quitarse de en medio, realizando una maniobra aún mas arriesgada que es saltarse un semáforo en una intersección, y si algún vehículo les golpease, aparte de los traumas físicos que pudieran producirse está la responsabilidad legal, a ver quién encuentra testigos para confirmar la historia del Ibiza.

Obviamente, deberíamos suponer que la conductora del Seat no había pasado nunca por la zona, desconociendo la existencia del semáforo adicional, lo cual no explica que fuera a la velocidad que iba, ya que si hubiera pisado un poco el freno se habría dado cuenta de el motivo por el que el Picasso estaba parado. Puede que en su cerebro, el coche simplemente estuviera tomándose con mucha calma el avance o girar, puede que después de haber usado el claxon se diese cuenta de su error... o no.

Puede que su cambio de carril a última hora se debiese al pensamiento que tenemos muchos al volante alguna vez, un pensamiento lleno de preocupación por los límites de la resistencia física ante el choque de múltiples partículas férreas contra otras, una observación sobre la fragilidad de las circunstancias y el propio ser cuya existencia puede cambiarse en una fracción de segundo. En otras palabras:

¡Ostias, que me la pego!”

Y eso mismo debió cruzar la cabeza de la conductora del C5.

Debemos darnos cuenta de que conducir es un acto que entraña muchos riesgos. Es famoso el dato de que muchos de los accidentes que sufrimos suelen suceder en casa, rodeados de y usando los objetos que conocemos. Porque ¿quién no se ha cortado con un cuchillo jamonero? (Acto para el cual no hace falta ni siquiera un jamón en casa, créanme). Pues imagínense que corremos con dicho artefacto, mientras otras personas a su vez, lo tienen colgado de sus espaldas, eso es en cierta forma conducir.

Llegados a este punto, se podría pensar que exagero, que en realidad no es para tanto y que unos cuantos inconscientes no representan al grueso de los conductores. El problema es que los “inconscientes” somos todos en un momento dado, porque no me creo que NADIE no haya sobrepasado NUNCA el límite de velocidad, o cambiado el sentido de la marcha cruzando un línea continua, o tomarse la libertad de entrar en una calle a contramano porque hay un hueco para aparcar. Algo que se ve mucho mas razonable cuando llevas media hora buscando un sitio para dejar el coche y entrar en esa calle “por lo legal” implica un tiempo que podría utilizar otro conductor para “robarnos” el espacio.

Los conductores estamos vendidos ante la desesperación, incompetencia o despistes de otros. Y eso ni siquiera incluye a conductores: ciudadanos que deciden comprobar si el hecho de estar cruzando un paso de cebra en un semáforo en rojo les otorga algún tipo de invulnerabilidad, animales domésticos que opinan que una estructura grande, ruidosa y sobre ruedas merece un examen detallado mientras se detienen ante ella, o cajas de cartón situadas en la vía que no estaban tan vacías como uno podía suponer.

Por supuesto, a todos nos puede pasar cualquier cosa en casa o nos puede caer el consabido piano de cola encima, y esos pueden ser accidentes sobre los que tenemos un cierto control – ya saben, “vigilen los cielos” -, pero mucho menos en el caso de estar al volante. Recordemos, llevamos una maquinaria pesada – no tanto como un tractor, pero bastante dañina si te pasa por encima del dedo gordo del pie derecho -, a una velocidad media que suele ser el triple de la que desarrollamos corriendo al borde de la implosión de nuestros pulmones.

Conducir es un derecho privilegiado, todos podemos hacerlo porque, en el fondo, no es tan difícil hacerlo bien, pasado el susto inicial de circular a ciertas velocidades, todo es cuestión de reflejos, prevención y una cierta lógica. Muchas veces, actuamos al volante de una manera que parece que estuviéramos manejando un arcade de conducción – tipo “Need for Speed” - que un coche de verdad, pero no es cierto, no tenemos coches que se autorreparen ni vidas infinitas, ni esto es una carrera, ni nos dan más puntos por destruir mobiliario urbano. Para los que viven en recónditas urbanizaciones o en pequeños pueblos, conducir es una necesidad, y pagan lo mismo (sino más) que los que vivimos en ciudades de cierto tamaño en lo referente a autoescuelas, gasolina y peajes.

Por eso conducir es un “derecho privilegiado”, porque cuesta mucho ejercerlo, pero es muy fácil de perder. Se rumorea que el gobierno se está planteando ampliar el límite de velocidad al tiempo que contempla una tolerancia cero al alcohol en la sangre para los conductores. Me imagino que siguiendo la estela alemana, como en muchas otras cosas. ¿Nos hará eso conductores mas responsables? El tiempo lo dirá, pero ojalá hubiese una forma de desarrollar una tolerancia cero ante los accidentes automovilísticos, alguna forma de que nuestros despistes, arrogancia y temeridad no desembocase en terribles consecuencias.

Mientras descubrimos esa manera, pensemos que las extrañas maniobras de los que van delante y detrás de nosotros en la calzada tienen algún tipo de lógica e intentemos alejarnos cuando parezca que esa lógica ha desaparecido.

viernes, 22 de junio de 2012

REVISITANDO “EL EXTRAÑOS CASO DE CHARLES DEXTER WARD” DE H.P. LOVECRAFT (cultura barata)





Un bache personal


Recientemente, pasando por un bache personal, decidí releerme esta novela de Howard Phillips Lovecraft (no, la HP no era de Hewlett Packard), si ustedes saben quién es, o era, este señor, entonces, se estarán preguntando si no hubiera sido mejor ponerme con algún volumen de Paulo Coelho u otro gurú de los secretos vitales o de mis zonas erróneas.


Definitivamente, algo de razón no les faltaría, aunque después de asistir a la presentación de un libro como “Happiness” (cualquier día de estos me lo leo y todo, lo prometo, aunque primero habrá que comprarlo), se me hace un poco cuesta arriba leer cualquier cosa del género, aunque parece que “El poder del ahora” tiene bastante buena pinta. En cualquier caso, para decirme que las respuestas a mis atribuladas tribulaciones están en mi interior, tampoco hace falta hacerme pasar por tantas páginas ¿no?

Además, como los personajes HP – natural de la estadounidense Providence -, a mi me gusta culpar de mis desdichas a algún mal innombrable – y prácticamente impronunciable – que se esconde en los recovecos mas inhóspitos de nuestro mundo o en, como diría Terry Pratchett, “Dimensiones Mazmorra”. Pero no se asusten, no voy a hacerme de ninguna secta rara que invoque a Gozer el gozeriano desde la terraza de un edificio malrollista, precipitando el fin del mundo. El mundo no tiene la culpa de mis desgracias, al menos no de todas.

Aún así, ¿por qué volver a este libro en particular? Y ya que estamos, ¿por qué releer ningún libro? A fin de cuentas, la literatura no es como la música, no es tan sencillo como meter el CD (¡ja, poner el CD! Me refería por supuesto a acercar la aguja al vinílo, ¿Cómo? ¿Mp3? ¿Eso qué es?) y esperar a que llegue tu momento favorito de una pieza en particular, un solo, una melodía, un estribillo... Aunque los libros contienen grandes frases, uno tiende a apreciar la obra en su totalidad, por mucho que pueda diferenciar algún capitulo como el momento clave, además, el “calentamiento” antes del clímax suele ser imprescindible.

En una serie de artículos cortos sobre el acto de escribir (distribuido solo entre amigos y que el día que el blog entre en dique seco publicaré aquí), declaré que leer es una parte imprescindible y curativa – en el caso de haber heridas - del proceso. Leer es un acto hasta cierto punto absurdo: aquí están las opiniones mezcladas con narrativa, diálogos, descripciones... todo salido de una mente que no es la nuestra, sazonada con un uso del idioma que poco, o nada, tiene que ver con el que utilizamos para hablar con los amigos en la barra de un bar. Pero, a última hora, como cualquier forma de expresión artística, es esa parte de la comunicación que dice “de esto no hablamos en público, pero yo me siento así, ¿tu también?”

Pero nada de esto explica por qué “revisito” la única historia mínimamente larga de un escritor de literatura “Pulp” que incluso aquellos que lo aprecian – como se puede ver en el recomendable documental “Lovecraft: Fear of the unknown” - parecen reírse de muchos elementos de su estilo o de la construcción de sus historias.



One hit wonder

El término inglés “one hit wonder” hace referencia a los artistas que tienen una canción de éxito pero no se vuelve a saber de ellos nunca más, salvo que han hecho una nueva versión de su tema mas conocido en una patético intento de comeback, o que ha muerto en siniestras circunstancias. Se puede utilizar la expresión para escritores – recordemos que después de “Nada”, Carmen Laforet no volvió a tener el mismo éxito con las novelas publicadas posteriormente -, cineastas – Dennis Hopper, una vez digerido el éxito de “Easy Rider” y pegarse el batacazo con “The last movie” no volvería a dirigir una película de gran éxito comercial - o incluso nosotros mismos, “qué pena del trabajo de tu vida en la multinacional que quebró a los dos días de tu entrar”.

Curiosamente, Lovecraft no fue nada de esto, su biografía es una sucesión de calamidades que, una tras otra, fueron minando su salud, hasta sufrir una dolorosa muerte de un imprevisto cáncer intestinal. En realidad, esto no es justo, hubo grandes momentos en su vida, pero muchos de ellos los ensombreció alguna circunstancia que pareció arrebatarle el sentido de la victoria. Desde su complicada infancia, con un padre ausente – enfermedad mental y muerte prematura – una madre no muy estable y una fortuna familiar menguante. Su madurez, empero, no iba a ser un proceso bonito, viéndose atrapado entre las disyuntivas de su poca formación reglada, su visión anticuada del mundo cual caballero victoriano – famosa es su denominación de la independencia estadounidense como “el cisma de 1776” - y un mundo que cambiaba mas rápido de lo que él quería entender.

De sus últimas cartas – Lovecraft era un apasionado de lo epistolar, lo que no pocas veces ahogó su producción literaria - se desprende que el escritor entendía que muchos aspectos de su vida no habían funcionado por culpa de su propia cabezonería. Su matrimonio y su posterior mudanza a Nueva York, hechos que en otras personas podrían haber traído un cambio radical de perspectiva y un giro en sus aspiraciones, solo le añadieron mas angustias, oscureciendo su opinión sobre el desarrollo de la gran urbe del siglo XX, y sobre los que la habitaban, terminando en su vuelta al pueblo que le vio nacer y en divorcio.

No es necesario excusarle, que Picasso o Miles Davis eran genios es algo ineludible, pero que su forma de tratar a las mujeres rozaba – y eso cuando no era adoptado en su totalidad - el maltrato en todas sus “modalidades” es otra verdad difícil de discutir. En su caso particular, Lovecraft mostraba un lacerado racismo que, probablemente, le hubiera transformado en un promotor de la eugenesia y otras teorías sobre el conveniente desarrollo de la raza humana que acaban con experimentos repugnantes en un laboratorio nazi.

Pero curiosamente, HP despreciaba a Hitler y mostraba recelo ante su ascensión al poder en Alemania, una de esas extrañas contradicciones, como JRR Tolkien dando opiniones complacientes sobre Francisco Franco o dejar la herencia de su obra al Estado Español por parte de Salvador Dalí, bueno, esto último no es tan contradictorio, visto en perspectiva...

Pero ya digo que tampoco es necesario justificar a un artista, por mucho que nos guste, y sus devaneos con el lado menos agradable de la psique. Sus escritos de la etapa neoyorquina están salpicados de miedos y desconfianza con respecto a la inmigración, a la que poco le falta por incluir entre esos terrores cósmicos que planean cargarse a la humanidad de un plumazo.

A pesar de que buena parte de su obra encontró su vía de publicación en las revistas baratas de relato que tanta fama tuvieron durante la década de los 20, no fue hasta que sus amigos escritores fundaron la editorial Arkham, que Howard Phillips fue descubierto paulatinamente por el una parte del público. La suerte, por supuesto, fue que esa parte del público decidió transformarse en artistas de renombre en algún que otro campo y no les dolieron prendas en expresar la influencia de cierto delgaducho de Providence. Es como se suele decir del primer disco de la Velvet Underground, no mucha gente lo compró, pero muchos de ellos se animaron a fundar grupos inspirados por Lou Reed y compañía.

Curiosamente, a pesar de su fama de poco amigable, Lovecraft era un escritor “social”, animando a otros aficionados a la literatura a seguir con sus intentos, creando un círculo de escritores que utilizaban elementos comunes para crear una mitología propia. En otras palabras, si viviera ahora, HP habría pasado por foros de Internet y grupos de Facebook llamados “Los mitos de Cthulhu”, en los que se hablaría en profundidad del Necronomicón, Dagon, y el término “Troll”, solo se usaría en su sentido original... o no.

Entre los escritores mas conocidos del “circulo lovecraftiano” están, por supuesto, Robert Bloch – autor de la novela “Psycho”, que inspiró a Alfred Hitchcock – y August Derleth, quién decidió terminar algunos de los escritos de Howard Phillips, y uno de los responsables de Arkham House, con la esperanza de difundir la palabra de su colega.

Aunque una comparación con Kafka podría parecer una exageración, lo cierto es que la novela corta que nos ocupa – y de hecho, ya digo que es la historia mas larga que escribió nunca – no fue publicada hasta después de su muerte. Y me sorprendió. Mucho. Hasta entonces, había deambulado por la obra del de Providence con una admiración combinada con algunas decepciones. Mi inicio fue con la edición en “Alianza Cien” (ahora sería “Alianza seis”) de “El horror de Dunwich”. Poco a poco, le iba “cogiendo el tranquillo” y pensaba que ya me las veía venir en cada nueva entrega de sus escritos que adquiría. Pero entonces llegó esto, su mejor obra, despreciada por el propio autor – de nuevo, la sombra de Kafka – y se me cayeron los palos del sombrajo.

Si Lovecraft hubiera tenido un solo gran éxito en su carrera como escritor, hubiera sido este. Este es su hit single. Si hubiese vendido a espuertas, se podría haber retirado con Sonia a cualquier rincón del Brooklyn, dedicarse a ser “negro” - o ghost writer si lo prefieren – de cualquier plumillas de tres al cuarto, o proseguir sus labores de corrector de estilo. Esta la culminación de sus mitos, y lo peor es que ni siquiera él se dio cuenta. Pero antes de contar un poco de la trama, quiero hacer un último alto en el camino.



INADAPTABLE

Estoy sentado en un salón de actos en el que se proyecta “El día de la bestia” de Alex de la Iglesia, nos han prometido que vendría el director a hablarnos del proceso creativo, pero el guionista Jorge Guerricaecheverría nos explica que el director está ahora mismo liado con “el manual de niños” y que, como padre primerizo – ya se pueden ustedes hacer una idea del año en que estamos -, intenta alejarse lo mínimo posible de su familia. En un momento dado, nos explica que la intención inicial, antes de recorrer la ruta del “Anticristo por Madrid” - cuando vi la primera foto en “El Vibora” ya me pareció una idea tan burra que tenía que funcionar por cojones – era la de hacer una película de horrores lovecraftianos, pero se tuvo abandonar esa línea por las complicaciones que implicaba.

Mi acompañante no lo nota, pero en cuanto escucho esto, algo en mi cabeza hace “¡click!”, y cuando llega el turno de preguntas, soy “un hombre con una misión”, y esta no es otra que preguntarle a una persona que trabaja en la industria del cine, por qué es tan difícil adaptar a Lovecraft al celuloide. La respuesta se me graba porque casi no puedo coincidir más con ella: “El problema principal es que, en las historias de HPL, la gente va a un sitio, se encuentran con Lo Innombrable, y después echan a correr, es muy difícil hacer un film con eso”.

La historia en concreto a la que hace referencia con esta explicación es “En las montañas de la locura”, aunque la trama es algo mas complicado que eso, lo importante del relato es la atmósfera, las descripciones y cómo establece buena parte de la mitología que servirá de base para el círculo de escritores amigos de Lovecraft. Curiosamente, tras el éxito de “El laberinto del fauno” - y el ligero traspiés de “Hellboy, el ejercito dorado” -, Guillermo del Toro intentó sacar adelante su particular versión de esta historia, pero Warner cortó pronto el grifo presupuestario al darse cuenta de que, según el mexicano, “es muy difícil sacar adelante una historia sin romance, sin sexo y sin final feliz”. Ni siquiera el apoyo de un Cameron recién salido de “Avatar”, con su insistencia de rodar el proyecto en 3D pudieron llevarlo adelante.

Ya estuvimos reflexionando sobre “The thing”, de John Carpenter, y sobre cómo fue un intento mas que digno de adaptar algunos elementos de Lovecraft, si bien, ni siquiera el propio director difiere mucho a la hora de explicar las vicisitudes de los protagonistas típicos de los relatos de HP: “Se trata normalmente de personajes que al principio de la trama están aterrorizados y cuando acaba la historia siguen aterrorizados”. Si bien creo que aquí exagera, no le falta cierta razón al afirmar que los esquemas narrativos del de Providence no suelen variar mucho.

Y Dexter Ward es una clara excepción.



EL PASADO LLAMA

El otro problema es que muchas adaptaciones, oficiosas u oficiales del corpus lovecraftiano le han hecho un flaco favor a su fama, recurriendo al gore o a los trucos fáciles de sustos... no es que no sean bienvenidos, pero eso ha hecho pensar a muchos que Lovecraft es una especie de broma pesada de cuerpos gelatinosos y mutilaciones varias. Mejores resultados han tenido las obras que han utilizado parte de sus hallazgos – el terror cósmico que espera agazapado para destruir la humanidad – para sus relatos, como el “Hellboy” de Mike Mignola o incluso en el tono de comedia de “Los Cazafantasmas”.

Si bien Stuart Gordon enmendó parcialmente la plana con “Re-animator” - al menos en términos comerciales – y consiguió captar una ambientación casi perfecta con “Dagon, la secta del mar” - del MAR no del MAL, ésa es la peli “Operación Triunfo” de Plaza y Balagueró -, el resto de films que se han inspirado de forma mas directa en la obra de Lovecraft no han terminado de funcionar. Esto deja el tufillo desagradable de que HPL era muy efectivo a la hora de crear una cosmología, pero poco capaz de dotarla de un sentido de la narración efectivo.

Por supuesto, Roger Corman dirigió una adaptación “oficiosa” del libro que nos ocupa, con sus recursos marca de la casa – maquillaje chungo, Vincent Price, límite presupuestario, trama confusa – pero... tomando el nombre de un poema de Edgar Allan Poe. Y tampoco falta la versión con aires de telefilme que traslada la acción al siglo XX... pero es un poco más digna que otro film “Lovecraftiano” protagonizado por Tori Spelling... Si de verdad quieren ver algo hecho con cariño, vean “The Call of Cthulhu”.

Llegados a este punto, quizás (o no) se pregunten “¿De qué va “El extraño caso de Charles Dexter Ward”? Sencillamente, podrían ustedes hacer la búsqueda en la wikipedia y descubrir no solo un sucinto resumen de la trama, sino también algunos detalles que a uno se le pueden escapar tras una primera lectura. No se preocupen, la cosa es bastante sencilla: Un joven de una familia adinerada de Nueva Inglaterra se deja llevar por su fascinación hacia un antepasado suyo, a quién todo el mundo acabó temiendo u odiando por su más que probables prácticas de brujería... o algo peor. Mientras crece su obsesión, el chico parece ir perdiendo paulatinamente la cabeza hasta que un médico, amigo de sus padres decide investigar el asunto, descubriendo que el pasado está entrometiéndose de forma preocupante en el presente.

Ya lo sé, no les he aclarado gran cosa -o quizás les he contado demasiado -, pero lo que quiero es que se lean el puto libro, no la entrada de la Wiki. Además, la cuestión principal no reside en la trama en si, créanme, sino en cómo está contada. Ya saben ustedes que la mayoría de las buenas historias o giros argumentales los agotaron los griegos o Shakespeare, así que hay poco en esta trama que pueda sorprenderles.

Aún así, a pesar de que el lector avezado vea venir el resultado final de la historia, lo interesante es como el escritor atrae con pequeños detalles sin importancia, dando a pensar que probablemente el relato no avanza hacia ningún lugar en concreto. Somos avisados de que el joven Charles Dexter sufre de una enfermedad mental y en las primeras líneas se nos comenta su huida de una institución mental.

Y si no quieren saber nada mas de la trama, lean el libro o retomen este artículo cuando vuelvan las negritas. Este principio encadena, curiosamente, con una forma de reconstruir la narración que fue muy del gusto de algunos films de principio del siglo XXI, esto es, empezando la historia desde el final, con un impacto certero cuyas consecuencias se van desgranando poco a poco a lo largo de la descripción de lo que acecha al joven Ward.

Como es habitual en Lovecraft, el reparto de personajes es corto y de hecho hablan muy poquito, al igual que en el “Drácula” de Bram Stoker, buena parte de las cosas que vamos sabiendo se nos comunican a través de cartas, postales, lecturas de diarios o recortes de prensa. En estos tiempos sin Internet, con la telefonía en pañales (es decir, los Estados Unidos de los años 20), la comunicación no tenía otros medios para llegar. Y, por supuesto, ya le habría valido al joven Charles que esto no fuera así.

Joseph Curwen, un hombre sin apenas pasado que vivió en el siglo XIX – aunque nadie sabe si las raíces de su existencia se sembraron mucho más atrás – es el antepasado que fascina a Dexter Ward. Un caballero oscuro, de aficiones siniestras al que nadie puede culpar de ninguna de las misteriosas desapariciones que se suceden en Rhode Island, pero al que todas las sospechas señalan. Ni siquiera su matrimonio con una joven dama de la alta sociedad local hacen que las rumores se disipen del todo. Su vida encontrará un traumático fin, del que los hombres del pueblo no hablarán en voz alta, aunque lamentablemente, no borrarán todo el rastro de los acontecimientos.

Lamentablemente sobre todo para Charles, que pondrá todo su empeño en descubrir los motivos que llevaron a su familia a borrar todo rastro de tan misterioso personaje en los registros de la ciudad. Por supuesto, HPL no duda a la hora de presentar a Curwen como un cúmulo de todos los aspectos sobrenaturales negativos que se puedan sumar en una sola persona: su posible inclusión en los aquelarres de Salem y los posteriores “juicios” – o Lovecraft se ríe de si mismo con este recurso o de verdad piensa que aquello no tenía tintes de trifulca vecinal salida de madre -, sus prácticas de “ritos innombrables”... ¿vampirismo?

El hecho de que tantas malas artes se concentren en un solo ser sería motivo de cachondeo sino fuera porque Howard Philips se lo toma tan en serio como para dotarle el papel de ser un importante mecanismo dentro de una complicada trama de hombres impíos que intentan alcanzar los grandes conocimientos de la humanidad, pasando por la necromancia y otros rituales anti natura. Para cuando Dexter Ward se quiere dar cuenta de este hecho va a ser muy tarde, y el pasado habrá tomado el lugar del presente.

Si en los tiempos de Curwen fueron las autoridades del pueblo las que tuvieron que dar por terminadas, tras largas investigaciones, las fechorías del brujo, en los tiempos del joven estudioso le toca a un médico – siempre una figura razonable -, amigo del chaval y sus padres, el acabar con la pesadilla en la que se han transformado sus vidas por culpa de la mala influencia del desagradable antepasado.

No deja de ser curioso que si Lovecraft imaginó una mitología propia para no recurrir a los demonios cuya existencia hundía sus raices en las tradiciones e imaginería cristiana, buena parte de sus relatos están relacionados con la búsqueda indebida del “fruto prohibido”. En este caso, conseguir elementos que ayuden a crear una humanidad mas próspera, pero que se revela una rosa con espinas envenenadas. Pero, curiosamente, es un hombre de ciencia el que tiene que resolver el entuerto, aunque sea utilizando los mismos sortilegios que aquellos que intentan someter a los hombres y ponerlos a sus pies o a los tentáculos de alguna amenaza tan antigua como nuestro planeta.

Aún así, a pesar de la insistente seriedad que utiliza HPL en sus narraciones, es harto complicado no pensar que hay un cierto tono burlón en lo que se nos ofrece, o quizás – y esa es la grandeza de la literatura “pulp” - los recursos argumentales tan chorra no necesitan de ninguna justificación porque no aspira a ningún podio literario, a fin de cuentas, es una historia de hechizos, reencarnaciones y “sales esenciales”.

A pesar de que “parodia” o “humor” son términos que nadie asociaría normalmente a este hombre, tras leer su magnifico ensayo “El horror en la literatura”, se me hace difícil creer que HPL no era perfectamente consciente de las herramientas tan parcas que estaba utilizando para mantener al lector examinando los acontecimientos. Es un poco como la manera en que el director de cine Mel Brooks definió su sentido del humor: una especie de disparo con trabuco, con la gravilla saltando por todas partes con la esperanza de, en el algún momento, dar en la diana. Igualmente, tal batiburrillo de reencarnaciones, vampirismo y hechizos para invocar criaturas innombrables tenía que funcionar de alguna manera en un momento dado.
Fin de las negritas

Lo importante es la historia

A HPL los sentimientos y motivaciones del dramatis personae le importan mas bien poco. Los malos son malos, los esbirros de los malos son esbirros y los buenos no tienen mas opción que combatir el mal porque la alternativa es inaceptable. No obstante, en “Dexter Ward” hay una buena dosis de preocupaciones que van mas allá de un posible MAL INNOMBRABLE, como el impacto que puede tener en una familia la disfunción de uno de sus miembros.

Igualmente, no era Howard Phillips un gran escritor de los diálogos internos de sus personajes, de hecho, es muy complicado, sino imposible, destacar alguno. Lo importante es cómo avanza la historia, cómo se despliega el mecanismo argumental que nos lleva a sacar ciertas conclusiones, que de todas formas se nos explican en el propio texto por si nos hemos despistado. No hay grandes cambios estilísticos en esta novela corta que lo hagan destacar sobre otras, y aún así, siempre le ha rondado una polémica por la “colaboración” de Derleth, a quién no pocos acusaron de trastocar en demasía los textos de su difunto colega con la intención de mejorarlos. Aunque se supone que este en particular era un primer borrador...

A última hora, da igual. “El extraño caso de Charles Dexter Ward” es una gran obra, una de mis lecturas favoritas, y ni siquiera por su “calidad literaria” o sus giros en la trama. Ciertamente, me gusta mucho cómo está escrita y lo que cuenta, pero lo que más me gusta es lo mucho que consigue sorprender, y porque significa una cosa muy sencilla: que los quieroynopuedo, los medianías, podemos aspirar a algún tipo de gloria. Puede que no sea una gloria con mayúsculas, y puede que sea una gloria “asistida”. Pero al igual que en “El extraño”, consigue girar una tuerca extraña dentro de nuestra cabeza, y las cenizas en las que un día nos transformaremos no pueden mas que quitarse el sombrero.

PD: Prometo que el bitácora no se acabará transformando en un “Fran nos cuenta su vida” y ya sé que mi idea era alternar los artículos de cultura con los de conducción. Pero como dice la sabiduría popular, “el blog es mío y le pongo los pantalones campana que quiero”.