Mostrando entradas con la etiqueta Audi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Audi. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de septiembre de 2012

HISTÓRIAS VERÍDICAS: ESTAMOS VENDIDOS


Otro post sin fotos o hiperenlaces, como los inicios del Internet, pero con la salvedad de que tampoco tiene fondos horteras.

Ubiquemos la acción: en Sevilla, la Avenida de la Cruz del Campo termina en la Gran Plaza, muy cerca está la Parroquia de la Inmaculada Concepción – que es el nombre con el que la conocí cuando era pequeño – en una intersección entre la avenida y la calle Cristo de la Sed. Para entrar a dicha calle desde Cruz del Campo, hay un semáforo adicional a la izquierda, por lo que hay que pararse, “inutilizando” de forma temporal uno de los carriles.

Noche del sábado, un Citroën C5 Picasso está parado en dicho semáforo, esperando que se ponga en ámbar el adicional. Un Seat Ibiza se aproxima a una velocidad que no solo sobrepasa el límite legal en ciudad, sino que lo golpea con un calcetín sudado relleno de duros antiguos, de los de Cádiz. Lo conduce lo que parece ser una chica – en un momento dado se vislumbra una coleta – con la música de bombo imperturbable a toda mecha. No llega a golpear al C5 que lleva todo el tiempo de su parón con el intermitente izquierdo activo, pero se pasa al otro carril por un margen muy estrecho y se permite el lujo de pitar, como si estuviese denunciando la temeridad del otro coche por estar parado en mitad de la calle sin ninguna motivación aparente.

El Citroën prosigue su marcha con normalidad, está ocupado por dos mujeres, ninguna de ellas especialmente joven, pero una de ellas es de edad mucho más avanzada. Probablemente madre e hija, conduce la que podría ser ésto último. Puede que la madre no haya reparado en lo sucedido, pero es más que seguro que a la posible hija se le haya cerrado el cerito sexual ante la perspectiva de un choque posterior ante el cual no podía hacer nada, salvo quitarse de en medio, realizando una maniobra aún mas arriesgada que es saltarse un semáforo en una intersección, y si algún vehículo les golpease, aparte de los traumas físicos que pudieran producirse está la responsabilidad legal, a ver quién encuentra testigos para confirmar la historia del Ibiza.

Obviamente, deberíamos suponer que la conductora del Seat no había pasado nunca por la zona, desconociendo la existencia del semáforo adicional, lo cual no explica que fuera a la velocidad que iba, ya que si hubiera pisado un poco el freno se habría dado cuenta de el motivo por el que el Picasso estaba parado. Puede que en su cerebro, el coche simplemente estuviera tomándose con mucha calma el avance o girar, puede que después de haber usado el claxon se diese cuenta de su error... o no.

Puede que su cambio de carril a última hora se debiese al pensamiento que tenemos muchos al volante alguna vez, un pensamiento lleno de preocupación por los límites de la resistencia física ante el choque de múltiples partículas férreas contra otras, una observación sobre la fragilidad de las circunstancias y el propio ser cuya existencia puede cambiarse en una fracción de segundo. En otras palabras:

“¡Ostias, que me la pego!”

Y eso mismo debió cruzar la cabeza de la conductora del C5.

Debemos darnos cuenta de que conducir es un acto que entraña muchos riesgos. Es famoso el dato de que muchos de los accidentes que sufrimos suelen suceder en casa, rodeados de y usando los objetos que conocemos. Porque ¿quién no se ha cortado con un cuchillo jamonero? (Acto para el cual no hace falta ni siquiera un jamón en casa, créanme). Pues imagínense que corremos con dicho artefacto, mientras otras personas a su vez, lo tienen colgado de sus espaldas, eso es en cierta forma conducir.

Llegados a este punto, se podría pensar que exagero, que en realidad no es para tanto y que unos cuantos inconscientes no representan al grueso de los conductores. El problema es que los “inconscientes” somos todos en un momento dado, porque no me creo que NADIE no haya sobrepasado NUNCA el límite de velocidad, o cambiado el sentido de la marcha cruzando un línea continua, o tomarse la libertad de entrar en una calle a contramano porque hay un hueco para aparcar. Algo que se ve mucho mas razonable cuando llevas media hora buscando un sitio para dejar el coche y entrar en esa calle “por lo legal” implica un tiempo que podría utilizar otro conductor para “robarnos” el espacio.

Los conductores estamos vendidos ante la desesperación, incompetencia o despistes de otros. Y eso ni siquiera incluye a conductores: ciudadanos que deciden comprobar si el hecho de estar cruzando un paso de cebra en un semáforo en rojo les otorga algún tipo de invulnerabilidad, animales domésticos que opinan que una estructura grande, ruidosa y sobre ruedas merece un examen detallado mientras se detienen ante ella, o cajas de cartón situadas en la vía que no estaban tan vacías como uno podía suponer.

Por supuesto, a todos nos puede pasar cualquier cosa en casa o nos puede caer el consabido piano de cola encima, y esos pueden ser accidentes sobre los que tenemos un cierto control – ya saben, “vigilen los cielos” -, pero mucho menos en el caso de estar al volante. Recordemos, llevamos una maquinaria pesada – no tanto como un tractor, pero bastante dañina si te pasa por encima del dedo gordo del pie derecho -, a una velocidad media que suele ser el triple de la que desarrollamos corriendo al borde de la implosión de nuestros pulmones.

Conducir es un derecho privilegiado, todos podemos hacerlo porque, en el fondo, no es tan difícil hacerlo bien, pasado el susto inicial de circular a ciertas velocidades, todo es cuestión de reflejos, prevención y una cierta lógica. Muchas veces, actuamos al volante de una manera que parece que estuviéramos manejando un arcade de conducción – tipo “Need for Speed” - que un coche de verdad, pero no es cierto, no tenemos coches que se autorreparen ni vidas infinitas, ni esto es una carrera, ni nos dan más puntos por destruir mobiliario urbano. Para los que viven en recónditas urbanizaciones o en pequeños pueblos, conducir es una necesidad, y pagan lo mismo (sino más) que los que vivimos en ciudades de cierto tamaño en lo referente a autoescuelas, gasolina y peajes.

Por eso conducir es un “derecho privilegiado”, porque cuesta mucho ejercerlo, pero es muy fácil de perder. Se rumorea que el gobierno se está planteando ampliar el límite de velocidad al tiempo que contempla una tolerancia cero al alcohol en la sangre para los conductores. Me imagino que siguiendo la estela alemana, como en muchas otras cosas. ¿Nos hará eso conductores mas responsables? El tiempo lo dirá, pero ojalá hubiese una forma de desarrollar una tolerancia cero ante los accidentes automovilísticos, alguna forma de que nuestros despistes, arrogancia y temeridad no desembocase en terribles consecuencias.

Mientras descubrimos esa manera, pensemos que las extrañas maniobras de los que van delante y detrás de nosotros en la calzada tienen algún tipo de lógica e intentemos alejarnos cuando parezca que esa lógica ha desaparecido.

jueves, 10 de mayo de 2012

HISTÓRIAS VERÍDICAS: LA LEYENDA DEL SKODA NEGRO


Cual Antonio Reguera (pero sin Agustina a los teclados, por una vez), ubiquemos la acción: Sevilla en los primeros envites del otoño, Domingo al mediodía, circulo por una avenida sevillana conocida por dos factores importantes: tiene a mano todos los desvíos principales y la limitación de 50 km/h se lleva a rajatabla debido a la instalación de radares bastante visibles. Aunque muchos crean que ya no funcionan y no reparen en ponerlos a prueba. Porque hay gente a la que le gusta jugar a que le desaparezcan cientos de euros de la cuenta corriente sin explicación alguna.

Conduzco respetando el límite de velocidad por el carril izquierdo, porque es el que mas me conviene, ya que la avenida desemboca en una rotonda de varias salidas, a cual mas traicionera si los demás conductores se comportan como niños pequeños, es decir, como siempre. Noto a un Skoda Fabia negro detrás mía. Como estamos en una AVENIDA, dentro de CIUDAD, y con muchos semáforos y – probablemente – un radar, no me preocupo en exceso. A fin de cuentas, voy a comer con mis padres y voy sobrado de tiempo.

Aún así, mi cerebro revierte de forma automática a las tácticas habituales para ver cómo de cerca tengo el coche: miro por los retrovisores para ver hasta dónde me puede engañar el sentido de profundidad, no sea que el Skoda esté manteniendo la distancia de seguridad y yo me esté volviendo un paranoico. Ni rastro de él por el derecho, visión generosa del conductor por el espejo interior y un pico de su morro por el izquierdo. Como prueba definitiva, freno un poco según nos acercamos a la luz roja y a un paso de cebra. Veo muy bien el reflejo de mis luces de frenado en lo poco que veo de su capó. Está jodidamente cerca, “comiéndome el culo”, o como diría una campaña de la DGT, el conductor del Fabia debe “sentirse poderoso”.

Ni me inmuto, en un episodio de personalidad obtusa muy mío, arranco lentamente (muy muy muy leeeeeeeentaaaaamente, léase con voz de zombie) y el señor decide adelantarme una vez que se da cuenta de que me planteo continuar circulando a 50. Por supuesto, estoy esperando su perlita, eso que hacemos muchas veces en una demostración palpable de que el carné de conducir es tan complicado de conseguir – aunque mas caro - que el permiso de armas en EEUU. Sí, estoy hablando de la mirada recriminatoria que lanzamos los conductores cuando la actitud del que llevamos delante nos ha entorpecido la circulación. Como me la espero, giro un poco la cabeza mientras mis ojos intentan mantenerse en la vía. Ahí está, detrás de esas gafas de sol puedo sentir la expresión que pretende gritar “¡tortuga!”. Y, por supuesto, yo pongo cara de pan, entre una sonrisa idiotizada y expresión de no enterarme de lo que está sucediendo.

Los coches que tengo detrás sí que circulan respetando el límite y la distancia. El Skoda se queda en el carril central, y me percato de que delante suya va circulando un Jaguar (XF si no me equivoco) también negro. Si, lo han adivinado, me adelantó solo para ponerse detrás de otro coche que va a 50 por hora. Tanto es así que en algunos momentos me pongo a su altura, pero antes de eso puedo ver la “táctica” del conductor, se acerca tanto que una frenada involuntaria desembocaría en un golpe de lo más molesto. Hay una mujer conduciendo el vehículo inglés, como es lógico, no deja de mirar su retrovisor, repitiendo la táctica de un servidor minutos antes.

Finalmente, el Fabia se sitúa en el carril derecho e inicia otra maniobra de adelantamiento, pero, ah, el semáforo lo detiene antes de que pueda ponerse por delante del Jaguar, e incluso de mi. Entonces, parado, veo que en el asiento de copiloto del Jaguar hay un niño de, probablemente, 11 años, que juguetea con el ipod touch/iphone de su, supongo, madre. El Jaguar baja el cristal de la puerta derecha, el conductor del Skoda tiene el codo sobre la suya. Veo cómo la mujer habla con el tono alterado, no logro escuchar lo que dice pero me lo imagino. El dueño de las gafas de sol ni se inmuta, pero eligiendo la acción mas elegante hasta el momento – aunque unas sinceras disculpas habrían sido aún mas elegantes que lo que viene ahora -, sube su cristal y adelanta un poco el coche al paso de peatones.

En este punto del relato me gustaría contarles que la señora se volvió a poner a la altura del Fabia y siguió increpando al conductor temerario, para después ponerse un chaleco reflectante – hay que respetar la ley -, sacar una sierra mecánica de su maletero y cortar el Fabia en dos para después propinarle una patada voladora a su dueño. Pero no, la cosa quedó ahí. No es muy emocionante pero me da pie una minúscula arenga.

Todos nos podemos desesperar ante la tranquilidad de otros conductores, sin ir mas lejos, hace unos días estuve a punto de hacer un adelantamiento ilegal – línea continua – ya que estaba circulando por una zona prácticamente desierta de otros vehículos o peatones, pero en la cual el límite era de 30 km/h. Y el Fiat Panda azul lo estaba respetando escrupulosamente. Ahora bien, si hay una cosa que se me quedó de las normas de circulación cuando estaba en la autoescuela, es que en CIUDAD, uno no está forzado a circular siempre por el carril derecho, sino por aquel que le mejor le venga para llegar a su destino. Igualmente, adelantar por la derecha a otro coche no es un “adelantamiento indebido” porque lo mas probable es que el otro vehículo simplemente vaya a otro sitio. Y, por supuesto, circular por el lado izquierdo no da derecho a acelerar a 20 km por encima del límite.

Ergo, ¿Por qué, oh hados, el señor del Fabia decidió ser tan tontoelculo? ¿Entendía que pasarse la distancia de seguridad por el escroto estaba “bien” pero adelantarme por el carril que más le convenía estaba “mal”? ¿Realmente pensaba que iba a convencerme de me jugase los dineros porque mantenía su morro pegado a mi maletero? ¿Estaba forzando un choque, se le había olvidado también que el golpea es el que paga? ¿Por que repitió la jugada con la señora? ¿Era un escenario de lucha de clases? O puede que tuviese mas dinero que la señora del Jaguar, pero prefiere tener un coche mas práctico, con recambios mas fáciles de encontrar, ¿o era su ex-marido? ¿O le gusta conducir como un niñato farlopero a la vuelta de una macrodiscoteca de autovía? Porque les puedo asegurar que el señor de las gafas del sol había superado los cuarenta.

En realidad, ya digo que nadie está libre de portarse así, ya me han escuchado un par de veces decir cosas poco agradables del conductor medio de un BMW o un Audi, así que ante la “desesperación” natural de este señor, no me extrañaría una cierta desconfianza ante personas que conducen coches de alta gama a velocidad de turismo hindú - ¡un momento! ¡es que Jaguar es hindú!-, sin saber que lo manejaba una madre con su hijo de copiloto. Pero esto, por supuesto, no es excusa, si uno tiene tanta prisa como para saltase algunas normas, lo último que tiene que hacer son maniobras que pongan en peligro la integridad de otros, y que terminen retrasandote aún mas, teniendo que rellenar partes y aguantando gritos. Aunque una parte de mi deseaba que el Jaguar frenara en seco y dejara al otro hecho un acordeón, pero sin infringir heridas a su ocupante, claro.

Porque ya digo que todos somos niños chicos al volante. 


PD: La próxima entrada será sobre un grupo de neoprogresivo... ya pueden empezar a temblar....

lunes, 7 de mayo de 2012

DEPORTIVOS VS. VIDA REAL = SUVs DE LUJO (ERGO, TODOS PERDEMOS)


Ya hemos dicho que en este blog somos mas de “ideas prácticas” que de “grandes ideas”. Me explico, un Aston Martin DBS es una gran idea, buen motor, interior lujoso, diseño apasionante y pragmatismo nulo. Quiero decir, se trata de un coche que no está  a salvo ni en Puerto Banús, con un seguro que requiere varias quinielas con el pleno al 15 seguidas para pagarse cómodamente y con recambios tan fáciles de encontrar como una solución a la crisis que no implique asfixiar al contribuyente.

Bueno, quizás me he pasado


Por otro lado, los Toyota IQ, los Smart o incluso el Fiat 500 son ideas prácticas, o lo serían si costasen lo mismo que un Volvo de tercera mano y tuvieran un maletero de verdad. Pero supongo que se entiende que son coches diseñados para la “vida moderna”. Demonios, hasta un Ypsilon de hace 10 años es más práctico que un Aston Martin de hace 40. Personalmente yo abogo por el A1 deportivo.

Dicho lo cual, no podemos apartar la mirada – yo no, al menos – cuando vemos pasar un Ferrari, un Lambo, o un R8 por nuestro lateral. Obviamente, son vehículos que conducirán personas con un capital de obtención dudosa, con poco respeto por los límites de velocidad, la seguridad de otros conductores o tu novia. La vieja excusa “¡le he levantado la falda a tu novia porque tengo un Jag!” resuena en nuestra mente... ¿solo en la mía? Está claro que no ven lo suficiente Top Gear, EL programa sobre coches de la BBC.

Bonito... y tan práctico como un martillazo en el dedo gordo del pie derecho


Pero como diría James May, eso se debe a que, probablemente, tampoco podríamos apartar la vista si alguien andara por ahí con un Rembrandt a sus espaldas. Por supuesto, no pocos se tomaran como un insulto la comparación – y no sin motivo -, pero tomemos como base la excusa de que en ambos casos, la existencia del cuadro y del superdeportivo se basa en la capacidad de crearlo, no en ningún sentido práctico mas allá del inherente placer que producen.

Antes de que esta entrada se transforme en carne de “Cultureta Watch”, reflexionemos sobre lo que implica la conducción típica de un deportivo: tener el culo a pocos centímetros del suelo, dos plazas en la mayor parte de los modelos (para ti y la prostituta de lujo), suspensión mas incomoda que dormir en el suelo, maletero casi inexistente (para el bolso de la señora salida del lupanar), y una velocidad máxima cuya utilización implicaría multa o cárcel, dependiendo de las consecuencias.

Pere Navarro – no, el del Missisipi no, el ex-director de la DGT, el que no le teme a los micrófonos -, en una entrevista para “Salvados”, explicaba su queja ante los fabricantes de turismos que eran capaces de desarrollar velocidades muy por encima del límite legal establecido. No, no fue una las intervenciones mas aplaudidas de este hombre, pero al igual que un arbitro en un Barça-Madrid, o una Esperanza Aguirre con peajes en las autovías, ya empezaba perdiendo. En cualquier caso, la capacidad motora es una cuestión muy complicada de resolver, ¿a quién beneficia? ¿quién puede aprovecharse de ella? Mi primer pensamiento va hacia los conductores de vehículos en los servicios de emergencia: ambulancias, coches de policía, bomberos...

Y este es el de Jaguar...


Ahora bien, me cuesta imaginarme a un policía poniendo multas al salir de su Quattroporte – aunque hay casos parecidos – o a un 911 reformado para que quepa una camilla en su interior. En un deportivo, los caballos de vapor no sirven para que el coche pueda “tirar” mejor con el maletero a tope, sobre todo cuando eso implica que lleva, como mucho, dos bolsas del super (para que la señora de la vida pueda comer durante un par de días). No, implican que, probablemente, Adrien Brody le saque una nariz – redoble de tambor y golpe al platillo – al cani de extrarradio en su próxima carrera alegal nocturna.

A pesar de lo bien que lucen, de su belleza intrínseca, de sus miles de detalles que los transforman en el súmmum de la vida tras el volante, es difícil justificar las prestaciones de los superdeportivos. Si nuestras ciudades estuvieran diseñadas como departamentos estancos – sección de viviendas, sección de comercios, sección de estadios deportivos – con anchas autopistas diseñadas en una continua línea recta y amplios aparcamientos, en una suerte de distópia / utopía futurista, entonces... incluso entonces la existencia de estos coches seguiría sin justificarse.



Pero son geniales, quién lo pone en duda, aunque si uno ya maldice su suerte con un coche “normal”, imagínense cómo sería su vida diaria pasada la emoción inicial de verse “subyugado por la belleza”. Cuando el miedo a los rayones, los escupitajos o el robo superan a todas las ventajas, que puestas en perspectiva, no son muchas.

La gente se ha dado cuenta de esto... de aquella manera. Las ventas en la gama alta siguen en la línea de años anteriores, si bien algo rezagadas o con extraños impulsos desde China, pero las marcas especializadas en este sector del mercado ya le han visto las orejas al lobo (a fin de cuentas, la mayoría pertenecen a conglomerados con marcas titulares de menos glamour) y han decidido tirar por “la calle de en medio”.

¡Sí amigos! ¡Uno de los temas fetiches de este bitácora ha vuelto! Pero prometo que será la última vez... en bastante tiempo. Visto el ejemplo del Cayenne, otras marcas como Lamborghini, Bentley o Maserati (Jaguar deshoja la margarita) han decidido que si lo de ser una marca exclusiva está muy bien, puede llegar el día en el que los biplaza con mas sed de combustible que una presidenta argentina no gocen del favor de su reducido público, o que este haya menguado a niveles insostenibles.

Si en economía, cuando se habla de “los mercados” uno no puede mas que sacar la metafórica hacha en busca de unos terribles criminales, en lo que se refiere a lo automovilístico, las demandas del público parecen ser el equivalente a una negociación sindical. Por ejemplo, Nissan se descuelga con una versión deportiva de su Todocamino, Juke - el ejemplo contrario a las marcas de lujo con sus SUVs – que gusta, y mucho, a la prensa del sector, indicando una nueva posible veta a explotar. Y entonces deciden que solo van a fabricar 20 unidades. ¿¡Me lo explica?!

A lo que nos enfrentamos, entonces, es a una nueva generación de coches que solo sirven para dificultarnos el aparcamiento – nadando a contracorriente de lo que vendría a ser la tendencia a dimensiones mas efectivas y compatibles con la vida diaria, incluso en poblaciones pequeñas -, sin mas justificación que lucir el logotipo de una marca cuyos precios serían incompatibles en otros modelos... un momento... ¿De verdad creemos que estos coches, incluso en sus posibles versiones híbridas, son el futuro? ¿Tanto nos importa conducir un Maserati, cuando ni siquiera sus prestaciones lo colocan por encima de ningún coche del mercado? (de la misma, gama, quiero decir) ¿No será que en este absurdo ejercicio por mantenerse de ciertas marcas, los que salimos perdiendo somos nosotros, el público? ¿No sería mejor dejarse de monsergas y devolver a la vida a Saab?

La solución


Si no cree que estas preguntas son relevantes, entonces planteo que lo mejor es que todos nos vayamos a comprar los sedientos Rolls Royce Phantoms y demos la despedida que se merece al motor de gasolina (y a nuestro futuro económico) hasta que todos conduzcamos el Renault eléctrico de David Guetta, porque nos mereceremos quedarnos sin combustible. Mas rápido de lo que usted pueda decir “YPF”.

Para la próxima entrada, prometo no poner ni hiperenlances ni fotos, será como un relato corto, será... una anécdota verídica. Ya pueden plantearse la música a escuchar mientras lo leen.

domingo, 15 de enero de 2012

NOMINADOS A COCHE PERFECTO: AUDI Q7

Si en mi entrada sobre el Smart Roadster, enunciaba que no sabía si aquello era muestra de la ambición desmedida o de una inteligente diversificación de mercado por parte de Mercedes-Benz, en el caso de la política de Audi, puedo decir que es ambas cosas, pero hecho de una forma gradual y, en vista de su buena recepción, convincente. El fabricante alemán ha conseguido tener modelos que pueden cumplir todas las necesidades del conductor medio. Desde el turismo pequeño pero potente y fácil de aparcar – el A1 – hasta el todocamino de grandes dimensiones que nos ocupa hoy, pasando por los deportivos para los señores con crisis de la mediana edad – el TT –, los dedicados a camellos/promotores inmobiliarios/dueños de discoteca/futbolistas – el R8 – sin olvidar las berlinas respetables – A4 – o las de directores de banco que no quieren renunciar a buenas aceleraciones mientras van camino de echar a otra familia de su casa – el A6 -.

Del pequeño – y reconozco que parcial – desglose anterior, se pueden concluir dos cosas:

1) Audi no se rompe la cabeza a la hora de dar nombre a sus modelos, y siguen la “técnica Peter Gabriel” a la hora de clasificarlos. Una “A” antes de un número significa que son coches que podría usar una persona normal, salvo que ese número sea mayor que un cinco, porque eso implica una excelencia propia de un señor con clase. Dos “T” o una “R” implica conductor de Formula Uno frustrado, y una “Q” seguida de un número implica el deseo de ver la calzada desde una cierta altura.

2) Teniendo en cuenta los precios y las prestaciones, en comparación con otras marcas, no faltará quién dirá que, al igual que Volkswagen y Volvo, Audi hace coches para distintos niveles de pijo, desde el que aparenta pero en realidad no tiene tanto dinero hasta el que va con pañuelo palestino de diseño pero no tardará en encontrar curro en el despacho de abogados de papá. Y no le faltaría razón.

Porque, admitamoslo, al igual que la ropa, nuestro coche dice mucho de nosotros. Hilaré mas fino; la interpretación que hace la gente de nuestros motivos para comprar un coche en concreto, hace que se nos perciba de un modo u otro. De igual forma, hay gente que se compra un coche en concreto porque quieren que se les vea de una manera en particular. Así pues, ¿coincide lo que uno quiere decir con su coche y lo que la gente interpreta? Bien, según el café de esta mañana, muchos ven en el conductor medio de Q7 lo siguiente:

A) Me va muy bien en la vida, tengo una familia estupenda, los fines de semana dejamos nuestro piso en el centro para irnos al chalé en las afueras. Como somos familia numerosa (es decir, cinco), me hace falta un coche de 7 plazas y como tenemos que pasar por carreteas secundarias, necesito un todoterreno que no me vaya a dejar tirado con una rueda pinchada en mitad del campo. Vale, el campo está a 5 kilómetros de nuestra urbanización de lujo, pero qué mas da.

B) Quiero conducir un Audi porque es la marca de los triunfadores.


C) Me gusta conducir según la primera acepción de este blog.

D) ¿Le he dicho que tengo mucho dinero?


Si usted es propietario de un Q7 y ha llegado a este blog por sabe Díos qué casualidades de la vida, ya habrá tardado en deslizarse hasta los comentarios (pista: abajo del todo) y cagarse en mis muertos. Y con razón, y le aplaudiré, porque, qué es un bitácora sin su buena ración de insultos o amenazas de muerte. Pero antes de que use su creatividad, le recuerdo que estos son ejemplos basados en tópicos populares y populistas, usted está por encima de esas cosas, se lo aseguro. O no.

A decir verdad, tengo una amiga que planea comprarse uno, y es de las pocas personas en este planeta que, sin encajar en la descripción anterior, tiene una auténtica justificación para comprarse la versión mas gorda de la gama; tiene una parentela amplia, su curro le obliga a desplazamientos complicados (complicados de verdad) y no le viene mal apretar el acelerador de vez en cuando para llegar a tiempo a los sitios.

Visión at-ti-ti-ca


Por supuesto, hay otra lista de usuarios que le hacen bajar puntos al Q7 en la clasificación personal de todo amante de los coches, porque el product placement es una carretera de dos sentidos. Por ejemplo, el binomio Jesulín de Ubrique / Maria Jose Campanario, aunque han tenido tantos coches que casi no merece la pena detenerse mucho en este detalle. ¿Que cómo lo se? Bueno, ya he tardado en revelar este importantísimo detalle. Servidor ha sido, de forma intermitente, cámara y redactor de dos agencias del Cuore (¡pero no paparazzi!). Por eso sé que María del Monte también ha tenido uno, y lo pude comprobar porque tuve que hacer una de esas cosas tan absurdas que hacemos los que curramos en el Corazón: guardia.

Un día de estos les contaré los pormenores de estas cosas, pero en realidad ya hay tanta literatura (y tan aburrida) sobre el tema que tampoco merece mucho malgastar bits. En cualquier caso me encontraba en la tesitura de grabar con la Betacam y hacer preguntas (mitad cámara, mitad redactor: todo pringado) a la cantante cuando ésta debía llegar a la productora de su programa de televisión. Por una vez no se trataban de preguntas acerca de tonterías de su vida privada que solo escandalizan a los meapilas que viven en el siglo XVIII. No, esta vez eran preguntas sobre la vida privada de su sobrino, porque siempre se puede ascender en picado.

Cuando hablé con mis coordinadores para saber cómo encarar la situación me dijeron “no te preocupes, la verás llegar en la ambulancia”. ¿Ein? Por supuesto, lo que querían decir es que Doña Maria usa la versión mas tocha, larga y blanca del Q7, creo que la vi venir a muuuuuuchos metros de distancia. No sé si quien esté leyendo esto ha conocido en persona a Maria del Monte, pero tiene un capote para sortear tonterías que ya quisieran para si muchos ases del toreo. Lo cual es una forma castiza (¡cogedlo ahí!) de decir que es una señora que sabe hablar con los medios sin insultar al pobre soldado raso de la calle. Obviamente, el Q7 “ambulancia” puntúa alto en mi ranking por mera simpatía de su usuaria. El paparazzi (este si) Antonio Montero también tiene uno, no le conozco de mas de diez minutos, pero me cae lo bastante bien como para sumar otros dos puntos de blindaje ante las criticas. Y algún día entenderé su ojeriza a la familia real, digo yo.

Eso hace tres propietarios que por un motivo u otro, mejoran a mis ojos las ventajas de un Q7, frente a un matrimonio que lo empuja a las tinieblas de lo impopular. Para equilibrar un poco mas la balanza, contaré una (oh, Dios mio, ¡no!) de mis HISTORIAS VERIDICAS (patente en proceso de registro), que ilustrará mejor cómo algunas personas perciben al conductor medio de este vehículo.

Todos estos aros se perderán como lágrimas en la lluvia


Como mucha gente, por presiones familiares, me vi obligado a buscar una plaza de aparcamiento privada que nos permitiese resguardar al coche nuevo. Se encontraba en el subsuelo de un bloque de pisos y su entrada en la bocacalle de una avenida. Dicha calle era una vía de un solo sentido, en la acera, flanqueando el portón electrónico, estaban esos dos enemigos naturales del conductor: los macetones de cemento. Crujido de truenos y música siniestra.

Curiosamente, recuerdo que era un día soleado y principio de un puente bastante largo, el imponente Q7 negro surgió de las fauces del parking a una velocidad nada recomendable para un vehículo de esas características (de hecho, para cualquier vehículo que se incorpora a una vía estrecha) y en vez de tirar a su izquierda, en el sentido de la calle, giró a la derecha, con el firme propósito de demostrar que con un Q7 no tienes por qué respetar el sentido del tráfico.

Ah, pero cruel destino, según giraba, un buen trozo de la chapa en la puerta trasera derecha se golpeaba de forma fulminante contra el macetón, cayendo haciendo un ruido horrible al dar contra el suelo. Frenada de emergencia, joven que se baja de la parte de atrás del vehículo, recogida del trozo de chapa con una cara de circunstancia francamente y ese todoterreno que se incorpora a la circulación terminando su recorrido a contramano.

Puede que los macetones estuvieran dispuestos de una forma que los hacía mas difíciles de sortear, o que el conductor tuviera un mal día, o quizás esté usted pensando en una clase de fruta cuyo nombre se usa para insultar a la gente cuyo perímetro craneal es muy ámplio.Y no le faltaría razón.

En cualquier caso, no es justo hacer leña del árbol caído. Además, estoy seguro de que no fue un principio de puente muy alentador para el matrimonio (supongo) que se iba de cortas vacaciones con su descendencia. Tengo mucha imaginación y me puedo suponer que la conversación que siguió en el interior del coche tuvo que ser nada agradable y con alguna que otra recriminación de por medio. Por eso a veces es mejor armarse de DVDs y quedarse en casa o como mucho, dar largos paseos, aprovechando que hay poca gente por la calle.

Equilibrada la balanza de los usuarios, hablemos de por qué lo he colocado como uno de los nominados a coche perfecto.

En realidad, tener un Audi Q7 como coche principal o incluso único es una inversión comprometida, como muchos pertenecientes a una gama alta, tendrían una vida útil si solamente se usaran como Batman usa el Batmóvil (y no me refiero al selular), es decir, sale de la Batcueva, le das una tunda al Jorker/Pingüino/Inserte malo, y de vuelta a la base de operaciones con holograma de pared.. En cualquier otra circunstancia es problemático, sobre todo por su tamaño. El Q7 es un mastodonte de dimensiones importantes, nunca he hecho la prueba, pero estoy bastante seguro que si estuviese hueco cabrían 4 Smarts en su interior, lo que por cierto hace un total de 8 ocupantes (!).

En otras palabras, tenerlo en la calle es garantía de rayones por aquellos menos afortunados y mas melones que el propietario, si vive en una capital de provincia con un bonito casco antiguo, despídase de circular con él por allí, por mucha oficina importante a la que tenga que ir. Es muy probable que se cargue alguna columna milenaria o muro centenario en un despiste. Eso por no hablar de las dificultades a la hora de aparcarlo, incluso en un parking privado es difícil maniobrar con un coche tan largo y tan alto. También es conveniente recordar el consumo, las versiones gasolina son una locura, no me importa que sea usted socio de Greenpeace o abogue por el uso de la energía nuclear para encender el tostador, gastar tanto combustible solo estaría justificado si las siete plazas estuviesen permanentemente ocupadas por huérfanos que necesitan urgentemente un transplante de algún órgano vital. Diariamiente.

La versión diésel es mas razonable, además, no todo van a ser buscarle las cosquillas a un coche que muchos tienen en alta estima. Es increiblemente cómodo, la disposición para conducir es óptima, por no hablar de la sensación de superioridad que siempre confiere ver a la gente desde arriba. Tiene un indicador para la carga de la batería (probablemente una de las ideas sencillas mas interesantes del mundo) y por supuesto, es versátil para el transporte, especialmente si se quitan los asientos.

Ahora bien, sigue siendo un todocamino sin marcha reductora, que para mi es la razón de ser de esta clase de vehículos, a la gama de todoterrenos de otras marcas – Nissan, Suzuki, Land Rover o incluso el Marauder - le he visto hacer auténticas locuras con la tracción y la verticalidad que uno solo podría apreciar en algunas actrices porno. El Q7 pertenece mas bien a una clase de coches que él mismo ayudó a crear, los modelos con aspecto de 4x4 estilizado; el X6 de BMW, Porsche Cayenne, o las versines mini de nuestro protagonista, Q3 y Q5. Todos ellos muy monos, grandotes y absolutamente absurdos para dar vueltas por el cortijo.

AMO este coche, lo cual no lo hace menos absurdo


No es solo una cuestión de reductora, la distancia entre las ruedas y la carrocería es demasiado estrecha, garantizando que si metemos el coche por cualquier vía empedrada (algo no poco habitual en Andalucía) acabaremos temiendo al aspecto del coche al bajarnos... Tanto con el modelo de Audi como con sus congéneres tenemos la sensación de estar llevando un chandal sucio para la primera cena con los suegros o tacones para hacer senderísmo, puede parecer gracioso al principio, pero no tardará en revelarse totalmente inadecuado.

Si usted quiere un todoterreno de verdad, apueste por un Jeep (que para algo ha sido sinónimo de 4X4 en todas las películas de acción baratas de los 80), un Land Rover (salvo el Evoque) o un Nissan (salvo el Juke). Si quiere un coche grande, cómprese un Duster y hágale un lifting, tunéelo, o cualquier otra cosa que elimine los restos de la marca.

Porque de eso se trata ¿verdad? Voy a contarles otra HISTÓRIA VERÍDICA (patente en curso); mi ex-cuñado estaba buscando coche nuevo y por presupuesto se quedaba entre un A2 de Audio o un Honda Accord. El A2 es una cosa rara que, por supuesto, a mi me gusta, es como un concept car que se ha dejado ir a la calle sin ajustar del todo el diseño a la vida real, que intenta decir “mi dueño tiene veintepocos años y está buscando su camino”. Por otro lado, el Accord tiene filosofía de berlina clase media, con múltiples equipaciones opcionales, con lo que se cumple una de las máximas mas viejas del consumo; te puedes comprar algo de marca pelao y mondao pero caro o algo de fabricante nisu pero con un montón de extras por el mismo precio que el anterior.

La lógica le aconsejaba a mi ex-cuñado que eligiera el modelo japonés, y como mucha gente, hizo una segunda visita al concesionario de Audi, esperando una contraoferta del comercial. De esto hace ya unos cuantos años, cuando la crisis aún no había dejado ver del todo su desagradable rostro. Así que el comercial, con toda su pachorra y la autoridad que confiere un traje de chaqueta y representar a una marca importante dijo: “hombre, es que el prestigio que da conducir un Audi, no lo da otro fabricante”. Como nuestro hombre le tenía mas apego al dinero que a los aros del frontal, se decidió finalmente por el Honda. Hay gente a la que no le salvaría ni un plan renove.

Así que, aunque es el oscuro objeto del deseo para muchos (y la verdad, si no usara la lógica y tuviera dinero, me compraría dos), el Q7 difícilmente puede ser un coche perfecto. Por supuesto, podría también argumentar que solo tiene cuatro de las cinco estrellas que confiere la agencia europea para la seguridad, o perderme en vericuetos técnicos, pero para eso ya están los señores de KM77.com ¿o qué se creían? Con ellos no se reirán tanto, pero podrán comparar consumos y esas cosas...

Para la próxima entrada estoy indeciso, ya que hay 3 posibilidades; mega post de cultura barata, otro cortito sobre política (¡glups!) o uno relacionado con coches, conducción y demás cosas que suele sugerir el nombre de este blog, si hay votos por algo en particular, magnífico, lo mismo les hago caso. O no.